La cuestión de la fecha de la Pascua
El episodio más conocido del pontificado de Aniceto fue su encuentro con san Policarpo, obispo de Esmirna, en Asia Menor. Policarpo viajó a Roma cuando ya era anciano para tratar, entre otras cuestiones, la fecha de la celebración de la Pascua. Eusebio de Cesarea atribuye la noticia a san Ireneo de Lyon.
La diferencia enfrentaba dos usos litúrgicos antiguos:
- Varias Iglesias de Asia celebraban la Pascua el día 14 del mes de nisán, siguiendo el calendario judío, cualquiera que fuese el día de la semana.
- La Iglesia de Roma celebraba la Pascua el domingo, con una conmemoración de la muerte de Cristo el viernes.
La práctica asiática recibió posteriormente el nombre de tradición cuartodecimana, derivado de la expresión latina quartodecimani, relacionada con el decimocuarto día del mes. El debate no constituía una disputa sobre la realidad de la resurrección de Jesucristo ni sobre el contenido de la fe pascual. La discusión afectaba al calendario litúrgico y a la manera de ordenar el ayuno y la celebración.
San Ireneo recuerda que tampoco existía una uniformidad completa en la duración del ayuno: algunos ayunaban un día, otros dos, otros más tiempo. A pesar de esas diferencias, las Iglesias conservaban la paz y la comunión.
El encuentro entre Aniceto y Policarpo
Policarpo defendía su costumbre apelando a la tradición que había recibido de san Juan y de otros apóstoles con quienes había convivido. Aniceto, por su parte, mantenía la práctica transmitida por los presbíteros que habían gobernado la Iglesia de Roma antes que él. Ninguno consiguió convencer al otro.
La importancia del episodio reside en la forma en que ambos afrontaron el desacuerdo. Eusebio afirma que ni Aniceto persuadió a Policarpo ni Policarpo persuadió a Aniceto, pero ambos evitaron romper la comunión. San Ireneo añade que Aniceto permitió a Policarpo celebrar la Eucaristía en Roma conforme a su tradición, como muestra de respeto. Después, ambos se separaron en paz y mantuvieron la concordia con el conjunto de la Iglesia.,
Este comportamiento constituye uno de los testimonios más antiguos sobre la convivencia de diversas tradiciones litúrgicas dentro de la misma fe y de la misma comunión eclesial. El episodio también muestra que, durante el siglo II, la unidad cristiana no exigía todavía una uniformidad absoluta en todas las prácticas litúrgicas.
Interpretación histórica de la controversia
La controversia pascual debe distinguirse cuidadosamente de las interpretaciones posteriores sobre el desarrollo de la primacía del obispo de Roma.
El hecho histórico documentado consiste en que:
- Aniceto presidía la Iglesia de Roma.
- Policarpo, obispo de Esmirna y discípulo de una tradición vinculada a san Juan, acudió a Roma.
- Ambos trataron la fecha de la Pascua.
- No alcanzaron un acuerdo sobre la práctica litúrgica.
- Mantuvieron la comunión y evitaron una ruptura.
Las fuentes no presentan a Aniceto como alguien que resolviera unilateralmente la cuestión para toda la Iglesia. Tampoco describen una sumisión formal de Policarpo a una decisión romana. Por eso, la controversia no puede convertirse sin más en una prueba de la configuración posterior del primado pontificio.
Al mismo tiempo, el encuentro posee relevancia para la historia de la primacía romana. La llegada a Roma de un obispo de gran autoridad espiritual, procedente de una Iglesia de Asia vinculada a la memoria apostólica, confirma la importancia que la sede romana tenía ya en la vida de la Iglesia. La autoridad romana aparece aquí en un marco de diálogo, comunión y reconocimiento mutuo, no mediante una uniformidad litúrgica impuesta.
San Ireneo utiliza precisamente este episodio como ejemplo de una unidad capaz de conservar la paz en medio de diferencias disciplinarias. Afirma que los obispos romanos anteriores a Sotero no practicaban el ayuno según el uso de algunas Iglesias, pero tampoco excluían de la comunión a quienes seguían una disciplina distinta; incluso mantenían con ellos la comunicación eucarística.