Antecedentes medievales
Durante la Edad Media, la Iglesia comenzó a organizar tribunales eclesiásticos para proteger la integridad de la fe frente a doctrinas consideradas erróneas. Según el análisis de Georges Cottier, la Inquisición surgió como una institución destinada a defender la fe de los fieles contra «errores dañinos», adoptando procedimientos que a menudo coincidían con los de los tribunales civiles de la época1.
Consolidación en la época de la Inquisición española
En la España del siglo XV y XVI, los autos de fe alcanzaron su máxima expresión. Se celebraban en lugares públicos y, en muchos casos, la pena capital se ejecutaba mediante la quema en la hoguera, una forma de ejecución que «horrorizaba» a los contemporáneos y que la propia Iglesia reconoce como una práctica que hoy resulta repugnante1.
Cambios posteriores
Con la Reforma protestante y los tratados posteriores, la práctica del auto de fe fue objeto de críticas y reformas. El Tratado de Westfalia, por ejemplo, abrió la puerta a una mayor separación entre la autoridad eclesiástica y la civil, lo que redujo la frecuencia de estos actos y favoreció la purificación de la memoria de la Iglesia mediante la reflexión y el arrepentimiento, más que mediante la violencia pública1.
