María como reina junto al Rey
La tradición católica ha aplicado el retrato de la reina del Salmo 45 a la Santísima Virgen María. Esta interpretación nace de la relación singular entre María y Cristo, su Hijo, que es verdadero Dios y verdadero hombre.
María es reina porque es Madre del Rey mesiánico. Su realeza no compite con la de Cristo ni la sustituye. Cristo es Rey por naturaleza y por derecho propio; María participa de su dignidad de manera subordinada, recibida y enteramente dependiente de la gracia divina.
Santo Tomás de Aquino aplicó a la Virgen la imagen de la reina vestida de oro y precisó que su dignidad procede de ser Madre de Dios.
Esta lectura permite entender el oro de Ofir como una imagen de la santidad y de la gloria de María. El oro representa una belleza espiritual purificada y resplandeciente; Ofir expresa la excelencia incomparable de la gracia concedida a la Madre del Señor.
«Escucha, hija» y la Anunciación
La exhortación «escucha, hija» encuentra una resonancia especial en la Anunciación. María escucha el anuncio del ángel, pregunta con fe, acoge la voluntad divina y responde:
«Hágase en mí según tu palabra».
La tradición patrística ha relacionado las palabras del salmo con María como esposa destinada a concebir al Verbo de Dios. Un testimonio antiguo, transmitido por Juan Pablo II, interpreta la expresión «el rey deseará tu belleza» en relación con la elección de María para la Encarnación y contempla en ella a la mujer que concibe como hijo al propio Creador y Señor.
La conexión entre el Salmo 45 y María no depende de una identificación literal de la reina histórica con la Virgen. La Iglesia utiliza una lectura tipológica: una persona, acontecimiento o imagen del Antiguo Testamento anticipa una realidad plena que aparece en Cristo y en la historia de la salvación.
La belleza de María
El salmo presenta a la reina como una mujer revestida de gloria. La tradición mariana entiende esa gloria principalmente como belleza de la gracia.
María es bella porque:
- fue preservada del pecado original por una gracia singular;
- vivió plenamente orientada hacia Dios;
- acogió con fe la palabra divina;
- permaneció unida a Cristo hasta la cruz;
- participa de manera eminente en la gloria de la resurrección.
La belleza mariana no tiene un sentido superficial ni meramente estético. Manifiesta la armonía de una vida completamente abierta a Dios. La reina de oro de Ofir simboliza, por tanto, la criatura humana transformada por la gracia y elevada a una dignidad extraordinaria.