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Cómo pedir la intercesión de un santo

Pedir la intercesión de un santo consiste en acudir a un cristiano que vive con Dios para rogarle que presente ante el Señor una petición. Esta práctica pertenece a la comunión de los santos, orienta siempre hacia Jesucristo y no atribuye al santo un poder divino independiente. El católico pide al santo: «Ruega por mí» o «Ruega por nosotros», confiando en que Dios concede sus dones por medio de la oración de toda la Iglesia.

The Forerunners of Christ with Saints and Martyrs
Ver información de la imagenLos Predecesores de Cristo con Santos y Mártires, c. 1420. Fra Angelico, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCómo pedir la intercesión de un santo
CategoríaTérmino
DescripciónSúplica que una persona presenta ante Dios en favor de otra, mediada por los santos que presentan sus oraciones ante el Padre. Petición a Dios a través de la oración de los santos, dentro de la comunión de los santos y orientada a Jesucristo
Referencias2692, 956
Aplicación MoralOrar con fe y humildad, evitar la superstición, reconocer a Dios como única fuente de gracia y seguir el ejemplo virtuoso del santo invocado.
Contexto BíblicoSan Pablo rogó a los cristianos de Roma que le ayudaran con sus oraciones ante Dios.
Contexto HistóricoApoyada por el Concilio de Trento, el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium 51) y la tradición teológica de Tomás de Aquino.
Doctrinas RelacionadasComunión de los santos, mediación única de Cristo, veneración de los santos.
Eventos RelacionadosConcilio de Trento, Concilio Vaticano II
Interpretación TradicionalEl Catecismo afirma que los santos «no cesan de interceder por nosotros» y el Concilio de Trento enseñó que es provechoso invocar a los santos para obtener beneficios de Dios.
Menciones en DocumentosCatecismo de la Iglesia Católica 2692, 956; Concilio de Trento; Concilio Vaticano II Lumen Gentium 51; Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia 210 (2002); Mediador Dei 168 (1947); Summa Theologiae 72-73 (1274)
Personas RelacionadasSan Pablo, San Tomás de Aquino, Papa Pío XII, Concilio Vaticano II
TipoTérmino teológico
Uso LitúrgicoPresente en las letanías, novenas, rosario, misas y otras oraciones oficiales de la Iglesia.

Tabla de contenido

Significado de la intercesión de los santos

La palabra intercesión designa la súplica que una persona presenta ante Dios en favor de otra. La Iglesia cree que los santos, unidos plenamente a Cristo en la gloria, continúan preocupándose por la Iglesia y presentan sus oraciones ante el Padre. El Catecismo enseña que los santos «no cesan de interceder por nosotros» y que su solicitud fraterna ayuda eficazmente a la debilidad de los cristianos que todavía peregrinan en la tierra.1

La intercesión de los santos no significa que ellos sustituyan a Dios ni que posean una fuerza sobrenatural autónoma. Dios es la fuente de toda gracia, y Jesucristo es el único Redentor y Salvador. La oración dirigida a un santo pide su ayuda para alcanzar de Dios aquello que se solicita por medio de Jesucristo. El Concilio de Trento enseñó que resulta bueno y provechoso invocar a los santos y recurrir a sus oraciones, ayuda y auxilio para obtener beneficios de Dios por su Hijo Jesucristo.2

La Iglesia expresa esta relación con una fórmula sencilla:

Al santo se le pide que interceda; a Dios se le pide la gracia.

Fundamento: la comunión de los santos

La comunión de los santos expresa la unión espiritual de todos los miembros de la Iglesia: los cristianos que peregrinan en la tierra, las almas que reciben la purificación final y los santos que contemplan a Dios en el cielo. Todos forman una sola Iglesia porque pertenecen a Cristo y participan de la misma caridad divina.3,4

La muerte no rompe esta comunión. Los santos glorificados permanecen unidos a Cristo y a sus hermanos. El Concilio Vaticano II enseña que la Iglesia conserva con gran devoción la comunión vital con quienes ya viven en la gloria celestial y presenta la veneración de los santos como una práctica arraigada en la fe cristiana.5

Esta comunión permite comprender la intercesión como una forma de solidaridad sobrenatural. Del mismo modo que un cristiano puede pedir a otro que rece por él, también puede pedir la oración de un santo. San Pablo rogó a los cristianos de Roma que le ayudasen con sus oraciones ante Dios; la tradición teológica considera que, con mayor razón, podemos acudir a quienes ya están unidos a Dios en el cielo.6

La mediación única de Jesucristo

La diferencia entre Cristo y los santos

La fe católica proclama una única mediación redentora: Jesucristo. Él reconcilia a la humanidad con el Padre mediante su encarnación, su pasión, su muerte y su resurrección. Ningún santo comparte con Cristo el papel de Salvador ni puede conceder por autoridad propia la gracia santificante o la vida eterna.

La intercesión de los santos pertenece a una mediación subordinada. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia explica que la única mediación de Cristo no excluye otras mediaciones subordinadas, siempre comprendidas dentro de la mediación universal y decisiva de Jesucristo.4

Por eso, pedir la intercesión de un santo no compite con la confianza en Cristo. Al contrario, la práctica auténtica lleva a reconocer que toda ayuda procede finalmente de Dios mediante el único Mediador. La antigua enseñanza cristiana distingue entre pedir algo a Dios como fuente de la gracia y pedir a los santos que obtengan esa gracia mediante su oración.7

Veneración, no adoración

La Iglesia adora únicamente a Dios. La veneración ofrecida a los santos posee una naturaleza distinta: honra en ellos la obra de la gracia y reconoce el ejemplo de una vida configurada con Cristo. El Concilio Vaticano II enseña que el culto auténtico de los santos consiste principalmente en un amor más intenso que busca en ellos el ejemplo de su vida, la comunión con ellos y la ayuda de su intercesión.5

Una imagen, una medalla, una reliquia o una fiesta litúrgica no recibe adoración como si fuera una divinidad. Estos signos recuerdan a la persona del santo y dirigen la mente hacia Dios, que lo santificó. La veneración pierde su sentido cristiano cuando convierte al santo en un poder mágico, en un sustituto de Dios o en una garantía automática de que cualquier deseo se cumplirá.

Cómo pedir la intercesión de un santo

Pedir la intercesión de un santo no requiere una fórmula complicada. La oración puede ser breve, espontánea, litúrgica o formar parte del rosario, de una novena o de la letanía de los santos.

Preparar la oración

Conviene situarse ante Dios con fe y humildad. La persona puede comenzar haciendo la señal de la cruz y reconociendo que toda gracia procede del Padre, por Jesucristo, en el Espíritu Santo. Una breve disposición interior ayuda a evitar que la oración se transforme en una petición supersticiosa:

«Señor Dios, creo que tú eres la fuente de todo bien. Por Jesucristo, tu Hijo, te presento esta necesidad y pido la intercesión de tu santo servidor».

La oración cristiana no exige una disposición emocional determinada. La devoción puede ser intensa o sencilla; lo decisivo consiste en orientar la petición hacia Dios y confiar en su voluntad.

Invocar al santo

La fórmula tradicional emplea el nombre del santo y una petición directa:

«San José, ruega por mí».

«Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros».

«San Francisco de Asís, intercede ante Dios por esta necesidad».

«Santo patrón de [una profesión, lugar o comunidad], acompáñanos con tu oración».

La expresión «ruega por mí» no equivale a pedir al santo que conceda directamente el favor. La petición significa: «Presenta mi necesidad ante Dios», «pide al Señor por mí» o «ayúdame con tu intercesión».

Presentar la intención concreta

La persona puede expresar con claridad aquello que necesita:

«San Benito, ruega por mí para que permanezca fiel a Cristo en la tentación».

«Santa Mónica, ruega por la conversión y la perseverancia de mi familia».

«San Rafael Arcángel, ruega por esta persona enferma y acompaña a quienes la cuidan».

«Santa Teresa de Calcuta, ruega para que aprendamos a servir a los pobres con caridad».

La petición puede referirse a una necesidad material, una enfermedad, una dificultad familiar, una decisión importante, una lucha espiritual o la conversión del corazón. Sin embargo, la oración cristiana debe permanecer abierta al bien verdadero que Dios conoce. El santo no funciona como un instrumento para conseguir cualquier objeto o resultado, sino como un hermano glorificado que ayuda a ordenar la vida hacia Dios.

Concluir con una oración a Dios

Después de invocar al santo, conviene dirigirse explícitamente al Señor:

«Dios nuestro, escucha esta súplica por la intercesión de san N., si es conforme con tu voluntad, y concédeme la gracia de vivir con fe, esperanza y caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén».

También puede concluirse con un padrenuestro, un avemaría, el gloria o una oración litúrgica. La Iglesia pide habitualmente la intercesión de los santos dentro de oraciones dirigidas a Dios. La liturgia contiene numerosas fórmulas para invocar su ayuda.8

Modelo completo de oración

Una oración sencilla puede adoptar esta forma:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Dios todopoderoso y misericordioso, fuente de toda gracia, me presento ante ti con confianza. Tú has llamado a san N. a seguir de cerca a Jesucristo y lo has unido a la gloria de los santos.

San N., amigo de Dios y hermano nuestro, ruega por mí ante el Señor. Presenta esta necesidad: [expresar la petición]. Pide para mí una fe firme, un corazón humilde y la gracia de aceptar siempre la voluntad de Dios.

Señor, escucha mi súplica por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

Esta oración no constituye un rito obligatorio. La libertad cristiana permite utilizar otras palabras, siempre que la oración conserve su orientación hacia Dios y su unión con Jesucristo.

A qué santo acudir

El santo del propio nombre o bautismo

Muchos cristianos mantienen una relación espiritual especial con el santo cuyo nombre recibieron en el bautismo. La persona puede acudir a él como modelo e intercesor, conocer su vida, imitar sus virtudes y celebrar su memoria litúrgica.

La devoción no depende de una relación sentimental ni exige que el santo sea considerado «más poderoso» que otros. La Iglesia honra a todos los santos porque todos participan de la santidad de Dios y de la gloria de Cristo.

El patrón de una profesión, lugar o estado de vida

La tradición cristiana reconoce patronos de diócesis, parroquias, ciudades, países, profesiones, asociaciones y diversas circunstancias de la vida. Una comunidad puede pedir la intercesión de su patrón para crecer en la caridad y cumplir fielmente su misión.

La elección de un santo patrón tiene sentido cuando inspira la imitación de su vida. Un patronazgo no funciona como una garantía mecánica, sino como una relación de comunión espiritual. La oración pide al santo que ayude a vivir cristianamente la realidad concreta que representa.

El santo relacionado con una necesidad

La piedad cristiana ha vinculado determinados santos con necesidades particulares. Esa relación puede surgir de su vida, de su martirio, de su profesión, de una experiencia de caridad o de una tradición eclesial. Santo Tomás de Aquino reconoce que puede resultar provechoso acudir a santos concretos en circunstancias particulares y que la devoción personal influye notablemente en el fervor de la oración.9

La Iglesia no enseña que un santo posea un poder limitado a una especialidad ni que Dios escuche únicamente a determinados patronos. La asociación entre un santo y una necesidad ayuda a la memoria y a la devoción, pero toda intercesión depende de Dios.

Los santos de mayor devoción personal

Un cristiano puede sentir una devoción particular por un santo cuya vida ilumina su propia vocación o dificultad. Santo Tomás explica que a veces resulta útil acudir a un santo menos conocido si la persona siente hacia él una devoción más intensa. También considera que la oración puede renovarse al invocar a distintos santos y que la invocación de varios santos expresa el honor debido a toda la Iglesia celestial.9

La devoción personal necesita conservar la comunión con la Iglesia. Una preferencia legítima por un santo no debe convertirse en desprecio hacia otros santos, rechazo de la liturgia o afirmación de que un determinado santo actúa al margen de Cristo.

Formas habituales de pedir intercesión

La oración espontánea

La oración espontánea utiliza palabras propias. Puede formularse en pocos segundos durante el trabajo, un viaje, una enfermedad o una situación de peligro:

«San José, ruega por nosotros».

«Santa María Magdalena, ayúdame a permanecer junto a Cristo».

«Santos mártires, interceded por quienes sufren persecución».

La brevedad no disminuye el valor de la oración. Una invocación sencilla puede mantener viva la conciencia de la comunión de los santos durante la jornada.

Las letanías

Las letanías presentan una serie de invocaciones. La respuesta habitual es «ruega por nosotros» o «rogad por nosotros». La letanía de los santos ocupa un lugar destacado en la vida litúrgica de la Iglesia. La invocación de santos como san Pedro, san Pablo, san Esteban, santa Inés, san Benito, san Francisco o santa Teresa forma parte de la oración eclesial en diversos ritos y celebraciones.10

La letanía no pretende enumerar poderes independientes. Su estructura conduce a Dios: primero reconoce la santidad de Cristo, después pide liberación al Señor y finalmente solicita la intercesión de los santos.

Las novenas

Una novena consiste en rezar durante nueve días una oración de petición, normalmente relacionada con un santo o con una fiesta litúrgica. Puede incluir una lectura de la vida del santo, una petición concreta, un examen de conciencia y una resolución práctica.

La novena no obliga a Dios a conceder el resultado deseado. Su finalidad consiste en perseverar en la oración, crecer en la confianza y disponerse a recibir la gracia. Una novena bien vivida conduce a una conversión concreta: reconciliarse con alguien, practicar una obra de misericordia, asistir a la santa Misa, recuperar la vida sacramental o abandonar una conducta pecaminosa.

El rosario y las oraciones marianas

La Virgen María ocupa un lugar singular en la vida de la Iglesia por su relación única con Cristo. El rosario incluye la contemplación de los misterios de la vida de Jesús y la repetición de la salutación dirigida a María. Aunque el presente artículo trata de la intercesión de los santos en general, la doctrina sobre María muestra de modo eminente cómo una criatura puede interceder sin competir con la mediación de Cristo.

Toda verdadera devoción mariana conduce a Jesucristo y a la obediencia al Evangelio. La oración «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros» expresa precisamente una petición de intercesión, no una atribución de divinidad a María.

La oración litúrgica

La liturgia de la Iglesia invoca a los santos en la letanía, en las celebraciones de sus memorias y solemnidades, y en diversas oraciones del año litúrgico. La Iglesia peregrina participa así de la oración de la Iglesia celestial. El Catecismo afirma que, en la oración, la Iglesia que camina en la tierra queda asociada a la Iglesia de los santos y pide su intercesión.11

La participación en la santa Misa posee una importancia central. La liturgia no convierte a los santos en destinatarios de adoración, sino que celebra la obra de Dios en ellos y pide que su intercesión ayude a la Iglesia a alcanzar la santidad.

Qué pedir mediante la intercesión de un santo

La santidad y la conversión

La petición principal debe orientarse a la unión con Dios. El creyente puede pedir fortaleza para vencer el pecado, perseverancia en la fe, crecimiento en la caridad, pureza de corazón, paciencia, justicia, humildad y fidelidad a la propia vocación.

El santo ofrece un ejemplo concreto de cómo la gracia puede transformar una vida. La doctrina católica no presenta a los santos como personajes inalcanzables, sino como miembros glorificados de la Iglesia cuya vida muestra caminos diversos hacia la santidad.

La ayuda en las necesidades temporales

También resulta legítimo pedir ayuda en asuntos temporales: salud, trabajo, vivienda, estudios, dificultades económicas, protección de una familia o reconciliación entre personas. Estas peticiones deben integrarse en la confianza filial en Dios.

El cristiano pide bienes temporales sin convertirlos en el bien supremo. La respuesta divina puede consistir en la curación, en una solución concreta, en la fortaleza para afrontar la prueba o en una luz interior que permita actuar con prudencia.

La perseverancia en el sufrimiento

Los santos que padecieron enfermedad, persecución, pobreza, abandono o injusticia pueden acompañar espiritualmente a quienes atraviesan situaciones semejantes. Pedir su intercesión no elimina automáticamente el sufrimiento, pero ayuda a vivirlo unido a Cristo y a evitar la desesperanza.

La oración puede incluir esta petición:

«Santo N., que conociste la prueba y permaneciste fiel, ruega por mí para que no pierda la esperanza y pueda ofrecer a Dios este sufrimiento con amor».

La ayuda para los difuntos

La comunión de los santos también impulsa a rezar por los difuntos que todavía necesitan purificación. La Iglesia peregrina ofrece sufragios por ellos, mientras confía igualmente en la oración de los santos del cielo. Esta práctica manifiesta que la caridad une a todos los miembros de la Iglesia más allá de la muerte.3,5

La respuesta de Dios y la confianza cristiana

Pedir la intercesión de un santo no garantiza que Dios conceda exactamente lo solicitado ni en el momento deseado. Los santos desean únicamente aquello que corresponde a la voluntad divina. Santo Tomás de Aquino explica que su oración no resulta inútil: Dios puede haber querido desde la eternidad conceder determinados bienes precisamente mediante la oración de quienes interceden.12

La confianza cristiana no equivale a exigir un resultado. La persona puede pedir con insistencia y, al mismo tiempo, pronunciar la actitud de Jesucristo: «Hágase tu voluntad». La oración transforma al orante incluso cuando la circunstancia externa no cambia.

Una petición madura incluye tres dimensiones:

  • La confianza: Dios escucha y ama.
  • La perseverancia: la persona continúa orando sin desanimarse.
  • La disponibilidad: el orante acepta que la respuesta divina puede adoptar una forma distinta de la esperada.

Cómo evitar la superstición

La devoción a los santos se vuelve supersticiosa cuando atribuye eficacia automática a una fórmula, una imagen, una fecha, un número de oraciones o un objeto. Ningún santo actúa como talismán. Una medalla puede recordar la protección y el ejemplo del santo, pero no produce por sí misma una gracia.

También constituye una deformación ofrecer al santo un trato comercial: «Haré esto si me concedes aquello». La oración no compra favores. Las promesas devocionales pueden expresar gratitud y compromiso cristiano, pero deben evitar toda apariencia de intercambio mágico.

Conviene rechazar igualmente estas ideas:

  • Que un santo tenga más poder que Dios.
  • Que una petición resulte infalible por repetirla un número determinado de veces.
  • Que la intercesión permita obtener algo moralmente malo.
  • Que una imagen posea poderes propios.
  • Que la devoción sustituya la conversión, la caridad o los sacramentos.
  • Que acudir a los santos haga innecesaria la oración personal a Dios.

El Concilio Vaticano II pide corregir los abusos, excesos y defectos que puedan infiltrarse en la veneración de los santos. La auténtica devoción debe conducir a una alabanza más plena de Cristo y de Dios.5

Intercesión y vida cristiana

Pedir la oración de un santo exige disposición para imitar sus virtudes. No tendría coherencia invocar a un santo defensor de los pobres sin mostrar misericordia hacia el necesitado, ni acudir a un mártir mientras se niega cualquier sacrificio por la verdad, ni pedir la intercesión de un santo penitente sin voluntad de abandonar el pecado.

El Concilio Vaticano II presenta tres frutos inseparables de la veneración de los santos:

  • El ejemplo de su manera de vivir.
  • La comunión con ellos dentro de la Iglesia.
  • La ayuda de su intercesión.5

La oración puede terminar con un propósito concreto:

«Por la intercesión de san N., procuraré hoy reconciliarme con esa persona».

«Con la ayuda de santa N., dedicaré un tiempo a la oración y visitaré a quien está solo».

«Por el ejemplo de san N., actuaré con honestidad en mi trabajo».

De esta manera, la intercesión deja de ser una práctica aislada y se integra en la vida de fe.

Preguntas frecuentes

¿Puedo pedir directamente a un santo que me conceda algo?

La forma más exacta consiste en pedirle que ruegue por la persona ante Dios. Algunas expresiones populares dicen «san N., ayúdame» o «san N., concédeme esta gracia». La intención correcta entiende esa ayuda como intercesión y auxilio recibidos de Dios, no como poder independiente del santo.

¿Dios escucha mejor a los santos que a nosotros?

Dios no necesita a los santos para conocer nuestras peticiones y su misericordia no tiene límites. La intercesión existe porque Dios ha querido asociar a sus criaturas a la comunicación de sus bienes y a la vida de la Iglesia. Santo Tomás enseña que la acción de Dios mediante causas secundarias no revela una insuficiencia divina, sino la perfección del orden creado y la abundancia con que Dios comunica su bondad.9

¿Los santos conocen nuestras oraciones?

Dios conoce directamente los pensamientos y las intenciones del corazón. La teología católica sostiene que los santos conocen aquello que Dios les permite conocer, en particular lo que corresponde a la perfección de su felicidad y a su servicio de intercesión.13

Por ello, no hace falta gritar, utilizar fórmulas extrañas o realizar prácticas extraordinarias. Basta una oración sincera, pronunciada en voz alta o interiormente.

¿Puedo pedir la intercesión de varios santos a la vez?

Sí. La Iglesia invoca conjuntamente a numerosos santos en las letanías. Invocar a varios santos puede expresar la universalidad de la Iglesia y renovar la devoción. Santo Tomás considera provechosa esta práctica porque puede reavivar el fervor y manifestar el honor debido a todos los santos.9,10

¿Debo elegir siempre al santo patrón de una necesidad?

No. Puede acudirse al santo patrón, al santo del propio nombre, a un santo cuya vida inspire especialmente o a todos los santos. La eficacia no depende de una supuesta especialización mágica. La devoción personal y la confianza ayudan a orar con mayor atención, pero toda gracia procede de Dios.9,2

¿Pedir la intercesión de los santos disminuye la confianza en Dios?

No, cuando la práctica permanece dentro de la fe católica. La Iglesia entiende la intercesión como una participación en la única mediación de Cristo, no como una alternativa a ella. La comunión con los santos enriquece la adoración debida a Dios Padre por Cristo en el Espíritu Santo.4,5

Fórmulas breves de invocación

Estas fórmulas pueden utilizarse en la oración personal:

  • «San N., ruega por mí».
  • «Santa N., ruega por nosotros».
  • «San N., intercede por esta necesidad ante el Señor».
  • «Santo N., ayúdame a seguir a Jesucristo con fidelidad».
  • «Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros».
  • «Santos de Dios, interceded por la Iglesia y por el mundo».
  • «San N., acompaña con tu oración a quienes sufren».

La fórmula más completa añade la orientación cristológica:

«San N., ruega por mí ante Dios Padre, por Jesucristo nuestro Señor, para que reciba la gracia que necesito y viva siempre conforme al Evangelio».

Síntesis doctrinal

Pedir la intercesión de un santo significa:

  1. Reconocer que los santos viven unidos a Cristo.
  2. Participar en la comunión espiritual de toda la Iglesia.
  3. Solicitar al santo que ore ante Dios por una persona o una intención.
  4. Confesar que Dios es la fuente de toda gracia.
  5. Mantener a Jesucristo como único Redentor y Mediador.
  6. Honrar al santo mediante la imitación de sus virtudes.
  7. Rechazar toda superstición, magia o confianza en objetos como si tuvieran poder autónomo.
  8. Aceptar la voluntad de Dios con fe, perseverancia y humildad.

La oración «ruega por nosotros» resume la actitud católica ante los santos: una súplica confiada a hermanos glorificados que, unidos a Cristo, presentan ante el Padre las necesidades de la Iglesia peregrina. Los santos ayudan a los fieles a volver su corazón hacia Dios, que concede toda gracia por Jesucristo.

Citas y referencias

  1. Capítulo tres Creo en el Espíritu Santo. Catecismo de la Iglesia Católica, 956 (1992).
  2. Invocación, veneración y reliquias de santos, y sobre imágenes sagradas, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes del dogma católico (Enchiridion Symbolorum), 1821 (1854). 2
  3. Parte segunda: Orientaciones para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo V: La veneración a la santa madre del Señor - Algunos principios, Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia (9 de abril de 2002), 210 (2002). 2
  4. Parte dos: Directrices para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo seis: Veneración de los santos y beatos - Principios, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: Principios y Directrices, 210 (2002). 2 3
  5. Capítulo VII - La naturaleza escatológica de la iglesia peregrina y su unión con la iglesia en el cielo, Concilio Vaticano II. Lumen Gentium, 51 (1964). 2 3 4 5 6
  6. Suplemento - De las oraciones respecto a los santos en el cielo - ¿Debemos invocar a los santos para que recen por nosotros? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, Suplemento, P. 72, R. 2, corol. (1274).
  7. Intercesión (mediación). Enciclopedia Católica, Intercesión (Mediación) (1913).
  8. Papa Pío XII. Mediador Dei, 168 (1947).
  9. Suplemento - De las oraciones respecto a los santos en el cielo - ¿Debemos invocar a los santos para que recen por nosotros? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, Suplemento, P. 72, R. 2 (1274). 2 3 4 5
  10. Santísima Congregación para el Culto Divino. Ordo Benedictionis Abbatis et Abbatissae (Orden de bendición de un abad y una abadesa), 22 (1978). 2
  11. Capítulo dos La tradición de la oración. Catecismo de la Iglesia Católica, 2692 (1992).
  12. Suplemento - De las oraciones respecto a los santos en el cielo - ¿Son siempre concedidas las oraciones que los santos derraman a Dios por nosotros? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, Suplemento, P. 72, R. 3 (1274).
  13. Suplemento - De las oraciones respecto a los santos en el cielo - ¿Los santos conocen nuestras oraciones? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, Suplemento, P. 72, R. 1 (1274).
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