Las Letanías de los Santos presentan varias partes claramente diferenciadas.
Invocación inicial de la misericordia de Dios
La oración comienza con el Kyrie eleison, expresión griega que significa «Señor, ten piedad». La asamblea aclama sucesivamente al Señor, a Cristo y de nuevo al Señor:
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Esta repetición reconoce que toda oración cristiana nace de la misericordia divina. El fiel no inicia la plegaria confiando en sus propios méritos, sino en la bondad de Dios.
Invocación de la Santísima Trinidad
A continuación, la oración se dirige al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo:
Dios, Padre celestial,
ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo,
ten misericordia de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios,
ten misericordia de nosotros.
La fórmula manifiesta la fe cristiana en un solo Dios en tres Personas. La tradición de la letanía relaciona al Padre con la creación y la vida, al Hijo con la redención y al Espíritu Santo con la santificación, sin separar nunca la acción de las tres Personas divinas.
Invocación de la Virgen María
La primera criatura invocada es la Virgen María:
Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
ruega por nosotros.
Santa Virgen de las vírgenes,
ruega por nosotros.
María ocupa este lugar por su relación singular con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La letanía la proclama Madre de Dios y modelo de la Iglesia, pero la oración dirigida a ella conserva siempre el carácter de petición de intercesión.
Invocación de los ángeles
Después de María aparecen los ángeles y arcángeles:
San Miguel,
ruega por nosotros.
San Gabriel,
ruega por nosotros.
San Rafael,
ruega por nosotros.
Santos ángeles de Dios,
rogad por nosotros.
Los ángeles son criaturas espirituales al servicio de Dios y de su designio de salvación. Las letanías recuerdan, mediante sus nombres y su orden, que la Iglesia terrena participa en la alabanza de la Iglesia celestial.
Invocación de san Juan Bautista, san José y los patriarcas
La secuencia tradicional continúa con san Juan Bautista y san José:
San Juan Bautista,
ruega por nosotros.
San José,
ruega por nosotros.
Santos patriarcas y profetas,
rogad por nosotros.
San Juan Bautista aparece como precursor de Cristo y vínculo entre la Antigua y la Nueva Alianza. San José recibe un lugar propio como esposo de la Virgen María y custodio de Jesús. Los patriarcas y profetas recuerdan la espera del pueblo de Israel y la preparación de la venida del Mesías.
Invocación de los apóstoles y evangelistas
La letanía nombra después a los apóstoles y evangelistas:
San Pedro,
ruega por nosotros.
San Pablo,
ruega por nosotros.
San Andrés,
ruega por nosotros.
Santiago,
ruega por nosotros.
San Juan,
ruega por nosotros.
Santo Tomás,
ruega por nosotros.
Santos Felipe y Santiago,
rogad por nosotros.
San Bartolomé,
ruega por nosotros.
San Mateo,
ruega por nosotros.
Santos Simón y Judas,
rogad por nosotros.
San Matías,
ruega por nosotros.
Santos apóstoles y evangelistas,
rogad por nosotros.
La enumeración manifiesta que la Iglesia recibe su misión de Cristo a través del testimonio apostólico. La tradición litúrgica conserva un orden antiguo en el que los apóstoles aparecen de forma semejante al orden que ocupan en la plegaria eucarística romana.
Invocación de los mártires
La oración recuerda a los cristianos que dieron la vida por Cristo:
Santos discípulos del Señor,
rogad por nosotros.
Santos inocentes,
rogad por nosotros.
San Esteban,
ruega por nosotros.
San Lorenzo,
ruega por nosotros.
Santa Perpetua y santa Felicidad,
rogad por nosotros.
Santa Inés,
ruega por nosotros.
Santos mártires,
rogad por nosotros.
El martirio no constituye una búsqueda voluntaria del sufrimiento. Representa la fidelidad a Cristo cuando la confesión de la fe exige un sacrificio extremo. La invocación de los mártires pide su ayuda para vivir con fortaleza, perseverancia y caridad.
Invocación de pastores, doctores, religiosos y laicos santos
La letanía incorpora santos de estados de vida y épocas diferentes:
San Gregorio,
ruega por nosotros.
San Agustín,
ruega por nosotros.
San Atanasio,
ruega por nosotros.
San Benito,
ruega por nosotros.
San Francisco y santo Domingo,
rogad por nosotros.
Santa Catalina,
ruega por nosotros.
Santa Teresa de Jesús,
ruega por nosotros.
Todos los santos y santas de Dios,
rogad por nosotros.
La lista puede incluir pontífices, obispos, sacerdotes, diáconos, doctores de la Iglesia, monjes, ermitaños, fundadores, vírgenes, esposas, viudas y otros fieles. Así, la oración enseña que la santidad pertenece a toda la Iglesia y puede florecer en circunstancias muy diversas. Las celebraciones litúrgicas adaptan la lista según el misterio celebrado, la tradición local y el patronazgo de la comunidad.