Teófano y la regencia de Otón III
La emperatriz Teófano, viuda de Otón II, asumió la regencia de su hijo Otón III después de la muerte del emperador en diciembre de 983. En ese momento Benedicto VI ya había muerto hacía casi una década. Por tanto, Teófano no ejerció una regencia durante el pontificado de Benedicto VI ni intervino directamente en su deposición y asesinato.
La relación entre Benedicto VI y Teófano debe entenderse dentro de una continuidad dinástica más amplia. Teófano había llegado a Roma en 972 para contraer matrimonio con Otón II, unión que Juan XIII bendijo. Su presencia vinculó la corte otónida con el mundo bizantino y reforzó la dimensión internacional de la política imperial.
La influencia de Teófano sobre el papado posterior
Durante la minoría de Otón III, Teófano ejerció una autoridad política considerable. Su gobierno buscó mantener la alianza entre la Iglesia y el Imperio, aunque tuvo que negociar con los dirigentes de la aristocracia romana. En 989 acudió a Roma y reconoció de hecho la posición de Crescencio el Joven como patricio, sin renunciar por ello a la superioridad imperial.,
La actuación de Teófano ayuda a comprender la evolución posterior de las relaciones entre el papado, la aristocracia romana y la monarquía germánica. A diferencia de la crisis que acabó con Benedicto VI, la regencia intentó integrar a los poderes locales dentro del marco imperial. Sin embargo, la aristocracia conservó una influencia decisiva sobre la vida política de Roma y sobre la elección de algunos pontífices, entre ellos probablemente Juan XV.,
La tutela de Teófano tampoco significó una independencia completa del papado. La minoría de Otón III dejó a Roma expuesta a nuevas disputas, y Crescencio el Joven llegó a ejercer el poder temporal de la ciudad bajo el título de patricius Romanorum. Esta situación prolongó el problema que ya había afectado a Benedicto VI: la sede apostólica poseía legitimidad religiosa, pero su gobierno cotidiano dependía de fuerzas políticas rivales.,