Infancia y formación
Blaise Pascal nació en Clermont-Ferrand, en la región francesa de Auvernia, el 19 de junio de 1623. Fue hijo de Étienne Pascal, jurista y hombre de notable preparación científica, y de Antoinette Bégon. Su madre murió en 1626, cuando Blaise tenía tres años. En 1632, Étienne Pascal se trasladó a París con sus hijos Jacqueline, Blaise y Gilberte, y asumió personalmente la educación de los tres.1,2
Desde niño manifestó una inteligencia excepcional y una inclinación constante hacia la búsqueda de la verdad. Su hermana Gilberte relató que Pascal sólo aceptaba aquello que comprendía con claridad y que, cuando no recibía razones suficientes, procuraba descubrirlas por sí mismo. A los doce años, sin haber estudiado formalmente los tratados de geometría, reconstruyó por cuenta propia las primeras proposiciones de Euclides mediante figuras trazadas en el suelo. El descubrimiento impresionó profundamente a su padre.1
Pascal cultivó desde muy joven la gramática, el latín, el español, las matemáticas y la geometría. A los dieciséis años redactó un tratado sobre las secciones cónicas y, en la adolescencia, comenzó a relacionarse con los principales estudiosos de su tiempo. Su precocidad no consistió sólo en una facilidad intelectual extraordinaria: también mostró una intensa perseverancia en el trabajo y una exigencia rigurosa ante los problemas científicos y filosóficos.2
El científico y el inventor
En 1639, Étienne Pascal fue nombrado intendente de Normandía y se trasladó con su familia a Ruan. Para ayudar a su padre en los cálculos administrativos, Blaise inventó en 1642, a los diecinueve años, una máquina aritmética capaz de realizar operaciones numéricas. El instrumento, conocido posteriormente como pascalina, figura entre los antecedentes de las calculadoras mecánicas modernas.1,2
Pascal trabajó también en cuestiones de física. Repitió los experimentos de Evangelista Torricelli sobre el vacío y defendió la existencia del peso del aire frente a quienes sostenían que la naturaleza rechazaba absolutamente el vacío. Sus investigaciones contribuyeron al desarrollo de la hidrostática y de la comprensión moderna de la presión atmosférica. Además, publicó estudios sobre el triángulo aritmético, la teoría de probabilidades, los juegos de azar y la cicloide.2
Su aportación científica posee una importancia que supera la mera acumulación de descubrimientos. Pascal encarna la confianza en la capacidad de la razón humana para investigar el mundo, descubrir sus estructuras y comprender el funcionamiento de la naturaleza. Sin embargo, también percibió que la ciencia matemática, aunque rigurosa en su propio ámbito, no podía responder por sí sola a las preguntas últimas sobre el sentido de la vida, el mal, la muerte y la salvación.
El papa Francisco presentó a Pascal como un ejemplo de inteligencia científica abierta a una dimensión superior de la verdad. La precisión adquirida en las matemáticas y en las ciencias naturales preparó su pensamiento para buscar una precisión distinta, propia de la filosofía y de la vida cristiana.1

