Definición teológica
El Catecismo de la Iglesia Católica define la gracia como la ayuda gratuita que Dios concede para responder a la vocación de convertirse en hijos adoptivos de Dios. Esta ayuda introduce a la persona en la intimidad de la vida trinitaria.
El Compendio del Catecismo llama gracia justificante al don gratuito mediante el cual Dios hace participar al ser humano en su vida trinitaria y lo capacita para actuar por amor. Esta gracia recibe también los nombres de gracia habitual, gracia santificante o gracia deificante, porque santifica y diviniza a la persona. Su carácter sobrenatural significa que depende enteramente de la iniciativa gratuita de Dios y supera las capacidades del entendimiento y de las fuerzas humanas.
La gracia no consiste, por tanto, en una simple ayuda exterior, en un consejo moral o en una declaración jurídica sin transformación interior. La gracia santificante produce en el alma una condición nueva y estable: una participación creada y sobrenatural en la vida divina. La teología escolástica la describe como un hábito infundido, es decir, como una cualidad permanente que Dios comunica al alma.
Gracia actual y gracia santificante
La teología católica distingue tradicionalmente entre gracia actual y gracia santificante.
La gracia actual comprende las mociones y ayudas concretas mediante las cuales Dios ilumina el entendimiento, fortalece la voluntad, suscita el arrepentimiento y orienta a la persona hacia el bien. Puede preceder a la conversión, acompañar una decisión moral o sostener al cristiano en una prueba.
La gracia santificante, en cambio, no designa una ayuda pasajera, sino un estado permanente de amistad con Dios. Su recepción transforma interiormente a la persona y la hace partícipe de la filiación divina. La distinción evita confundir una asistencia concreta de Dios con la condición estable de quien vive en gracia.,
Gracia creada y gracia increada
La gracia santificante no equivale al Espíritu Santo mismo, aunque comporta su presencia y su acción en el alma. La teología distingue entre:
- Gracia increada: Dios mismo, especialmente el Espíritu Santo, que habita en la persona justificada.
- Gracia creada: el don sobrenatural producido por Dios en el alma, mediante el cual la persona participa realmente en la vida divina.
Santo Tomás de Aquino explica que la gracia no puede reducirse a un cambio en la voluntad divina. Si Dios ama a una persona con vistas a un bien sobrenatural -la vida eterna-, ese amor produce en ella una realidad nueva que la capacita para alcanzar dicho fin. La bondad sobrenatural de la persona no causa el amor salvífico de Dios; al contrario, el amor gratuito de Dios causa en ella la capacidad y la dignidad sobrenaturales para la vida eterna.