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Aversión

La aversión es una inclinación de rechazo o disgusto ante una persona, una conducta, una realidad o un bien. En la teología moral católica, el término requiere distinguir entre el rechazo del mal -que puede ser justo- y la hostilidad contra una persona, que contradice la caridad. También aparece en la expresión latina aversio a Deo, «apartamiento de Dios», con la que se describe una dimensión fundamental del pecado mortal.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreAversión
CategoríaTérmino
DescripciónInclinación de rechazo o disgusto ante una persona, una conducta, una realidad o un bien
ReferenciasPecado mortal y venial
Doctrinas RelacionadasDoctrina del pecado mortal, Teología moral católica
Menciones en DocumentosReconciliatio et paenitentia
Personas relacionadasJuan Pablo II
TemaPecado, Caridad, Contrición, Atrición, Conversio ad creaturam
TipoTérmino moral

Tabla de contenido

Significado moral

La aversión no tiene siempre el mismo objeto ni el mismo valor moral. Puede dirigirse contra algo malo -por ejemplo, una conducta injusta- o contra la persona que la realiza. La valoración moral depende, por tanto, de qué se rechaza y de la voluntad que anima ese rechazo.

La tradición teológica distingue entre la repugnancia hacia cualidades o actos malos y la enemistad dirigida contra alguien. En el primer caso, el rechazo puede ser legítimo cuando recae sobre un mal real; en el segundo, la voluntad busca el perjuicio de la persona y se opone directamente a la caridad.1

Aversión al mal y hostilidad personal

Rechazo de una conducta mala

La aversión al mal consiste en desaprobar aquello que se opone a la razón y a la ley moral. No equivale a despreciar a quien ha obrado mal: permite condenar el pecado y, al mismo tiempo, reconocer la dignidad de la persona y desear su conversión.

La contrición cristiana incluye precisamente el pesar por el pecado y la detestación del mal cometido, junto para no volver a pecar. Su objeto es el pecado, no la eliminación de quien lo ha cometido.2

Por ello, el rechazo de una acción injusta no constituye por sí mismo una falta moral. La ira o el dolor ante un daño tampoco bastan para determinar la culpabilidad: el rechazo se vuelve desordenado cuando excede lo que justifica la ofensa y se transforma en un deseo injusto de mal para quien la causó.1

Enemistad contra una persona

La aversión personal aparece cuando alguien dirige su rechazo contra otra persona, desea su desgracia o se complace en aquello que la desacredita. La teología moral clásica la describe como enemistad -odium inimicitiae- y la diferencia del rechazo de una cualidad o conducta mala, denominado odium abominationis.1

La enemistad voluntaria es contraria a la caridad porque convierte a la persona, y no al mal cometido, en objeto del rechazo. Su gravedad depende de la materia y de la medida del acto; la tradición distingue, como en otros pecados, entre faltas veniales y graves. Para que un acto constituya pecado mortal también cuentan el conocimiento suficiente y el consentimiento libre.1,3

La aversión a Dios en la doctrina del pecado

La expresión aversión a Dios traduce el latín aversio a Deo. Describe el apartamiento de Dios que acompaña al pecado mortal cuando la persona, con conocimiento y libertad, rechaza la voluntad divina y prefiere un bien creado contrario a ella. La tradición expresa esta dinámica mediante dos movimientos: el apartamiento de Dios y la adhesión desordenada a una criatura, conversio ad creaturam.3

Esta expresión no significa que toda persona que comete un pecado mortal experimente un odio explícito hacia Dios. Designa la ruptura de la comunión con él que implica escoger deliberadamente algo gravemente contrario a su voluntad. La encíclica Reconciliatio et paenitentia aplica esta descripción tanto a formas directas, como la idolatría, la apostasía y el ateísmo, como a la desobediencia en materia grave.3

La aversión a Dios, en este sentido, pertenece al lenguaje teológico sobre la orientación de la voluntad y el pecado; no debe confundirse sin más con una emoción pasajera de rechazo, duda o enojo. La valoración moral del acto exige considerar su objeto, el conocimiento de quien lo realiza y su libertad.3,4

Aversión, arrepentimiento y conversión

El rechazo del pecado forma parte del arrepentimiento cristiano cuando va acompañado de la voluntad de apartarse de él y obrar el bien. La contrición comporta pesar por la ofensa a Dios, detestación del pecado y propósito firme de no repetirlo. No consiste solo en lamentar sus consecuencias.2

La tradición distingue entre contrición perfecta, nacida del amor a Dios, y atrición, o contrición imperfecta, que puede surgir del temor al castigo o de la percepción de la fealdad del pecado. La atrición excluye el deseo de seguir pecando y dispone a recibir la gracia en el sacramento de la Penitencia.5

Así entendida, la aversión moralmente recta no cierra a la persona en la hostilidad: la aparta del mal y la orienta hacia la reconciliación con Dios y con el prójimo. El arrepentimiento no exige aprobar la injusticia ni negar el daño sufrido; exige que el rechazo del mal no se convierta en deseo de destruir a quien lo ha cometido.1,2

Citas y referencias

  1. Odio, Enciclopedia Católica, Odio (1913). 2 3 4 5
  2. Contrición, Enciclopedia Católica, Contrición (1913). 2 3
  3. Segunda parte - Capítulo primero - El misterio del pecado - Mortal y venial, Papa Juan Pablo II. Reconciliatio et Paenitentia, 17 (1984). 2 3 4
  4. Pecado, Enciclopedia Católica, Pecado (1913).
  5. Atrición, Enciclopedia Católica, Atrición (1913).
Modificado el 15 de octubre de 2026 • FideScore™ 8.25 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/1h6gr607k

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