Preparación
Busca un lugar tranquilo y adopta una postura digna. No resulta necesario crear un ambiente extraordinario: basta con apartar durante unos minutos las distracciones y situarse conscientemente ante Dios.
Antes de abrir el libro, puedes hacer una breve pausa y reconocer:
«Señor, comienzo este día en tu presencia».
La preparación no añade un rito obligatorio, pero ayuda a comprender que las Laudes no consisten en leer deprisa varios textos. Constituyen una celebración de la Iglesia y requieren una atención proporcionada.
Introducción
Las Laudes comienzan normalmente con el versículo:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
A continuación se reza o canta:
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Habitualmente se añade Aleluya. Durante la Cuaresma, el Aleluya se omite. Si las Laudes van precedidas inmediatamente del invitatorio, la forma introductoria ordinaria no aparece.
Himno
Después de la introducción viene el himno, elegido según el día, el tiempo litúrgico o la celebración de un santo. El himno sitúa la oración en el misterio que la Iglesia celebra y prepara el corazón para la salmodia.
El fiel puede rezarlo lentamente, prestando atención a sus imágenes y afirmaciones. Cuando la celebración es comunitaria, el himno suele cantarse; en la oración individual, basta con recitarlo con devoción.
Salmodia
La salmodia comprende normalmente tres piezas:
- un salmo apropiado para la mañana;
- un cántico del Antiguo Testamento;
- un segundo salmo de alabanza.
Esta disposición diferencia la salmodia de las Laudes de la de las Vísperas. La oración vespertina utiliza dos salmos o dos secciones de un salmo largo y un cántico tomado de las cartas apostólicas o del Apocalipsis.
Cada salmo aparece acompañado por una antífona. La antífona proporciona una clave de lectura y ayuda a interpretar el salmo dentro del tiempo litúrgico o de la fiesta. El procedimiento habitual consiste en:
- leer o cantar la antífona;
- rezar el salmo;
- repetir la antífona.
Al terminar cada salmo o cántico, la forma ordinaria incorpora el Gloria al Padre. En algunas celebraciones, las rúbricas pueden ordenar una disposición diferente.
Cómo meditar los salmos
No conviene convertir la salmodia en una lectura acelerada. El fiel puede:
- leer el título o la antífona con atención;
- identificar la actitud espiritual dominante;
- comprender el salmo como oración de Cristo y de la Iglesia;
- presentar a Dios las personas y situaciones que el texto le sugiera;
- respetar breves silencios entre las estrofas;
- evitar detenerse de tal manera que la estructura litúrgica quede desfigurada.
Algunos salmos hablan directamente de enemigos, castigos o desgracias. La lectura cristiana no invita a desear el mal a nadie. Permite entregar a Dios el sufrimiento, pedir justicia, reconocer la gravedad del pecado y confiar el juicio definitivo al Señor.
Lectura breve
La lectura breve ofrece un pasaje de la Sagrada Escritura, generalmente relacionado con el día o con el tiempo litúrgico. Su extensión reducida no disminuye su importancia. La lectura recuerda que la oración cristiana nace de la escucha de la Palabra de Dios.
Conviene leerla con pausa y dejar que una frase permanezca en la memoria durante la jornada. La lectura breve no exige una meditación larga en medio del Oficio, pero sí una recepción atenta y reverente.
Responsorio breve
Después de la lectura aparece un responsorio breve, formado por una respuesta que prolonga o aplica el mensaje bíblico. El pueblo o la persona que reza responde a la Palabra con una breve fórmula de fe, alabanza o súplica.
En una celebración comunitaria, el ministro o el cantor puede entonar la primera parte y la asamblea responder. En la oración individual, el fiel recita las partes tal como aparecen en el libro.
El cántico del Benedictus
El momento culminante de las Laudes es el cántico de Zacarías, conocido por su primera palabra latina, Benedictus. El Evangelio de san Lucas pone este cántico en labios de Zacarías después del nacimiento de Juan el Bautista.
Las Laudes utilizan el Benedictus como cántico evangélico; las Vísperas utilizan el Magnificat. Ambos cánticos expresan alabanza, acción de gracias y reconocimiento de la obra salvadora de Dios.
El Benedictus proclama que Dios visita y redime a su pueblo, recuerda la alianza con Israel y anuncia la misión de Juan como profeta del Altísimo. Su imagen final presenta a Cristo como la luz que ilumina a quienes viven en tinieblas y guía nuestros pasos por el camino de la paz.
La antífona propia del día se reza antes y después del cántico. Sus palabras pueden relacionarse con el santo celebrado, el Evangelio del día o el tiempo litúrgico.
Intercesiones
Después del Benedictus llegan las intercesiones. En las Laudes, estas peticiones consagran a Dios el día y el trabajo que comienza.
Las intercesiones suelen abarcar:
- la Iglesia;
- el Papa, los obispos y los ministros sagrados;
- los gobernantes y responsables de la sociedad;
- las familias;
- los enfermos y quienes sufren;
- los pobres y necesitados;
- quienes trabajan o buscan empleo;
- quienes afrontan tentaciones o dificultades;
- los difuntos;
- las necesidades concretas del mundo.
La estructura presenta una invocación y una respuesta de la asamblea. En la oración privada, basta con recitar tanto la invocación como la respuesta.
El carácter litúrgico de estas peticiones impide reducirlas a una lista de necesidades personales. El cristiano intercede unido a toda la Iglesia y ofrece a Dios el mundo que empieza una nueva jornada.
El Padrenuestro
Las intercesiones conducen al Padrenuestro, la oración que Jesucristo enseñó a sus discípulos. El fiel lo reza con toda la Iglesia, no como una fórmula añadida arbitrariamente, sino como conclusión de la súplica comunitaria.
El Padrenuestro resume la orientación de las Laudes: glorificar el nombre de Dios, acoger su Reino, cumplir su voluntad, recibir el sustento necesario, pedir perdón y buscar la liberación del mal.
Oración conclusiva
La oración conclusiva recoge el sentido de la celebración. Normalmente presenta a Dios la jornada, pide su ayuda y orienta el trabajo hacia el cumplimiento de su voluntad.
Conviene escuchar o recitar esta oración atendiendo a sus verbos y peticiones. La fórmula final no funciona como una despedida decorativa: concentra la espiritualidad propia de las Laudes y ofrece a Dios la vida cotidiana.
Conclusión
La hora termina con una fórmula de despedida y bendición. En la celebración comunitaria, el ministro puede impartir la bendición. En la oración individual, el fiel recita la conclusión prevista en el libro.
Cuando las Laudes preceden inmediatamente a la misa, la Iglesia permite unir ambas celebraciones de acuerdo con las normas litúrgicas. La salmodia continúa hasta la lectura breve y algunos elementos de la misa pueden omitirse o integrarse según el modo de celebración.