Servicio del altar
El servidor del altar ayuda al sacerdote y al diácono en las acciones que corresponden a la celebración. Puede preparar el altar, llevar la cruz y los ciriales, presentar el pan y el vino, acompañar las procesiones y atender los libros litúrgicos.
Este servicio no equivale al acolitado instituido. La autorización para servir en el altar no incluye, por sí misma, todas las atribuciones del acólito instituido, particularmente la distribución de la Comunión.
Proclamación de las lecturas
El lector proclama las lecturas bíblicas, excepto el Evangelio, cuya proclamación corresponde al diácono o al presbítero. La proclamación exige preparación bíblica, dicción clara, comprensión del texto y fidelidad a los libros litúrgicos.
La función temporal de lector no debe confundirse con el lector instituido. El primero recibe una designación concreta; el segundo posee un ministerio estable conferido mediante el rito litúrgico correspondiente.
Salmo responsorial y canto
El salmista proclama el salmo responsorial. El cantor, el director del canto, el organista y el coro ayudan a la asamblea a participar en la acción litúrgica. La música no sustituye la participación del pueblo, sino que la sostiene y la expresa.
Los servicios musicales forman parte de las funciones litúrgicas reconocidas por la práctica eclesial, aunque normalmente no requieren una institución formal. Cada tarea exige preparación y competencia propias.
Comentario y acogida
El comentarista ofrece indicaciones breves para orientar a la asamblea, especialmente al comienzo de la celebración, en las procesiones o en momentos que requieren explicación. Debe evitar convertir la liturgia en una sucesión de discursos y respetar los silencios y tiempos propios del rito.
La acogida, la atención a las personas con discapacidad, la organización de los lugares y la orientación práctica de los participantes también pueden constituir formas legítimas de colaboración, aunque no siempre reciban la denominación técnica de ministerio.
Preparación de la celebración
El auxilio litúrgico comienza antes de la celebración. Incluye preparar los libros, disponer los vasos sagrados y demás objetos necesarios, revisar los cantos, ordenar el espacio y cuidar los ornamentos y lienzos litúrgicos.
Redemptionis Sacramentum incluye entre las tareas de preparación la disposición de las hostias, el lavado de los lienzos litúrgicos y otros servicios semejantes.
Los lienzos destinados al altar poseen un tratamiento específico. El corporal, el purificador y el palio deben conservarse y lavarse con el respeto correspondiente a su uso litúrgico. La tradición litúrgica distingue estos lienzos de las toallas empleadas para usos ordinarios de sacristía.