La penitencia cristiana no consiste solo en privarse de alimentos. Expresa el deseo de apartarse del pecado y volver a Dios, y puede adoptar formas diversas: oración, obras de caridad, sacrificios personales y aceptación paciente de las dificultades. La Iglesia conserva el ayuno y la abstinencia como prácticas visibles y comunes, pero también reconoce otras expresiones penitenciales, especialmente la caridad y los ejercicios de piedad.1,4
La disciplina común ayuda a que la penitencia no quede reducida a una decisión privada. Al mismo tiempo, su finalidad no es imponer una privación alimentaria sin sentido, sino formar una actitud cristiana de conversión. La constitución apostólica Paenitemini vincula expresamente la renuncia con la caridad hacia quienes padecen pobreza y hambre, y pide que la vida penitencial impulse a realizar obras de caridad.1,5

