El escultor
Diego de Robles, escultor de origen español activo en la Real Audiencia de Quito durante el siglo XVI, trabajó en la producción de imágenes marianas destinadas a la evangelización. Su nombre aparece vinculado a la tradición histórica de varias imágenes de la región, especialmente a la Virgen de El Quinche.
La actividad de Robles corresponde a una etapa anterior a la de Bernardo de Legarda. Esta diferencia cronológica ayuda a evitar la confusión entre ambas esculturas:
- Diego de Robles pertenece al primer periodo de la escultura colonial quiteña.
- Bernardo de Legarda representa la madurez del barroco quiteño del siglo XVIII.
- Robles realizó imágenes de madera vinculadas a la catequesis y a los primeros santuarios.
- Legarda creó una interpretación barroca de la Inmaculada con alas y movimiento.
La escultura colonial necesitaba imágenes resistentes, visibles y aptas para la veneración comunitaria. Los talleres producían obras destinadas a iglesias, doctrinas, procesiones y lugares de peregrinación. La imagen mariana funcionaba como instrumento de enseñanza y como centro visible de la comunidad cristiana.
Oyacachi en el proceso evangelizador
Oyacachi es una población andina situada al este de Quito, en una zona de difícil acceso y de gran riqueza natural. Durante la época colonial, la evangelización de los pueblos indígenas afrontó grandes distancias, barreras geográficas, diversidad lingüística y la necesidad de establecer formas estables de catequesis.
Las órdenes religiosas desempeñaron una función decisiva en la expansión del cristianismo en Ecuador. Franciscanos, dominicos, agustinos y mercedarios organizaron doctrinas desde los primeros tiempos, mientras que los jesuitas ampliaron posteriormente la red educativa y misionera. El trabajo pastoral incluyó la enseñanza del catecismo, la celebración de los sacramentos, la formación de comunidades y la creación de imágenes para la oración.
El entorno de Oyacachi muestra la complejidad de la evangelización andina. La implantación de la fe católica tuvo lugar en comunidades indígenas con tradiciones religiosas, estructuras sociales y lenguas propias. El quechua -también llamado quichua- constituía una de las principales lenguas indígenas de los Andes y tenía una amplia presencia en Ecuador y Perú.
La catequesis requirió, por tanto, adaptación cultural y empleo de signos comprensibles. Las imágenes de la Virgen, los crucifijos, las escenas de la Pasión y las fiestas litúrgicas facilitaron la transmisión visual de la fe. Esta tarea no puede reducirse a una cuestión artística: afectó a la organización de las comunidades y a la formación de una cultura cristiana local.
Traslado de la imagen a El Quinche
La tradición histórica vincula la imagen de la Virgen de El Quinche con Oyacachi y con la labor escultórica de Diego de Robles. La imagen habría recibido veneración inicial en la comunidad de Oyacachi antes de trasladarse a El Quinche, donde adquirió una difusión mucho más amplia.
El traslado expresa una dinámica frecuente en la historia de los santuarios: una imagen vinculada a una comunidad concreta llega a convertirse en centro de peregrinación regional. El Quinche ofrecía una localización más favorable para la afluencia de peregrinos y para la organización estable del culto.
La historia de Oyacachi y El Quinche pertenece, por tanto, a la génesis de una advocación mariana distinta de la Virgen de Quito. La primera está relacionada con una imagen sedente de madera y con el santuario de El Quinche; la segunda corresponde a la Inmaculada alada de Legarda y a la tradición artística de Quito.