La Sede Apostólica
La Sede Apostólica custodia la unidad de la disciplina litúrgica de la Iglesia latina. La instrucción atribuye a la autoridad romana la función de interpretar, promover y proteger las normas relativas a la celebración de la Eucaristía, especialmente cuando una cuestión supera la competencia de una Iglesia particular.
El obispo diocesano
El obispo es el moderador, promotor y custodio de toda la vida litúrgica de la diócesis que le ha sido confiada. Como poseedor de la plenitud del sacramento del Orden, ejerce una responsabilidad singular sobre la celebración de la Eucaristía y sobre la fidelidad de la comunidad diocesana a la disciplina de la Iglesia.
Toda celebración legítima de la Eucaristía mantiene una relación con el obispo diocesano, a quien corresponde regular el culto cristiano en su diócesis conforme a los mandatos del Señor y a las leyes de la Iglesia. El obispo también debe vigilar para que no aparezcan abusos en la predicación, en los sacramentos, en los sacramentales y en el culto divino.,
Presbíteros y diáconos
Los presbíteros celebran la Eucaristía en comunión con el obispo y conforme a la disciplina litúrgica de la Iglesia. Su ministerio exige fidelidad a las promesas asumidas y una adecuada preparación teológica, espiritual y pastoral. Los diáconos ejercen las funciones propias de su ministerio sin confundirse con el sacerdocio ministerial.
Los fieles laicos
El bautismo fundamenta la participación de los fieles laicos en la liturgia y su pertenencia al sacerdocio común. Esta participación debe ser plena, consciente y activa, pero no implica que todos tengan que desempeñar una función visible durante la celebración. La participación auténtica incluye escuchar, responder, cantar, orar y ofrecer la propia vida unida al sacrificio de Cristo.
La instrucción insiste en la diferencia entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial. Ambos participan del único sacerdocio de Cristo, pero no coinciden ni en su naturaleza ni en sus funciones. La confusión de ministerios perjudica la comprensión de la Iglesia y de la Eucaristía.