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San Marcelo

San Marcelo es el nombre de varios santos venerados en la Iglesia católica, entre ellos san Marcelo I, papa de Roma, san Marcelo de Tánger, centurión y mártir, y san Marcelo de París, obispo y confesor. Las tradiciones hagiográficas que rodean a estas figuras pertenecen a épocas y contextos diferentes; por ello conviene distinguir los testimonios antiguos de las narraciones piadosas elaboradas posteriormente.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSan Marcelo
CategoríaDesconocido

Tabla de contenido

San Marcelo I, papa y confesor de la fe

Identidad y contexto histórico

San Marcelo I fue obispo de Roma durante la crisis provocada por la persecución del emperador Diocleciano y por el problema de los lapsi, es decir, los cristianos que habían apostatado, ofrecido sacrificios a los dioses o entregado las Escrituras durante la persecución y que después deseaban volver a la comunión de la Iglesia.

La documentación antigua atribuye a Marcelo un pontificado breve, situado habitualmente entre finales del año 308 y comienzos del 309. El Catalogus Liberianus calcula una duración aproximada de un año, seis o siete meses y veinte días. El pontífice ejerció su ministerio en un momento de reorganización de las comunidades cristianas romanas después de la persecución.1

La tradición litúrgica romana lo veneró desde una época temprana. Su nombre aparece en la Depositio episcoporum, integrada en la Cronografía del año 354, que fijaba su celebración el 16 de enero. La fecha podría corresponder a su muerte o al traslado y sepultura de sus restos, pues el lugar exacto de su exilio no quedó documentado con precisión.1

La disciplina penitencial para los apóstatas

El principal rasgo histórico asociado con san Marcelo I es su firmeza en la readmisión de los apóstatas. El papa Dámaso I, en una inscripción dedicada a Marcelo, lo presenta como un pastor amante de la verdad que exigía a los culpables cumplir la penitencia establecida antes de recibir de nuevo la plena comunión eclesial.

Esta política provocó una fuerte oposición. Algunos cristianos que habían abandonado la fe durante la persecución pretendían regresar sin someterse a la disciplina penitencial. Las tensiones alcanzaron tal intensidad que surgieron enfrentamientos graves y, según el testimonio atribuido a Dámaso, algunos conflictos llegaron incluso al derramamiento de sangre.1

La postura de Marcelo no debe interpretarse como falta de misericordia. La penitencia antigua expresaba precisamente la posibilidad del perdón, pero también la gravedad de la apostasía y la necesidad de una conversión pública y verificable. La Iglesia no consideraba irreparable el pecado de quienes habían cedido durante la persecución; exigía, sin embargo, un camino de reconciliación proporcionado a la herida causada en la comunidad.

Exilio y muerte

El conflicto alcanzó al poder civil. El emperador Majencio ordenó detener al papa y enviarlo al exilio, probablemente entre finales del año 308 y comienzos del 309. Marcelo murió poco después de abandonar Roma. La tradición cristiana lo veneró como santo y vinculó su sepultura con la catacumba de Santa Priscila, donde los antiguos itinerarios de peregrinos localizaban su tumba en una basílica dedicada a san Silvestre.1

El testimonio más antiguo y más sobrio presenta, por tanto, a Marcelo como un obispo desterrado a causa de su gobierno de la Iglesia y de su defensa de la disciplina penitencial. Ese relato posee mayor valor histórico que las narraciones posteriores que describen con detalle sus trabajos forzados.

La tradición del establo imperial

Una Passio Marcelli del siglo V, incorporada a una narración legendaria relacionada con el martirio de san Ciriaco, ofrece una versión más dramática de la muerte del pontífice. Según esa historia, Majencio habría exigido a Marcelo que abandonara su dignidad episcopal y ofreciera sacrificio a los dioses. Ante su negativa, el papa habría sido condenado a trabajar como esclavo en un catabulum, una estación destinada al cuidado de los animales y caballos utilizados en el servicio público.

La leyenda añade que el clero consiguió su liberación después de nueve meses, pero que una noble cristiana llamada Lucina consagró su casa de la vía Lata como lugar de culto, el futuro titulus Marcelli. Majencio habría castigado de nuevo al papa obligándolo a ocuparse de los animales del establo, donde finalmente murió.1

Esta narración explica el origen tradicional de la iglesia romana de San Marcelo y la imagen de un pontífice reducido a un trabajo servil por fidelidad a Cristo. Sin embargo, la crítica histórica considera probablemente legendarios los detalles del establo, de los nueve meses de esclavitud y de la intervención de Lucina. El dato que conserva mayor plausibilidad histórica es la restauración de la vida eclesial romana bajo el pontificado de Marcelo.1

Culto y memoria litúrgica

La memoria de san Marcelo I aparece tradicionalmente el 16 de enero. El Martirologio Romano lo recuerda como papa y mártir de la fe católica, aunque la forma de su muerte y la naturaleza exacta de sus sufrimientos han recibido distintas interpretaciones en la tradición. La noticia litúrgica lo relaciona con Roma y con la vía Salaria.2

La iglesia de San Marcelo al Corso, en Roma, conserva el recuerdo de su nombre y de la tradición vinculada al titulus Marcelli. La veneración de su tumba y la transmisión de su memoria muestran la importancia que la Iglesia romana concedió a los pastores que mantuvieron la comunión eclesial después de las persecuciones.

San Marcelo de Tánger, centurión y mártir

Marco histórico

Otro santo llamado Marcelo fue un centurión romano martirizado en Tingis, la actual Tánger, en el norte de África. Su martirio suele fecharse en el año 298, antes de la gran persecución de Diocleciano iniciada en el año 303.

Los relatos de su pasión pertenecen a una clase de actas martiriales consideradas antiguas y relativamente fiables dentro de la literatura hagiográfica. El historiador jesuita Hippolyte Delehaye comparó el caso de Marcelo con el de san Maximiliano, otro conscripto cristiano que rechazó el servicio militar.3

La renuncia a los distintivos militares

Durante una celebración pública dedicada al emperador, Marcelo arrojó el cinturón militar delante de las enseñas de la legión. El gesto no constituyó una simple protesta privada: expresaba la negativa a participar en un acto que, a su juicio, estaba unido a la idolatría y al culto imperial.

El acta pone en boca de Marcelo una confesión de fe en Jesucristo como Rey eterno y afirma que el centurión ya no podía prestar una lealtad religiosa a los emperadores ni rendir culto a los ídolos. Las autoridades lo encarcelaron y posteriormente lo condujeron ante el magistrado Agricolano.3

En el interrogatorio, Marcelo reconoció que ejercía regularmente como centurión y que había arrojado sus armas y distintivos. El relato presenta su decisión como una cuestión de conciencia cristiana: consideraba incompatible con su adhesión a Cristo continuar en un servicio militar ligado a prácticas idolátricas. El tribunal lo condenó a morir por la espada.4

La tradición concluye con una última muestra de caridad: mientras era conducido a la ejecución, Marcelo habría deseado el bien al magistrado que lo condenaba. El martirio aparece así como una confesión de fe acompañada por el rechazo de la idolatría y la ausencia de odio hacia los perseguidores.4

Valor histórico de las actas

Las actas de san Marcelo de Tánger ofrecen más datos que la mayoría de los relatos martiriales antiguos, pero la prudencia histórica continúa siendo necesaria. Las versiones conservadas presentan diferencias y los estudiosos han discutido determinados detalles de su transmisión.

El núcleo más sólido de la tradición comprende la existencia de un cristiano llamado Marcelo, su condición de centurión, su rechazo de un acto militar vinculado al culto imperial y su condena a muerte por indisciplina. La narración no debe transformarse automáticamente en una biografía exhaustiva de su vida anterior ni en una descripción universal de la actitud de todos los cristianos ante el ejército romano.

La Iglesia y el servicio militar

La decisión personal de san Marcelo

San Marcelo de Tánger tomó una decisión concreta en un contexto muy particular: el ejército imperial participaba en ceremonias vinculadas al culto del emperador y a la religión oficial romana. Su negativa no estuvo motivada únicamente por la existencia de armas, sino por la unión entre el servicio militar que desempeñaba, la obediencia a una estructura imperial y un acto religioso que consideraba incompatible con la fe cristiana.3

Por eso, el caso de Marcelo pertenece ante todo a la historia del martirio y de la libertad religiosa. La Iglesia no presenta su conducta como una norma general que obligase a todos los cristianos de su tiempo a abandonar el ejército, ni como una prohibición universal del servicio militar para los bautizados.

Diversidad de posiciones en la antigüedad

Durante los primeros siglos existieron diversas actitudes cristianas ante la profesión militar. Tertuliano, en su tratado Sobre la idolatría, sostuvo una posición radicalmente crítica y afirmó que la disciplina militar y la obediencia a las enseñas imperiales entraban en conflicto con la pertenencia a Cristo. El propio tratado reconoce, sin embargo, la presencia de soldados y centuriones relacionados con la predicación cristiana, lo que muestra que la cuestión no fue completamente uniforme desde el punto de vista histórico.5

El caso de Marcelo refleja una forma concreta de objeción de conciencia ante una obligación que implicaba idolatría. No permite deducir, sin más, que la Iglesia antigua considerase intrínsecamente ilícita toda función militar en cualquier circunstancia.

Enseñanza católica contemporánea

La doctrina católica actual reconoce la legitimidad moral del servicio militar orientado a la defensa de la población, la protección de los débiles y el mantenimiento de la paz, siempre dentro de los límites de la ley moral. El Concilio Vaticano II enseñó que quienes sirven en las fuerzas armadas pueden entender su misión como un servicio a la seguridad y a la libertad de los pueblos, y que, cuando cumplen correctamente ese deber, contribuyen al establecimiento de la paz.6

Benedicto XVI aplicó este principio a los militares que intervienen en la resolución de conflictos y en la recuperación de las condiciones necesarias para la paz. La Iglesia valora el servicio de quienes protegen a la población, aunque insiste en que la actividad militar nunca queda fuera de la responsabilidad moral.7

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia establece dos principios complementarios:

  • Los militares tienen la obligación moral de rechazar órdenes que exijan cometer crímenes contra el derecho de gentes o contra el derecho internacional humanitario.
  • La obediencia a un superior no justifica los actos que violen los derechos de las personas y de los pueblos.
  • La objeción de conciencia puede justificar la negativa a portar armas, pero quien objeta debe aceptar formas alternativas de servicio a la comunidad cuando la ley las establezca.8

El derecho canónico latino distingue además la situación de los clérigos. Como el servicio militar difícilmente concuerda con el estado clerical, los clérigos y candidatos a las órdenes sagradas no deben alistarse voluntariamente sin permiso de su ordinario. Esta norma no equivale a una prohibición general dirigida a los fieles laicos.9

La memoria de san Marcelo invita, por tanto, a formar la conciencia, rechazar la idolatría y obedecer únicamente órdenes moralmente legítimas. No autoriza a presentar una decisión martirial situada en el Imperio romano como un mandato universal para todos los cristianos de cualquier época.

San Marcelo de París

Identidad

La tradición católica venera también a san Marcelo de París, obispo de la ciudad durante la primera mitad del siglo V. La información conservada sobre su vida es mucho más escasa que la relativa a san Marcelo I y a san Marcelo de Tánger.

La tradición lo sitúa en el contexto de la Iglesia galorromana de la Antigüedad tardía y lo honra como confesor, es decir, como un cristiano que dio testimonio heroico de la fe sin recibir necesariamente la palma del martirio sangriento. Su memoria litúrgica figura el 1 de noviembre.

Culto parisino

El nombre de Marcelo quedó asociado a una iglesia y a una comunidad cristiana de París. La veneración local expresa la continuidad de la fe cristiana en la Galia durante el periodo en que las estructuras del Imperio romano occidental estaban transformándose y las comunidades episcopales asumían una función decisiva en la vida social y religiosa.

La tradición parisina no debe confundirse con la romana ni con la africana. Las tres figuras pertenecen a épocas y lugares distintos:

  • Marcelo I: papa de Roma, vinculado a la reconciliación de los apóstatas después de la persecución.
  • Marcelo de Tánger: centurión y mártir de finales del siglo III.
  • Marcelo de París: obispo y confesor de la Iglesia galorromana.

No debe confundirse con otros santos de nombre Marcelo

San Marcelino, papa

San Marcelo I no es san Marcelino, papa de Roma durante la persecución de Diocleciano. La semejanza de los nombres produjo confusiones en ciertas tradiciones y relatos posteriores.

A san Marcelino se le atribuyeron acusaciones de haber ofrecido incienso a los dioses, pero los testimonios que desarrollan esa historia pertenecen a tradiciones tardías y documentos apócrifos. La Catholic Encyclopedia considera que las actas del supuesto sínodo de Sinuessa, convocado para juzgar al papa, carecen de valor como prueba histórica.10

Santa Marcelina

Tampoco debe confundirse san Marcelo con santa Marcelina, hermana de san Ambrosio de Milán. Marcelina recibió el velo de las vírgenes consagradas de manos del papa Liberio y colaboró en la promoción de la vida ascética en Milán. Su fiesta litúrgica corresponde al 17 de julio.11

Otros mártires y confesores llamados Marcelo

La tradición hagiográfica presenta otros santos con este nombre o con formas derivadas, entre ellos mártires, clérigos y cristianos venerados localmente. La identificación exige atender al lugar, la fecha litúrgica y la condición del santo. Las expresiones «san Marcelo» o «san Marcello» no designan por sí solas a una única persona.

Significado espiritual

La memoria de los distintos san Marcelos reúne varios aspectos de la vida cristiana:

  • La fidelidad a la verdad frente a las presiones de la comunidad o del poder político.
  • La reconciliación penitencial, que une la misericordia con la conversión auténtica.
  • La libertad de conciencia, especialmente ante actos de idolatría o de injusticia.
  • El discernimiento moral, que permite distinguir entre el servicio legítimo y la obediencia a órdenes criminales.
  • La perseverancia pastoral, propia de los obispos que sostienen a sus comunidades en tiempos de crisis.

San Marcelo I enseña que la Iglesia puede acoger al pecador arrepentido sin trivializar la gravedad del pecado. San Marcelo de Tánger recuerda que ninguna autoridad humana puede exigir un acto contrario a la adoración debida a Dios. San Marcelo de París representa la santidad episcopal vivida en la consolidación de la Iglesia local.

Celebración litúrgica

La fecha más conocida corresponde a san Marcelo I, cuya memoria se celebra el 16 de enero. San Marcelo de París figura tradicionalmente el 1 de noviembre, mientras que san Marcelo de Tánger aparece en calendarios hagiográficos vinculados a su martirio de finales del siglo III. La celebración concreta puede variar según el calendario litúrgico romano, los calendarios propios de las diócesis y las tradiciones locales.

La liturgia católica no pretende ofrecer una biografía crítica completa en cada memoria de un santo. Su finalidad principal consiste en presentar el testimonio de la santidad para la edificación de la Iglesia, manteniendo al mismo tiempo la necesidad de distinguir los datos históricos de los desarrollos legendarios.

Conclusión

San Marcelo designa a varias figuras santas, entre las que sobresalen el papa Marcelo I, el centurión mártir de Tánger y el obispo Marcelo de París. El primero defendió la disciplina penitencial y murió después de sufrir el exilio; el segundo entregó su vida por rechazar una ceremonia militar vinculada a la idolatría; el tercero recibió veneración como pastor y confesor de la Iglesia parisina.

La historia de san Marcelo de Tánger no convierte la renuncia al servicio militar en una obligación universal. La doctrina católica admite el servicio armado en defensa de la paz y de la población, pero exige rechazar las órdenes criminales y actuar siempre conforme a la conciencia moral. La memoria de estos santos invita, en cualquier época, a mantener la primacía de Dios, practicar una conversión sincera y servir al bien común sin colaborar con la injusticia.

Citas y referencias

  1. Papa San Marcelo I. Enciclopedia Católica, Papa San Marcelo I (1913). 2 3 4 5 6
  2. B16 de enero, Papa Benedicto XIV. El Martyrolio Romano, 16 de enero (1749).
  3. San Marcelo, el centurión, mártir (298 d.C.), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen IV, 224 (1990). 2 3
  4. San Asterio, obispo de Amasea (c. 200 d.C.), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen IV, 225 (1990). 2
  5. Sobre el servicio militar, Quintus Septimius Florens Tertuliano (Tertuliano). Sobre la Idolatría, Capítulo 19 (200).
  6. Discurso de la Santidad Juan Pablo II a la tercera conferencia internacional e interdenominacional de jefes de capellanes militares de Europa y Norteamérica, Juan Pablo II. A la Tercera Conferencia Internacional e Interdenominacional de Jefes de Capellanes Militares de Europa y Norteamérica (6 de febrero de 1992), 2 (1992).
  7. En verdad, paz, Papa Benedicto XVI. 39.o Día Mundial de la Paz 2006, En Verdad, Paz, 8 (2005).
  8. B. Defensa de la paz, Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 503 (2006).
  9. Cán. 289. Código de Derecho Canónico, 289 (1983).
  10. Papa San Marcelo. Enciclopedia Católica, Papa San Marcelo (1913).
  11. Santa Marcelina. Enciclopedia Católica, Santa Marcelina (1913).
Modificado el 17 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.76Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/30c09wfv6

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