Reunir a los comensales
La familia o el grupo permanece sentado o adopta una postura respetuosa antes de comenzar a comer. Conviene evitar que la oración quede reducida a una fórmula pronunciada con prisa mientras alguien sirve los platos.
Un breve silencio ayuda a tomar conciencia de la presencia de Dios, de los alimentos y de las personas reunidas. La oración no necesita prolongarse mucho; la sinceridad y la atención importan más que la duración.
Hacer la señal de la cruz
La persona que dirige la oración puede comenzar diciendo:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Todos responden:
Amén.
El rito oficial de la bendición de la mesa comienza con esta invocación trinitaria y con la señal de la cruz realizada por los participantes.
La señal de la cruz recuerda que la vida cristiana nace de la Santísima Trinidad y que toda oración de la Iglesia alcanza su plenitud por medio de Jesucristo.
Dar gracias por los alimentos
Después de la señal de la cruz, la persona que preside puede utilizar una fórmula tradicional:
Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que vamos a recibir de tu generosidad. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
Esta oración contiene una petición dirigida a Dios: pide la bendición sobre las personas y sobre los dones que van a recibir. La expresión «de tu generosidad» reconoce que Dios sostiene la vida y que el alimento, aunque llegue a la mesa mediante el trabajo humano, pertenece en último término a la creación recibida de Él.
También puede emplearse una fórmula más desarrollada:
Te alabamos, Señor, de quien proceden todos los bienes. Bendice estos alimentos que vamos a tomar y concédenos vivir unidos en verdadera fraternidad. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
La oración litúrgica relaciona la bendición de los alimentos con la fraternidad. Comer juntos no consiste únicamente en satisfacer una necesidad corporal; también ofrece una ocasión para vivir la unidad, la hospitalidad y el servicio.
Añadir una intención por los pobres
La bendición puede incluir una petición breve por quienes carecen de alimento:
Señor, gracias por estos alimentos. Ayuda a quienes pasan necesidad y enséñanos a compartir con generosidad. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
El rito de la bendición de la mesa pide que quien recibe alimento no olvide a los pobres que no disfrutan de los mismos bienes. La sobriedad y la ayuda concreta a los necesitados forman parte de una respuesta cristiana coherente ante el don recibido.
La oración alcanza así una dimensión social. La familia no agradece a Dios para encerrarse en el disfrute privado, sino para reconocer la responsabilidad de compartir sus bienes y acoger fraternalmente a los demás.
Responder «Amén»
Los participantes responden:
Amén.
Esta palabra hebrea significa una adhesión confiada: «así sea» o «ciertamente». Con ella, todos hacen propia la oración pronunciada y manifiestan su deseo de recibir los dones de Dios con gratitud.
Después de la respuesta, la familia puede comenzar la comida. No resulta necesario añadir otros gestos, aunque una breve señal de la cruz al finalizar la oración conserva la forma tradicional.