Lugar y época del martirio
Una tradición difundida por los antiguos relatos de mártires presenta a Arcadio como natural de África y mártir en Cesarea de Mauritania, capital de la provincia romana de Mauritania Cesariense. La ciudad, situada en la costa del norte de África, corresponde a la actual Cherchell, en Argelia.
La fecha exacta del martirio permanece incierta. Algunas versiones lo sitúan durante una persecución del siglo III, mientras que otras lo relacionan de forma genérica con el período de las grandes persecuciones imperiales. Alban Butler consideraba probable una fecha del siglo III y situaba el martirio en Cesarea de Mauritania, aunque reconocía la falta de seguridad cronológica.
Relato tradicional de la pasión
La pasión de este Arcadio cuenta que el santo se retiró a un lugar solitario cuando las autoridades exigían a los cristianos participar en sacrificios paganos. La ausencia de Arcadio llevó a los soldados a detener a un pariente suyo con la intención de obligarle a revelar su escondite.
Arcadio no quiso que un inocente padeciera por causa de su fidelidad cristiana. Por ello abandonó voluntariamente su refugio y acudió ante el gobernador. El magistrado le ofreció la libertad a cambio de sacrificar a los dioses romanos, pero Arcadio rechazó la propuesta y confesó públicamente su adhesión a Jesucristo.
El relato describe entonces un suplicio extraordinariamente cruel: los verdugos amputaron lentamente las extremidades del mártir, articulación tras articulación. Arcadio habría soportado el tormento mientras alababa a Dios y exhortaba a los presentes a abandonar la idolatría. La narración concluye con la recogida de sus restos por parte de los cristianos y su sepultura en un único sepulcro.
Valor histórico de la narración
El relato posee una clara finalidad espiritual. Presenta el martirio como una ofrenda total del cuerpo y como testimonio de la superioridad de la vida eterna sobre el miedo a la muerte. Las palabras atribuidas a Arcadio desarrollan temas habituales de la literatura martirial antigua: la invencibilidad de la fe, la inutilidad de los ídolos y la identificación entre morir por Cristo y alcanzar la verdadera vida.
Sin embargo, el tono dramático y la descripción minuciosa de la tortura exigen prudencia histórica. Henri-Irénée Delehaye, uno de los principales estudiosos de la hagiografía antigua, clasificó esta passio dentro de las narraciones de carácter novelesco o históricamente poco fiables, aunque el culto a un mártir llamado Arcadio pudiera tener un fundamento anterior. Butler recoge expresamente esta valoración crítica y advierte que la inclusión del relato en colecciones antiguas de actas consideradas auténticas no garantiza por sí sola su historicidad.
Por tanto, la tradición permite reconocer una memoria cristiana antigua vinculada a Arcadio, pero no autoriza a aceptar literalmente todos los detalles del suplicio como datos históricos comprobados.