Causas políticas y religiosas
Hermenegildo se rebeló contra su padre en torno a los años 579-580. La insurrección tuvo un componente religioso evidente, pero no puede explicarse únicamente como una persecución de la fe católica. La rebelión también estuvo relacionada con la sucesión del trono, el reparto del poder y la autonomía política de la Bética.
Leovigildo había confiado a su hijo responsabilidades territoriales en el sur de Hispania. Hermenegildo contaba con apoyos entre sectores católicos de la población y con vínculos diplomáticos fuera del reino. La conversión reforzó esas alianzas, pero la lucha enfrentaba igualmente a un monarca que pretendía consolidar el poder central y a un príncipe que podía aspirar a una posición soberana.
La historiografía católica tradicional presentó el conflicto como una defensa de los católicos perseguidos por el arrianismo. Esa interpretación conserva un elemento verdadero: la confesión religiosa influyó profundamente en las decisiones de ambos bandos. Sin embargo, la crítica histórica actual evita reducir la guerra civil a una simple confrontación entre «católicos» y «arrianos». La rebelión nació de una combinación de conflictos dinásticos, intereses regionales, rivalidades cortesanas y diferencias religiosas.
Alianza con los bizantinos
Hermenegildo buscó apoyo exterior, especialmente entre las fuerzas del Imperio romano de Oriente que conservaban posiciones en la costa mediterránea de Hispania. También envió a san Leandro a Constantinopla para solicitar ayuda diplomática y militar. La misión no consiguió el resultado esperado.
Las tropas bizantinas terminaron abandonando a Hermenegildo y, según la tradición historiográfica recogida por la enciclopedia antigua, facilitaron su derrota a cambio de una importante suma de dinero. La intervención bizantina muestra que la guerra no fue una cuestión exclusivamente religiosa: formó parte de la compleja política mediterránea de la época.
El asedio de Sevilla
Las fuerzas de Leovigildo sitiaron Sevilla, principal centro del poder de Hermenegildo en la Bética. El asedio duró aproximadamente dos años y concluyó con la caída de la ciudad hacia el año 584. Hermenegildo intentó encontrar refugio y apoyo, pero la red de alianzas que había construido se deshizo ante la superioridad militar y diplomática de su padre.
Tras la derrota, Hermenegildo buscó protección en una iglesia. La tradición narra que Leovigildo evitó violar directamente el derecho de asilo y envió a Recaredo para ofrecer a su hermano una reconciliación. Hermenegildo aceptó someterse confiando en la palabra de su padre. La reconciliación, sin embargo, resultó breve.