El hallazgo de la imagen
La tradición cubana sitúa el hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad en los primeros años del siglo XVII, en la bahía de Nipe, al oriente de Cuba. La imagen apareció sobre una pequeña tabla que flotaba en el mar y llevaba una inscripción alusiva a la Virgen María bajo el título de la Caridad.
La tradición histórica identifica a los descubridores como Juan de Hoyos, Rodrigo de Hoyos y un muchacho llamado Juan, conocido posteriormente por el sobrenombre de el esclavo Juan. Los tres trabajaban en tareas relacionadas con la extracción de sal y navegaban por la zona cuando divisaron la imagen. La memoria devocional cubana ha conservado la presencia conjunta de dos hombres de ascendencia indígena y de un hombre negro, circunstancia que con el tiempo adquirió un profundo valor simbólico para la identidad plural de Cuba.
La narración del hallazgo pertenece a la tradición histórica y devocional vinculada al santuario. La devoción posterior incorporó numerosos detalles narrativos, pero la Iglesia distingue entre la veneración legítima de una imagen mariana y la obligación de demostrar como hechos sobrenaturales todos los elementos de una tradición piadosa. La aprobación eclesiástica de un culto no equivale automáticamente a la definición dogmática de cada episodio transmitido por la memoria popular.
Traslado y primeros lugares de culto
Después del hallazgo, la imagen recibió culto en la región oriental de Cuba. Su veneración quedó vinculada a la localidad minera de El Cobre, cuyo nombre procede de la explotación de las minas de cobre de la zona. La presencia de la Virgen acompañó el crecimiento de la comunidad y la consolidación de un centro estable de peregrinación.
La devoción arraigó entre personas de distintas condiciones sociales y procedencias. La imagen fue venerada por trabajadores de las minas, campesinos, esclavos y libertos, familias criollas y miembros del clero. Este carácter socialmente integrador contribuyó a que Nuestra Señora de la Caridad se convirtiera progresivamente en una figura religiosa de alcance nacional.
En 2012, Benedicto XVI recordó en Cuba el cuarto centenario del hallazgo de la imagen, vinculando expresamente esta celebración con la continuidad de la devoción mariana en la historia cubana. El pontífice afirmó que la figura de la Virgen había acompañado desde el principio la vida personal de los cubanos y los grandes acontecimientos de la nación.1

