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Nuestra Señora de los Reyes

Nuestra Señora de los Reyes es una advocación mariana ligada a la historia eclesial de Sevilla y, en particular, a los momentos decisivos de la Reconquista. En la memoria devocional de la ciudad, el título aparece unido a la Capilla Real de la Catedral y a una imagen de la Virgen atribuida a un origen milagroso, asociada al patrocinio de los reyes y a la protección implorada en tiempos de combate y de consolidación cristiana. Con el paso del tiempo, la devoción se difundió por distintos territorios hispánicos, repitiendo en nuevas realidades el lenguaje espiritual nacido en el corazón sevillano.

ErmitaVirgenLosReyes
Ver información de la imagenErmita de la Virgen de los Reyes, El Hierro, c. 2006. flickr, barraquito, CC BY-SA 2.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreNuestra Señora de los Reyes
CategoríaTérmino
DescripciónImagen de la Virgen María venerada en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, vinculada a la Reconquista y al patrocinio de los reyes
Contexto HistóricoConquista cristiana de Sevilla el 23 de noviembre de 1248 y desarrollo del culto mariano en la catedral durante el siglo XIII.
DiócesisSevilla
Fecha de Inicio1252
LugarSevilla
PaísEspaña
TipoAdvocación mariana, Capilla Real

Tabla de contenido

Denominación y sentido del título «de los Reyes»

La advocación recibe su nombre desde la tradición local vinculada a «los Reyes». El uso del plural no introduce una nueva categoría dogmática sobre María, sino que expresa un modo concreto de entender su cercanía histórica con la realeza: María aparece venerada como Señora de la realeza, protectora de quienes gobiernan y combaten, imagen de amparo para una comunidad cristiana en momentos críticos.1

Esta distinción evita confusiones frecuentes: la realeza de María pertenece al plano doctrinal sobre su grandeza como Madre de Dios y sobre su papel en la obra de Cristo; mientras que «de los Reyes» funciona como denominación devocional que nace de un relato histórico y de una memoria litúrgica concreta en torno a una imagen.1

Sevilla y la Reconquista: el marco histórico de la advocación

La toma de Sevilla y la nueva etapa cristiana

El vínculo sevillano con la Reconquista arranca con la conquista cristiana de la ciudad. La tradición histórica sitúa la entrada del rey santo en el contexto del asedio y posterior toma del territorio: la toma se fecha el 23 de noviembre de 1248, con Fernando III como protagonista de la empresa.1

La devoción mariana no aparece como un adorno tardío, sino como una memoria que acompaña la reordenación del espacio religioso. La conversión del gran templo de tradición islámica en sede cristiana constituye el escenario donde la Iglesia organiza su culto y otorga a la catedral un corazón espiritual: las imágenes de la Virgen pasan a ocupar un lugar central en la vida litúrgica de la ciudad.1

La Catedral y el culto mariano en torno a la Capilla Real

La tradición catedralicia sevillana conserva el recuerdo de que el rey depositó en el nuevo templo dos imágenes destacadas de la Virgen: una imagen de marfil, conocida como «Nuestra Señora de los Reyes», y otra imagen de plata vinculada a «Nuestra Señora de la See». La memoria devocional subraya que Fernando III llevó la imagen de «Nuestra Señora de los Reyes» consigo en la batalla, como gesto de confianza y amparo.1

Con el establecimiento de la catedral como espacio cristiano, la vida litúrgica organiza también un ámbito específico para la oración. La memoria histórica identifica la existencia de una comunidad clerical destinada a cantar el Oficio en la Capilla Real de Nuestra Señora de los Reyes, con referencia a la época cercana a 1252.1

Esa capilla no representa solo un lugar arquitectónico, sino una escuela de devoción: el título «de los Reyes» se vuelve un modo de nombrar a María dentro del ritmo cotidiano de la Iglesia local, enlazando la historia de la conquista con una práctica estable de alabanza.1

Historia de la imagen de Nuestra Señora de los Reyes

Origen atribuido a lo milagroso y significación para la monarquía

La tradición catedralicia sevillana vincula directamente la imagen de «Nuestra Señora de los Reyes» a un relato de origen milagroso atribuido. El relato no funciona como un argumento abstracto, sino como un fundamento narrativo para la devoción: la imagen aparece como presencia en la que la providencia se manifiesta mediante signos que la comunidad interpreta como gracia.1

En el relato histórico, Fernando III no se limita a venerar: el rey asocia la imagen con su modo de gobernar y combatir, pues lleva la Virgen consigo en el arzón de batalla. Ese gesto convierte la devoción en memoria regia y, a la vez, en memoria eclesial, porque la Iglesia integra la imagen en el centro cultual de Sevilla.1

El «corazón» litúrgico: Capilla Real y continuidad del culto

El nombre de «Nuestra Señora de los Reyes» aparece ligado a un ámbito estable de oración: la Capilla Real en el marco de la catedral. La presencia de cantores y el servicio litúrgico con referencia a 1252 muestran que la devoción no depende únicamente de actos puntuales, sino de una continuidad.1

Ese dato explica un rasgo típico de muchas advocaciones: el nombre se transmite porque la comunidad lo pronuncia con frecuencia en la liturgia y lo contempla con regularidad. La historia de la imagen se sostiene en la memoria celebrada.1

La devoción mariana sevillana y su expansión geográfica

Sevilla como foco irradiador de advocaciones

Sevilla ocupa un lugar destacado en el imaginario mariano hispánico por la diversidad de títulos atribuidos a la Virgen en distintas épocas y lugares. El estudio sobre la religiosidad popular en América durante el siglo XVI subraya que los españoles trasladan al Nuevo Mundo sus recuerdos más entrañables, entre ellos las advocaciones de María veneradas en parroquias, pueblos y ciudades.2

En esa irradiación, Sevilla aporta un catálogo mariano que se repite en múltiples territorios. El texto incluye explícitamente «Nuestra Señora de los Reyes» entre las advocaciones que aparecen con frecuencia en tierras diversas, como parte de un mismo impulso espiritual.2

Un mismo rostro, múltiples títulos en la tradición

La devoción mariana española conserva una pluralidad de advocaciones. En una intervención dirigida a peregrinos españoles en visita «ad limina», san Juan Pablo II recorre varios títulos marianos y los presenta como rostros diversos de una misma Madre venerada con fervor bajo nombres diferentes. En esa lista aparece «Nuestra Señora de los Reyes» junto a otras advocaciones marianas.3

Esta formulación ayuda a comprender el fenómeno: la Iglesia no entiende las advocaciones como fragmentos desconectados de la fe, sino como formas históricas de nombrar y celebrar el misterio de Cristo, que culmina en la Madre del Señor.3

Nuestra Señora de los Reyes en el contexto de «tierra de María»

La tradición espiritual de España asocia la historia del país a una intensa devoción mariana. En un mensaje radiofónico pronunciado al clausurar el Congreso Mariano Nacional, Pío XII insiste en que España lleva en su historia y en su geografía el nombre dulcísimo de María, y menciona entre las advocaciones «Guadalupe» y «los Reyes», junto con otras como las «Angustias».4

La mención de «los Reyes» en ese horizonte no reduce la advocación a un detalle local. La Iglesia la sitúa en el mapa de devociones que dan forma a la piedad colectiva, donde una imagen y un título se convierten en hitos de la fe popular.4

Iconografía y elementos habituales de la devoción (rasgos a partir de la tradición sevillana)

La historia sevillana conserva datos concretos sobre la naturaleza material de al menos una de las imágenes vinculadas a la Capilla Real. El relato catedralicio señala una imagen de marfil asociada a «Nuestra Señora de los Reyes» y, además, una imagen de plata con otra denominación mariana.1

Este dato ayuda a comprender por qué el título «de los Reyes» resuena con fuerza en una cultura política y religiosa: el cuidado de una imagen especialmente valiosa, y su presencia junto al poder regio en el contexto de la Reconquista, convierte la devoción en símbolo visible de protección, gratitud y esperanza.1

El nombre «Reyes» y la realeza de María: evitar confusiones

En el imaginario popular, «Reyes» puede interpretarse de modo incorrecto si se confunde el título histórico con categorías dogmáticas. La Iglesia presenta la realeza de María en relación con su papel en la economía de la salvación, pero una advocación como «Nuestra Señora de los Reyes» nace de un hecho devocional: una imagen venerada, un lugar concreto de culto y una memoria histórica que une a María con la realeza terrena en momentos decisivos de la historia de un pueblo.1

Por eso resulta más fiel a la tradición afirmar que «Reyes» funciona como nombre devocional que remite al patrocinio regio y al vínculo simbólico entre la Virgen y la historia cristiana de Sevilla, sin trasladar el nombre a un nivel de formulación dogmática.1

Conclusión

Nuestra Señora de los Reyes cuenta una historia donde convergen Sevilla, la Reconquista, la vida litúrgica de la Catedral y la transmisión de la fe mariana a través de un título que el pueblo pronuncia con continuidad. La tradición sevillana presenta una imagen venerada, asociada a un origen milagroso atribuido y a la confianza del rey santo en la batalla, con presencia en la Capilla Real y en el ritmo del Oficio.1

La difusión de la advocación más allá de la ciudad muestra cómo las advocaciones marianas se convierten en lenguaje religioso compartido: España lleva «rostros diversos» de una misma Madre, y «Nuestra Señora de los Reyes» permanece como una de esas expresiones entrañables.2,3,4

Citas y referencias

  1. Sevilla, . Enciclopedia Católica, Sevilla (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17
  2. Ronald Escobedo Mansilla. La Vida Religiosa Cotidiana en América Durante el Siglo XVI, 10 (1989). 2 3
  3. Papa Juan Pablo II. A los peregrinos españoles que acompañan a sus obispos en su visita ad limina (13 de noviembre de 1991) - Discurso, 1 (1991). 2 3
  4. Papa Pío XII. Mensaje radiofónico a los participantes del Congreso Nacional Mariano de España (12 de octubre de 1954) - Discurso, 1 (1954). 2 3
  5. Primera parte: Tendencias emergentes en historia, magisterio y teología - Capítulo II: Liturgia y piedad popular en el magisterio de la Iglesia - Piedad popular y revelación privada, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: Principios y Directrices, 90 (2002). 2
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