El Sacramento de la Penitencia, como acción litúrgica, ordinariamente incluye los siguientes elementos:
Saludo y bendición del sacerdote: El sacerdote saluda al penitente en nombre de Cristo.
Lectura de la Palabra de Dios: Esto ayuda a iluminar la conciencia y suscitar la contrición, seguido de una exhortación al arrepentimiento.
Confesión de los pecados: El penitente confiesa sus pecados al sacerdote. La constitución divina del sacramento requiere que cada penitente confiese al sacerdote todos los pecados mortales, así como las circunstancias morales que los especifican, que recuerde después de un diligente examen de conciencia. Esta confesión debe ser oral, a menos que exista una verdadera imposibilidad física o moral (por ejemplo, enfermedad extrema, impedimento del habla).
Imposición y aceptación de una penitencia: El sacerdote impone una penitencia que el penitente acepta. La satisfacción, que se impone a juicio del sacerdote, consiste especialmente en el ayuno, la oración y la limosna.
Absolución del sacerdote: La forma esencial del sacramento de la penitencia reside en las palabras de absolución pronunciadas por el sacerdote: «Ego te absolvo» («Yo te absuelvo»),.
Oración de acción de gracias y alabanza y despedida con la bendición del sacerdote: Tras la absolución, el penitente da gracias a Dios y es despedido con la bendición del sacerdote.
La Materia y la Forma del Sacramento
En el Sacramento de la Penitencia, las acciones del penitente —contrición, confesión y satisfacción— son consideradas como la cuasi-materia del sacramento,,. Estas acciones son inspiradas por Dios y revelan la respuesta del pecador a la gracia de arrepentimiento,. La forma del sacramento son las palabras de absolución pronunciadas por el sacerdote,,.
Importancia de la Contrición y el Propósito de Enmienda
Aunque la contrición es el acto más importante del penitente, no es suficiente por sí sola para la sacramentalidad de la Penitencia. La contrición auténticamente sobrenatural incluye, al menos implícitamente, la voluntad de hacer todo lo que Dios requiere para el perdón, es decir, la confesión a un sacerdote y la disposición a reparar los errores mediante actos de penitencia.
Para que una confesión sea válida, es obligatorio tener una clara intención de no continuar en un pecado mortal. Esto significa que el sacramento no solo libera el alma de la carga de la culpa, sino que también fortalece el compromiso con la búsqueda de la virtud y el amor de Dios.