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Papa Honorio II

Honorio II-Lamberto Scannabecchi, también conocido como Lamberto de Fagnano- fue papa de la Iglesia católica entre diciembre de 1124 y febrero de 1130. Su pontificado prolongó la reforma gregoriana, consolidó los acuerdos alcanzados con el emperador Enrique V en la cuestión de las investiduras y afrontó la creciente influencia de las familias aristocráticas romanas en la elección y el gobierno pontificios. Su muerte abrió el camino al cisma de 1130, provocado por la elección simultánea de Inocencio II y del antipapa Anacleto II.

Pope honorius ii
Ver información de la imagenPapa Honorio II, c. 1300. http://www.gwleibniz.com/britannica_pages/pope_honorius_ii/pope_honorius_ii.html, Autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Honorio II
CategoríaPersona
Nombre Completo
  • Lamberto Scannabecchi
  • Lamberto de Fagnano
TítuloPapa
Cargo Eclesiástico
Lugar de NacimientoFagnano, cerca de Imola, Emilia-Romaña, Italia
Fecha de Muerte1130-02-14
Lugar de MuerteMonasterio de San Andrés (Roma)
NacionalidadItaliana
SexoMasculino
Fecha de Eleccióndiciembre de 1124
Fecha de Entronización21 de diciembre de 1124
Fin del Pontificadofebrero de 1130
Inicio del Pontificadodiciembre de 1124
Lugar de SepulturaBasílica del Salvador, Roma
Personas relacionadas
  • Calixto II
  • Inocencio II
TipoPapa

Tabla de contenido

Nombre, origen y formación

Honorio II nació con el nombre de Lamberto Scannabecchi en Fagnano, localidad situada cerca de Imola, en la actual región italiana de Emilia-Romaña. Las noticias conservadas sobre su nacimiento no permiten fijar con seguridad el año. Procedía de una familia de condición modesta, circunstancia poco habitual entre los principales eclesiásticos romanos de su tiempo.1

Ejerció durante un tiempo como arcipreste de Bolonia. Su preparación intelectual llamó la atención de los ambientes eclesiásticos vinculados a la reforma, y el papa Pascual II lo convocó a Roma. Allí ingresó en el cabildo de Letrán, recibió el título de cardenal presbítero de Santa Práxedes y, en 1117, fue promovido al episcopado suburbicario de Ostia y Velletri.1

Como obispo de Ostia, Lamberto ocupó una posición de especial relevancia. El cardenal de Ostia desempeñaba tradicionalmente un papel principal en la vida del Colegio Cardenalicio y en las relaciones diplomáticas de la Santa Sede. Su experiencia en la administración eclesiástica y en las negociaciones con el poder imperial preparó el camino para su elección pontificia.

La Iglesia y Roma en el siglo XII

Honorio II accedió al pontificado durante una etapa de transición. La Iglesia occidental había vivido durante décadas la Querella de las Investiduras, conflicto que enfrentó al papado y al Sacro Imperio Romano Germánico por la designación de obispos y abades.

La controversia no se reducía a una disputa ceremonial. La entrega del anillo y del báculo expresaba la autoridad espiritual del obispo, mientras que la concesión de bienes, derechos y feudos vinculados a un obispado tenía una dimensión temporal. La reforma eclesial defendía la libertad de la Iglesia para elegir a sus pastores y rechazaba la intervención de los poderes laicos en la colación de los cargos espirituales.

Roma tampoco constituía un espacio políticamente homogéneo. Los grandes linajes nobiliarios poseían torres, fortalezas, clientelas armadas y extensas redes de influencia. Las facciones de los Frangipani, los Pierleoni y otros grupos aristocráticos podían condicionar la seguridad de los pontífices, el acceso a las basílicas y la orientación de las elecciones papales. La autoridad espiritual del papa convivía, por tanto, con una soberanía territorial todavía frágil y con la presión de las élites urbanas.

Actividad diplomática antes del pontificado

Legado ante Enrique V

En 1119, el papa Calixto II envió a Lamberto como legado pontificio ante Enrique V, emperador del Sacro Imperio. El mandato consistía en buscar un acuerdo sobre la investidura de obispos y abades. La misión exigía combinar la defensa de la libertad eclesiástica con una solución política que evitase la prolongación del conflicto.1

Lamberto participó también en el sínodo de Reims de octubre de 1119, donde Enrique V recibió la excomunión. Después permaneció largos periodos en Alemania para facilitar la reconciliación entre el emperador y la Santa Sede. La diplomacia pontificia tuvo que afrontar tanto la resistencia imperial como las divergencias existentes dentro del propio episcopado alemán.1

El Concordato de Worms

Las negociaciones culminaron en el Concordato de Worms, acordado el 23 de septiembre de 1122. El pacto puso fin a la fase principal de la Querella de las Investiduras y distinguió entre la dimensión espiritual y la dimensión temporal del oficio episcopal.

Enrique V renunció a conferir el anillo y el báculo, símbolos de la autoridad espiritual, y reconoció la libertad de las elecciones eclesiásticas. La Iglesia, por su parte, aceptó que el emperador conservara determinadas prerrogativas en la dimensión temporal de los obispados y abadías del Imperio.1

La ratificación solemne del acuerdo tuvo una dimensión litúrgica y política. Lamberto celebró la misa ante el emperador y, después del Agnus Dei, lo besó y le administró la comunión, signo de su reconciliación con la Iglesia. La tradición vinculada a este episodio presenta a Lamberto como uno de los principales artífices de la solución que Calixto II promulgó.1

Elección pontificia de 1124

La muerte de Calixto II

Calixto II murió el 13 de diciembre de 1124. Dos días después, el Colegio Cardenalicio eligió inicialmente a Teobaldo Boccadipecora, quien adoptó el nombre de Celestino II. La elección recibió las primeras manifestaciones litúrgicas propias de una elección pontificia, pero la situación cambió rápidamente por la intervención de Roberto Frangipani.1

Frangipani, uno de los aristócratas más poderosos de Roma, rechazó la elección de Teobaldo y proclamó papa al cardenal de Ostia. La presión del grupo nobiliario llevó a los cardenales a aceptar a Lamberto, que tomó el nombre de Honorio II. Teobaldo renunció a su pretensión para evitar un cisma abierto.1

La cuestión de la legitimidad

El propio Lamberto juzgó problemática la forma de su elección. Cinco días después comunicó a los cardenales su deseo de renunciar, pues consideraba que la intervención de Frangipani había comprometido la libertad del procedimiento. Solo aceptó conservar el pontificado después de que todos los cardenales reconocieran formalmente su legitimidad.1

Las fechas transmitidas por los catálogos y crónicas no coinciden en todos los detalles. Una tradición sitúa la elección el 15 de diciembre de 1124, mientras que una relación recogida en el Magnum Bullarium Romanum fija la coronación el 21 de diciembre y considera que la elección pudo producirse el día anterior, seguida de una renuncia temporal y de una nueva aceptación por parte del Colegio Cardenalicio.1,2

Por esta razón, las cronologías históricas suelen presentar el pontificado de Honorio II como iniciado en diciembre de 1124, con el 21 de diciembre como fecha habitual de entronización o coronación. No conviene confundir esta elección controvertida con el cisma de 1130: en 1124 hubo una crisis interna resuelta mediante la renuncia de Teobaldo y el reconocimiento de Honorio; el cisma formal posterior comenzó después de la muerte de Honorio II.

Influencia de las familias aristocráticas romanas

Frangipani y Pierleoni

La elección de 1124 revela el peso directo de las familias nobles en la política pontificia. Los Frangipani y los Pierleoni encabezaban facciones rivales de la aristocracia romana. Su poder no dependía únicamente de la riqueza: también incluía el control de edificios fortificados, barrios, vías de acceso y grupos armados.

Roberto Frangipani pudo intervenir en la elección porque contaba con una posición de fuerza en la ciudad. Su actuación no sustituyó por completo al Colegio Cardenalicio, pero mostró que la elección del papa todavía podía sufrir una presión decisiva por parte de un señor urbano. Honorio II aceptó el cargo en un contexto que él mismo consideró jurídicamente delicado.

Los Pierleoni constituían una de las familias senatoriales más ricas e influyentes de Roma. El linaje había apoyado en distintas etapas la defensa de la libertad de la Iglesia, pero también mantenía una fuerte rivalidad con los Frangipani. Pedro Pierleoni, padre del futuro antipapa Anacleto II, había intentado colocar a su hijo como prefecto de Roma en 1116; la oposición de la facción contraria provocó disturbios y derramamiento de sangre.3

La aristocracia y la elección papal

Durante el siglo XII, el Colegio Cardenalicio adquirió un papel cada vez más decisivo en la elección del papa, pero la aristocracia romana conservó medios para influir en el resultado. La elección no dependía únicamente de normas canónicas abstractas: también exigía controlar los accesos, garantizar la seguridad de los electores y obtener el reconocimiento de las principales fuerzas de Roma.

La historia romana anterior había demostrado los riesgos de esta dependencia. Las familias aristocráticas de Tusculum habían proporcionado varios pontífices en el siglo XI, mientras que las luchas entre facciones imperiales y reformistas habían alimentado la violencia urbana. La autoridad papal solo podía consolidarse mediante una combinación de legitimidad canónica, apoyo de las redes cardenalicias y capacidad para negociar con los poderes locales.4

La posterior rivalidad entre los Orsini y los Colonna confirma la continuidad de este fenómeno en la historia de Roma. Ambos linajes dominaron extensos territorios, fortalezas y clientelas; los Orsini tendieron a identificarse con la causa pontificia y los Colonna con frecuencia apoyaron posiciones imperiales, aunque las alianzas variaron según las circunstancias.5

Relaciones con el Imperio

La muerte de Enrique V

Enrique V murió el 23 de mayo de 1125, pocos años después del Concordato de Worms. Honorio II actuó rápidamente para evitar que la sucesión imperial recayera en un candidato dispuesto a reabrir el conflicto de las investiduras. Envió legados a Alemania, que colaboraron con Adalberto, arzobispo de Maguncia, en la elección de un nuevo rey.1

La elección recayó en Lotario de Supplinburg, conde de Sajonia. El nuevo monarca buscó la aprobación pontificia y aceptó una posición favorable a la libertad de la Iglesia. En materia de investidura, Lotario llegó a realizar concesiones superiores a las exigidas por el Concordato de Worms.1

Alcance político del acuerdo

La política de Honorio II no pretendía eliminar toda relación entre la Iglesia y el poder temporal. El objetivo consistía en distinguir los ámbitos de autoridad y evitar que el emperador presentara la entrega de los símbolos espirituales como un acto de gobierno secular.

La aprobación de Lotario fortaleció temporalmente la posición pontificia. Sin embargo, la solución no eliminó todas las tensiones. La elección de obispos continuó teniendo consecuencias políticas y económicas, y los príncipes conservaron mecanismos para influir en los candidatos. El Concordato estableció un marco jurídico nuevo, pero su aplicación concreta dependió de la fuerza real de cada obispo, de cada príncipe y de la administración pontificia.

Gobierno eclesial y reforma

Continuidad de la reforma gregoriana

Honorio II mantuvo las principales líneas de la reforma impulsada por sus predecesores: lucha contra la simonía, defensa de la libertad de las elecciones eclesiásticas y disciplina del clero. La reforma no consistía simplemente en promulgar normas; exigía transformar prácticas arraigadas en diócesis, monasterios y señoríos locales.

El pontificado también promovió la defensa del celibato clerical y la corrección de abusos en la administración de bienes eclesiásticos. Las medidas reformadoras pretendían preservar la naturaleza espiritual del ministerio y evitar que los cargos eclesiásticos funcionaran como patrimonio familiar o como fuente de enriquecimiento privado.6

Decretos y administración de la Curia Romana

Los decretos de Honorio II muestran una autoridad pontificia que intentaba convertir las decisiones doctrinales y disciplinarias en procedimientos administrativos concretos. En un decreto dirigido a los obispos, ordenó publicar los nombres de los excomulgados tanto ante los obispos vecinos como ante los fieles de sus parroquias. También dispuso que los nombres permanecieran expuestos en un lugar visible de las iglesias para impedir que los excomulgados accedieran a la vida litúrgica y para evitar que alegaran desconocimiento de la pena.7

La medida revela dos aspectos de la administración curial. Primero, la Santa Sede intentaba establecer una comunicación uniforme entre el centro romano y las iglesias locales. Segundo, la eficacia de un decreto dependía de la colaboración de obispos, párrocos y autoridades urbanas. El papa podía ordenar una práctica, pero la aplicación cotidiana quedaba en manos de estructuras locales sometidas a presiones sociales y políticas.

Honorio también defendió el uso de decisiones jurídicas anteriores. En una respuesta al arzobispo de Salzburgo, afirmó que no resultaba necesario solicitar una nueva resolución cuando ya existían decretos aplicables; el arzobispo debía recurrir a las disposiciones antiguas y contar con el auxilio de la Sede Apostólica cuando esas normas concordaran con la tradición de los Padres.8

Esta orientación favorecía una administración más estable. La Curia no necesitaba resolver desde cero cada controversia si podía aplicar precedentes, privilegios y decretos ya promulgados. El principio reforzaba la continuidad jurídica de la Iglesia, aunque no garantizaba por sí mismo que los poderes locales obedecieran sin resistencia.

La distancia entre la norma y su aplicación

La reforma pontificia produjo avances reales, pero su impacto fue desigual. Las familias nobles conservaron el control de muchos bienes eclesiásticos y territorios; los obispos dependían con frecuencia de alianzas locales, y las ciudades defendían sus propias costumbres. Por eso, un decreto papal podía alcanzar una autoridad jurídica amplia sin conseguir una ejecución inmediata en cada diócesis.

La administración de la Curia Romana se encontraba todavía en proceso de centralización. El papa contaba con legados, cardenales y redes monásticas para hacer llegar sus decisiones, pero carecía de una burocracia comparable a la de los Estados modernos. La reforma avanzó mediante privilegios apostólicos, cartas, visitas, legaciones y acuerdos con gobernantes concretos.

Un privilegio atribuido a Honorio II protegió los bienes y la libertad del colegio canonical de San Vicente de Bérgamo. El documento colocó la comunidad bajo la tutela de la Sede Apostólica y confirmó sus posesiones, rentas y derechos, junto con una amplia exención frente a perturbaciones y jurisdicciones externas.2

Este tipo de privilegio ilustra el método pontificio: la Santa Sede consolidaba su autoridad mediante la protección directa de comunidades concretas. Al mismo tiempo, la exención podía generar tensiones con los obispos diocesanos y con las autoridades territoriales, que veían limitada su capacidad de intervenir en los bienes y asuntos de una institución religiosa.

Apoyo a nuevas formas de vida religiosa

El pontificado de Honorio II coincidió con la expansión de nuevas comunidades religiosas y canonicales vinculadas a la renovación espiritual del siglo XII. El papa aprobó la Regla de los templarios en el Concilio de Troyes de 1128, donde la redacción normativa del nuevo instituto recibió la influencia de Bernardo de Claraval. También confirmó a los canónigos regulares premonstratenses, conocidos como norbertinos, como orden religiosa.

La aprobación de los templarios respondió a la necesidad de organizar la defensa de los peregrinos y de los territorios cristianos de Tierra Santa dentro de una estructura religiosa reconocida por la Iglesia. La confirmación de los premonstratenses, por su parte, favoreció una forma de vida que combinaba la liturgia comunitaria, la disciplina canonical y el servicio pastoral.

Estas decisiones encajan en la dinámica general de la reforma: la Iglesia no solo condenaba abusos, sino que también promovía comunidades capaces de ofrecer modelos de disciplina, predicación, asistencia y organización eclesial.

Doctrina cristológica

Una noticia vinculada al pensamiento de Honorio II presenta su intervención contra una interpretación adopcionista de la persona de Cristo. La doctrina adopcionista sostenía, en alguna de sus formulaciones, que Jesús habría recibido una filiación divina adoptiva, en lugar de ser el Hijo eterno y natural de Dios.

Honorio rechazó la aplicación a Cristo del término «adopción» entendido de ese modo. La formulación conservada insiste en que Jesucristo es verdaderamente Hijo de Dios y verdadero Hijo del hombre, sin reducir su filiación divina a una adopción posterior.9

La intervención refleja la continuidad de la doctrina cristológica católica: la humanidad asumida por el Verbo no convierte a Cristo en un hijo adoptivo de Dios, sino que pertenece a la única Persona eterna del Hijo. Aunque esta cuestión no ocupó el centro político del pontificado, manifiesta la preocupación de Honorio por preservar la enseñanza recibida de la tradición apostólica.

La Curia y los poderes locales

Honorio II gobernó en una época en la que la Curia Romana comenzaba a ejercer una función más sistemática como centro jurídico y administrativo de la Iglesia latina. Las cartas papales confirmaban propiedades, resolvían litigios, protegían monasterios y fijaban criterios disciplinarios. Sin embargo, la Curia necesitaba apoyarse en agentes locales.

Los obispos actuaban como ejecutores de decretos; los legados transmitían decisiones y negociaban con gobernantes; los monasterios y capítulos canonicales proporcionaban redes de colaboración. Frente a ellos, los señores laicos y las comunas urbanas defendían sus derechos tradicionales.

La resistencia local no siempre adoptaba la forma de una rebelión abierta. También podía expresarse mediante retrasos, interpretaciones restrictivas, litigios sobre jurisdicción o apropiación de rentas eclesiásticas. La reforma pontificia avanzó así por acumulación de decisiones concretas, más que por una transformación instantánea de todo el sistema.

Muerte y sucesión

Honorio II enfermó en Letrán y pidió que lo trasladaran al monasterio de San Andrés, donde murió en febrero de 1130. Las fuentes difieren sobre el día exacto: algunas cronologías sitúan su muerte el 13 de febrero, mientras que otras la fijan el 14 de febrero. El Magnum Bullarium Romanum registra el 14 de febrero de 1130 y afirma que recibió sepultura en la basílica del Salvador.6,2

La divergencia afecta al cómputo exacto del final del pontificado, pero no altera la secuencia histórica fundamental: Honorio murió en febrero de 1130 y la Iglesia romana entró inmediatamente en una crisis sucesoria.

Elección de Inocencio II

Un grupo de cardenales, dirigido por el canciller Haimerico, trasladó al pontífice enfermo desde Letrán hacia la zona controlada por los Frangipani. Tras su muerte, este grupo promovió la elección de Gregorio Papareschi, que tomó el nombre de Inocencio II. La elección tuvo lugar el 14 de febrero según la narración de la Enciclopedia Católica, mientras que la consagración de Inocencio se produjo el 23 de febrero en Santa María Nova.3

Elección de Anacleto II

Más tarde, la facción favorable a los Pierleoni eligió a Pedro Pierleoni, quien adoptó el nombre de Anacleto II. Ambas candidaturas recibieron consagración el 23 de febrero de 1130: Anacleto en la basílica de San Pedro e Inocencio en Santa María Nova. Este hecho inauguró un nuevo cisma papal, distinto de la crisis electoral de 1124.3

Anacleto contaba con el respaldo de una parte considerable del Colegio Cardenalicio y con el apoyo de la mayoría de las familias nobiliarias romanas, salvo los Frangipani y los Corsi. Inocencio II, aunque disponía de una base inicial más reducida, obtuvo después el reconocimiento de Lotario III, de Bernardo de Claraval y de otros sectores importantes de la Iglesia latina.3

La división demuestra que la elección papal no dependía solo del número de votos. También pesaban la interpretación de las normas electorales, la autoridad de los cardenales obispos, la capacidad de controlar Roma y el respaldo de emperadores, reyes, obispos y comunidades religiosas.

Balance histórico

Honorio II no fue un papa de grandes concilios ecuménicos ni de una larga producción doctrinal sistemática. Su importancia histórica procede de su función de diplomático, reformador y administrador durante una fase decisiva de consolidación del papado.

Su actuación contribuyó a:

  • consolidar la solución de la Querella de las Investiduras;
  • reforzar la libertad de las elecciones eclesiásticas;
  • estrechar la colaboración entre la Santa Sede y los reformadores;
  • proteger bienes y derechos de comunidades religiosas;
  • favorecer la expansión de los templarios y de los premonstratenses;
  • aplicar con mayor precisión las penas eclesiásticas;
  • mantener la continuidad jurídica de los decretos pontificios;
  • preparar una relación favorable con Lotario III.

Su pontificado también mostró los límites de la reforma. La autoridad papal podía establecer normas de alcance universal, pero la aplicación dependía de la obediencia de obispos, capítulos, monasterios, príncipes y familias aristocráticas. La presión de los Frangipani y de los Pierleoni durante las elecciones de 1124 y 1130 revela que la Iglesia todavía necesitaba negociar con poderes locales capaces de imponer hechos consumados.

Honorio II y la historia de los cismas del siglo XII

La cronología de Honorio II ocupa un lugar central en la historia de los cismas papales del siglo XII:

  • 13 de diciembre de 1124: muerte de Calixto II.
  • 15 de diciembre de 1124: elección inicial de Teobaldo Boccadipecora, que tomó el nombre de Celestino II, según la narración tradicional.
  • Diciembre de 1124: elección de Lamberto Scannabecchi como Honorio II tras la intervención de Roberto Frangipani.
  • 21 de diciembre de 1124: fecha habitual de coronación o entronización de Honorio II.
  • 23 de mayo de 1125: muerte del emperador Enrique V.
  • 1125: elección de Lotario de Supplinburg, respaldada por la diplomacia pontificia.
  • 13 o 14 de febrero de 1130: muerte de Honorio II, según las distintas cronologías transmitidas.
  • Febrero de 1130: elección de Inocencio II y, posteriormente, de Anacleto II.
  • 23 de febrero de 1130: consagración de ambos pretendientes en lugares distintos de Roma.

La crisis de 1124 terminó sin un cisma prolongado porque Teobaldo renunció y Honorio sometió su elección a un nuevo reconocimiento cardenalicio. La crisis de 1130, en cambio, produjo dos obediencias rivales y se prolongó hasta la muerte de Anacleto II en 1138. La diferencia entre ambos episodios radica en la capacidad de las facciones para aceptar una solución común, no solo en la irregularidad o tensión presente en el procedimiento electoral.

Valoración final

Honorio II representa una etapa de consolidación de la reforma eclesial iniciada en el siglo XI. Su diplomacia contribuyó a cerrar la Querella de las Investiduras, mientras que sus decretos y privilegios reforzaron la autoridad jurídica de la Santa Sede. También apoyó nuevas instituciones religiosas que adquirirían una importancia notable en la vida de la Iglesia medieval.

Al mismo tiempo, su elección y su muerte evidenciaron la fragilidad política del papado romano. Las familias aristocráticas podían condicionar el acceso al pontificado, y la Curia todavía dependía de la cooperación de autoridades locales para hacer efectivas sus decisiones. El pontificado de Honorio II, por tanto, combinó un avance significativo de la centralización papal con la persistencia de estructuras nobiliarias y urbanas difíciles de someter.

Su legado histórico queda unido a la transición entre la reforma gregoriana y la afirmación plena de la monarquía pontificia. La solución de Worms fortaleció los principios de libertad eclesiástica; la elección de 1130 mostró que esos principios aún debían imponerse en un escenario romano dominado por rivalidades familiares y luchas de poder.

Citas y referencias

  1. Papa Honorio II. Enciclopedia Católica, Papa Honorio II (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  2. Honorio II, Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomo II, 383 (1865). 2 3
  3. Anacletus II. Enciclopedia Católica, Anacletus II (1913). 2 3 4
  4. Roma. Enciclopedia Católica, Roma (1913).
  5. Orsini. Enciclopedia Católica, Orsini (1913).
  6. Papa #163: Honorio II, Magisterio AI. Breve Historia de los Papas de la Iglesia Católica, Papa 163 (2024). 2
  7. Decretum Honorii, Papa Honorio II. Apéndice a las epístolas (Papa Honorio II), III (1130).
  8. Papa Honorio domino salzburgensi arquiepiscopo de rebus quibusdam certis etiam definitis per legatum suum sedem apostolicam consulenti inquit:, Papa Honorio II. Apéndice a las epístolas (Papa Honorio II), I (1130).
  9. Idem Gerhous hanc narrat traditam ab eodem Honorio fidei definitionem, Papa Honorio II. Apéndice a las epístolas (Papa Honorio II), II (1130).
Modificado el 18 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.69Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/038drvbbt

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