Libro primero: defensa general del cristianismo
El primer libro, formado por 65 capítulos breves, contiene la apología central de la obra. Arnobio responde a las acusaciones dirigidas contra los cristianos, trata el problema del mal, expone su doctrina sobre Dios y concluye con una defensa de Cristo, de la Encarnación y de los milagros.
Arnobio presenta a Dios como el Creador supremo, invisible, incomprensible, eterno, no engendrado e inmortal. La grandeza divina supera la capacidad del lenguaje humano; por eso, el reconocimiento de Dios exige humildad intelectual. La razón puede conducir al hombre hacia Dios, pero no puede abarcar plenamente su naturaleza.
Su monoteísmo aparece expresado mediante fórmulas como deus summus y deus princeps, es decir, «Dios supremo» y «Dios principal». Esta presentación refleja tanto la fe cristiana como el lenguaje filosófico de su tiempo.
La crítica de la mitología pagana
Arnobio repasa numerosas divinidades grecorromanas: Jano, Saturno, Venus, Apolo, Diana, Mercurio, Hércules, Cástor y Pólux, Isis, Serapis y otras figuras religiosas. Su método consiste en confrontar los relatos mitológicos con la idea filosófica de Dios.
El autor pregunta cómo pueden considerarse divinos unos seres que nacen, mueren, sufren mutilaciones, cometen adulterio, engañan, sienten miedo o actúan movidos por la ambición y la lujuria. La mitología, a su juicio, atribuye a los dioses comportamientos que contradicen la perfección moral y la trascendencia propias de la divinidad.,
Esta crítica no se limita a negar la existencia de toda realidad espiritual. Arnobio admite en ocasiones la existencia de seres sobrenaturales subordinados al Dios supremo. Su posición resulta, por tanto, distinta del ateísmo filosófico: rechaza la divinidad de los dioses tradicionales, pero conserva una concepción jerárquica del mundo espiritual.
La Encarnación de Cristo
Una de las cuestiones centrales del primer libro es la acusación pagana de que los cristianos adoraban a un hombre crucificado. Para la mentalidad romana, la cruz representaba una muerte vergonzosa reservada a los criminales y a los esclavos.
Arnobio responde que Cristo asumió una forma humana para manifestarse visiblemente a los hombres. La divinidad invisible, afirma, no podía ser contemplada directamente por los mortales; por ello, Cristo adoptó la condición humana y entró en la historia para enseñar y realizar la obra de la salvación.
Su explicación de la muerte de Cristo distingue entre la divinidad y la humanidad asumida. Arnobio sostiene que la muerte afectó al cuerpo humano que Cristo había tomado, no a la divinidad misma. Esta formulación pretende defender la trascendencia divina frente a la objeción pagana, aunque no desarrolla con la precisión posterior la doctrina cristológica de la unión hipostática.
Arnobio presenta asimismo la divinidad de Cristo y atribuye a su persona una función decisiva en la revelación de Dios y en la transformación moral de la humanidad.,
Libro segundo: el alma, la muerte y la inmortalidad
El segundo libro trata principalmente de la naturaleza del alma humana y de su destino eterno. Arnobio discute con la filosofía pagana, especialmente con Platón, acerca de la inmortalidad.
Su posición difiere de la doctrina cristiana posterior y de la formulación clásica de la inmortalidad natural del alma. Arnobio considera que el alma humana no posee por sí misma una inmortalidad necesaria. El alma ocupa una condición intermedia entre la vida y la muerte y puede recibir la inmortalidad como don de Dios.,
En consecuencia, la vida eterna no constituye una propiedad autónoma de la criatura, sino una gracia concedida por Dios. El autor aplica este principio incluso a los seres espirituales y a los dioses paganos: todo ser que ha tenido un origen depende de la voluntad divina para conservar su existencia. Sólo Dios es absolutamente inmortal y no engendrado.,
Arnobio relaciona la salvación con el conocimiento de Dios y con la acogida de las enseñanzas de Cristo. Quienes rechazan a Dios pueden perder la existencia en una destrucción definitiva; quienes reciben la gracia divina alcanzan la vida eterna. Esta concepción combina elementos cristianos con una antropología peculiar, cercana en algunos aspectos a la idea de que la inmortalidad constituye un don y no una exigencia de la naturaleza humana.
Libros tercero y cuarto: religión y sociedad paganas
Los libros tercero y cuarto contienen una descripción extensa de los cultos, templos, imágenes, ritos y mitos del mundo grecorromano. Arnobio utiliza materiales procedentes de autores paganos y proporciona datos de gran valor para el conocimiento de la religión antigua.
Su testimonio interesa no sólo a la teología y a la historia del cristianismo, sino también a la filología latina, la historia de las religiones y el estudio de la mitología clásica. La obra conserva noticias sobre prácticas religiosas y tradiciones que no siempre aparecen con tanta amplitud en otros autores cristianos.
Arnobio denuncia especialmente la contradicción entre la conducta atribuida a los dioses y la moral que la religión debería promover. En su argumentación, los relatos de violencia, adulterio, engaño y rivalidad no elevan al ser humano hacia la virtud, sino que legitiman sus pasiones bajo una apariencia sagrada.
Libros quinto a séptimo
Los últimos libros continúan la crítica de los sacrificios, los ritos, las divinidades y las explicaciones paganas sobre el origen de las instituciones religiosas. Arnobio desarrolla una refutación amplia de la religión tradicional y defiende la novedad cristiana como una renovación espiritual y moral.
La obra completa muestra una notable unidad polémica: el autor contrapone la incoherencia de los mitos paganos, la inmoralidad de determinados cultos y la fragilidad de sus explicaciones filosóficas con la unidad de Dios, la persona de Cristo y la transformación producida por la fe cristiana.,