La toma de Sevilla y la nueva etapa cristiana
El vínculo sevillano con la Reconquista arranca con la conquista cristiana de la ciudad. La tradición histórica sitúa la entrada del rey santo en el contexto del asedio y posterior toma del territorio: la toma se fecha el 23 de noviembre de 1248, con Fernando III como protagonista de la empresa.
La devoción mariana no aparece como un adorno tardío, sino como una memoria que acompaña la reordenación del espacio religioso. La conversión del gran templo de tradición islámica en sede cristiana constituye el escenario donde la Iglesia organiza su culto y otorga a la catedral un corazón espiritual: las imágenes de la Virgen pasan a ocupar un lugar central en la vida litúrgica de la ciudad.
La Catedral y el culto mariano en torno a la Capilla Real
La tradición catedralicia sevillana conserva el recuerdo de que el rey depositó en el nuevo templo dos imágenes destacadas de la Virgen: una imagen de marfil, conocida como «Nuestra Señora de los Reyes», y otra imagen de plata vinculada a «Nuestra Señora de la See». La memoria devocional subraya que Fernando III llevó la imagen de «Nuestra Señora de los Reyes» consigo en la batalla, como gesto de confianza y amparo.
Con el establecimiento de la catedral como espacio cristiano, la vida litúrgica organiza también un ámbito específico para la oración. La memoria histórica identifica la existencia de una comunidad clerical destinada a cantar el Oficio en la Capilla Real de Nuestra Señora de los Reyes, con referencia a la época cercana a 1252.
Esa capilla no representa solo un lugar arquitectónico, sino una escuela de devoción: el título «de los Reyes» se vuelve un modo de nombrar a María dentro del ritmo cotidiano de la Iglesia local, enlazando la historia de la conquista con una práctica estable de alabanza.