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Dogmas sobre la creación del mundo

Los dogmas católicos sobre la creación del mundo profesan que Dios es el único Creador de todo cuanto existe, visible e invisible; que creó libremente el universo de la nada; que la creación es buena, ordenada y dependiente de Dios en todo momento; que el ser humano ocupa un lugar singular dentro del universo; y que Adán fue el primer padre y cabeza de la humanidad. Esta doctrina no pretende sustituir las explicaciones propias de las ciencias naturales, sino afirmar el fundamento último del ser, el sentido de la realidad y la relación de todas las criaturas con Dios.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreDogmas sobre la creación del mundo
CategoríaTérmino
DescripciónConjunto de doctrinas que explican la creación divina del universo y del hombre según la fe católica. Enseñanzas definitivas de la Iglesia que afirman a Dios como único Creador, la creación ex nihilo, la bondad y orden del universo, la dignidad singular del ser humano y la conservación providencial de la creación. Los dogmas católicos declaran que Dios creó libremente el universo de la nada, que toda la creación es buena y está ordenada, que el ser humano posee una alma creada inmediatamente y que Adán es el primer padre de la humanidad, entre otros aspectos, formulados con precisión en el IV Concilio de Letrán (1215) y desarrollados en documentos magisteriales posteriores
Autoridad EclesiásticaIglesia Católica
Contexto HistóricoFormulación dogmática clara en el IV Concilio de Letrán (1215); reforzada en la encíclica Humani Generis (1950) y en enseñanzas de los papas Pío XII, Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Enseñanzas PrincipalesDios es el único Creador; creación ex nihilo; creación visible e invisible; bondad y orden de la creación; conservación continua por Dios; dignidad, racionalidad y libertad humanas; alma creada inmediatamente por Dios; Adán como primer padre; origen del mal moral en la libertad humana.
Eventos RelacionadosIV Concilio de Letrán (1215); Encíclica Humani Generis (1950)
Fecha1215
Fecha de Publicación12 de agosto de 1950
Personas relacionadasPapa Pío XII
TipoDogma, Concilio, Encíclica

Tabla de contenido

Concepto católico de creación

La creación no consiste únicamente en el comienzo temporal del universo. En sentido teológico, crear significa dar el ser sin presuponer una materia preexistente. Dios no organiza una realidad independiente de Él ni transforma una sustancia eterna: hace que existan las criaturas y conserva continuamente su existencia.

El Compendio del Catecismo resume esta doctrina afirmando que Dios creó el universo «libremente, con sabiduría y amor» y que el mundo no procede de una necesidad, de un destino ciego ni del azar. También enseña que Dios creó «de la nada» un mundo ordenado y bueno, infinitamente inferior a Él, pero enteramente dependiente de su acción creadora.1

La expresión latina creatio ex nihilo, traducida tradicionalmente como creación de la nada, no significa que «la nada» constituya una especie de materia inicial. La nada carece de realidad y de capacidad causal. La fórmula excluye cualquier principio material, espiritual o temporal que exista al margen de Dios y limite su omnipotencia.

Fundamento de la doctrina

La Sagrada Escritura

La Biblia comienza con la afirmación: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Gn 1,1). El relato del Génesis proclama que el universo depende de Dios, que la creación posee un orden y que todo cuanto Dios hace es bueno. El Compendio del Catecismo vincula esta enseñanza con la profesión de fe de la Iglesia, que confiesa a Dios como Creador de todo lo visible y lo invisible.2

El Antiguo Testamento expresa con claridad creciente la creación a partir de la nada. En 2 Mac 7,28, una madre exhorta a su hijo a contemplar el cielo y la tierra, porque Dios los hizo «de la nada». La tradición cristiana reconoció en este pasaje una formulación particularmente explícita de la omnipotencia creadora de Dios.1,3

El Nuevo Testamento presenta la creación en relación con el misterio trinitario. El Padre crea por medio del Verbo y en el Espíritu Santo. La actividad creadora de Dios aparece así unida a la redención: el mismo Dios que llama a las criaturas a la existencia restaura y conduce la creación a su plenitud por medio de Jesucristo y del Espíritu Santo.3

La profesión de fe de la Iglesia

Los símbolos de fe antiguos confiesan «un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible». Esta fórmula excluye tanto el politeísmo como la idea de que existan dos principios eternos enfrentados, uno bueno y otro malo. La Iglesia recibió y desarrolló esta doctrina en su confrontación con el paganismo, el gnosticismo, el maniqueísmo y otras concepciones dualistas.3

La doctrina alcanzó una formulación dogmática especialmente precisa en el IV Concilio de Letrán, celebrado en 1215. El Concilio enseñó la unicidad del principio creador, la creación de la nada, el origen de todas las realidades espirituales y materiales, el carácter temporal de la creación y el origen del mal moral en la libertad de la criatura.3

Dogmas fundamentales sobre la creación

Dios es el único Creador

La Iglesia enseña que existe un solo principio creador: Dios. Ningún ángel, fuerza cósmica, espíritu, materia o poder natural comparte con Él la capacidad de producir el ser de las criaturas.

Esta afirmación pertenece al núcleo de la fe cristiana. Dios no compite con otros dioses ni depende de un principio superior. Todo lo que existe fuera de Él recibe de Él su existencia. Las criaturas pueden actuar verdaderamente, pero ninguna posee el ser por sí misma ni puede crear en sentido estricto.

La unicidad de Dios como Creador también fundamenta la unidad del universo. La realidad no procede de una lucha originaria entre divinidades ni de dos sustancias eternas contrapuestas. La creación forma un conjunto ordenado, aunque permanezca marcado por la finitud, el desorden derivado del pecado y los límites propios de las criaturas.3

Dios creó el mundo de la nada

La creación ex nihilo enseña que Dios produjo el universo sin materia preexistente. Antes de la acción creadora no existía ninguna realidad creada capaz de condicionar o limitar la voluntad divina.

La expresión también posee una dimensión metafísica: todo ser creado recibe su existencia. Una criatura puede originar cambios en otra criatura, pero no puede otorgarle el ser absolutamente considerado. Sólo Dios, que es el Ser por esencia, puede llamar a la existencia a aquello que no existía.

La creación de la nada no obliga a imaginar un instante físico anterior al universo. El tiempo pertenece al orden creado. La doctrina afirma ante todo la dependencia radical de todo cuanto existe respecto de Dios, aunque la investigación científica estudie los estados iniciales, la evolución y la historia del cosmos mediante sus propios métodos.

Dios creó todas las realidades visibles e invisibles

El acto creador abarca el mundo espiritual y el mundo material. Dios creó los ángeles y el universo corpóreo; creó también al ser humano, que reúne en su naturaleza una dimensión corporal y otra espiritual.2

La doctrina católica rechaza tanto el materialismo, que reduce toda realidad a materia y energía, como el desprecio de la materia propio de algunas corrientes dualistas. La materia procede de Dios y es buena en cuanto criatura. La Encarnación del Verbo confirma de modo supremo la dignidad de la realidad corporal: el Hijo de Dios asumió una verdadera naturaleza humana.

Los ángeles son criaturas espirituales, personales e incorpóreas. No constituyen partes de Dios ni emanaciones de su sustancia. El universo visible, por su parte, posee una consistencia propia y puede estudiarse mediante la observación, la experimentación y la razón.

La creación es buena y ordenada

Dios creó un mundo ordenado y bueno. La bondad de la creación no significa que las criaturas sean infinitas, perfectas o idénticas a Dios. Significa que cada criatura posee el bien que corresponde a su naturaleza y que, en cuanto procede de Dios, no contiene un principio originario de maldad.

El mal no constituye una sustancia creada por Dios ni un segundo principio eterno. El mal moral nace del uso desordenado de la libertad. El IV Concilio de Letrán vinculó el origen del mal con la libertad de la criatura.3

La existencia de sufrimiento, muerte y desorden en el mundo exige además distinguir entre la bondad original de la creación, la condición histórica afectada por el pecado y la restauración final prometida en Cristo. El primer hombre fue creado bueno y vivía en amistad con su Creador, en armonía consigo mismo y con la creación.4

Dios conserva y gobierna la creación

Dios no creó el universo para abandonarlo después. La creación implica una relación permanente entre el Creador y las criaturas. Dios conserva el mundo en el ser, sostiene la actividad de las criaturas y conduce la creación hacia su cumplimiento por medio del Hijo y del Espíritu Santo.1

Esta conservación no elimina la autonomía relativa de las realidades creadas. Las criaturas actúan de acuerdo con su naturaleza y producen efectos reales. Dios sostiene esas capacidades y, al mismo tiempo, permite que las causas creadas actúen según sus propias leyes y facultades.

La providencia divina no equivale a un determinismo que convierta a las criaturas en instrumentos sin libertad. Dios gobierna el universo respetando el orden que Él mismo ha establecido, incluida la libertad humana. La responsabilidad moral presupone precisamente que la persona puede conocer y elegir sus actos.

El ser humano dentro de la creación

Dignidad singular del hombre

El ser humano ocupa un lugar especial en la creación. Dios creó al hombre como criatura corporal y espiritual, dotada de inteligencia, voluntad y libertad. La persona humana no constituye un simple producto accidental de la materia, aunque su cuerpo pueda guardar relación histórica con formas de vida anteriores.

La dignidad humana nace de su relación con Dios. Cada persona recibe una vocación trascendente y está llamada a conocer, amar y servir a su Creador. La creación del hombre alcanza su sentido pleno en Cristo, imagen perfecta de Dios y principio de la nueva creación.

El alma humana es creada inmediatamente por Dios

La doctrina católica enseña que cada alma espiritual procede inmediatamente de Dios. El alma no aparece como resultado de una transformación material ni como transmisión biológica de los padres.

Pío XII permitió la investigación teológica y científica sobre el origen del cuerpo humano a partir de materia viva preexistente, siempre que la investigación valorase con seriedad y prudencia los argumentos favorables y contrarios a la evolución. La misma enseñanza establece que la fe obliga a sostener la creación inmediata de las almas por Dios.5,6

Esta distinción evita dos reduccionismos. Por una parte, rechaza la identificación del alma con el cerebro, la materia o las funciones biológicas. Por otra, no obliga a negar los procesos naturales que la ciencia pueda descubrir en la formación del cuerpo humano.

Adán como primer padre y cabeza de la humanidad

La doctrina católica sobre el origen del hombre mantiene una referencia esencial a Adán como primer padre de toda la humanidad. Adán no representa simplemente una multitud de primeros padres ni un conjunto indeterminado de individuos independientes.

Pío XII enseñó que los fieles no pueden aceptar una concepción según la cual existieran verdaderos hombres que, después de Adán, no descendieran naturalmente de él, ni una interpretación que convirtiera a Adán en el nombre de varios primeros padres. Esta enseñanza se relaciona directamente con la doctrina del pecado original, transmitido a todos por generación a partir de una transgresión realmente cometida por Adán.7,8

La referencia a Adán cumple una función teológica decisiva:

  • afirma la unidad de la humanidad;
  • fundamenta la transmisión del pecado original;
  • protege la realidad histórica de la caída;
  • vincula la humanidad caída con Cristo, nuevo Adán;
  • evita una explicación del pecado original como simple símbolo de la tendencia universal al mal.

La Iglesia puede admitir investigaciones sobre la historia biológica del cuerpo humano, pero la explicación científica no puede eliminar la enseñanza doctrinal sobre la unidad de la humanidad, la creación inmediata de cada alma y el pecado cometido por un primer padre.

Creación, evolución y ciencias naturales

La diferencia entre el origen último y los procesos naturales

La evolución estudia los cambios y relaciones de los seres vivos a través del tiempo. La creación responde a una pregunta más radical: ¿por qué existe algo en lugar de nada y por qué todo ser depende de Dios?

Una explicación evolutiva puede describir la aparición y diversificación de formas de vida mediante causas naturales. No explica por sí sola por qué existe la materia, por qué existen las leyes de la naturaleza, por qué el universo posee inteligibilidad ni cuál es el fundamento último del ser.

Juan Pablo II recordó que no existe oposición entre la evolución y la doctrina de la fe sobre el hombre y su vocación, siempre que se respeten los puntos esenciales de la doctrina cristiana. También pidió interpretar la Sagrada Escritura con rigor, evitando atribuirle afirmaciones que no pretende enseñar y teniendo en cuenta los resultados de las ciencias naturales.9

En 1996, el mismo pontífice reconoció que los nuevos conocimientos habían llevado a considerar la teoría de la evolución como algo más que una mera hipótesis científica. A la vez, distinguió entre los datos observables, las teorías que los relacionan y las interpretaciones filosóficas -materialistas, reduccionistas o espiritualistas- que pueden acompañar esas teorías.10

Causas primeras y causas segundas

La distinción entre causa primera y causas segundas permite comprender la compatibilidad entre la creación y la ciencia.

  • Dios es la causa primera: da el ser a todo cuanto existe, sostiene la realidad y fundamenta la capacidad de actuar de las criaturas.
  • Las criaturas son causas segundas: producen efectos reales dentro del orden natural mediante sus propias capacidades, leyes y estructuras.

La acción divina no compite con la acción de las criaturas. Dios no ocupa un lugar dentro de la cadena de causas naturales como si fuera una causa física más. Su causalidad pertenece a un nivel radicalmente distinto: funda la existencia y la actividad de todas las causas creadas.

Benedicto XVI explicó que la creación no se reduce al comienzo histórico del mundo y de la vida. El Creador funda, sostiene y mantiene continuamente los desarrollos del universo. Desde esta perspectiva, la creación no es un movimiento ni una mutación, sino la relación fundamental y permanente que vincula a la criatura con Dios, causa de todo ser y de todo devenir.11

Por tanto, las leyes naturales, las mutaciones, la selección natural, la formación de las estrellas o la expansión del universo pueden describir causas segundas. La existencia misma del universo y la dependencia de toda realidad respecto de Dios pertenecen al orden de la causa primera.

Rechazo del materialismo evolucionista

La Iglesia no identifica la evolución biológica con el materialismo. El materialismo sostiene que sólo existe la materia y que la inteligencia, la libertad, la moralidad y el alma pueden reducirse completamente a procesos físicos.

La fe católica rechaza esa reducción. Incluso si la ciencia describe el origen corporal del hombre mediante procesos naturales, la persona humana posee un alma espiritual creada inmediatamente por Dios. La evolución, entendida como teoría científica, no puede demostrar que la materia sea la única realidad ni que la libertad y la inteligencia carezcan de dimensión espiritual.

La Iglesia tampoco convierte una determinada reconstrucción científica del origen del universo en un dogma religioso. El dogma de la creación afirma el fundamento trascendente de toda realidad, no un modelo físico concreto sobre la historia del cosmos.

Interpretación católica del Génesis

Verdad religiosa y género literario

Los relatos de la creación del Génesis enseñan verdades fundamentales: Dios es el Creador único, la creación es buena, el hombre posee una dignidad singular, la mujer y el varón pertenecen a la misma humanidad, la libertad humana tiene responsabilidad moral y el pecado introduce una ruptura en la relación con Dios.

La finalidad principal de estos capítulos no consiste en ofrecer un tratado de cosmología, biología o geología. Una interpretación católica responsable distingue entre el contenido revelado y las formas literarias, simbólicas y narrativas que utiliza el autor sagrado.

Juan Pablo II insistió en la necesidad de determinar el sentido propio de la Escritura y de evitar interpretaciones indebidas que hagan decir al texto algo que no pretende afirmar. También relacionó la correcta interpretación bíblica con el conocimiento de los resultados obtenidos por las ciencias naturales.9,10

Los días de la creación

La mención de los «días» en Génesis 1 no obliga a adoptar una lectura cronológica de veinticuatro horas. El relato posee una estructura ordenada y litúrgica que conduce hacia el descanso del séptimo día. La enseñanza central reside en la dependencia de todas las cosas respecto de Dios y en la bondad de la creación.

Una interpretación literalista que convierta cada detalle narrativo en una afirmación científica puede confundir el lenguaje teológico con el lenguaje propio de las ciencias naturales. La Iglesia no exige una única explicación científica sobre la antigüedad de la Tierra, la formación del universo o la diversificación de los seres vivos.

Creación y conocimiento racional de Dios

La creación también puede conducir al conocimiento natural de Dios. Juan Pablo II, al comentar el libro de la Sabiduría, explicó que la inteligencia humana puede ascender desde la grandeza y belleza de las criaturas hasta su Creador. La naturaleza constituye así un «libro» que la razón puede leer, aunque el pecado y el mal uso de la libertad dificulten ese reconocimiento.12

La razón y la fe poseen ámbitos distintos, pero no contradictorios. La razón estudia las realidades naturales y puede alcanzar un conocimiento de Dios como principio y fin de todas las cosas. La fe recibe además la revelación sobrenatural de la vida íntima de Dios, de la creación en el designio de la Trinidad, del pecado, de la Encarnación y de la redención.

Juan Pablo II enseñó que existen dos órdenes de conocimiento, distintos por su punto de partida y por su objeto, pero unidos en la verdad. El mismo Dios que revela los misterios concede al ser humano la luz de la razón; por ello, la verdad no puede contradecir a la verdad.13

Consecuencias teológicas y morales

Gratitud y adoración

La creación fundamenta la adoración. El mundo no es divino, pero manifiesta la sabiduría, el poder y la bondad de Dios. La criatura alcanza su plenitud cuando reconoce que ha recibido el ser y responde con gratitud.

La liturgia cristiana alaba al Padre por la creación y por la redención. La Eucaristía recoge los frutos de la tierra y del trabajo humano y los presenta a Dios, mostrando que la materia puede convertirse en instrumento de acción de gracias y de comunión con Él.

Responsabilidad sobre el mundo

El dominio humano sobre la creación no equivale a una explotación arbitraria. Como administrador y colaborador de Dios, el hombre debe usar los bienes creados con prudencia, justicia y respeto.

La doctrina de la creación sostiene la responsabilidad ecológica, pero la sitúa dentro de una visión integral de la persona. La protección del medio ambiente no puede desligarse de la defensa de la vida humana, de la justicia social y del destino universal de los bienes.

Esperanza en la nueva creación

La creación posee un destino escatológico. Dios no abandona su obra, sino que la conduce hacia su cumplimiento. La resurrección de Cristo inaugura la nueva creación y anuncia la transformación final de la humanidad y del universo.

La esperanza cristiana no consiste en escapar de toda realidad creada, sino en aguardar su restauración y glorificación en Cristo. El destino último del hombre incluye la comunión plena con Dios y la participación en la vida eterna.

Síntesis doctrinal

La doctrina católica sobre la creación puede resumirse en las siguientes afirmaciones:

  1. Dios es el único Creador de todo lo visible y lo invisible.
  2. Dios creó el universo libremente, con sabiduría y amor.
  3. Dios creó todas las cosas de la nada, sin materia preexistente independiente de Él.
  4. La creación es buena, ordenada y distinta de Dios.
  5. Dios conserva continuamente todo cuanto existe y lo conduce hacia su plenitud.
  6. El mal moral procede del abuso de la libertad creada, no de un principio eterno contrario a Dios.
  7. El ser humano posee una dignidad singular por su naturaleza espiritual, racional y libre.
  8. Cada alma humana es creada inmediatamente por Dios.
  9. Adán fue el primer padre y cabeza de la humanidad; la doctrina del pecado original exige preservar la unidad originaria del género humano.
  10. La evolución biológica puede investigarse como explicación de procesos naturales, pero no puede convertirse en una filosofía materialista ni negar la creación, el alma espiritual o la realidad de Adán.
  11. La ciencia y la fe no pueden contradecirse cuando respetan sus respectivos objetos y métodos.
  12. La creación alcanza su plenitud en Cristo, por quien Dios redime y renueva todas las cosas.

La fe en la creación no ofrece únicamente una explicación sobre el pasado del universo. Afirma que todo cuanto existe recibe su ser de Dios, permanece sostenido por su providencia y está llamado a encontrar su plenitud en Jesucristo.

Citas y referencias

  1. Parte I - La profesión de fe. Capítulo I - Creo en Dios el Padre. Los símbolos de la fe, promulgado por el Papa Benedicto XVI. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 54 (2005). 2 3
  2. Parte I - La profesión de fe. Capítulo I - Creo en Dios el Padre. Cielo y tierra, promulgado por el Papa Benedicto XVI. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 59 (2005). 2
  3. Creación. Enciclopedia Católica, Creación (1913). 2 3 4 5 6
  4. Capítulo I - Creo en Dios el Padre. Catecismo de la Iglesia Católica, 374 (1992).
  5. Papa Pío XII. Humani Generis, 36 (1950).
  6. Algunas opiniones falsas que amenazan con socavar los fundamentos de la doctrina católica - De la encíclica, «Humani Generis», 12 de agosto de 1950, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes del dogma católico (Enchiridion Symbolorum), 3896 (1854).
  7. Papa Pío XII. Humani Generis, 37 (1950).
  8. Algunas opiniones falsas que amenazan con socavar los fundamentos de la doctrina católica - De la encíclica, «Humani Generis», 12 de agosto de 1950, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes del dogma católico (Enchiridion Symbolorum), 3897 (1854).
  9. Papa Juan Pablo II. La verdad no puede contradecir la verdad, 3 (1996). 2
  10. Papa Juan Pablo II. Mensaje a los participantes en la Plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias (22 de octubre de 1996), 1 (1996). 2
  11. Papa Benedicto XVI. A los participantes en la Plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias (31 de octubre de 2008), 1 (2008).
  12. Capítulo II - Credo ut intellegam - «La sabiduría lo sabe todo y lo entiende todo» (Wis 9,11), Papa Juan Pablo II. Fides et Ratio, 19 (1998).
  13. Capítulo V - Las intervenciones del magisterio en materia filosófica - El discernimiento del magisterio como diákonía de la verdad, Papa Juan Pablo II. Fides et Ratio, 53 (1998).
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