La oración espontánea
La oración espontánea utiliza palabras propias. Puede formularse en pocos segundos durante el trabajo, un viaje, una enfermedad o una situación de peligro:
«San José, ruega por nosotros».
«Santa María Magdalena, ayúdame a permanecer junto a Cristo».
«Santos mártires, interceded por quienes sufren persecución».
La brevedad no disminuye el valor de la oración. Una invocación sencilla puede mantener viva la conciencia de la comunión de los santos durante la jornada.
Las letanías
Las letanías presentan una serie de invocaciones. La respuesta habitual es «ruega por nosotros» o «rogad por nosotros». La letanía de los santos ocupa un lugar destacado en la vida litúrgica de la Iglesia. La invocación de santos como san Pedro, san Pablo, san Esteban, santa Inés, san Benito, san Francisco o santa Teresa forma parte de la oración eclesial en diversos ritos y celebraciones.
La letanía no pretende enumerar poderes independientes. Su estructura conduce a Dios: primero reconoce la santidad de Cristo, después pide liberación al Señor y finalmente solicita la intercesión de los santos.
Las novenas
Una novena consiste en rezar durante nueve días una oración de petición, normalmente relacionada con un santo o con una fiesta litúrgica. Puede incluir una lectura de la vida del santo, una petición concreta, un examen de conciencia y una resolución práctica.
La novena no obliga a Dios a conceder el resultado deseado. Su finalidad consiste en perseverar en la oración, crecer en la confianza y disponerse a recibir la gracia. Una novena bien vivida conduce a una conversión concreta: reconciliarse con alguien, practicar una obra de misericordia, asistir a la santa Misa, recuperar la vida sacramental o abandonar una conducta pecaminosa.
El rosario y las oraciones marianas
La Virgen María ocupa un lugar singular en la vida de la Iglesia por su relación única con Cristo. El rosario incluye la contemplación de los misterios de la vida de Jesús y la repetición de la salutación dirigida a María. Aunque el presente artículo trata de la intercesión de los santos en general, la doctrina sobre María muestra de modo eminente cómo una criatura puede interceder sin competir con la mediación de Cristo.
Toda verdadera devoción mariana conduce a Jesucristo y a la obediencia al Evangelio. La oración «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros» expresa precisamente una petición de intercesión, no una atribución de divinidad a María.
La oración litúrgica
La liturgia de la Iglesia invoca a los santos en la letanía, en las celebraciones de sus memorias y solemnidades, y en diversas oraciones del año litúrgico. La Iglesia peregrina participa así de la oración de la Iglesia celestial. El Catecismo afirma que, en la oración, la Iglesia que camina en la tierra queda asociada a la Iglesia de los santos y pide su intercesión.
La participación en la santa Misa posee una importancia central. La liturgia no convierte a los santos en destinatarios de adoración, sino que celebra la obra de Dios en ellos y pide que su intercesión ayude a la Iglesia a alcanzar la santidad.