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Fuente Q

La Fuente Q es una hipótesis de la crítica literaria del Nuevo Testamento que intenta explicar las semejanzas entre los Evangelios de Mateo y Lucas. Según la formulación clásica, ambos evangelistas utilizaron, además del Evangelio de Marcos, una colección anterior de palabras y enseñanzas de Jesús que no ha llegado hasta nosotros. La existencia, forma, lengua, fecha y función de esa fuente permanecen abiertas al debate académico y no pertenecen al contenido definido del depósito de la fe católica.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreFuente Q
CategoríaObra
DescripciónColección hipotética de logia que explica la coincidencia entre los evangelios sinópticos de Mateo y Lucas. Hipótesis que postula una colección anterior de palabras y enseñanzas de Jesús utilizada por Mateo y Lucas, sin manuscrito conservado
Autoridad EclesiásticaComisión Bíblica Pontificia
Contexto HistóricoDesarrollo de la crítica literaria del Nuevo Testamento a comienzos del siglo XIX y debate académico posterior.
DesarrolloHa generado diversas teorías (dos fuentes, Farrer, Griesbach, múltiples fuentes) y continúa bajo discusión.
ImportanciaExplica la doble tradición entre Mateo y Lucas y es relevante para la exégesis católica y la investigación bíblica.
InfluenciaAdoptada y evaluada por la Comisión Bíblica Pontificia y otras instituciones académicas.
ObservacionesNo existe manuscrito; su existencia, forma, lengua, fecha y función permanecen abiertas al debate y no forman parte del depósito de fe católica.
OrigenPropuesta por estudiosos del siglo XIX que buscaban fuentes escritas detrás de los Evangelios.
TipoDocumento, Hipótesis, Fuente de dichos de Jesús, Siglo XIX

Tabla de contenido

Definición y significado del nombre

La letra Q procede de Quelle, término alemán que significa «fuente». La denominación identifica una fuente hipotética, no un manuscrito conservado ni una obra conocida directamente por la tradición cristiana antigua. La hipótesis nació para explicar el conjunto de materiales que Mateo y Lucas comparten entre sí, pero que no aparecen en Marcos.1

Los investigadores llaman también a Q fuente de los dichos de Jesús, colección de logia o documento de los dichos. La palabra griega logia, utilizada en los debates antiguos y modernos, puede designar palabras, oráculos o enseñanzas. Sin embargo, la identificación entre los logia mencionados por Papías y la Fuente Q moderna no ofrece una certeza histórica comúnmente aceptada.2

La hipótesis no sostiene que Q fuera necesariamente un evangelio completo en el sentido actual del término. Algunos estudiosos la han imaginado como una colección de enseñanzas; otros han propuesto una composición más amplia, con relatos de tentaciones, curaciones, actividad profética y referencias a la misión de Jesús. La discusión continúa porque los investigadores intentan reconstruir una obra perdida a partir de dos textos posteriores que presentan diferencias literarias y teológicas.

El problema sinóptico

Los Evangelios sinópticos

Mateo, Marcos y Lucas reciben el nombre de Evangelios sinópticos porque permiten una «visión conjunta» de numerosos episodios, palabras y secuencias de la vida pública de Jesús. Los tres comparten una cantidad considerable de material, aunque cada uno organiza y expresa ese material de manera propia.

Las semejanzas aparecen en:

  • el orden general de numerosos episodios;
  • la coincidencia de vocabulario griego;
  • la presencia de escenas paralelas;
  • la repetición de frases o sentencias;
  • la estructura narrativa de la actividad pública de Jesús.

También existen diferencias significativas. Mateo y Lucas incluyen relatos de la infancia que no aparecen en Marcos; Mateo y Lucas comparten enseñanzas ausentes de Marcos; y cada uno incorpora tradiciones propias. Estas coincidencias y divergencias plantean la cuestión de las relaciones literarias entre los tres evangelistas.

La hipótesis de las dos fuentes

La formulación clásica de la hipótesis de las dos fuentes afirma que:

  1. Marcos fue el evangelio más antiguo.
  2. Mateo y Lucas utilizaron el Evangelio de Marcos.
  3. Mateo y Lucas utilizaron además una segunda fuente común, denominada Q.
  4. Cada evangelista recurrió también a tradiciones particulares, llamadas tradicionalmente M para Mateo y L para Lucas.

La Comisión Bíblica Pontificia describió esta hipótesis como una explicación científica de la composición de Mateo y Lucas: ambos evangelios dependerían principalmente del Evangelio de Marcos y de una colección de palabras de Jesús. La misma Comisión añadió que la hipótesis conservaba una posición relevante en la exégesis científica, aunque recibía críticas y competía con otros métodos y modelos explicativos.1

La teoría posee una ventaja inicial: ofrece una explicación sencilla para la doble coincidencia de Mateo y Lucas. Cuando ambos evangelios reproducen una enseñanza semejante, con un vocabulario griego parecido y sin paralelo en Marcos, la hipótesis Q atribuye esa coincidencia a una fuente escrita común.

Formación histórica de la hipótesis

Antecedentes en el siglo XIX

La búsqueda de fuentes escritas detrás de los Evangelios forma parte del desarrollo moderno de la crítica literaria. La crítica textual del Nuevo Testamento alcanzó carácter científico especialmente desde comienzos del siglo XIX, mientras que la crítica literaria intentaba explicar las semejanzas y diferencias mediante documentos, tradiciones y procesos de composición.1

Durante el siglo XIX, distintos estudiosos propusieron que los evangelistas habían utilizado colecciones previas de palabras de Jesús. La hipótesis de una fuente de dichos ganó fuerza al observar que Mateo y Lucas comparten una gran cantidad de enseñanzas que no aparecen en Marcos.

La enciclopedia católica de comienzos del siglo XX presentaba los logia como una posible fuente de los tres primeros evangelios y atribuía a Q la explicación del material común a Mateo y Lucas que no procedía de Marcos. A la vez, reconocía que la investigación no había alcanzado respuestas plenamente satisfactorias acerca del contenido, la lengua, la autoría y la forma original de esa colección.2

La situación hacia 1912 y 1913

En torno a 1912-1913, la discusión católica todavía no consideraba la hipótesis de Q como una conclusión doctrinal ni como una reconstrucción segura de la historia evangélica. La enciclopedia católica admitía la posibilidad de documentos primitivos, pero insistía en que una teoría sobre las fuentes debía respetar los datos de la tradición relativos al origen de los Evangelios.3

La misma orientación advertía que la utilización de documentos escritos no excluía la tradición oral. Mateo y Lucas podían haber trabajado con fuentes documentales, pero también con la predicación y la memoria viva de las comunidades cristianas. Una explicación que apelara continuamente a documentos desconocidos, imposibles de comprobar en su extensión y contenido, podía adquirir un carácter excesivamente artificial.4

Esta cautela resulta particularmente relevante para la historia de la hipótesis. La exégesis católica de aquel periodo no rechazaba por principio la investigación literaria, pero tampoco identificaba automáticamente una coincidencia entre evangelios con la dependencia respecto de un documento escrito. La misma semejanza podía proceder de una tradición oral estable, de una catequesis común, de una traducción semejante de una tradición semítica o de la utilización de una fuente escrita.

Reconstrucción hipotética de Q

El material común a Mateo y Lucas

Los investigadores reconstruyen Q reuniendo los pasajes en los que Mateo y Lucas coinciden, pero que no poseen un paralelo claro en Marcos. Entre los ejemplos más conocidos figuran:

  • las tentaciones de Jesús en el desierto;
  • varias bienaventuranzas;
  • la enseñanza sobre el amor a los enemigos;
  • la oración del Señor;
  • exhortaciones sobre la confianza en Dios;
  • advertencias contra la avaricia;
  • discursos sobre la vigilancia;
  • parábolas y sentencias proféticas;
  • palabras dirigidas a Juan el Bautista y a sus discípulos;
  • determinados episodios relacionados con la misión de Jesús.

La reconstrucción no puede reproducir con seguridad el texto original de Q. Mateo y Lucas no siempre conservan el mismo orden ni la misma redacción, y uno de ellos pudo haber conocido directa o indirectamente el evangelio del otro. La enciclopedia católica ya planteaba preguntas semejantes: si ambos evangelistas utilizaron la misma traducción, cuál conserva mejor la extensión y el orden de la fuente, y hasta qué punto cada uno adaptó el material recibido.2

Una posible estructura

Algunos especialistas han propuesto una secuencia aproximada:

  1. presentación de Juan el Bautista;
  2. tentación de Jesús;
  3. enseñanzas sobre el discipulado;
  4. instrucciones para los enviados;
  5. controversias y advertencias;
  6. parábolas o comparaciones sobre el Reino;
  7. denuncias proféticas;
  8. discurso escatológico;
  9. pasión y muerte de Jesús, según las reconstrucciones más amplias.

Esta estructura no cuenta con confirmación manuscrita. La reconstrucción depende del modo en que cada investigador decide ordenar los paralelos y valorar las diferencias entre Mateo y Lucas. Por ello, las ediciones modernas de Q representan una construcción académica, no la transcripción de un documento recuperado.

¿Era Q un evangelio?

La pregunta continúa abierta. Una colección de dichos podría haber circulado como una serie de enseñanzas destinadas a la catequesis o a la predicación. También podría haber incluido breves relatos introductorios, marcos narrativos y referencias a la actividad de Jesús. La antigua enciclopedia católica formulaba expresamente la cuestión de si los logia constituían un evangelio propiamente dicho o una colección de palabras auténticas de Jesús.2

La ausencia de un relato completo de la pasión, de una narración extensa de la resurrección o de una historia continua de la vida de Jesús ha llevado a numerosos investigadores a describir Q como una colección sapiencial y profética. Otros consideran que la reconstrucción moderna puede haber separado artificialmente dichos y relatos que originalmente formaban una composición más narrativa.

Q escrita y tradición oral

La hipótesis de una fuente escrita

La hipótesis clásica entiende Q como un documento escrito, probablemente redactado en griego, aunque algunos estudiosos han defendido una etapa anterior en una lengua semítica. Mateo y Lucas habrían consultado ese documento y lo habrían incorporado, con modificaciones propias, a sus respectivos evangelios.

Esta explicación intenta dar cuenta de las coincidencias verbales entre Mateo y Lucas. Cuando dos textos presentan frases largas con vocabulario y sintaxis semejantes, una fuente escrita común ofrece una explicación plausible. También permite comprender por qué ambos evangelistas comparten secuencias de enseñanzas que no aparecen en Marcos.

La importancia de la tradición oral

La tradición oral no equivale a un recuerdo vago, desordenado o necesariamente poco fiable. En las comunidades antiguas, la repetición litúrgica, la catequesis, la predicación y la instrucción de los discípulos podían conservar fórmulas relativamente estables. Una enseñanza repetida muchas veces podía adquirir una forma fija, incluso antes de su puesta por escrito.

La crítica católica de comienzos del siglo XX advertía que la diferencia entre tradición oral y documento escrito podía resultar menor de lo que supone la mentalidad moderna. Las palabras transmitidas oralmente podían estabilizarse mediante la repetición, y los evangelistas podían recibir simultáneamente tradiciones orales y escritos anteriores.4

La predicación apostólica sobre Jesús precedió a la redacción del Nuevo Testamento. La tradición apostólica viva dio origen a los escritos neotestamentarios y garantiza su continuidad con la persona histórica de Jesús de Nazaret. En la comprensión católica, Escritura y Tradición proceden de una misma fuente divina y constituyen un único depósito de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia.5

Oralidad y escritura no se excluyen

La alternativa «Q escrita o tradición oral» plantea una disyuntiva demasiado rígida. Una tradición oral pudo preceder a una colección escrita; un documento pudo fijar material que ya circulaba en la predicación; Mateo y Lucas pudieron utilizar una fuente escrita junto con tradiciones orales independientes; o ambos pudieron recibir una misma catequesis en formas parcialmente fijadas.

La existencia de coincidencias literales favorece, en determinados casos, una relación escrita. Sin embargo, la oralidad antigua podía producir coincidencias notables, especialmente cuando se trataba de fórmulas breves, enseñanzas memorizadas o textos destinados a la proclamación pública. Por ello, la investigación debe valorar conjuntamente el vocabulario, el orden, el género literario, las prácticas de memoria y el contexto eclesial de los evangelistas.

Principales argumentos a favor de Q

La doble tradición

El argumento central procede de la llamada doble tradición, es decir, del material compartido por Mateo y Lucas, pero ausente de Marcos. Ese material incluye muchas palabras de Jesús y varias unidades de enseñanza con paralelos estrechos.

La hipótesis Q explica la doble tradición mediante una fuente común. Además, armoniza con la observación de que Mateo suele coincidir con Marcos en el orden de los relatos narrativos, mientras que Mateo y Lucas presentan coincidencias particulares en discursos y sentencias.

Las coincidencias verbales

Algunos pasajes de Mateo y Lucas presentan una proximidad verbal difícil de explicar únicamente mediante una tradición oral libre. La coincidencia puede reflejar una fuente griega común o una tradición oral cuya formulación había alcanzado una notable estabilidad.

Este argumento no demuestra por sí solo la existencia de Q. También exige considerar la posibilidad de que Mateo y Lucas compartiesen una catequesis común, que Lucas conociera Mateo, que Mateo conociera Lucas o que ambos emplearan materiales escritos y orales relacionados entre sí.

La sencillez explicativa

La hipótesis de las dos fuentes posee una cierta economía: un evangelio anterior, Marcos, explicaría gran parte de la triple tradición; una segunda fuente, Q, explicaría la doble tradición; y las colecciones particulares explicarían el material propio de Mateo y Lucas. Esta simplicidad contribuyó a su amplia aceptación en la investigación moderna.4

Críticas y teorías alternativas

La hipótesis de Farrer

La hipótesis de Farrer sostiene que Lucas conoció y utilizó Mateo, además de Marcos. En este modelo, Q resulta innecesaria: la doble tradición procede directamente de Mateo, reelaborado por Lucas.

Los defensores de esta propuesta estudian el modo en que Lucas parece reorganizar, resumir o transformar determinados pasajes de Mateo. También intentan explicar por qué Lucas habría separado materiales que Mateo reúne en grandes discursos.

La hipótesis de Griesbach

La hipótesis de Griesbach, conocida en algunas formulaciones como hipótesis de los dos evangelios, propone que Mateo fue anterior a Lucas y que Marcos compuso su evangelio utilizando ambos. Este modelo rechaza la prioridad de Marcos y, por tanto, no necesita Q como fuente independiente.

La prioridad de Marcos, aunque ampliamente aceptada durante mucho tiempo, ha recibido críticas y revisiones en la investigación moderna. La historia de la investigación muestra que las preferencias por un modelo u otro también han estado influidas por presupuestos literarios, históricos y confesionales.6

Modelos de múltiples fuentes

Otros investigadores recurren a una pluralidad de documentos y tradiciones. Mateo y Lucas podrían haber utilizado colecciones menores de dichos, catequesis locales, tradiciones litúrgicas, testimonios de discípulos y materiales propios. Este planteamiento intenta respetar la complejidad de la transmisión evangélica, aunque puede dificultar la comprobación de cada fuente hipotética.

La antigua crítica católica ya consideraba posible que los evangelistas hubieran integrado fragmentos evangélicos griegos y arameos, junto con tradiciones orales y materiales recopilados personalmente. También advertía contra la multiplicación de documentos no verificables.4

Críticas a la reconstrucción de Q

Las objeciones principales contra Q son las siguientes:

  • ningún manuscrito antiguo identifica una obra con ese nombre;
  • ningún escritor cristiano antiguo describe con claridad una fuente que corresponda exactamente a la reconstrucción moderna;
  • Mateo y Lucas podrían no haber utilizado una fuente común;
  • las diferencias de orden y redacción dificultan la reconstrucción;
  • la tradición oral puede explicar parte de las semejanzas;
  • la dependencia literaria de Lucas respecto de Mateo podría hacer innecesaria la hipótesis;
  • las reconstrucciones de Q varían considerablemente entre los especialistas.

La hipótesis continúa siendo relevante, pero ya no conviene presentarla como una conclusión indiscutible. La Comisión Bíblica Pontificia reconoce la utilidad de las hipótesis documentales, aunque recuerda que reciben críticas y que la crítica literaria no debe reducir la interpretación a descomponer el texto en fuentes anteriores.1

Q y la imagen de Jesús

Algunas reconstrucciones de Q han presentado a Jesús principalmente como maestro sapiencial, profeta escatológico o anunciador del juicio de Dios. Esta imagen puede destacar con acierto determinados elementos de Mateo y Lucas, pero no puede sustituir al testimonio global de los cuatro Evangelios canónicos.

La fe católica no fundamenta el conocimiento de Cristo en una reconstrucción hipotética situada detrás de los Evangelios. Los escritos neotestamentarios transmiten el testimonio apostólico inspirado y ofrecen el acceso auténtico a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. La exégesis católica no necesita recuperar unas palabras «puras» de Jesús separadas del testimonio evangélico para reconocer la verdad de la revelación cristiana.7

Los evangelistas no pretendieron reproducir mecánicamente cada frase pronunciada por Jesús como si elaborasen una transcripción moderna. La Iglesia reconoce, sin embargo, la autoridad divina de los Evangelios tal como los redactaron los hagiógrafos bajo la inspiración del Espíritu Santo y tal como la Tradición apostólica los recibió en el canon de la Escritura.7

La Fuente Q y la inspiración bíblica

La hipótesis de Q se refiere al proceso literario previo a la redacción final de Mateo y Lucas. No afecta por sí misma a la inspiración de esos evangelios. La posible utilización de fuentes anteriores no convierte los Evangelios en simples compilaciones humanas ni disminuye su autoridad sagrada.

La exégesis católica distingue entre:

  • las fuentes, tradiciones y materiales que pudieron intervenir en la composición;
  • la redacción final de cada evangelio;
  • la inspiración divina de los libros canónicos;
  • la interpretación de esos libros dentro de la Tradición viva de la Iglesia.

El estudio histórico-literario puede ayudar a reconstruir la prehistoria de los Evangelios, sus formas literarias y los procedimientos redaccionales de los evangelistas. No altera, por ello, el testimonio de fe contenido en la forma canónica definitiva.8

La Iglesia no identifica la inspiración con una dictadura verbal que excluya la actividad humana de los autores sagrados. Los evangelistas emplearon sus capacidades, sus fuentes, su lengua, sus conocimientos y sus objetivos pastorales. El resultado posee simultáneamente dimensión humana y divina.

Evolución del Magisterio católico

De la cautela inicial a una actitud más constructiva

La respuesta católica ante la crítica bíblica evolucionó durante los siglos XIX y XX. Providentissimus Deus de León XIII, publicada en 1893, abordó la cuestión de la interpretación y de la inerrancia bíblica en un contexto marcado por el racionalismo y el modernismo. Más tarde, Spiritus Paraclitus de Benedicto XV, Divino afflante Spiritu de Pío XII, la instrucción Sancta Mater Ecclesia de 1964 y la constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II consolidaron una actitud más abierta hacia la investigación científica.1

La evolución no consistió en sustituir la fe por la crítica histórica. Consistió en reconocer que la investigación rigurosa puede prestar un servicio real a la inteligencia de la Escritura, siempre que respete la naturaleza sagrada de los libros bíblicos y su interpretación eclesial.

Dei Verbum y la historicidad de los Evangelios

El Concilio Vaticano II promovió una comprensión más profunda de la historicidad de los Evangelios. Esta historicidad no exige una reproducción fotográfica de los acontecimientos ni una transcripción literal de cada palabra. Reconoce la continuidad entre la predicación de Jesús, la predicación apostólica y la redacción de los evangelistas.

La exégesis católica posterior al Concilio pudo utilizar con mayor libertad los métodos histórico-críticos, sin presentar las diferencias de estilo, orden o selección como pruebas de falsedad. La investigación católica considera los Evangelios documentos históricos y, al mismo tiempo, escritos inspirados que transmiten el testimonio apostólico sobre Cristo.9

La Comisión Bíblica Pontificia de 1993

La Comisión Bíblica Pontificia, en La interpretación de la Biblia en la Iglesia, reconoció la legitimidad del método histórico-crítico y describió su desarrollo. El método estudia la evolución de los textos y tradiciones a lo largo del tiempo, pero necesita complementarse con otros enfoques, especialmente con la atención a la forma final del texto y al mensaje que transmite.1

Esta perspectiva resulta decisiva para Q. El investigador puede preguntar qué relaciones literarias existieron entre Mateo y Lucas, pero la lectura católica no termina en la disección de fuentes. La interpretación debe atender también a la unidad de cada evangelio, a su finalidad teológica, a su recepción en la Iglesia y a su referencia común a Jesucristo.

Valoración católica actual

La Iglesia católica no ha definido la existencia de Q, ni la prioridad de Marcos, ni la hipótesis de las dos fuentes como artículos de fe. Estas cuestiones pertenecen al ámbito de la investigación bíblica y admiten diversas propuestas académicas.

Un católico puede aceptar Q como una hipótesis razonable, considerarla improbable o preferir un modelo alternativo, siempre que mantenga las verdades fundamentales de la fe:

  • los Evangelios son verdaderamente inspirados por Dios;
  • los cuatro Evangelios canónicos transmiten fielmente lo que Dios quiso comunicar para nuestra salvación;
  • los evangelistas actuaron como verdaderos autores humanos;
  • la Tradición apostólica precede y acompaña la redacción del Nuevo Testamento;
  • la Iglesia custodia e interpreta auténticamente la Palabra de Dios;
  • la investigación científica no puede erigirse en juez absoluto de la Revelación.

La libertad de investigación permite comparar manuscritos, estudiar vocabulario, analizar géneros literarios, reconstruir tradiciones y proponer modelos sobre la composición de los Evangelios. Esa libertad no autoriza a confundir una hipótesis provisional con una certeza doctrinal ni a reducir la fe cristiana a la recuperación de una fuente hipotética.

Relevancia para la lectura de Mateo y Lucas

La hipótesis Q puede ayudar a comprender por qué Mateo y Lucas presentan enseñanzas semejantes con enfoques distintos. Mateo suele organizar la enseñanza de Jesús en grandes discursos y la relaciona con el cumplimiento de las Escrituras de Israel. Lucas inserta muchas enseñanzas en el camino de Jesús hacia Jerusalén y las vincula con la misericordia, la oración, la pobreza y la misión universal.

Aunque ambos evangelistas hubieran utilizado una fuente común, cada uno realizó una obra teológica propia. Mateo y Lucas no transmiten simplemente el contenido de Q: lo interpretan, lo ordenan y lo integran en una narración completa sobre Jesús muerto y resucitado.

Por ello, el lector católico debe evitar dos extremos. El primero consiste en negar toda investigación sobre las fuentes. El segundo consiste en considerar que únicamente Q ofrecería las palabras auténticas de Jesús, mientras que los Evangelios canónicos serían elaboraciones tardías sin valor histórico o teológico. La fe de la Iglesia recibe a Mateo y Lucas como Escritura inspirada en su forma canónica, no como simples depósitos secundarios de una obra perdida.

Conclusión

La Fuente Q constituye una hipótesis influyente para explicar la relación entre Mateo y Lucas, especialmente el material que ambos comparten fuera del Evangelio de Marcos. Su reconstrucción depende de indicios literarios y no de un manuscrito conservado; por eso, su existencia, extensión, lengua, fecha y composición siguen abiertas al debate.

La exégesis católica actual permite investigar Q con libertad científica, pero sitúa esa investigación dentro de una visión más amplia de la Revelación. La tradición oral apostólica, las posibles fuentes escritas, la labor literaria de los evangelistas, la inspiración divina, el canon y la interpretación de la Iglesia forman una realidad inseparable. El valor de Mateo y Lucas no depende de la demostración de Q, sino de su condición de Evangelios canónicos que transmiten auténticamente a Jesucristo y el mensaje de salvación confiado por Dios a la Iglesia.

Citas y referencias

  1. Prefacio, Pontifical Biblical Commission. La interpretación de la Biblia en la Iglesia, 1 (1993). 2 3 4 5 6
  2. Jesúlogía («dichos de Jesús»). Catholic Encyclopedia, Jesúlogía («Dichos de Jesús») (1913). 2 3 4
  3. El Nuevo Testamento. Catholic Encyclopedia, El Nuevo Testamento (1913).
  4. Sinópticos. Catholic Encyclopedia, Sinópticos (1913). 2 3 4
  5. Juan y los sinópticos, Frank J. Matera. El Jesús del testimonio: una convergencia de historia y teología, 6 (2008).
  6. Anthony Giambrone, O.P. La búsqueda de la Vera y Sincera de Jesús: Dei Verbum 19 y la historicidad de los Evangelios, 33 (2015).
  7. J.M. Casciaro. Reflexiones sobre la exégesis católica a propósito del 80.o aniversario de la Providentissimus Deus, 22 (1973). 2
  8. J.M. Casciaro. Reflexiones sobre la exégesis católica a propósito del 80.o aniversario de la Providentissimus Deus, 23 (1973).
  9. J.M. Casciaro. El acceso a Jesús y la historicidad de los evangelios. Balance de veinticinco años de investigación, 33 (1980).
Modificado el 20 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.67 • 81 visitas • Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/0xps7s6gc

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