El Rosario Misionero utiliza cinco colores, cada uno vinculado tradicionalmente a uno de los cinco continentes. Juan Pablo II presentó esta correspondencia a los miembros de las Obras Misionales Pontificias y a los niños de la Santa Infancia.
Color blanco: Europa
La decena blanca representa Europa. Juan Pablo II la relacionó con la necesidad de que el continente recupere el fervor evangelizador del que surgieron numerosas Iglesias.
La intención puede incluir:
- La renovación de la fe en las familias y las parroquias.
- La transmisión del Evangelio a las nuevas generaciones.
- La perseverancia de los cristianos que viven en contextos de secularización.
- Las vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras.
- La acogida cristiana de los inmigrantes y refugiados.
El color blanco puede evocar también la luz de Cristo y la vocación de las comunidades cristianas europeas a custodiar y comunicar la herencia apostólica recibida.
Color amarillo: Asia
La decena amarilla representa Asia, continente asociado por Juan Pablo II con la vitalidad y la juventud de numerosas poblaciones.
La oración puede ofrecerse por:
- Las comunidades cristianas minoritarias.
- Los misioneros que anuncian el Evangelio en ambientes culturalmente diversos.
- La libertad religiosa y la protección de los cristianos perseguidos.
- El diálogo respetuoso entre la Iglesia y las grandes tradiciones religiosas asiáticas.
- Los jóvenes, las familias y las nuevas vocaciones.
La intención misionera debe evitar cualquier desprecio hacia otras culturas o religiones. La Iglesia anuncia a Jesucristo con respeto por la dignidad de toda persona y reconoce cuanto existe de verdadero y santo en las distintas tradiciones humanas, sin renunciar por ello a la plenitud de la salvación ofrecida en Cristo.
Color verde: África
La decena verde representa África. Juan Pablo II la vinculó a un continente probado por el sufrimiento, pero dispuesto a recibir y proclamar el Evangelio.
La oración puede dirigirse por:
- La paz en los países afectados por guerras y conflictos.
- La superación de la pobreza, el hambre y la explotación.
- La protección de los niños y de las familias.
- La reconciliación entre pueblos y comunidades.
- La perseverancia de los catequistas, sacerdotes, religiosos y laicos misioneros.
- El crecimiento de las Iglesias jóvenes.
La intención africana recuerda que muchas comunidades del continente no son únicamente destinatarias de la misión, sino también protagonistas activas de la evangelización. Sus mártires, catequistas, familias y jóvenes ofrecen un testimonio de fe que enriquece a la Iglesia universal.
Color rojo: América
La decena roja representa América. Juan Pablo II la presentó como signo de la esperanza de nuevas fuerzas misioneras.
La oración puede incluir:
- La defensa de la dignidad de toda persona desde la concepción hasta la muerte natural.
- La conversión de quienes viven alejados de la fe.
- La atención pastoral a los pueblos indígenas y a las comunidades rurales.
- La justicia social y la superación de la violencia.
- La misión urbana y la evangelización de los ambientes profesionales y culturales.
- La fidelidad de las familias y el discernimiento de nuevas vocaciones.
América reúne una gran diversidad de pueblos y situaciones eclesiales. El Rosario Misionero invita a orar tanto por las Iglesias con una larga tradición cristiana como por las comunidades que afrontan pobreza, persecución, migración o falta de ministros ordenados.
Color azul: Oceanía
La decena azul representa Oceanía. Juan Pablo II la vinculó con la expansión del Evangelio desde las comunidades locales y con la necesidad de una presencia cristiana arraigada en los pueblos y culturas de las islas y del continente australiano.
La intención puede abarcar:
- Las comunidades cristianas de las islas del Pacífico.
- La formación de catequistas y agentes de pastoral.
- La evangelización de los jóvenes.
- La protección de los pueblos indígenas y de sus culturas.
- La atención a las poblaciones afectadas por el aislamiento o por desastres naturales.
- La defensa de la creación y del entorno marino.
El color azul recuerda el mar que une y separa las islas de Oceanía. También puede conducir a contemplar a María como Estrella de la Evangelización y como Madre que acompaña a la Iglesia en todos los pueblos.