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Divini Redemptoris

Divini Redemptoris es una encíclica del papa Pío XI, promulgada el 19 de marzo de 1937, sobre el comunismo ateo y sus consecuencias para la fe cristiana, la dignidad humana, la familia, la educación y el orden social. El documento condena los fundamentos materialistas y revolucionarios del comunismo marxista, pero también exige a los católicos combatir la injusticia mediante la justicia social y la caridad auténtica. Dentro de la intensa actividad doctrinal de Pío XI durante 1937, la encíclica forma una unidad histórica con Mit Brennender Sorge, dirigida contra el nacionalsocialismo, y con Ingravescentibus Malis, dedicada a la oración ante los males contemporáneos.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreDivini Redemptoris
CategoríaObra
DescripciónDenuncia del comunismo ateo como incompatibilidad con la fe cristiana y propone una respuesta cristiana basada en justicia y caridad
AutorPapa Pío XI
Contexto HistóricoCrisis política, económica y religiosa de los años treinta; Gran Depresión; expansión de regímenes totalitarios; Guerra Civil española
Contexto PolíticoExpansión del comunismo soviético y de regímenes totalitarios; persecución religiosa en España
Fecha de Publicación1937-03-19
Impacto HistóricoMarcó una postura clara del magisterio contra el comunismo y el totalitarismo, sirviendo de referencia para posteriores documentos eclesiales
Importancia EclesialContribuyó a la doctrina de la Iglesia sobre la dignidad humana, libertad religiosa y justicia laboral
Importancia HistóricaRespuesta pontificia a las ideologías totalitarias del siglo XX; documento central en la enseñanza social católica
InfluenciaInfluyó en la reflexión posterior sobre derechos humanos, trabajo, familia y la relación entre Iglesia y política
TemaComunismo ateo, materialismo marxista, justicia social, caridad, dignidad humana, familia, educación, orden social
TipoEncíclica
Enlace oficialDivini Redemptoris

Tabla de contenido

Contexto histórico

La crisis política, económica y religiosa de los años treinta

Pío XI publicó Divini Redemptoris en un periodo marcado por la Gran Depresión, la expansión de los regímenes totalitarios, la radicalización ideológica y la violencia revolucionaria. Millones de trabajadores sufrían desempleo, pobreza e inseguridad, mientras distintas corrientes políticas presentaban soluciones absolutas para reorganizar la sociedad.

El comunismo soviético pretendía ofrecer una sociedad sin clases mediante la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y la lucha revolucionaria. Su interpretación oficial del marxismo entendía la historia como un proceso determinado por fuerzas materiales y por el conflicto entre clases sociales. Para Pío XI, este planteamiento no constituía únicamente un programa económico o político: implicaba una concepción completa de la persona, de la familia, de la moral, del derecho y de la religión.1,2

La encíclica denuncia especialmente el ateísmo militante asociado al comunismo de su tiempo. El problema no consistía simplemente en que algunos dirigentes comunistas carecieran de fe personal, sino en que el sistema pretendía excluir a Dios de la vida pública y sustituir la esperanza cristiana por una promesa de redención política dentro de la historia. El Catecismo de la Iglesia Católica relaciona posteriormente esta crítica con el rechazo de todo mesianismo secular que pretenda realizar plenamente en la historia una salvación que sólo alcanzará su cumplimiento definitivo más allá de la historia.3

La situación de España

Pío XI dedica una atención particular a la persecución religiosa y a la violencia que acompañaron la Guerra Civil española. La encíclica presenta España como un ejemplo de la dimensión antirreligiosa que, a juicio del Papa, podía alcanzar el comunismo revolucionario. El documento no reduce el conflicto español a un simple enfrentamiento político, sino que lo interpreta también a la luz de los ataques contra la Iglesia, el culto y las personas consagradas.1

Esta referencia debe situarse dentro de una Europa en la que la violencia política adoptaba diversas formas. Pío XI no contemplaba únicamente la persecución comunista: también había denunciado el nacionalismo extremo, la subordinación de la religión al Estado y las doctrinas raciales del nacionalsocialismo.

Promulgación y lugar en el magisterio de Pío XI

La fecha de 19 de marzo de 1937

Pío XI promulgó Divini Redemptoris el 19 de marzo de 1937, solemnidad de san José. La elección de esta fecha vinculaba la enseñanza social de la encíclica con la figura del custodio de la Sagrada Familia y con la protección de la Iglesia frente a las amenazas que afectaban a la vida cristiana y al orden social.

La encíclica apareció pocos días después de Mit Brennender Sorge, promulgada el 14 de marzo de 1937 y redactada en alemán para denunciar la situación de la Iglesia bajo el régimen nazi. La proximidad cronológica no fue accidental: Pío XI respondió en marzo de 1937 a dos formas ideológicas distintas de totalitarismo, una vinculada al comunismo ateo y otra al nacionalsocialismo racial y estatal.4

Más tarde, el 29 de septiembre de 1937, el Papa publicó Ingravescentibus Malis, encíclica sobre el rosario y la oración ante los graves males de la época. En ella volvió a referirse al comunismo como una amenaza religiosa y social, al tiempo que rechazaba la exaltación absoluta del poder estatal utilizada por quienes pretendían combatirlo.5,6

La interconexión de las encíclicas de 1937

Las encíclicas de 1937 forman un conjunto doctrinal coherente:

  • ** Mit Brennender Sorge ** rechaza la divinización de la raza, del pueblo y del Estado, así como la manipulación de la revelación cristiana por parte del nacionalsocialismo.4
  • ** Divini Redemptoris ** condena el comunismo ateo, el materialismo dialéctico, la lucha de clases entendida como principio absoluto y la sustitución de Dios por una redención política.
  • ** Ingravescentibus Malis ** llama a la oración y advierte contra la aceptación de un Estado omnipotente como respuesta suficiente frente al comunismo.5,6

La lectura conjunta de estos documentos impide interpretar Divini Redemptoris como una defensa indiscriminada de cualquier régimen anticomunista. Pío XI condenaba tanto el ateísmo revolucionario como la absolutización de la autoridad política. El Papa rechazaba los sistemas que convertían una realidad creada -la clase, la raza, la nación o el Estado- en un principio supremo ante el cual la conciencia humana y la ley divina debían inclinarse.

Estructura y finalidad de la encíclica

Divini Redemptoris persigue tres objetivos principales:

  1. Exponer la naturaleza ideológica del comunismo ateo.
  2. Mostrar su incompatibilidad con la fe cristiana y con la concepción católica de la persona.
  3. Proponer una respuesta social cristiana fundada en la justicia, la caridad, la responsabilidad económica y la acción apostólica.

Pío XI no limita la encíclica a una condena doctrinal. También examina las causas sociales que facilitaban la expansión del comunismo: la pobreza, la explotación laboral, la indiferencia de ciertos sectores acomodados y la falta de una respuesta cristiana convincente ante el sufrimiento de los trabajadores.

Crítica al comunismo ateo

Materialismo dialéctico e histórico

La encíclica presenta el marxismo como una doctrina materialista. Según esta concepción, la materia constituye la única realidad y la vida humana resulta de procesos evolutivos regidos por fuerzas ciegas. La sociedad aparece como una configuración provisional de la materia, destinada a transformarse mediante conflictos económicos hasta alcanzar una sociedad sin clases.2

Pío XI considera incompatible esta visión con la fe católica porque niega:

  • La existencia de Dios como Creador y Señor.
  • La diferencia entre espíritu y materia.
  • La espiritualidad e inmortalidad del alma.
  • La vida eterna.
  • La ley moral fundada en Dios.
  • La libertad y responsabilidad de la persona.

El materialismo reduce la persona a sus condiciones económicas y sociales. La antropología cristiana, en cambio, contempla al ser humano como criatura de Dios, dotada de inteligencia, voluntad y dignidad, llamada a la comunión con Dios y con los demás.

La lucha de clases como principio absoluto

Pío XI distingue entre el reconocimiento de conflictos sociales reales y la conversión de la lucha de clases en ley suprema de la historia. La Iglesia admite que pueden existir injusticias entre grupos sociales, abusos de poder y estructuras económicas gravemente desordenadas. Sin embargo, rechaza la idea de que el enfrentamiento permanente constituya el camino necesario hacia la justicia.

La lucha de clases, cuando adquiere carácter absoluto, transforma al adversario en enemigo irreconciliable. El trabajador, el propietario, el empresario o el dirigente dejan de aparecer como personas concretas y pasan a representar categorías enfrentadas. Tal lógica destruye la fraternidad humana y favorece la violencia revolucionaria.

La falsa redención política

Uno de los conceptos centrales de la encíclica es la denuncia de una falsa redención. El comunismo ofrece, según Pío XI, un ideal de justicia, igualdad y fraternidad presentado con un lenguaje casi religioso. El movimiento promete liberar a los pobres mediante una transformación total de la sociedad y propone una especie de paraíso colectivo alcanzable por medios políticos.2

Pío XI califica esta promesa de falso misticismo porque atribuye a una organización política una capacidad salvadora que pertenece únicamente a Dios. La Iglesia considera legítimo trabajar por una sociedad más justa, pero distingue ese esfuerzo histórico de la salvación definitiva, que procede de Cristo y alcanza su plenitud en el Reino de Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica recoge esta enseñanza al rechazar las formas de mesianismo secular que pretenden realizar dentro de la historia la esperanza escatológica. La política puede contribuir al bien común, pero ninguna estructura temporal puede convertirse en sustituto de la redención cristiana.3

Consecuencias para la religión y la vida cristiana

Negación de Dios y descristianización

La encíclica denuncia el propósito de eliminar la religión de la vida personal, familiar, educativa y pública. Una sociedad fundada en el ateísmo militante no sólo niega una doctrina religiosa: intenta formar nuevas generaciones sin referencia a Dios y sustituir la moral cristiana por normas derivadas del sistema económico o del poder político.1,2

Pío XI considera especialmente grave la educación atea de los niños. La formación de la conciencia pertenece primariamente a la familia, con la colaboración de la Iglesia y dentro del orden legítimo de la sociedad. El Estado no puede apropiarse de la educación para imponer una cosmovisión materialista y excluir a los padres de su responsabilidad.

Matrimonio y familia

Divini Redemptoris defiende el origen divino del matrimonio y la naturaleza propia de la familia. La familia no constituye una simple institución económica ni una estructura provisional dependiente de los intereses del Estado. Surge de la alianza matrimonial y posee derechos anteriores a cualquier poder político.

La encíclica rechaza las doctrinas que subordinan el matrimonio a la producción, disuelven la responsabilidad familiar o convierten a los hijos en propiedad ideológica del Estado. La familia transmite la vida, educa, sostiene a sus miembros y constituye una comunidad natural fundada en el amor y la responsabilidad.

Persona, libertad y orden jurídico

El comunismo materialista, en la crítica de Pío XI, disuelve la personalidad humana dentro de la colectividad. Cuando sólo existe la materia y la sociedad queda determinada por la economía, la libertad pierde su fundamento. La moral y el derecho pasan a depender del sistema económico de cada momento, sin una verdad permanente capaz de juzgar al poder.2

La doctrina católica sostiene, por el contrario, que la persona posee una dignidad que ningún Estado, partido o clase puede conceder o retirar. La autoridad política tiene como finalidad el bien común y debe respetar la ley moral, los derechos de la familia, la libertad religiosa y la responsabilidad personal.

Esta crítica también alcanza a los regímenes que combaten el comunismo mediante la exaltación ilimitada del Estado. Pío XI advierte que algunos defensores del orden pretenden asegurar la autoridad por cualquier medio y terminan despreciando la sabiduría evangélica y recuperando errores paganos.5

Justicia social y responsabilidad económica

La crítica cristiana a la explotación

La condena del comunismo no equivale a la aprobación de toda forma de capitalismo o de cualquier organización económica existente. Pío XI exige a los católicos afrontar las injusticias que alimentan el resentimiento social.

La encíclica presenta la justicia económica como una obligación moral. El trabajador posee derecho a una remuneración justa y no debe recibir como limosna aquello que le corresponde por justicia. Pío XI afirma que una caridad que niega el salario debido no merece el nombre de caridad.7

La cuestión social exige, por tanto:

  • Salarios justos.
  • Respeto a la dignidad del trabajador.
  • Condiciones laborales humanas.
  • Responsabilidad de empresarios y propietarios.
  • Protección de la familia.
  • Participación de los trabajadores en la vida social.
  • Rechazo de la explotación y del paternalismo humillante.

Justicia y caridad

Pío XI no opone justicia y caridad. Ambas virtudes poseen funciones distintas, pero deben actuar conjuntamente. La justicia reconoce y protege los derechos; la caridad introduce fraternidad, misericordia y entrega personal.

La caridad cristiana no consiste en una beneficencia ocasional que permita conservar situaciones injustas. Pío XI recuerda que quien ama al prójimo debe respetar también los mandamientos de justicia, incluidos los que prohíben matar, robar o defraudar.7

La Iglesia debe evitar dos reducciones:

  • Una caridad sin justicia, limitada a donativos que no corrigen abusos estructurales.
  • Una justicia sin caridad, convertida en mecanismo impersonal incapaz de reconocer al prójimo como persona.

La caridad hacia los trabajadores y los pobres

La encíclica reclama una caridad cristiana paciente, activa y libre de paternalismo. Pío XI valora la labor de las asociaciones caritativas y de las iniciativas inspiradas en las obras de misericordia, porque una Iglesia cercana a los pobres muestra con hechos la eficacia del Evangelio.8

La caridad debe atender tanto las necesidades corporales como las espirituales. No basta con proporcionar asistencia material: también hay que respetar la libertad, la dignidad y la capacidad de iniciativa de quienes reciben ayuda.

Error ideológico y caridad hacia las personas

Rechazo firme de la doctrina

Divini Redemptoris condena el comunismo ateo como doctrina incompatible con la fe católica. Esta condena alcanza sus principios materialistas, su negación de Dios, su concepción de la historia, su lucha de clases revolucionaria y su tendencia a absorber la persona en la colectividad.

La firmeza doctrinal no admite confundir la enseñanza de la Iglesia con una aprobación parcial de una ideología que niega verdades fundamentales del cristianismo. Un católico no puede aceptar como conjunto coherente una doctrina que excluye a Dios, niega la vida eterna y reduce el derecho y la moral a productos económicos.

Respeto y caridad hacia quienes yerran

La condena del error no autoriza el odio hacia las personas que lo sostienen. La Iglesia distingue entre la falsedad de una doctrina y la dignidad de quienes, por ignorancia, sufrimiento, propaganda o circunstancias históricas, adoptan esa doctrina.

Pío XI sostiene que la respuesta cristiana debe unir verdad y caridad. La Iglesia debe denunciar el error, pero también acercarse a los trabajadores y a los pobres con obras concretas. Una actitud distante, meramente defensiva o insensible ante la miseria facilita la propaganda comunista, porque puede presentar el cristianismo como aliado de los explotadores.8

Esta distinción posee una importancia moral permanente:

  • El error ideológico merece rechazo.
  • La persona que yerra merece respeto y búsqueda de su bien.
  • La injusticia social exige reparación.
  • La evangelización necesita verdad doctrinal y caridad efectiva.

La caridad no significa relativizar la verdad ni aprobar el comunismo. Significa amar al prójimo incluso cuando resulta necesario corregir sus ideas y combatir estructuras que dañan a la sociedad.

Propuesta de acción católica

Pío XI reclama una renovación de la vida cristiana y una participación responsable de los católicos en la sociedad. La defensa de la fe no podía reducirse a declaraciones contra el comunismo. Requería formar conciencias, organizar obras sociales, educar en la doctrina cristiana y mostrar la fecundidad del Evangelio.

La acción católica debía atender varios ámbitos:

Formación doctrinal

Los fieles necesitaban conocer la doctrina de la Iglesia sobre Dios, la persona, el matrimonio, la familia, el trabajo, la propiedad y la autoridad. Sin formación, podían aceptar soluciones ideológicas incompatibles con la fe bajo la apariencia de justicia social.

Apostolado entre los trabajadores

La Iglesia debía acercarse a los trabajadores sin condescendencia, escuchar sus problemas y defender sus derechos. La evangelización no podía desvincularse de la lucha contra la pobreza y la explotación.

Reforma de la vida económica

La economía debía subordinarse al bien de la persona y de la familia. Pío XI ya había reclamado una distribución más equitativa de los bienes y una restauración moral de la sociedad mediante reformas capaces de promover la paz y la estabilidad de los trabajadores.9

Obras de misericordia

Las asociaciones caritativas, las iniciativas de asistencia y las obras sociales debían actuar con continuidad y espíritu cristiano. La ayuda al necesitado no podía depender únicamente de la improvisación ni convertirse en instrumento de superioridad social.8

Recepción y legado

Divini Redemptoris adquirió un lugar central en la enseñanza social católica sobre el comunismo ateo. Su influencia alcanzó la reflexión posterior sobre la dignidad humana, la libertad religiosa, los derechos de la familia, la justicia laboral y los límites de las ideologías políticas.

El documento también contribuyó a fijar una pauta para interpretar la relación entre cristianismo y política: la Iglesia no identifica el Evangelio con ningún sistema histórico, pero juzga todos los sistemas desde la verdad sobre Dios y la persona. Por ello, la condena del comunismo no autoriza a aceptar el totalitarismo nacionalista, el racismo, la idolatría del Estado ni la violencia ejercida en nombre del orden. La denuncia de estas desviaciones aparece con especial claridad en la proximidad de Divini Redemptoris con Mit Brennender Sorge e Ingravescentibus Malis.4,5

El legado del documento no consiste sólo en su oposición a un régimen histórico concreto. También ofrece criterios para discernir cualquier ideología que:

  • Niegue la trascendencia humana.
  • Convierta la política en una religión secular.
  • Prometa una salvación completa dentro de la historia.
  • Subordine la conciencia a un partido o Estado.
  • Sacrifique la familia y la libertad al proyecto colectivo.
  • Reduzca la persona a su función económica, racial o nacional.

Valoración doctrinal

La encíclica mantiene una doble orientación. Por un lado, formula una condena doctrinal tajante del comunismo ateo, considerado incompatible con la fe cristiana. Por otro, exige una reforma social fundada en la justicia y en la caridad, porque la indiferencia ante la pobreza contradice el Evangelio y deja a los trabajadores expuestos a falsas promesas de liberación.

Pío XI no acepta la oposición entre defensa de la fe y compromiso social. La Iglesia debe proteger la verdad sobre Dios y, al mismo tiempo, trabajar por unas condiciones económicas y políticas acordes con la dignidad humana. La caridad no sustituye a la justicia; la justicia tampoco puede prescindir de la caridad.

Significado histórico

Promulgada en marzo de 1937, Divini Redemptoris constituye una de las respuestas más importantes del magisterio pontificio a las ideologías totalitarias del siglo XX. Su lectura conjunta con las otras encíclicas de Pío XI publicadas en torno a 1937 muestra un criterio constante: ninguna realidad temporal puede ocupar el lugar de Dios ni convertirse en medida absoluta de la persona humana.

El comunismo ateo, el nacionalismo racial y la exaltación pagana del Estado adoptaban formas diferentes, pero compartían la pretensión de organizar la vida humana al margen de la verdad trascendente y de la ley moral. Frente a ellos, Pío XI propuso la primacía de Dios, la dignidad de la persona, la libertad de la Iglesia, la defensa de la familia, la justicia social y una caridad capaz de amar a las personas sin ceder ante el error.

La vigencia principal de Divini Redemptoris reside en esta unión entre claridad doctrinal y responsabilidad social: el cristiano debe rechazar las ideologías incompatibles con la fe y, a la vez, combatir las injusticias que hacen atractivas sus promesas.

Citas y referencias

  1. Divini Redemptoris, Papa Pío XI. Divini Redemptoris (19-03-1937). 2 3
  2. R. Gómez-Pérez. JENNA EVALS - DO NOT DELETE, 10 (1977). 2 3 4 5
  3. Capítulo II: creo en Jesucristo, el único hijo de Dios. Catecismo de la Iglesia Católica, 676 (1992). 2
  4. El tema de «marxismo» y cristianismo ante la realidad de la fe, R. Gómez-Pérez. JENNA EVALS - DO NOT DELETE, 1 (1977). 2 3
  5. Pío XI. Ingravescentibus Malis, 6 (1937). 2 3 4
  6. Pío XI. Ingravescentibus Malis, 19 (1937). 2
  7. Papa Pío XI. Divini Redemptoris, 49 (1937). 2
  8. Papa Pío XI. Divini Redemptoris, 46 (1937). 2 3
  9. Pío XI. Caritate Christi Compulsi, 13 (1932).
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