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Virgen Peregrina

La Virgen Peregrina es una imagen de la Virgen María destinada a visitar sucesivamente hogares, parroquias, comunidades, colegios, hospitales u otras instituciones, como signo de la presencia maternal de María y ocasión para la oración, la catequesis y la evangelización. Esta práctica adquiere especial difusión durante el siglo XX, sobre todo después de las apariciones de Fátima, y expresa una dinámica distinta de la peregrinación tradicional: en el santuario, el fiel acude a María; con la Virgen Peregrina, la imagen mariana visita al fiel.

Virgen Peregrina de Luisa Roldan lou
Ver información de la imagenImagen llamada “Virgen Peregrina” de la escultora Luisa Roldán. Perteneció al convento de franciscanos de Sahagún (León, España) y se conserva en el museo de las Monjas Benedictinas de Sahagún, c. 2008. Original, Lourdes Cardenal, CC BY-SA 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreVirgen Peregrina
CategoríaTérmino
DescripciónImagen mariana itinerante que lleva la presencia maternal de María al lugar donde viven los fieles. Imagen de la Virgen María que, organizada por una comunidad, visita hogares, parroquias, colegios, hospitales y otras instituciones. La Virgen Peregrina no es una condición teológica sino una práctica pastoral donde una imagen de María, usualmente de una advocación reconocida, recorre comunidades para promover oración, rosario, lectura del Evangelio, conversión, reconciliación familiar y atención a los enfermos, complementando la peregrinación tradicional a los santuarios. Signo visible de la maternidad espiritual de María que dirige a los fieles hacia Cristo y lleva la oración mariana al entorno cotidiano
Contexto HistóricoEuropa y América del siglo XX, tras la aparición de Nuestra Señora de Fátima (1917) y el auge de la evangelización pastoral.
DesarrolloDifusión mayor tras la mejora de los transportes y la organización de itinerarios prolongados; la práctica se extendió a numerosos países y a diferentes advocaciones marianas.
Importancia EclesialFomenta la vida de oración familiar, la participación parroquial y la evangelización, reforzando la misión pastoral de la Iglesia.
InfluenciaHa contribuido a la revitalización de la devoción mariana y a la integración de la oración en la vida doméstica y comunitaria.
OrigenSiglo XX, impulsado por las apariciones de Fátima y la expansión de asociaciones marianas.
TipoDevoción
Uso LitúrgicoPuede incluirse en celebraciones parroquiales, procesiones y momentos de oración, siempre bajo la guía del párroco y respetando normas litúrgicas.

Tabla de contenido

Concepto y significado

La expresión Virgen Peregrina no designa una condición teológica de la Virgen María. María no recibe este nombre porque ella misma peregrine de un lugar a otro en sentido físico, sino porque una imagen suya realiza un itinerario organizado por una comunidad cristiana.

La imagen representa habitualmente una advocación mariana concreta: Nuestra Señora de Fátima, la Virgen del Carmen, la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de Lourdes, la Virgen del Rosario u otra advocación reconocida por la tradición católica. La denominación «peregrina» describe la función pastoral y devocional de la imagen, no una nueva advocación necesariamente distinta.

La Virgen Peregrina pretende favorecer:

La auténtica devoción a María conduce a Jesucristo. El mensaje de Fátima, por ejemplo, invita a la conversión, a la oración por la paz y a la penitencia; san Juan Pablo II pidió recibir la luz de Fátima dejándose guiar por María, cuyo Corazón Inmaculado conduce a Cristo.1

Distinción entre santuario y Virgen Peregrina

La peregrinación al santuario

El santuario mariano es un lugar al que los fieles acuden para orar ante una imagen, celebrar los sacramentos, cumplir una promesa, pedir ayuda espiritual o dar gracias. La peregrinación implica un desplazamiento del creyente hacia un lugar reconocido por la piedad cristiana y por la autoridad eclesiástica.

Los santuarios conservan una memoria religiosa vinculada a una advocación, a una imagen, a una aparición aprobada o a una tradición de culto. En ellos, la oración de los peregrinos se integra normalmente en la celebración de la Eucaristía, la penitencia sacramental, la adoración y otras expresiones de la vida de la Iglesia.

San Juan Pablo II describió el peregrinaje como una expresión visible del movimiento de los fieles hacia los lugares vinculados a la memoria apostólica y cristiana.2

La visita de la Virgen Peregrina

La Virgen Peregrina invierte simbólicamente la dirección del desplazamiento. La comunidad no tiene que acudir primero a un santuario: la imagen llega al hogar, a la parroquia o a la institución. Esta visita acerca la oración mariana a personas enfermas, familias con dificultades, barrios alejados y comunidades que carecen de medios para organizar una peregrinación.

La diferencia no significa oposición. Ambas prácticas forman parte de una misma espiritualidad cristiana:

  • el santuario reúne a los fieles en torno a un lugar de oración;
  • la Virgen Peregrina lleva un signo mariano a los lugares donde viven y trabajan los fieles;
  • el santuario invita a salir de la rutina cotidiana;
  • la imagen peregrina introduce la oración y la memoria del Evangelio en la vida ordinaria.

La visita de la imagen no sustituye la peregrinación al santuario ni convierte automáticamente una vivienda en santuario. Su finalidad consiste en promover la vida cristiana allí donde se encuentra la familia o la comunidad.

Origen y desarrollo histórico

Antecedentes de la visita de imágenes

La tradición cristiana conoce desde antiguo el traslado solemne de imágenes sagradas con motivo de fiestas, procesiones, rogativas, celebraciones extraordinarias y necesidades pastorales. Las imágenes marianas han acompañado la vida de parroquias, cofradías y comunidades religiosas, especialmente en tiempos de epidemia, guerra, calamidad o acción de gracias.

La imagen trasladada no recibe culto como una divinidad. La Iglesia dirige la veneración a la persona representada y, en el caso de una imagen mariana, a la Virgen María como Madre de Dios y madre espiritual de los discípulos de Cristo. El honor tributado a la imagen remite a María y, por medio de ella, al misterio de Cristo.

La expansión durante el siglo XX

Durante el siglo XX adquirieron gran difusión las imágenes marianas destinadas a recorrer diócesis, parroquias y hogares. La mejora de los transportes, la expansión de las asociaciones marianas y el desarrollo de campañas de evangelización facilitaron la organización de itinerarios prolongados.

La práctica encontró un impulso particular en la devoción a Nuestra Señora de Fátima. Las apariciones de 1917 dieron origen a una intensa corriente de oración, conversión, penitencia y rezo del rosario. Pablo VI resumió el contenido pastoral de Fátima como una invitación a volver a Dios, vivir la caridad y pedir la paz por intercesión de María.3

La difusión de imágenes de Fátima por distintos países vinculó la visita de la imagen con varios objetivos:

  • recordar el mensaje mariano;
  • reunir a las familias para el rosario;
  • promover la confesión y la comunión;
  • impulsar la consagración personal y familiar a María;
  • estimular la oración por la paz;
  • acercar la vida parroquial a los hogares.

San Juan Pablo II relacionó la relevancia de Fátima con las grandes crisis del siglo XX, las guerras, los sufrimientos de los pueblos, la secularización y la necesidad de una respuesta cristiana basada en la conversión y la esperanza.4

Fátima y las imágenes peregrinas

La imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima se convirtió en una de las expresiones más conocidas de esta práctica. Su recorrido por diócesis y naciones permitió que muchas comunidades participasen espiritualmente en la devoción nacida en Cova da Iria sin desplazarse necesariamente hasta Portugal.

El valor de estas visitas no depende de una supuesta acción mágica de la imagen ni de la distancia recorrida. La imagen sirve como signo visible que reúne a los fieles y orienta su atención hacia Dios. La eficacia pastoral depende de la oración, de la predicación, de la conversión y de la participación en los sacramentos.

La Iglesia ha presentado el mensaje de Fátima en continuidad con el Evangelio: oración fervorosa por la paz, penitencia y apertura del corazón a la conversión.1

La imagen como signo religioso

Veneración y no adoración

La Iglesia distingue entre:

  • adoración, que corresponde únicamente a Dios;
  • veneración, que honra a los santos;
  • veneración singular a María, superior a la tributada a los demás santos, pero siempre inferior a la adoración debida a Dios.

La Virgen Peregrina recibe el respeto propio de una imagen sagrada. Los fieles pueden adornarla, acompañarla en procesión, colocarla en un lugar digno y orar ante ella. Sin embargo, la imagen carece de poder autónomo. No concede gracias por sí misma ni reemplaza a Jesucristo, único Salvador.

La coronación litúrgica de una imagen expresa esta misma orientación cristológica. San Juan Pablo II explicó que, al coronar una imagen de María con el Niño, la Iglesia reconoce ante todo la realeza de Cristo y la participación maternal de María en el reino de su Hijo.5

El lenguaje de la presencia

La tradición popular afirma que «la Virgen visita» una familia o una parroquia. Esta expresión posee un sentido devocional: la imagen representa a María y recuerda su solicitud maternal. No significa que la sustancia corporal de María se traslade desde el cielo ni que la imagen posea una presencia física de la Virgen comparable a la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

La presencia de María pertenece al orden de la intercesión, de la comunión de los santos y del signo sagrado. La presencia sacramental de Cristo en la Eucaristía posee una naturaleza incomparablemente distinta.

Organización de una visita

Preparación

La parroquia o comunidad que recibe una imagen peregrina suele preparar la visita mediante:

  1. convocatoria a las familias;
  2. explicación del sentido cristiano de la iniciativa;
  3. elaboración de un calendario;
  4. coordinación con el párroco;
  5. preparación de materiales de oración;
  6. organización de celebraciones comunitarias.

La visita produce mayor fruto cuando forma parte de un programa pastoral estable y no de una actividad aislada. La catequesis debe explicar la relación entre María, Cristo, la Iglesia y los sacramentos.

Acogida de la imagen

La comunidad puede recibir la imagen con una procesión, un canto mariano, la proclamación de la Palabra de Dios y una oración de acogida. La celebración debe conservar un carácter sobrio y cristocéntrico.

La imagen puede permanecer durante un periodo determinado en una parroquia, capilla, colegio, hospital o familia. La duración depende de la organización local. Algunas iniciativas establecen turnos diarios o semanales; otras concentran la visita en una jornada mariana o en una misión parroquial.

Visita a los hogares

En el ámbito familiar, la imagen ocupa un lugar limpio y digno. La familia puede reunirse ante ella para:

  • rezar el rosario;
  • leer un pasaje del Evangelio;
  • dar gracias por los bienes recibidos;
  • pedir ayuda en las dificultades;
  • orar por los enfermos y difuntos;
  • pedir perdón y favorecer la reconciliación;
  • renovar el compromiso de asistir a la misa dominical.

La oración familiar no debe convertirse en una mera formalidad. Pío XII describió el hogar cristiano, inspirado en la casa de Nazaret, como un lugar de oración común, formación en las virtudes y apoyo en las horas de sufrimiento.6

Despedida y entrega

Al finalizar la visita, la comunidad puede organizar una celebración de despedida. La imagen pasa entonces a otro hogar o grupo, manteniendo la continuidad de la iniciativa.

La entrega puede incluir una oración breve, una vela, un rosario o una hoja de lecturas. Estos objetos tienen valor auxiliar y no deben confundirse con amuletos. La confianza cristiana descansa en Dios y en su gracia, no en la posesión material de un objeto religioso.

Frutos pastorales

Renovación de la oración

La presencia de la imagen recuerda a la familia la necesidad de reservar un tiempo para Dios. El rosario, tradicionalmente asociado a Fátima, puede ayudar a meditar los misterios de la vida de Cristo con María.

La oración mariana no consiste en apartarse de la vida cristiana ordinaria. Debe conducir a la escucha de la Palabra, a la celebración eucarística y a la caridad. San Juan Pablo II presentó la oración como una tarea fundamental de la Iglesia y como una forma de abrir la existencia humana a Dios.7

Fortalecimiento de la familia

La visita de la Virgen Peregrina puede reunir a miembros de una familia que apenas comparten momentos de oración. También puede favorecer el diálogo, la reconciliación y la transmisión de la fe a los niños y jóvenes.

La familia no debe entender esta devoción como una garantía automática de prosperidad o ausencia de problemas. Su fruto principal consiste en vivir las dificultades con fe, pedir ayuda a Dios y practicar la caridad concreta.

Impulso misionero

La imagen peregrina puede llegar a personas alejadas de la Iglesia, siempre que la visita respete la libertad y la dignidad de cada hogar. La misión cristiana no consiste en imponer una práctica devocional, sino en anunciar a Jesucristo y ofrecer un camino de oración y conversión.

La vida parroquial alcanza su plenitud cuando la oración desemboca en la caridad, la formación cristiana, la participación litúrgica y el servicio a los necesitados. Pío XII vinculó la vitalidad parroquial con la oración, los sacramentos, la ayuda a los pobres y un cristianismo vivido tanto en el templo como en el hogar.8

Relación con las apariciones marianas

Muchas imágenes peregrinas representan advocaciones vinculadas a apariciones marianas. La Iglesia distingue entre:

  • la aprobación del culto y de la devoción;
  • el reconocimiento de la autenticidad de una aparición;
  • la obligación de creer en una revelación privada.

Incluso cuando la Iglesia aprueba una aparición, los fieles no reciben una obligación de fe comparable a la aceptación del Evangelio. Las apariciones aprobadas pueden ayudar a vivir la fe, pero no añaden una nueva revelación pública necesaria para la salvación.

La devoción a la Virgen Peregrina debe permanecer unida al contenido esencial de la fe católica: la Trinidad, la Encarnación del Verbo, la Redención, la Iglesia, los sacramentos y la vida eterna.

Riesgos de una comprensión deformada

La práctica pierde su sentido cuando la imagen recibe un tratamiento supersticioso. Resulta contrario a la fe católica:

  • atribuir a la imagen poderes mágicos;
  • creer que una desgracia ocurrirá si alguien no la recibe;
  • convertir la visita en una obligación social sin oración;
  • buscar únicamente favores materiales;
  • separar la devoción mariana de Cristo;
  • despreciar la misa o la confesión por confiar en prácticas privadas;
  • utilizar la imagen para rivalidades entre grupos o parroquias.

La devoción mariana auténtica fomenta la humildad, la obediencia a Dios, la oración, la penitencia y el servicio. El mensaje de Fátima conserva precisamente este núcleo: conversión, oración por la paz y orientación hacia Cristo.1

La Virgen Peregrina en España

En España, la visita de imágenes marianas puede integrarse en la tradición de las parroquias, hermandades, cofradías, asociaciones del rosario y movimientos familiares. Las advocaciones locales mantienen sus rasgos propios, mientras la práctica peregrina adapta la devoción a barrios, pueblos, colegios, residencias y hogares.

La tradición mariana española presenta numerosos santuarios que reciben peregrinos. El santuario de Nuestra Señora del Pilar, por ejemplo, constituye un centro histórico de oración y de memoria evangelizadora; san Juan Pablo II lo presentó como un lugar al que acuden generaciones de fieles para rezar ante la imagen mariana.9

La Virgen Peregrina complementa esa tradición. El fiel que no puede viajar al Pilar, a Covadonga, a Montserrat, a Guadalupe, a Lourdes o a Fátima puede acoger una imagen mariana en su parroquia o en su hogar. La visita no sustituye el valor propio de cada santuario, pero extiende la invitación a la oración y a la conversión.

Valor teológico y pastoral

La Virgen Peregrina expresa tres verdades relacionadas:

  1. María conduce a Cristo. La imagen dirige la mirada hacia el Hijo y recuerda su papel maternal en la vida de la Iglesia.
  2. La Iglesia vive en camino. La comunidad cristiana peregrina en la historia y anuncia el Evangelio en todos los ambientes.
  3. La fe alcanza la vida cotidiana. La oración no queda encerrada en el templo; entra en la familia, el trabajo, la enfermedad y las relaciones sociales.

La imagen que visita los hogares representa así una Iglesia cercana y misionera. La maternidad espiritual de María no elimina la responsabilidad de los cristianos, sino que anima a vivir con mayor fidelidad la vocación recibida.

Celebración recomendada

Una visita puede incluir el siguiente esquema:

  • acogida de la imagen;
  • canto mariano;
  • proclamación de un pasaje evangélico;
  • breve reflexión sobre María y Cristo;
  • rezo del rosario;
  • peticiones por la familia y la Iglesia;
  • compromiso concreto de caridad;
  • participación en la Eucaristía y en la reconciliación;
  • despedida y entrega a la siguiente familia.

El párroco debe cuidar que la iniciativa respete las normas litúrgicas y la orientación pastoral de la diócesis. Las devociones privadas o comunitarias alcanzan su sentido pleno cuando conducen a la liturgia y a la vida cristiana.

Conclusión

La Virgen Peregrina es una imagen mariana que visita hogares y comunidades para despertar la oración, fortalecer la vida familiar y promover la conversión. Su significado no reside en poderes propios de la imagen, sino en el misterio que representa: María, Madre de Dios y madre de los discípulos, guía a los fieles hacia Jesucristo.

El santuario invita al creyente a caminar hacia María; la Virgen Peregrina lleva ese signo mariano hasta el creyente. Ambas formas de piedad pueden colaborar en una misma finalidad: que la fe se traduzca en oración, sacramentos, caridad y testimonio cristiano.

Citas y referencias

  1. Peregrinación a Fátima: Papa Juan Pablo II, Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 17 de mayo de 2000, 4 (2000). 2 3
  2. Papa Juan Pablo II. Al personal de la Opera Romana Pellegrinaggi y de la Peregrinatio ad Petri Sedem (11 de febrero de 1994) - Discurso, 2 (1994).
  3. Papa Pablo VI. Mensaje a los peregrinos reunidos en Fátima con motivo del 60.o aniversario de las apariciones de la Virgen María (13 de mayo de 1977) - Discurso, 1 (1977).
  4. Mensaje del Papa Juan Pablo II al obispo de Leiria-Fátima por el 80.o aniversario de las apariciones de Fátima, Papa Juan Pablo II. Mensaje al Obispo de Leiria-Fátima con motivo del 80.o aniversario de la aparición de Nuestra Señora de Fátima (1 de octubre de 1997), Mensaje al Obispo de Leiria-Fátima con motivo del 80.o aniversario de la aparición de Nuestra Señora de Fátima (1 de octubre de 1997) (1997).
  5. Ceremonia de coronación de cuatro imágenes marianas en Jasna Góra (19 de junio de 1983) - Discurso, Papa Juan Pablo II. Ceremonia de coronación de cuatro imágenes marianas en Jasna Góra (19 de junio de 1983) - Discurso (1983-06-19).
  6. A una peregrinación de 200 familias de Barcelona (9 de mayo de 1957), Papa Pío XII. A una peregrinación de 200 familias de Barcelona (9 de mayo de 1957), 1 (1957).
  7. Visita al santuario mariano de la «Madre de la Gracia» en Mentorella (29 de octubre de 1978) - Discurso, Papa Juan Pablo II. Visita al Santuario Mariano de la «Madre de la Gracia» en Mentorella (29 de octubre de 1978) - Discurso (1978-10-29).
  8. Papa Pío XII. A los peregrinos de la parroquia de San Medín de Barcelona (18 de agosto de 1957) - Discurso, 1 (1957).
  9. Papa Juan Pablo II. Liturgia de la Palabra: Zaragoza (6 de noviembre de 1982) - Homilía, 2 (1982).
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