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Creatio ex nihilo

La expresión latina creatio ex nihilo significa «creación desde la nada» y designa la doctrina cristiana según la cual Dios produce libremente todo cuanto existe sin utilizar una materia preexistente. La doctrina afirma la dependencia radical de todas las criaturas respecto de Dios, distingue la creación de cualquier transformación natural y excluye tanto el dualismo como la emanación necesaria del mundo a partir de la sustancia divina. La fe católica vincula esta verdad con la conservación permanente del universo, la providencia divina, la libertad de las causas creadas y la esperanza de la resurrección.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCreatio ex nihilo
CategoríaTérmino
DescripciónDoctrina cristiana que afirma que Dios creó todo sin materia preexistente. «Creación desde la nada»
Referencias
  • Génesis 1:1
  • 2 Macabeos 7,28
  • Salmo (p. ej. 33)
  • Romanos 4,17.
  • Génesis 1:1
  • 2 Macabeos 7,28
  • Romanos 4,17.
  • Catecismo 296-297, 54-59.
Aplicación MoralFundamenta la dignidad humana, la responsabilidad sobre la creación y la esperanza de la resurrección.
Contexto BíblicoBasada en Génesis 1:1, 2 Macabeos 7,28, Salmos y Romanos 4,17.
Contexto HistóricoDefendida por los Padres de la Iglesia contra el gnosticismo y el maniqueísmo; anatema de 543 bajo el papa Vigilio; formulada en el Concilio Lateranense IV (1215) y reafirmada en el Concilio Vaticano I (Dei Filius).
Enseñanzas PrincipalesDios es único Creador; crea libremente sin materia; toda criatura depende de Él; la creación no es emanación; la conservación es continua; causas segundas actúan con poder divino; el mal no proviene de Dios.
ImportanciaDoctrina central que sostiene la creación, la providencia y la esperanza cristiana.
InfluenciasMoldea la enseñanza sobre la creación, la providencia, la dignidad humana y la teología sacramental.
Interpretación TradicionalIndica dependencia radical de las criaturas respecto a Dios, distingue creación de mera transformación y rechaza dualismo y emanación.
TipoDoctrina, Término teológico

Tabla de contenido

Significado de la expresión

La palabra latina creatio procede de creare, «crear», «producir» o «dar origen». La locución ex nihilo significa literalmente «desde la nada». En sentido teológico, no describe la nada como una especie de materia oscura o realidad anterior a Dios. La nada no es un principio, un lugar ni una sustancia. La expresión niega que exista cualquier realidad independiente que Dios tuviera que emplear como material.

La creación desde la nada implica dos afirmaciones inseparables:

  • Dios es la causa de todo el ser de las criaturas, no solamente de su configuración, orden o forma.
  • Nada creado existe con independencia de Dios, ni por una necesidad interna de la naturaleza divina ni por una sustancia eterna contrapuesta a Él.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que Dios no necesita una realidad preexistente ni ayuda alguna para crear, y que la creación tampoco constituye una emanación necesaria de la sustancia divina. Dios crea libremente desde la nada.1

La doctrina no significa que Dios transforme «la nada» en algo, como si la nada fuese un objeto. Significa que antes de la acción creadora no existía ninguna criatura ni ninguna materia independiente de Dios. La causalidad divina alcanza a la totalidad de lo que una criatura es.

Fundamento bíblico

El relato del Génesis

La primera frase del Génesis proclama: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra».2 Esta afirmación presenta a Dios como origen soberano del universo y distingue al Creador de todo cuanto forma parte del mundo.

El relato bíblico no ofrece un tratado filosófico sobre la estructura metafísica de la creación. Su finalidad principal consiste en confesar que existe un único Dios, que el universo depende de Él y que las criaturas poseen una bondad derivada de su origen divino. La doctrina posterior de la creatio ex nihilo desarrolla el alcance de esta confesión: si Dios es realmente el creador de «los cielos y la tierra», entonces ninguna realidad creada puede constituir una materia eterna situada fuera de su poder creador.

La formulación explícita del Segundo Libro de los Macabeos

La formulación bíblica más explícita de la creación desde la nada aparece en el Segundo Libro de los Macabeos. La madre de los siete hermanos exhorta a uno de sus hijos a contemplar el cielo, la tierra y todo cuanto contienen, y a reconocer que Dios no los hizo a partir de cosas preexistentes. El pasaje relaciona la creación con la resurrección: el Dios que dio origen a la vida puede devolverla a quienes mueren por fidelidad a su ley.3

Este texto posee una importancia doctrinal particular porque expresa de modo directo la ausencia de una materia anterior. San Agustín recurrió precisamente a 2 Macabeos 7,28 para explicar que Dios no formó las criaturas a partir de algo que ya existiera, sino a partir de lo que no existía. También relacionó esta enseñanza con Romanos 4,17 y con la afirmación de que Dios habla y las cosas llegan a existir.4

Otros testimonios de la Escritura

La tradición cristiana relacionó la creación con textos que atribuyen a Dios la producción de todas las cosas mediante su palabra y su mandato. El salmo afirma que Dios habla y las cosas llegan a existir; san Pablo proclama que todo procede de Dios, existe por Él y se orienta hacia Él. San Agustín interpretó conjuntamente estos pasajes con 2 Macabeos 7,28 para expresar la doctrina de la creación desde la nada.4

El Nuevo Testamento presenta además una conexión estrecha entre la acción creadora y la acción redentora. La misma soberanía divina que da el ser al mundo actúa en la resurrección, en la nueva creación y en la restauración de todas las cosas. La tradición cristiana antigua entendió que la fe en el Creador fundamenta la esperanza de que Dios puede vencer la muerte.5

Desarrollo en la tradición cristiana

Los primeros autores cristianos defendieron la creación desde la nada frente a las concepciones paganas, gnósticas y maniqueas. El dualismo maniqueo afirmaba la existencia de dos principios eternos, uno bueno y otro malo. Frente a esta tesis, la Iglesia confesó que existe un único Dios, fuente de todo lo creado, y que el mal no posee una sustancia divina propia.

Orígenes citó 2 Macabeos 7,28 como testimonio de que Dios hizo el cielo, la tierra y todo cuanto contienen cuando todavía no existían. También vinculó esta doctrina con la afirmación de que Dios creó y ordenó todas las cosas desde la nada.6

La profesión de fe cristiana condensó esta doctrina al confesar a Dios Padre como creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y de todo lo invisible. El contenido de esta fórmula comprende tanto las realidades espirituales, como los ángeles, cuanto las realidades corporales y materiales.7

Enseñanza magisterial

Primeras condenas sobre la eternidad de las criaturas

La afirmación de que las criaturas no son coeternas con Dios recibió una formulación magisterial temprana en el siglo VI. En el año 543, durante el pontificado del papa Vigilio, un anatema contra ciertas tesis atribuidas a Orígenes rechazó la idea de que las criaturas fueran coeternas con Dios.8

Esta intervención no debe confundirse con una definición completa de todas las cuestiones filosóficas relacionadas con la creación. Su finalidad consistió en excluir la coeternidad de las criaturas respecto de Dios.

Concilio Lateranense IV

El Concilio Lateranense IV, celebrado en 1215, formuló con especial precisión la doctrina católica. El concilio confesó que existe un solo Dios verdadero, eterno y omnipotente, que creó desde el comienzo del tiempo todas las criaturas espirituales y corporales desde la nada.8

La fórmula lateranense afirma simultáneamente:

  • La unicidad del principio creador: sólo Dios crea en sentido estricto.
  • La creación desde la nada: Dios no presupone una materia eterna.
  • La totalidad del objeto creado: Dios crea las realidades espirituales y corporales.
  • La condición temporal del mundo: el universo creado tiene un comienzo del tiempo.
  • La distinción entre Dios y el mundo: el mundo no es una parte de la sustancia divina.

El Catecismo recoge la enseñanza del Lateranense IV y la relaciona con la doctrina definida posteriormente por el Concilio Vaticano I.1

Concilio Vaticano I

El Concilio Vaticano I, en la constitución dogmática Dei Filius, reafirmó la doctrina de que Dios creó libremente todas las criaturas espirituales y corporales desde la nada. El texto condenó la negación de que el mundo y todo cuanto contiene hayan sido producidos por Dios en la totalidad de su sustancia.9

El mismo desarrollo doctrinal rechazó dos errores opuestos:

  • La tesis materialista o panteísta, que niega que Dios sea causa de todo el ser de las criaturas.
  • La tesis emanacionista o necesaria, que convierte el mundo en una consecuencia inevitable de la vida divina.

El Concilio Vaticano I enseñó también que Dios crea por una voluntad libre, no por necesidad. Nadie puede atribuir la existencia del mundo a una obligación interna de Dios semejante a la necesidad con que Dios se ama a sí mismo. El mundo ha sido creado para manifestar la perfección divina y para participar de la bondad de Dios.10

Creación y comienzo del tiempo

La creación desde la nada no equivale por sí sola a una descripción científica del origen físico del universo. La cosmología estudia los procesos, condiciones y estructuras del universo observable; la metafísica pregunta por qué existe algo en lugar de nada y cuál es la causa última del ser de las cosas.

La doctrina católica sostiene que Dios creó el mundo «desde el comienzo del tiempo» en la formulación del Lateranense IV. La cuestión filosófica de si la razón humana puede demostrar que el mundo comenzó temporalmente requiere una distinción rigurosa.

Santo Tomás de Aquino sostuvo que la razón puede demostrar que todo lo creado depende de Dios para existir, pero consideró que el comienzo temporal del mundo no puede demostrarse mediante una necesidad filosófica concluyente. Según su análisis, la fe conoce por revelación que el mundo tuvo un comienzo, mientras que la razón puede mostrar la dependencia radical del universo respecto de Dios aunque hipotéticamente se considerase una duración indefinida del mundo.11

La distinción evita dos confusiones:

  1. Creación en sentido metafísico: dependencia total del ser respecto de Dios.
  2. Comienzo temporal del universo: inicio de la duración cósmica.

La doctrina de la creatio ex nihilo exige la primera afirmación. La segunda pertenece a la revelación cristiana y a la enseñanza magisterial sobre el comienzo del tiempo, pero no debe identificarse sin más con una demostración física o filosófica.

Creación y cambio

La creación no es una transformación

Toda transformación natural presupone algún sujeto o materia que permanece mientras cambia su forma o su estado. Cuando una semilla se convierte en planta, existe una realidad previa que atraviesa un proceso de desarrollo. Cuando un artesano fabrica una mesa, trabaja con madera ya existente.

La creación no funciona de ese modo. Dios no recibe una materia previa para convertirla en universo. La causalidad creadora produce la totalidad del ser de la criatura. Santo Tomás explica que la generación presupone materia, mientras que la creación no presupone nada en la realidad creada.11

Por eso la creación no constituye un cambio ordinario. En todo cambio auténtico permanece algo que pasa de una condición a otra. En la creación no existe un sujeto anterior que pase de la inexistencia a la existencia. La creación consiste propiamente en la relación de dependencia de la criatura respecto del Creador, junto con la sucesión conceptual o temporal de la inexistencia previa y la existencia posterior.12

Prioridad de la nada por naturaleza

La expresión «desde la nada» puede entenderse de dos maneras complementarias:

  • La criatura no procede de una realidad preexistente.
  • La inexistencia tiene prioridad de naturaleza respecto de la existencia de la criatura, porque la criatura no posee el ser por sí misma.

Esta prioridad no exige imaginar un momento anterior en el que la criatura existiera como una posibilidad temporal situada en algún lugar. La criatura depende de Dios de tal modo que, abandonada a sí misma, no conservaría el ser. Santo Tomás llama a esta prioridad una prioridad de naturaleza, no necesariamente una prioridad temporal.11

Creación y conservación

Distinción conceptual

La teología católica distingue entre creatio y conservatio:

  • Creación: producción originaria de la criatura por Dios sin materia preexistente.
  • Conservación: comunicación continua del ser por la que Dios mantiene a la criatura en la existencia.

Ambas acciones no son idénticas desde el punto de vista conceptual, pero expresan una única dependencia radical de la criatura respecto de Dios. La conservación no consiste en reparar una obra que Dios hubiera puesto en marcha y luego abandonado. Dios causa directamente el ser mismo de la criatura, no sólo su aparición inicial.

Santo Tomás compara la conservación divina con la luz que el sol comunica continuamente al aire: si cesara completamente la irradiación, también desaparecería la luz recibida. Del mismo modo, las criaturas permanecen en el ser mientras Dios quiere que existan y les comunica incesantemente el acto de existir.13

Rechazo del deísmo

Esta doctrina excluye el deísmo, entendido como la idea de que Dios creó el universo y después lo dejó funcionar sin una presencia activa. La imagen de un artesano que fabrica una casa y puede alejarse mientras la casa permanece resulta inadecuada para expresar la relación entre Dios y el mundo. El constructor humano causa principalmente el proceso de fabricación; Dios causa directamente el ser de la criatura y debe sostenerlo continuamente.14

La conservación divina no elimina la consistencia propia de las criaturas. El universo posee leyes, estructuras y dinamismos reales, pero todos dependen en último término de Dios. La acción divina acompaña a cada criatura en su mismo existir y actuar.

Causalidad divina y causas segundas

Dios como causa primera

La filosofía escolástica distingue entre causa primera y causas segundas. Dios es causa primera porque da el ser y el poder causal a todas las criaturas. Las criaturas son causas segundas porque producen efectos reales dentro del orden creado.

Una causa segunda puede generar, mover, transformar o disponer una realidad ya existente. El fuego calienta, una planta produce otra planta y el ser humano construye una obra. Sin embargo, ninguna criatura comunica por sí sola el ser en su totalidad. Santo Tomás sostiene que la materia y el ser de las cosas proceden de Dios, mientras que las causas creadas determinan o disponen el modo concreto en que aparecen los efectos.15

Cooperación sin competencia

La acción divina y la acción de las causas segundas no compiten como dos agentes que ocupasen el mismo nivel. Dios causa el ser y la capacidad de actuar; la criatura actúa según su propia naturaleza. La causalidad divina funda, sostiene y penetra la causalidad creada en lugar de sustituirla.

Por esta razón, decir que una planta crece mediante procesos naturales no contradice afirmar que Dios crea y sostiene la planta. La naturaleza constituye una red de causas segundas cuya capacidad de actuar procede de Dios. Santo Tomás explica que las causas segundas poseen causalidad porque reciben de la causa primera su poder, su conservación y su ordenación hacia el efecto.15

Dios no necesita las causas segundas por falta de poder. Les concede actuar porque su bondad permite que las criaturas participen en la causalidad y manifiesten de ese modo la riqueza del orden creado.15

Providencia y causalidad creada

La providencia divina gobierna el mundo mediante causas segundas, pero el plan de Dios alcanza también los efectos particulares. Dios no abandona los detalles del universo a una zona ajena a su conocimiento. Su gobierno comprende los acontecimientos generales y las realidades concretas.16

Esta afirmación no convierte a las criaturas en instrumentos sin libertad ni consistencia. La causalidad creada conserva su propio modo de actuar. En el caso de los seres humanos, la providencia divina no destruye la libertad, sino que la fundamenta y la orienta hacia el bien.

Creación, contingencia y dependencia

Una criatura es contingente porque no posee en sí misma la razón suficiente de su existencia. Puede existir, pero no existe por necesidad absoluta. Su ser depende de una causa que no recibe de ella misma.

Santo Tomás expresa esta dependencia afirmando que las criaturas sólo existen mientras Dios quiere que existan. La voluntad divina sostiene la creación y permite que cada realidad continúe siendo.13

La contingencia no significa que el universo carezca de orden. Dios crea un mundo inteligible, bueno y ordenado, pero el orden creado no posee necesidad absoluta. El mundo no constituye una parte de Dios ni una emanación inevitable de la divinidad.

El Compendio del Catecismo enseña que Dios creó el universo libremente, con sabiduría y amor. El mundo no procede de una necesidad, de un destino ciego ni del azar entendido como explicación última. Dios creó desde la nada un mundo ordenado y bueno, que trasciende infinitamente.17

Creación, panteísmo y dualismo

Frente al panteísmo

El panteísmo identifica a Dios con el universo o considera el mundo como una parte de la sustancia divina. La creatio ex nihilo rechaza esta identificación. Dios trasciende infinitamente el mundo y, al mismo tiempo, permanece presente en todas las criaturas como causa de su ser.

La presencia de Dios en las cosas no significa que las cosas sean Dios. La criatura recibe el ser; Dios es la fuente primera del ser. Esta diferencia permite afirmar simultáneamente la trascendencia divina y su presencia íntima en la creación.

Frente al dualismo

El dualismo metafísico postula dos principios últimos e independientes, normalmente uno bueno y otro malo. La doctrina cristiana enseña que existe un único Creador de todas las realidades espirituales y materiales. El mundo material no procede de un principio malo ni posee una naturaleza intrínsecamente mala.

El mal no constituye una sustancia creada por Dios. Santo Tomás explica que el mal aparece como defecto en una causa segunda defectible. Todo lo que el mal contiene de ser, naturaleza o bien procede de Dios; la privación o desorden que constituye el mal moral o físico procede de una deficiencia de la causa creada, no de Dios como causa del mal en cuanto mal.18

Creación y emanacionismo

El emanacionismo sostiene que el mundo procede necesariamente de Dios como una especie de desbordamiento inevitable de la sustancia divina. Esta concepción difiere radicalmente de la doctrina católica.

Dios crea por un acto libre de su voluntad. No necesita crear para completar su perfección, porque posee en sí mismo la plenitud del bien. La creación manifiesta y comunica la bondad divina, pero no añade algo a la felicidad o perfección de Dios. El magisterio condena la idea de que Dios crease el mundo por necesidad, como si la creación fuera tan necesaria para Dios como el amor que Dios se tiene a sí mismo.10

La criatura tampoco constituye una parte de Dios. La diferencia entre el Creador y la criatura permanece siempre, aunque la criatura dependa totalmente de Dios.

Creación de la materia y del espíritu

La doctrina católica comprende tanto las realidades materiales como las espirituales. Dios crea los seres visibles e invisibles, el mundo corpóreo y los seres angélicos. El ser humano ocupa un lugar singular porque reúne dimensión corporal y espiritual.7

Dios no crea únicamente las formas o las estructuras del universo. También crea la materia. Santo Tomás argumenta que, si todo cuanto existe depende de Dios, entonces Dios no puede presuponer la materia como una realidad independiente. La materia, en cuanto principio de potencialidad, también requiere una causa primera que le comunique el ser.19

Esta afirmación protege la unidad de la creación. No existen dos órdenes originarios, uno espiritual producido por Dios y otro material procedente de un principio diferente. Todo cuanto posee ser procede del único Dios creador.

Creación y ciencia

La creatio ex nihilo pertenece al ámbito de la metafísica y de la teología, no al de una teoría física concreta. La doctrina responde a la pregunta por la dependencia última del universo respecto de Dios. La ciencia estudia los procesos observables, las condiciones iniciales, la evolución cósmica y la constitución de la materia.

Por este motivo, una teoría científica sobre una etapa temprana del universo no sustituye la doctrina de la creación ni la refuta por sí misma. Incluso un universo descrito mediante procesos físicos indefinidamente prolongados dependería de Dios para existir. La creación no designa únicamente el primer instante de un proceso, sino la relación permanente entre toda criatura y su Creador.

A la inversa, la doctrina de la creación no permite deducir por sí sola una cronología científica concreta. La afirmación teológica de que Dios creó el mundo desde el comienzo del tiempo no proporciona datos físicos sobre la edad del universo ni sobre sus mecanismos de desarrollo.

Consecuencias teológicas

Bondad de la creación

Si Dios crea por sabiduría y amor, la creación posee una bondad auténtica, aunque limitada y herida por el pecado. La materia, el cuerpo humano y el mundo visible no son males por naturaleza. La doctrina de la creación fundamenta la valoración cristiana de la vida, del trabajo, de la responsabilidad sobre el mundo y del cuidado de los bienes recibidos.

Dignidad humana

El ser humano no constituye un producto absurdo del azar ni una chispa de la sustancia divina. Es criatura de Dios, dotada de dignidad propia y llamada a participar de la vida divina. Su dependencia del Creador no disminuye su valor; lo fundamenta.

Esperanza de la resurrección

El relato de 2 Macabeos relaciona la creación con la esperanza de la resurrección. Si Dios puede llamar a la existencia a quienes no existían, también puede devolver la vida a quienes han muerto.3 La fe en la creación desde la nada sostiene así la esperanza cristiana de la victoria definitiva de Dios sobre la muerte.

Responsabilidad moral

La criatura recibe el ser como don y debe ejercer su libertad conforme al bien. La creación no justifica la explotación irresponsable del mundo, sino la administración responsable de una realidad que pertenece originariamente a Dios.

Síntesis doctrinal

La creatio ex nihilo enseña que:

  • Dios es el único Creador en sentido estricto.
  • Dios crea libremente, con sabiduría, amor y poder omnipotente.
  • Dios no presupone materia, energía, tiempo ni ninguna otra realidad creada.
  • Todo cuanto existe, espiritual o corporal, depende de Dios en la totalidad de su ser.
  • La creación no es una emanación necesaria de la sustancia divina.
  • La creación no es una transformación ordinaria, porque no presupone un sujeto material anterior.
  • La conservación mantiene continuamente a las criaturas en el ser.
  • Las causas segundas actúan de modo real, pero reciben de Dios su poder causal y su existencia.
  • El universo posee una bondad creada y limitada.
  • El mal no procede de Dios como mal, sino de la deficiencia de las causas creadas.
  • La creación fundamenta la providencia, la dignidad humana y la esperanza de la resurrección.

La doctrina católica de la creatio ex nihilo confiesa, en último término, que todo cuanto existe recibe su ser de Dios y permanece en él por la acción continua del Creador.

Citas y referencias

  1. Capítulo I: Creo en Dios el Padre. Catecismo de la Iglesia Católica, 296 (1992). 2
  2. La Santa Biblia, Versión Nueva Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Génesis 1:1 (1993).
  3. Capítulo I: Creo en Dios el Padre. Catecismo de la Iglesia Católica, 297 (1992). 2
  4. Que las criaturas están hechas de la nada, Agustín de Hipona. Sobre la naturaleza del bien, Contra los maniqueos, Capítulo 26 (405). 2
  5. Creación. Enciclopedia Católica, Creación (1913).
  6. Sobre el mundo, Orígenes de Alejandría. De Principiis, Libro II. Capítulo 1, 5.
  7. Primera parte - La profesión de fe. Capítulo I - Creo en Dios el Padre. Cielo y tierra, Promulgado por el Papa Benedicto XVI. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 59 (2005). 2
  8. J. I. Saranyana. La creación ab aeterno. Controversia de Santo Tomás y Raimundo Martí con San Buenaventura, 8 (1973). 2
  9. Cap. 1. Dios, creador de todas las cosas, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes del dogma católico (Enchiridion Symbolorum), 3002 (1854).
  10. B1. Dios, creador de todas las cosas, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes del dogma católico (Enchiridion Symbolorum), 3025 (1854). 2
  11. Sed contra y respuesta, Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, 2.D1.Q1.A2.resp (1256). 2 3
  12. Sustancias intelectuales - Argumentos que muestran que, desde la eternidad, la materia debe haber precedido a la creación del mundo, y sus refutaciones, Tomás de Aquino. Compendio de Teología (Compendio Theologiae), Parte I - Capítulo 99.
  13. Libro III: Dios el fin de las criaturas - Capítulo 65 - Que Dios preserva las cosas en el ser, Tomás de Aquino. Summa Contra Gentiles, 222 (1265). 2
  14. Providencia - Que Dios está en todas las cosas y extiende su providencia a todas, Tomás de Aquino. Compendio de Teología (Compendio Theologiae), Parte I - Capítulo 130.
  15. Sed contra y respuesta, Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, 2.D1.Q1.A4.resp (1256). 2 3
  16. Providencia - Que Dios dispone todas las cosas inmediatamente, Tomás de Aquino. Compendio de Teología (Compendio Theologiae), Parte I - Capítulo 131.
  17. Primera parte - La profesión de fe. Capítulo I - Creo en Dios el Padre. Los símbolos de la fe, Promulgado por el Papa Benedicto XVI. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 54 (2005).
  18. Providencia - Que la certeza de la providencia divina no excluye el mal de las cosas, Tomás de Aquino. Compendio de Teología (Compendio Theologiae), Parte I - Capítulo 141.
  19. Creación y diversidad - Que Dios al crear las cosas no presupone materia, Tomás de Aquino. Compendio de Teología (Compendio Theologiae), Parte I - Capítulo 69.
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