La evidencia bíblica
El libro de los Hechos de los Apóstoles conduce a Pablo hasta Roma, pero no describe su martirio. Por tanto, la Biblia ofrece una evidencia explícita sobre:
- El arresto en Jerusalén.
- La custodia en Cesarea.
- La apelación al César.
- El viaje a Roma.
- La predicación durante dos años bajo custodia.
La Biblia no proporciona, dentro de los Hechos, una narración de la sentencia final, del lugar de la ejecución ni de las circunstancias concretas de la muerte.
El testimonio de Clemente Romano
La tradición romana más antigua aparece en la Carta a los Corintios, atribuida a Clemente Romano y fechada habitualmente hacia el final del siglo I. Clemente presenta a Pedro y Pablo como ejemplos recientes de perseverancia. Sobre Pablo afirma que predicó en Oriente y Occidente, alcanzó los confines de Occidente y sufrió el martirio bajo las autoridades romanas.
El testimonio de Clemente posee un valor particular por su antigüedad y por su conexión con la Iglesia de Roma. Sin embargo, el pasaje no ofrece una narración detallada del juicio ni precisa todos los datos biográficos que permitirían reconstruir la última fase de la vida del apóstol.
El testimonio de Eusebio
Eusebio de Cesarea, escritor del siglo IV, recoge la tradición de una primera defensa y una posterior liberación. A continuación, sitúa una segunda llegada a Roma y el martirio de Pablo. También relaciona la segunda carta a Timoteo con ese último encarcelamiento, en el que el apóstol habría hablado de su primera defensa y de la proximidad de su muerte.
La tradición eusebiana no equivale a un capítulo perdido de los Hechos. Su valor procede del testimonio histórico y eclesial de una época posterior. La Iglesia recibe esta tradición junto con la memoria litúrgica y patrística del martirio de Pablo, pero la investigación histórica debe conservar la diferencia entre el relato bíblico y las noticias transmitidas por autores posteriores.
La muerte bajo Nerón
La tradición católica sitúa el martirio de Pablo en Roma durante la persecución de Nerón, habitualmente en la década de los años sesenta del siglo I. Como ciudadano romano, Pablo habría recibido la decapitación, una ejecución considerada jurídicamente menos degradante que la crucifixión aplicada a otros condenados.
La localización tradicional del martirio es el lugar donde hoy se levanta la basílica de San Pablo Extramuros. La tradición distingue este martirio del de Pedro: Pedro habría muerto crucificado, mientras que Pablo habría sido decapitado. La diferencia expresa tanto la memoria histórica de dos apóstoles martirizados en Roma como la diversidad de sus condiciones jurídicas.