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Cómo elegir un director espiritual

Elegir un director espiritual constituye una decisión relevante para quienes desean crecer en la vida cristiana, discernir la voluntad de Dios y avanzar hacia la santidad con mayor lucidez. La elección requiere libertad, prudencia y oración: el director debe poseer madurez espiritual, formación, comunión con la Iglesia y capacidad para acompañar sin dominar, mientras que la persona acompañada conserva su responsabilidad y libertad ante Dios.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCómo elegir un director espiritual
CategoríaTérmino
DescripciónAcompañamiento personal mediante el cual una persona con experiencia cristiana ayuda a otra a reconocer la acción de Dios, ordenar su vida según el Evangelio y discernir sus decisiones. La dirección espiritual es el acompañamiento personal que procura ayudar al dirigido a reconocer la acción de Dios, ordenar su vida a la luz del Evangelio y discernir sus decisiones, sin crear dependencia ni sustituir la conciencia. Es una práctica pastoral importante de la Iglesia, situada en el fuero interno extra sacramental, donde el fiel comunica libremente aspectos de su conciencia para recibir orientación. No equivale al sacramento de la Reconciliación, aunque pueden relacionarse. El objetivo es favorecer la escucha de Dios y el crecimiento en la santidad
ContextoMisión pastoral de la Iglesia; fuero interno extra sacramental; relación con la confesión y otros servicios pastorales.
ImportanciaContribuye al crecimiento de la santidad, al discernimiento de la voluntad de Dios y a la integración de la vida cristiana.
Importancia EclesialConsiderada una forma importante de la misión pastoral de la Iglesia.
TipoTérmino teológico, Acompañamiento personal

Tabla de contenido

Qué es la dirección espiritual

La dirección espiritual es el acompañamiento personal mediante el cual una persona con experiencia cristiana ayuda a otra a reconocer la acción de Dios, ordenar su vida según el Evangelio y discernir sus decisiones. El objetivo no consiste en crear dependencia ni en sustituir la conciencia, sino en favorecer la escucha de Dios y el crecimiento en la santidad.1

La Iglesia considera la dirección espiritual una forma importante de su misión pastoral. El acompañamiento busca cuidar el crecimiento espiritual de la persona a lo largo de su vida cristiana, junto con la predicación de la Palabra y la celebración de los sacramentos.2

La dirección espiritual pertenece ordinariamente al ámbito del fuero interno extra sacramental. En este ámbito, el fiel comunica libremente aspectos de su conciencia para recibir orientación y apoyo en la búsqueda de la voluntad de Dios. No equivale al sacramento de la Reconciliación, aunque ambos ámbitos pueden relacionarse.3

El papa Francisco distinguió con claridad ambos servicios: en la confesión, la persona examina principalmente sus pecados concretos; en la dirección espiritual, habla también de los movimientos interiores, las consolaciones, las desolaciones, el cansancio, la tristeza y las razones profundas de sus decisiones.4

Finalidad de la dirección espiritual

Crecer en la santidad

La finalidad principal consiste en ayudar a la persona a responder a la llamada universal a la santidad. El director espiritual acompaña el proceso mediante el conocimiento de la vida concreta del dirigido, la identificación de sus dones y debilidades y la propuesta de medios adecuados para progresar.5

La dirección espiritual no busca producir una personalidad religiosa artificial. Pretende que la persona viva con mayor verdad su vocación cristiana, sus responsabilidades familiares, profesionales, sociales y eclesiales, y su relación personal con Jesucristo.

Discernir la voluntad de Dios

El discernimiento cristiano consiste en reconocer, a la luz de la fe, qué decisiones conducen al amor de Dios y al servicio del prójimo. El director puede ayudar a distinguir entre una inspiración auténticamente evangélica, una reacción emocional, una tentación, un temor, una presión externa o un deseo desordenado.

El acompañamiento permite examinar las decisiones dentro de la historia completa de la persona, sin reducirlas a un impulso pasajero. La dirección espiritual ayuda especialmente cuando el cristiano debe discernir una vocación, un cambio de estado de vida, una responsabilidad apostólica o una decisión moral compleja.1

Aprender a escuchar a Dios

La dirección espiritual no reemplaza la acción del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es quien ilumina al director y al dirigido; ambos necesitan escuchar a Dios con humildad. El director presta una ayuda humana y eclesial para que la persona aprenda a reconocer la voz del Señor y a vivir conforme a sus mandamientos.1

Integrar la vida cristiana

La vida espiritual abarca la oración, los sacramentos, la caridad, el trabajo, el descanso, las relaciones personales, el uso de los bienes, la vida afectiva y las responsabilidades sociales. Un director competente ayuda a evitar una espiritualidad fragmentada, en la que la oración permanece separada de las decisiones y comportamientos cotidianos.

Quién puede ser director espiritual

El sacerdote

El sacerdote ocupa un lugar especialmente adecuado para la dirección espiritual porque participa de la misión pastoral de la Iglesia y puede unir el acompañamiento con la predicación, la celebración de la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación. La dirección espiritual parroquial se ejerce principalmente, aunque no exclusivamente, en relación con la confesión.6

No todo sacerdote posee necesariamente el mismo carisma, formación o disponibilidad para acompañar procesos espirituales prolongados. Por ello, conviene valorar sus cualidades concretas y no elegir únicamente por su cargo, popularidad o facilidad de palabra.

Una persona consagrada

Una religiosa, un religioso o cualquier otra persona consagrada puede ejercer un acompañamiento espiritual fructuoso si cuenta con experiencia, formación y autorización adecuada dentro de su comunidad o institución. El papa Francisco reconoció particularmente la aportación de mujeres consagradas al acompañamiento y al crecimiento espiritual, entendiendo la maternidad espiritual como una forma de ayudar a otros a madurar.4

Un laico cristiano

La dirección espiritual no queda reservada de manera absoluta a los ministros ordenados. La Iglesia reconoce que también personas laicas, hombres y mujeres, pueden recibir dones espirituales y sabiduría sobrenatural para acompañar a otros.7

Un laico que ejerza este servicio necesita una sólida formación doctrinal, vida sacramental, experiencia de oración, madurez humana y reconocimiento dentro de la comunidad eclesial. La competencia profesional en una disciplina humana, por sí sola, no convierte a nadie en director espiritual.

Cualidades que conviene buscar

Fidelidad a la fe católica

El director debe enseñar en armonía con la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. La dirección espiritual nunca puede contradecir la doctrina católica ni presentar como voluntad de Dios aquello que se opone a la moral cristiana o a la disciplina legítima de la Iglesia.

La autoridad del director es siempre subordinada a Cristo y a la Iglesia. La historia de la espiritualidad muestra el peligro de presentar al director como una autoridad autónoma, independiente de los pastores de la Iglesia o situada por encima de la conciencia del fiel.7

Vida de oración y coherencia

La formación intelectual resulta necesaria, pero no basta. El director necesita una relación viva con Dios y una vida coherente con lo que aconseja. La experiencia espiritual personal permite reconocer con mayor prudencia la acción de la gracia y proponer medios concretos de crecimiento.6

La coherencia no significa ausencia total de debilidades. Nadie acompaña desde una perfección humana absoluta. Significa vivir con sinceridad la conversión, buscar consejo, reconocer los propios límites y evitar utilizar el acompañamiento para alimentar el prestigio personal.

Formación teológica y espiritual

El director debería conocer la doctrina católica, la moral, la oración cristiana, el discernimiento y las principales tradiciones espirituales. La persona con experiencias místicas, trastornos psicológicos o situaciones humanas especialmente complejas necesita un acompañante prudente y bien formado, capaz de distinguir los fenómenos espirituales de las dificultades que requieren atención especializada.7

La formación psicológica puede prestar una ayuda valiosa, pero no sustituye la dirección espiritual. La Iglesia distingue ambos ámbitos: la psicología estudia y trata determinadas realidades humanas; la dirección espiritual ayuda a vivir ante Dios y a discernir la vocación y la respuesta cristiana.8

Capacidad de escuchar

Un buen director escucha antes de hablar. Atiende a la historia personal, formula preguntas prudentes y evita imponer inmediatamente una explicación o una solución. La escucha paciente permite percibir aspectos que no aparecen en una descripción superficial de los problemas.9

También debe saber guardar silencio. La persona acompañada necesita espacios para expresar lo que vive sin sentirse interrogada, juzgada o apresurada. La dirección espiritual no consiste en llenar cada encuentro de consejos.

Prudencia y equilibrio

La prudencia permite aplicar la verdad cristiana a la situación concreta de cada persona. El director debe evitar tanto el rigorismo como la permisividad, tanto las recetas idénticas para todos como la búsqueda constante de novedades espirituales.

La tradición católica ha advertido contra prácticas que alejan innecesariamente de los sacramentos, exigen una perfección irreal o presentan la oración como una suspensión de la razón y de toda actividad humana.7

Respeto por la libertad

El director orienta, pero no gobierna la vida del dirigido. Puede aconsejar, advertir, ayudar a valorar las consecuencias y proponer ejercicios; la decisión corresponde normalmente a la persona, que debe actuar responsablemente ante Dios.

La elección del director debe ser libre. La persona cristiana escoge a quien la acompañará en el camino común de la salvación dentro de un clima de amistad espiritual y confianza.6

Discreción y respeto de la intimidad

La confidencialidad constituye una exigencia esencial. La persona comunica aspectos íntimos de su conciencia y tiene derecho al respeto de su privacidad. La Iglesia reconoce una obligación especial de secreto en la dirección espiritual, aunque esta confidencialidad no sea idéntica al sello sacramental de la confesión.3

El dirigido debe conocer la diferencia entre la dirección espiritual y otros diálogos institucionales. En la vida religiosa, por ejemplo, el superior desempeña una función de gobierno distinta de la del director espiritual, que debe ser elegido libremente. La dirección espiritual no puede convertirse en un instrumento de control por parte de una autoridad externa.10

Cómo realizar la elección

Comenzar con la oración

La elección debe comenzar con una petición sencilla al Espíritu Santo. La persona puede pedir luz para reconocer a alguien que la ayude a acercarse más a Cristo, vivir en la verdad y discernir sin miedo.

La oración no elimina la necesidad de valorar datos concretos. La confianza en la providencia no dispensa de la prudencia, del diálogo ni de la comprobación de las cualidades del candidato.

Pedir recomendaciones prudentes

Puede resultar útil consultar al párroco, a un sacerdote de confianza, a una comunidad religiosa o a cristianos maduros. Conviene solicitar recomendaciones basadas en la experiencia pastoral y no únicamente en la fama, la elocuencia o la afinidad personal.

La recomendación de otra persona no obliga a aceptar al candidato. Ofrece una posibilidad que el interesado debe valorar libremente.

Concretar las propias necesidades

Antes de escoger, conviene preguntarse:

  • ¿Busco ayuda para crecer en la oración?
  • ¿Necesito discernir una vocación o una decisión importante?
  • ¿Deseo ordenar mi vida sacramental?
  • ¿Atravieso una crisis moral, afectiva o familiar?
  • ¿Necesito acompañamiento en una espiritualidad concreta?
  • ¿Tengo una dificultad psicológica que requiere también atención clínica?
  • ¿Busco una orientación estable o un acompañamiento temporal?

La respuesta ayuda a encontrar un director con experiencia adecuada. No todos poseen la misma preparación para acompañar a personas casadas, jóvenes, consagradas, sacerdotes, personas con escrúpulos o quienes atraviesan situaciones de sufrimiento psicológico.

Mantener varios encuentros iniciales

No siempre conviene tomar una decisión definitiva después de una sola conversación. La persona puede mantener varios encuentros iniciales para observar el modo de escuchar del candidato, su fidelidad a la doctrina católica, su respeto por la libertad y su capacidad para comprender la situación concreta.

Durante ese período, conviene hablar con sinceridad, sin intentar presentar una imagen idealizada de uno mismo. El director necesita conocer los aspectos relevantes de la vida del dirigido, aunque no resulte necesario narrar todos los detalles.

Acordar el modo de acompañamiento

Antes de iniciar una relación estable, conviene aclarar:

  • Frecuencia: mensual, quincenal u otra razonable.
  • Duración: normalmente una conversación con tiempo suficiente, sin convertirla en una relación indefinida.
  • Lugar: un espacio digno, discreto y apropiado.
  • Contenido: oración, examen de vida, discernimiento, virtudes, dificultades y decisiones.
  • Relación con la confesión: si el director es sacerdote, conviene distinguir cuándo tiene lugar el sacramento y cuándo la conversación espiritual.
  • Comunicación fuera de los encuentros: límites claros para mensajes, llamadas y situaciones urgentes.
  • Remuneración: si el acompañante es un profesional que combina dirección espiritual con servicios psicológicos, deben distinguirse claramente ambos servicios y sus condiciones.

La claridad inicial protege a ambas partes y evita malentendidos.

Qué debe hacer la persona acompañada

Hablar con sinceridad

La dirección espiritual produce fruto cuando existe una comunicación honesta. La sinceridad no exige revelar indiscriminadamente toda la intimidad a cualquier persona, pero sí presentar con verdad los asuntos que influyen en el discernimiento.

La excesiva acumulación de detalles puede ocultar lo esencial. En la tradición espiritual ignaciana, la apertura busca comunicar de manera veraz y suficiente aquello que realmente ocurre en la persona, especialmente sus movimientos interiores, sin convertir la conversación en un inventario interminable.11

Aceptar la corrección

El director no debe limitarse a confirmar todas las opiniones del dirigido. La ayuda espiritual incluye advertencias, correcciones y llamadas a la conversión. La persona que busca únicamente aprobación difícilmente podrá aprovechar la dirección espiritual.

Aceptar una corrección no significa obedecer de manera automática cualquier indicación. La persona debe valorar el consejo ante Dios, utilizando la razón, la conciencia bien formada y los medios ordinarios de la vida cristiana.

Cumplir los propósitos razonables

La dirección espiritual necesita continuidad. El dirigido debe poner en práctica los medios acordados: oración diaria, examen de conciencia, lectura espiritual, participación sacramental, obras de caridad, reconciliación con otra persona o una decisión concreta de orden moral.

El director debe proponer cargas proporcionadas. La tradición espiritual advierte contra la imposición de prácticas que la persona no pueda llevar de manera serena y responsable.

Conservar la responsabilidad personal

El director no decide por el dirigido ni responde ante Dios en su lugar. La madurez espiritual conduce progresivamente a una mayor libertad interior, no a la dependencia de instrucciones constantes.

La persona debe desconfiar de la necesidad de consultar cada decisión mínima, de la incapacidad para actuar sin permiso o de la idea de que el director posee una respuesta inmediata para todos los problemas.

Señales de una dirección espiritual saludable

Una dirección espiritual ordinariamente sana produce frutos como los siguientes:

  • Mayor amor a Jesucristo y a la Iglesia.
  • Crecimiento en la humildad y en la verdad.
  • Mayor responsabilidad sobre las propias decisiones.
  • Aumento de la libertad interior.
  • Progreso en la caridad hacia la familia, la comunidad y los necesitados.
  • Integración entre oración y vida cotidiana.
  • Capacidad creciente para discernir sin angustia.
  • Corrección de los propios defectos sin desesperación.
  • Confianza en la misericordia de Dios.
  • Respeto por la vocación y las responsabilidades propias.

El objetivo común del director y del dirigido consiste en favorecer la maduración cristiana y la santidad. La tradición oriental describe esta relación como una amistad espiritual orientada a la plenitud de vida en el Espíritu Santo.5

Señales de alarma

Control excesivo

Resulta preocupante que el director pretenda conocer o controlar cada aspecto de la vida del dirigido, exija disponibilidad constante o convierta sus opiniones en órdenes absolutas.

La autoridad espiritual no otorga derecho a invadir la intimidad, administrar los bienes personales, decidir las relaciones familiares o establecer una dependencia emocional.

Manipulación de la conciencia

Ningún director puede atribuirse infalibilidad personal ni afirmar con ligereza: «Dios me ha dicho que debes hacer esto». El director ayuda a discernir; no suplanta a Dios ni convierte sus intuiciones en revelaciones vinculantes.

También constituye una señal de peligro utilizar la culpa, el miedo, la vergüenza o amenazas espirituales para obtener obediencia.

Aislamiento

El aislamiento respecto de la familia, la parroquia, otros sacerdotes, los sacramentos o las amistades cristianas sanas contradice la naturaleza eclesial de la dirección espiritual. El acompañamiento debe abrir a la comunión y a la caridad, no encerrar a la persona en una relación exclusiva.

Dependencia afectiva

Una relación que fomenta admiración desproporcionada, necesidad constante de aprobación, celos o exclusividad requiere una revisión inmediata. El director está al servicio de Cristo y del bien del dirigido, no de su propio prestigio.

Confusión entre dirección espiritual y psicoterapia

La dirección espiritual no sustituye el tratamiento de una enfermedad mental, un trauma, una adicción o cualquier otra condición clínica. La autoridad eclesial reconoce que el director puede recomendar una consulta psicológica cuando resulte útil para el discernimiento, pero la consulta debe mantener su naturaleza propia y no convertirse en una exigencia arbitraria.12

Del mismo modo, un psicólogo católico no se convierte automáticamente en director espiritual por su titulación profesional. El acompañamiento espiritual requiere una competencia específicamente cristiana.

Falta de confidencialidad

El director no debe divulgar conversaciones privadas ni utilizar la información recibida para influir en decisiones externas, obtener ventajas o desacreditar al dirigido. La Iglesia protege especialmente la confidencialidad de la dirección espiritual y prohíbe utilizar el conocimiento adquirido en el fuero de la conciencia para determinados procesos institucionales.3

Cuándo cambiar de director espiritual

La persona puede cambiar de director cuando desaparece la confianza razonable, cuando necesita una formación distinta o cuando las circunstancias personales cambian. El cambio no implica necesariamente una acusación contra el director anterior.

Conviene considerar el cambio cuando:

  • El acompañamiento contradice la doctrina católica.
  • El director no respeta la libertad personal.
  • Aparecen conductas manipuladoras o abusivas.
  • La relación genera dependencia persistente.
  • El director carece de preparación para la situación concreta.
  • Las conversaciones no conducen a ningún crecimiento.
  • El director no protege la confidencialidad.
  • La relación produce confusión moral o espiritual constante.

El cambio debe realizarse con prudencia y, cuando resulte posible, con una comunicación clara y respetuosa. Ante conductas abusivas, la prioridad corresponde a la protección de la persona y a la comunicación de los hechos a las autoridades eclesiales o civiles competentes, conforme a la legislación aplicable.

Dirección espiritual y sacramento de la Reconciliación

La confesión y la dirección espiritual pueden encontrarse en una misma conversación, especialmente cuando el director es sacerdote, pero no son idénticas.

En la confesión, el sacerdote actúa sacramentalmente para escuchar los pecados, ofrecer consejo y administrar la absolución cuando concurren las condiciones requeridas. En la dirección espiritual, el diálogo puede abordar la oración, las mociones interiores, la vocación, las relaciones personales, las virtudes y las decisiones de vida.

La unión histórica entre confesión y dirección espiritual forma parte de una antigua tradición de la Iglesia, pero ambas realidades también pueden existir separadamente.13

Por prudencia, conviene aclarar al comienzo de cada encuentro si la conversación será una confesión, una dirección espiritual o ambas cosas. Esta distinción protege la libertad de la persona y evita confundir la confidencialidad propia de cada ámbito.

Dirección espiritual en la vida religiosa

Los religiosos necesitan dirección espiritual para discernir la fidelidad a su vocación, crecer en las virtudes y vivir adecuadamente los consejos evangélicos. La autoridad eclesial pide que las comunidades faciliten directores competentes y cualificados, especialmente sacerdotes, sin sustituir la dirección espiritual por métodos psicológicos.8

El superior religioso y el director espiritual desempeñan funciones diferentes. El superior gobierna la comunidad y organiza la misión según el derecho propio; el director acompaña la conciencia y debe actuar con la libertad y la confidencialidad propias del fuero interno.

La persona consagrada necesita distinguir también cualquier obligación institucional de rendir cuentas al superior de la apertura libre y personal al director espiritual. La información necesaria para el gobierno externo no debe convertirse en una intromisión en la conciencia.10

Dirección espiritual para seminaristas y sacerdotes

El discernimiento vocacional exige una dirección espiritual especialmente prudente. El director debe ayudar a examinar la llamada, las motivaciones, las capacidades humanas, la vida de oración, la afectividad y la disposición al servicio eclesial.

La dirección espiritual no puede sustituirse por análisis psicológico, aunque el director pueda recomendar una evaluación psicológica cuando existan dudas que no puedan resolverse de otro modo. La consulta psicológica y el acompañamiento espiritual conservan competencias distintas.12

El sacerdote también necesita dirección espiritual. Su formación permanente incluye la revisión de la vida interior, la oración, la fidelidad a su vocación y la purificación de sus motivaciones pastorales. Un sacerdote que acompaña a otros necesita cuidar responsablemente su propia vida espiritual.9

La elección de una tradición espiritual concreta

Algunas personas buscan un director vinculado al Carmelo, a la espiritualidad ignaciana, benedictina, dominicana, franciscana u otra tradición católica. Esta afinidad puede ayudar, sobre todo cuando la persona desea profundizar en una forma determinada de oración o discernimiento.

Sin embargo, la pertenencia a una escuela espiritual no garantiza por sí misma la calidad del acompañamiento. La elección debe atender también a la formación, la experiencia, la madurez, la comunión eclesial y la capacidad de adaptar los medios a la situación concreta.

La tradición espiritual ofrece caminos diversos según el estado de vida, la vocación y las responsabilidades de cada persona. No requiere el mismo acompañamiento quien vive en una comunidad contemplativa, quien forma una familia o quien trabaja en ambientes profesionales exigentes.7

Preguntas que conviene plantear al primer encuentro

La persona puede formular preguntas sencillas antes de iniciar un acompañamiento estable:

  • ¿Qué experiencia tiene acompañando espiritualmente?
  • ¿Qué formación teológica y espiritual posee?
  • ¿Cómo entiende la relación entre dirección espiritual y confesión?
  • ¿Con qué frecuencia recomienda encontrarse?
  • ¿Cómo protege la confidencialidad?
  • ¿Qué hace cuando una situación requiere ayuda psicológica o médica?
  • ¿Cómo entiende la libertad del dirigido?
  • ¿Trabaja habitualmente con alguna espiritualidad concreta?
  • ¿Qué espera de la persona acompañada?
  • ¿Cómo actúa cuando considera necesario corregir una conducta?

Las respuestas no necesitan ajustarse a un formulario rígido. La conversación permite comprobar la claridad, el equilibrio y la actitud del candidato.

Una pauta práctica de discernimiento

Una elección prudente puede seguir este proceso:

  1. Orar y pedir luz al Espíritu Santo.
  2. Definir la necesidad principal que motiva la búsqueda.
  3. Consultar recomendaciones fiables dentro de la Iglesia.
  4. Conocer a varios candidatos, si resulta posible.
  5. Observar su fidelidad doctrinal, madurez y capacidad de escucha.
  6. Aclarar la frecuencia, los límites y la confidencialidad.
  7. Comenzar con un período razonable de prueba.
  8. Examinar los frutos de los encuentros.
  9. Continuar, revisar o cambiar con libertad y prudencia.

Este proceso evita dos extremos: elegir de manera impulsiva y buscar durante tanto tiempo al director perfecto que nunca llegue a comenzar el acompañamiento.

Conclusión

El director espiritual es un colaborador de la gracia de Dios, no su sustituto. Ayuda a interpretar la vida a la luz del Evangelio, discernir las mociones interiores, ordenar las decisiones y avanzar hacia la santidad. La elección debe buscar una persona fiel a la Iglesia, madura en la vida espiritual, bien formada, prudente, discreta y respetuosa con la libertad.

La relación fructuosa nace de la confianza sincera, la oración y la responsabilidad compartida. El dirigido comunica con verdad, recibe los consejos con discernimiento y conserva su libertad ante Dios; el director escucha, orienta y acompaña sin dominar. La dirección espiritual auténticamente católica conduce siempre a una mayor unión con Jesucristo, a la comunión eclesial y al amor concreto al prójimo.

Citas y referencias

  1. Parte tres - La vida de la Iglesia - II. La persona en Cristo como nueva creación - F. Ascésis que ilumina - 2. Paternidad / maternidad espiritual, Sínodo de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestro Pascha, 828 (2016). 2 3
  2. Parte tres - La vida de la Iglesia - II. La persona en Cristo como nueva creación - F. Ascésis que ilumina - 2. Paternidad / maternidad espiritual, Sínodo de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestro Pascha, 826 (2016).
  3. Nota de la Penitenciaría Apostólica sobre la importancia del foro interno y la inviolabilidad del sello sacramental - 2. Foro interno extra-sacramental y dirección espiritual, Penitenciaría Apostólica. Nota de la Penitenciaría Apostólica sobre la Importancia del Foro Interno y la Inviolabilidad del Sello Sacramental, 2 (2019). 2 3
  4. A los religiosos de la diócesis de Roma, Papa Francisco. A los Religiosos de la Diócesis de Roma (16 de mayo de 2015), 1 (2015). 2
  5. Parte tres - La vida de la Iglesia - II. La persona en Cristo como nueva creación - F. Ascésis que ilumina - 2. Paternidad / maternidad espiritual, Sínodo de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestro Pascha, 829 (2016). 2
  6. Parte tres - La vida de la Iglesia - II. La persona en Cristo como nueva creación - F. Ascésis que ilumina - 2. Paternidad / maternidad espiritual, Sínodo de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestro Pascha, 830 (2016). 2 3
  7. Dirección espiritual. Enciclopedia Católica, Dirección espiritual (1913). 2 3 4 5
  8. La dimensión contemplativa en la vida religiosa - II. Directrices para institutos de vida activa - B. Renovada atención a la vida en el Espíritu Santo, Sagrada Congregación para los Religiosos y los Institutos Seculares. La dimensión contemplativa en la vida religiosa, 11 (1980). 2
  9. J.B. Torelló. Dirección espiritual y personalidad, 10 (1978). 2
  10. B1.3, José Luis Sánchez-Girón Renedo. La cuenta de conciencia al superior. Relación entre carisma y derecho, I, 2013, número 2, pp. 211-240, 16 (2013). 2
  11. José Luis Sánchez-Girón Renedo. La cuenta de conciencia al superior. Relación entre carisma y derecho, I, 2013, número 2, pp. 211-240, 6 (2013).
  12. V. La relación entre los responsables de la formación y el experto - B) Carácter específico de la dirección espiritual, Congregación para la Educación Católica. Directrices para el uso de la psicología en la admisión y formación de candidatos al sacerdocio, 14 (2008). 2
  13. B. Fundamentos teológicos de la penitencia - IV. Fundaciones a la luz de la historia del dogma y de la teología - B. Variables en el desarrollo histórico, Comisión Teológica Internacional. Penitencia y reconciliación, B.IV.b.2 (1982).
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