El agua bendita puede conservarse en un recipiente limpio dentro del hogar. Algunas familias colocan una pequeña pila o una botella junto a la entrada, en un oratorio doméstico o cerca de un crucifijo y de otras imágenes sagradas.
Al entrar o salir de casa
Una persona puede santiguarse con agua bendita:
- al salir para comenzar la jornada;
- al regresar al hogar;
- antes de emprender un viaje;
- antes de iniciar una tarea importante;
- al entrar en un lugar donde la familia acostumbra a rezar.
La señal de la cruz puede acompañarse con una oración breve:
«Señor, recuerda mi Bautismo y ayúdame a vivir hoy como discípulo de Jesucristo».
También puede utilizarse una invocación tradicional:
«En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén».
La oración debe orientar hacia la confianza en Dios y hacia el cumplimiento responsable de los propios deberes. El agua bendita no garantiza que desaparezcan las dificultades ni evita automáticamente los accidentes, la enfermedad o el sufrimiento.
Durante la oración familiar
La familia puede utilizar agua bendita al comenzar o concluir un momento de oración. Una persona puede hacer la señal de la cruz sobre sí misma, mientras otra puede asperjar discretamente a los presentes si existe una razón apropiada y la práctica respeta el carácter ordenado de la oración.
En una celebración doméstica más estructurada, la familia puede:
- reunirse ante una cruz o una imagen de Cristo;
- comenzar con la señal de la cruz;
- proclamar un breve pasaje del Evangelio;
- guardar un momento de silencio;
- dar gracias por el Bautismo;
- asperjar ligeramente a los participantes;
- terminar con el padrenuestro.
Conviene distinguir esta oración familiar de un rito litúrgico oficial. La familia puede rezar y utilizar agua bendita, pero no debe presentar una celebración doméstica como si fuera una misa o un sacramento.
Para bendecir el hogar
El agua bendita puede acompañar la oración por una casa, especialmente cuando un sacerdote o diácono realiza la bendición del hogar. En ese contexto, el ministro puede asperjar las habitaciones y a las personas como signo de la protección y de la presencia de Dios.
La bendición de una casa no convierte el edificio en un objeto mágico ni elimina por sí misma los conflictos familiares. El hogar cristiano recibe su verdadero carácter de la fe, la oración, el perdón, la hospitalidad y la caridad de quienes viven en él.