En la tradición mariana, «milagros» no funciona como etiqueta genérica para cualquier imagen atribuida a prodigios, sino como título devocional dentro del amplio repertorio de advocaciones que expresan, de modo simbólico, el amparo y la solicitud de María hacia sus hijos. En la imaginería y en la devoción católicas, el catálogo de títulos marianos incluye «de los Milagros» entre aquellos que enlazan con la función mediadora de María en el orden de las gracias, siempre comprendida desde la fe en Cristo y en la acción de Dios.3
Esta advocación suele confundirse con otras realidades que comparten la misma denominación («Virgen de los Milagros») en distintas regiones o países. En el contexto histórico de España, la expresión remite de manera especialmente conocida a la imagen venerada en La Rábida, con el título completo de «Nuestra Señora de los Milagros».1,2


