Infancia en Colonia
Hermann nació en Colonia hacia el año 1150, en el seno de una familia que había conocido una situación económica más próspera, pero que atravesaba entonces dificultades y pobreza. Desde su infancia manifestó una inclinación singular hacia la oración y hacia la vida litúrgica.
A los siete años comenzó su formación escolar. La iglesia de Santa María del Capitolio, en Colonia, ocupó un lugar central en su vida espiritual. El niño acudía allí siempre que encontraba ocasión y permanecía largo rato arrodillado ante las imágenes sagradas, con una actitud de confianza y recogimiento. La tradición biográfica transmitida por Razo Bonvisino, prior contemporáneo de Steinfeld, presenta aquella piedad infantil como el comienzo de una relación particularmente intensa con la Virgen María.
El episodio de la manzana
La devoción popular conserva un episodio que llegó a convertirse en el atributo más conocido del santo. Hermann habría guardado una manzana, tomada de su escasa comida, para ofrecérsela al Niño Jesús representado junto a su Madre en una imagen de la Virgen.
El relato expresa, mediante un gesto sencillo, el carácter de su espiritualidad: la entrega de lo poco que se posee con amor confiado. La manzana no representa una riqueza material, sino el sacrificio de un niño que comparte con Cristo aquello que necesitaba para sí. Por este motivo, el arte cristiano suele representar a Hermann arrodillado ante la Virgen y el Niño, mientras les ofrece una manzana.
Otra tradición relata que, en un día de intenso frío, el joven acudió descalzo a la iglesia y recibió ayuda por intercesión de la Virgen. Estos relatos pertenecen al ámbito de la tradición hagiográfica medieval y presentan, con un lenguaje narrativo, la confianza filial que caracterizó la piedad de Hermann.
Ingreso en Steinfeld
A los doce años ingresó en el monasterio premonstratense de Steinfeld. Allí recibió la formación propia de la vida canonical y religiosa. Durante una parte de sus estudios permaneció en los Países Bajos y, al regresar a Steinfeld, asumió diversos servicios humildes dentro de la comunidad.
Primero trabajó en el refectorio, lugar donde los religiosos compartían las comidas. Más tarde recibió el encargo de la sacristía, servicio que exigía cuidado de los vasos sagrados, los ornamentos y los objetos destinados al culto. La trayectoria de Hermann muestra la importancia espiritual que la tradición monástica concede a las tareas ordinarias: antes de ejercer el ministerio sacerdotal, aprendió a servir en trabajos sencillos y ocultos.
Sacerdocio y ministerio
Después de recibir la ordenación sacerdotal, Hermann celebró la santa misa con profunda reverencia. La Eucaristía ocupó el centro de su vida espiritual y de su ministerio. Quienes convivieron con él admiraron su recogimiento, su actitud humilde y la devoción con la que desempeñaba las funciones sagradas.
El santo también fue enviado en ocasiones a realizar labores pastorales fuera del monasterio. Su actividad no quedó reducida a la clausura o a la contemplación individual: atendió espiritualmente a otras personas y asumió responsabilidades pastorales cuando sus superiores se lo encomendaron.
La tradición relata asimismo que poseía conocimientos prácticos para fabricar y reparar relojes. Esta faceta muestra la combinación de oración, trabajo manual y servicio que caracterizó su existencia. En la vida de Hermann, la competencia técnica no aparece como algo separado de la vocación religiosa, sino como una forma concreta de servir a la comunidad y a quienes acudían a él.