Unidad de la doctrina sagrada
Garrigou-Lagrange defendió la unidad profunda entre teología dogmática y teología moral. Según su interpretación de santo Tomás, ambas disciplinas contemplan al mismo Dios bajo aspectos diversos: Dios en sí mismo, Creador, autor del orden sobrenatural, fin último de las acciones humanas y legislador.
La teología moral no debía presentarse como una disciplina autónoma desligada de la fe dogmática. La conducta cristiana sólo alcanza su pleno sentido cuando parte de la vocación sobrenatural del hombre y de su ordenación a Dios. La moral católica no consiste únicamente en obedecer normas, sino en vivir conforme a la verdad sobre Dios, el hombre, la gracia y el fin último.
Prudencia y conciencia
En su estudio sobre el carácter metafísico de la teología moral de santo Tomás, Garrigou-Lagrange relacionó estrechamente la conciencia con la virtud de la prudencia. La conciencia recta no consiste simplemente en una impresión subjetiva ni en una decisión espontánea. Constituye un juicio práctico que debe deliberar correctamente, juzgar de acuerdo con la verdad moral y ordenar la acción concreta.
La prudencia comprende, en este proceso, tres operaciones fundamentales:
- La deliberación, que busca los medios adecuados.
- El juicio práctico, que determina qué conviene hacer.
- El mandato, que mueve efectivamente a la acción.
Garrigou-Lagrange relacionó estas operaciones con las partes integrales y virtudes vinculadas a la prudencia, especialmente la eubulia, orientada al buen consejo, y la synesis, relacionada con el juicio recto en los casos ordinarios.
Esta concepción le permitió responder a dos reducciones opuestas. Por una parte, rechazó el moralismo casuístico, que pretende resolver toda decisión mediante reglas externas y listas de casos. Por otra, rechazó el subjetivismo moral, que convierte la conciencia individual en la fuente última del bien y del mal. La conciencia debe obedecer a la verdad, pero la aplicación de la verdad a las circunstancias concretas requiere prudencia.
Probabilismo y responsabilidad personal
Garrigou-Lagrange también abordó las antiguas controversias sobre el probabilismo. Su interés no consistía en ofrecer una simple técnica para elegir entre opiniones morales, sino en mostrar que la responsabilidad cristiana exige una formación seria de la conciencia y un ejercicio virtuoso del juicio práctico.
La prudencia permite gobernar personalmente la conducta sin separar la libertad de la verdad objetiva. El cristiano no actúa como un ejecutor mecánico de normas, pero tampoco puede justificar cualquier elección apelando a su conciencia subjetiva.