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Papa Anacleto (Cletus)

San Anacleto, también llamado Cletus, Anencleto o Anencletus, fue obispo de Roma durante la segunda mitad del siglo I y uno de los primeros sucesores de san Pedro. La tradición católica lo incluye entre los primeros papas y lo venera como mártir, aunque los datos biográficos y las fechas exactas de su pontificado pertenecen a una etapa histórica cuya cronología todavía presenta dificultades.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Anacleto (Cletus)
CategoríaPersona
Nombre CompletoCletus
Descripción91
TítuloSan
Lugar de NacimientoRoma
Fecha de Celebración26 de abril
Fecha de Fin del Pontificado88
Fecha de Inicio del Pontificado76
Lugar de SepulturaVaticano, cerca de San Pedro
Martirio
Miembro deRoma
Personas relacionadas
  • San Lino
  • San Clemente
TipoPapa

Tabla de contenido

Identidad y nombres

Anacleto aparece en la tradición cristiana primitiva bajo diversas formas griegas y latinas: Anacletus, Anencletus, Anencletus y Cletus. La semejanza entre estos nombres provocó una antigua controversia acerca de si designaban a una sola persona o a dos pontífices diferentes.

San Ireneo de Lyon, Eusebio de Cesarea y otros autores antiguos presentan habitualmente la sucesión romana con la serie Lino, Anacleto y Clemente. En cambio, algunas listas posteriores colocaron a Cletus y Anacleto como dos figuras distintas, introduciendo un pontificado adicional entre Clemente y otros sucesores de Pedro.1

La investigación histórica católica ha considerado generalmente que Cletus y Anacleto son dos formas del mismo nombre y corresponden al mismo obispo de Roma. La antigua lista conocida como Catalogus Liberianus, sin embargo, los presenta como personas separadas: Pedro, Lino, Clemente, Cletus y Anacleto. Esta duplicación probablemente nació de la confusión entre la forma abreviada Cletus y la forma más extensa Anacletus.2

Pontificado

Cronología tradicional

Las fechas atribuidas al pontificado de Anacleto varían considerablemente. Una cronología tradicional lo sitúa aproximadamente entre los años 76 y 88. Otras reconstrucciones prolongan o desplazan ligeramente esos límites, debido a las diferencias entre las listas antiguas de obispos romanos.2

La cronología de los primeros papas no posee la precisión documental característica de épocas posteriores. Las listas antiguas no siempre coinciden en el orden de los pontífices ni ofrecen datos uniformes sobre la duración de sus ministerios. Por esta razón, la sucesión más aceptada suele expresarse de forma aproximada:

Pedro, Lino, Anacleto -o Cletus-, Clemente, Evaristo, Alejandro, Sixto, Telesforo, Higinio, Pío y Aniceto.1

La presencia de Aniceto, obispo de Roma hacia el año 154, proporciona un punto cronológico relativamente firme para reconstruir retrospectivamente la sucesión anterior; aun así, no permite fijar con exactitud el comienzo y el final del pontificado de Anacleto.1

Lugar en la sucesión de Pedro

La tradición mayoritaria considera a Anacleto el segundo sucesor de san Pedro en la sede romana, después de san Lino y antes de san Clemente. Esta posición aparece en san Ireneo y en diversas listas antiguas de los siglos II y III, además de coincidir sustancialmente con la tradición romana conservada en el Canon de la misa, donde figura el nombre de Cletus.2

Algunos autores antiguos situaron a Clemente antes de Anacleto. La discrepancia pudo originarse por la compleja organización de la comunidad romana durante las décadas posteriores a la muerte de Pedro y Pablo, así como por la transmisión imperfecta de las listas episcopales. La tradición histórica más extendida identifica actualmente a Cletus y Anacleto y lo coloca antes de Clemente.

Datos biográficos

La información históricamente segura sobre la vida de Anacleto resulta muy escasa. Las fuentes antiguas no conservan escritos auténticos suyos ni testimonios contemporáneos que permitan reconstruir su origen, formación o actividad pastoral con detalle.

El Liber Pontificalis, obra redactada siglos después de los acontecimientos, atribuye a Cletus el nombre de su padre, Emiliano, afirma que nació en Roma y lo relaciona con el barrio romano llamado Vicus Patrici. También le atribuye la ordenación de veinticinco presbíteros. Sin embargo, la tradición crítica concede mayor valor histórico a la noticia de su sepultura junto a san Pedro que a los detalles familiares y personales transmitidos por esa obra.2

La atribución de veinticinco presbíteros refleja probablemente el desarrollo posterior de la organización eclesial romana proyectado retrospectivamente sobre el siglo I. No permite conocer con seguridad el número exacto de ministros ordenados por Anacleto ni la estructura concreta del presbiterio romano durante su pontificado.

La Iglesia de Roma en el siglo I

Anacleto ejerció su ministerio en una comunidad cristiana situada en el centro del Imperio romano. Roma reunía poblaciones de procedencias, lenguas y condiciones sociales muy diversas. El cristianismo primitivo tampoco formaba un grupo social homogéneo: incluía personas de distintas edades, posiciones económicas y orígenes étnicos.3

La vida eclesial dependía principalmente de reuniones domésticas, de la presidencia de los obispos y presbíteros, de la enseñanza recibida de los apóstoles y de la celebración de la Eucaristía. La comunidad romana debía conservar la fe apostólica, integrar a nuevos creyentes y mantener la comunión entre grupos cristianos procedentes tanto del judaísmo como del mundo pagano.

La expansión del cristianismo no implicaba la creación de un orden político alternativo. Los cristianos participaban en la vida civil y procuraban cumplir sus obligaciones sociales, aunque rechazaban el culto a los dioses y la dimensión religiosa del poder imperial. Esta tensión podía provocar sospechas y persecuciones, especialmente cuando la fidelidad cristiana entraba en conflicto con las exigencias del culto público.4

Sucesión apostólica

Significado en los primeros siglos

La figura de Anacleto posee una importancia que supera los escasos datos conservados sobre su biografía. Su lugar en la sucesión de san Pedro testimonia la convicción de la Iglesia antigua de que la misión apostólica no terminó con la muerte de los apóstoles, sino que continuó mediante ministros legítimamente establecidos.

La sucesión apostólica no consiste únicamente en una cadena administrativa de personas. La teología católica la entiende como la permanencia sacramental de la misión confiada por Cristo a los apóstoles. El sacramento del Orden proyecta en el tiempo el ministerio apostólico y permite que la Iglesia continúe anunciando el Evangelio, celebrando los sacramentos y guiando pastoralmente a los fieles.5

El Concilio Vaticano II expresa esta continuidad mediante la doctrina de la colegialidad episcopal. El colegio de los obispos sucede al colegio de los apóstoles en la enseñanza y en el gobierno pastoral; de este modo, la misión apostólica permanece en la Iglesia a lo largo de las generaciones.6

La sucesión romana

La sucesión de los obispos de Roma posee una dimensión particular porque la sede romana conserva la memoria y el ministerio vinculados a san Pedro. La tradición católica contempla al papa como vicario de Pedro dentro de la sucesión apostólica de todo el colegio episcopal. La sucesión no representa una simple sustitución histórica, sino una presencia ministerial de la misión apostólica en la Iglesia peregrina.5

Por esta razón, las listas de los primeros obispos romanos desempeñaron un papel apologético desde el siglo II. San Ireneo recurrió a la Iglesia de Roma, fundada y organizada por los apóstoles Pedro y Pablo, como testimonio público de la tradición apostólica frente a las doctrinas gnósticas.7

Anacleto representa, por tanto, un eslabón temprano de la continuidad entre la Iglesia apostólica y la Iglesia posterior. Aunque no haya dejado escritos conocidos, su nombre conserva la memoria de una comunidad que recibió la fe de los apóstoles y la transmitió bajo la autoridad de sus obispos.

Martirio y tradición piadosa

La tradición litúrgica venera a Anacleto como mártir. Algunas cronologías sitúan su muerte hacia el año 91, aunque la fecha carece de certeza absoluta.1

Conviene distinguir entre el núcleo histórico y los elementos legendarios. El núcleo tradicional presenta a Anacleto como obispo de Roma y testigo fiel de Cristo en una época de hostilidad hacia la Iglesia. En cambio, los relatos detallados sobre su origen, sus sufrimientos concretos, el modo exacto de su ejecución o determinadas intervenciones milagrosas pertenecen a una elaboración hagiográfica posterior.

La leyenda piadosa no debe confundirse automáticamente con una falsificación deliberada. La literatura hagiográfica buscaba transmitir la santidad del mártir y edificar espiritualmente a los fieles, pero no siempre aplicaba los criterios de precisión biográfica propios de la historiografía moderna. En el caso de Anacleto, la prudencia histórica aconseja afirmar su veneración como mártir sin presentar como hechos comprobados todos los detalles narrativos atribuidos a su vida.

Sepultura y memoria litúrgica

La tradición afirma que Anacleto fue enterrado en el Vaticano, cerca de la tumba de san Pedro. Este dato cuenta con mayor consistencia histórica que otras noticias biográficas transmitidas por el Liber Pontificalis.2

La proximidad de su sepultura a la de Pedro expresa la relación entre el ministerio del obispo romano y la memoria del apóstol. En la Iglesia antigua, la veneración de las tumbas de los mártires y de los apóstoles vinculaba la liturgia con la continuidad visible de la fe recibida.

La tradición litúrgica romana celebró la memoria de san Cletus el 26 de abril, junto con san Marcelino. Otras tradiciones antiguas atribuyeron también una conmemoración distinta a Anacleto, especialmente por la confusión entre ambos nombres. La liturgia romana posterior consolidó la identificación de Cletus y Anacleto como una sola persona.2

Valoración histórica

La figura de Anacleto exige combinar respeto por la tradición eclesial y rigor crítico. La Iglesia conserva con claridad su lugar entre los primeros obispos de Roma, su vinculación con la sucesión de Pedro y su veneración como mártir. En cambio, las fechas exactas de su pontificado, su origen familiar, el número de presbíteros ordenados y las circunstancias concretas de su muerte no poseen el mismo grado de certeza.

Las divergencias entre las listas antiguas muestran que la cronología de los primeros papas fue elaborándose progresivamente. San Ireneo y otros autores de los siglos II y III ofrecen una secuencia considerada especialmente valiosa, mientras que ciertas listas del siglo IV y obras posteriores duplicaron probablemente a Anacleto bajo las formas Cletus y Anacletus.1

La cautela histórica no disminuye la importancia eclesial de Anacleto. Al contrario, permite comprender mejor el significado de su memoria: no depende de una biografía detallada, sino de su pertenencia a la primera generación de pastores que conservaron en Roma la fe apostólica y prepararon la continuidad visible de la Iglesia.

Culto y significado espiritual

San Anacleto recuerda que la transmisión de la fe cristiana también tuvo lugar mediante pastores poco conocidos por la historia. La Iglesia no conserva necesariamente escritos o discursos de todos sus primeros obispos, pero reconoce en ellos servidores de una misión recibida de Cristo por medio de los apóstoles.

Su veneración como mártir manifiesta el valor del testimonio cristiano. El mártir no ocupa el centro de la fe; el centro pertenece a Jesucristo. El mártir acredita con su vida y, cuando llega el caso, con su muerte, que la fidelidad al Evangelio posee un valor superior a la seguridad personal y al reconocimiento social.

Anacleto representa así tres dimensiones fundamentales de la tradición católica: la continuidad de la Iglesia de Roma, la sucesión apostólica y la fidelidad de los pastores hasta el testimonio supremo del martirio. Aunque la historia conserve pocos datos sobre él, su nombre permanece unido a la memoria de los primeros sucesores de Pedro y a la perseverancia de la Iglesia romana en sus orígenes.

Citas y referencias

  1. Papa san Anacleto. Enciclopedia Católica, Papa San Anacleto (1913). 2 3 4 5
  2. Papa san Cleto. Enciclopedia Católica, Papa San Cleto (1913). 2 3 4 5 6
  3. Jorge Morales Romero. La vocación cristiana en la primera patrística, 6 (1991).
  4. Jorge Morales Romero. La vocación cristiana en la primera patrística, 9 (1991).
  5. J.R. Villar. La sucesión de Pedro y el Obispo de Roma. En torno al IX Coloquio Católico-Ortodoxo de Bari, 4 (1990). 2
  6. A. Bandera. La raíz sacerdotal de la colegialidad de los Obispos, 14 (1982).
  7. San Pedro, príncipe de los apóstoles. Enciclopedia Católica, San Pedro, Príncipe de los Apóstoles (1913).
Modificado el 29 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.99Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/581g50m17

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