El Doctor Angélico como maestro principal
Aeterni Patris concede a santo Tomás de Aquino un lugar central entre los doctores escolásticos. León XIII lo presenta como «príncipe y maestro de todos los doctores escolásticos» y como una figura de especial importancia para la defensa y la gloria de la fe católica.
El papa atribuye a santo Tomás una excepcional capacidad para reunir y ordenar las aportaciones de los Padres y de los pensadores anteriores. El Aquinate integró esas doctrinas en una síntesis orgánica y añadió desarrollos propios, especialmente en metafísica, antropología filosófica, ética, teoría del conocimiento y filosofía de la religión.
León XIII admira también la amplitud de la obra tomista. Santo Tomás trató las leyes del razonamiento, Dios y las sustancias incorpóreas, la persona humana, el mundo sensible y los principios de la acción moral. La encíclica considera que abordó esos campos con orden, claridad, solidez argumentativa y capacidad para explicar cuestiones difíciles.
El método tomista
La importancia de santo Tomás no depende únicamente de la cantidad de temas que trató. Aeterni Patris valora sobre todo su manera de filosofar: partir de principios firmes, distinguir cuidadosamente los niveles del conocimiento y relacionar sin confundir la razón y la fe.
El método tomista permite investigar racionalmente la realidad creada y, desde ella, elevarse hacia el conocimiento de Dios como causa primera. Al mismo tiempo, reconoce que la revelación posee un origen y una autoridad propios. Esta distinción evita tanto convertir la teología en simple filosofía como reducir la filosofía a una repetición de contenidos revelados.
Santo Tomás utilizó también su filosofía para refutar errores. León XIII considera que los principios tomistas proporcionan instrumentos intelectuales capaces de responder no sólo a las objeciones de épocas pasadas, sino también a errores posteriores que pudieran surgir contra la verdad cristiana.
Una preferencia no exclusiva
La recomendación de santo Tomás no equivale a una prohibición de estudiar a otros filósofos. Juan Pablo II explicó que la preferencia de la Iglesia por el Doctor Angélico tiene un carácter ejemplar, no exclusivo. La Iglesia reconoce en Tomás un modelo de equilibrio, profundidad y claridad, sin convertir su pensamiento en la única forma legítima de investigación filosófica.
La propia encíclica invita a acoger toda verdad y todo descubrimiento útil, con independencia de quién los haya formulado. León XIII pide recibir con disposición agradecida cualquier elemento verdadero y provechoso, siempre que pueda integrarse de manera legítima en la búsqueda de la sabiduría.