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Mater Ter Admirabilis

Mater Ter Admirabilis-«Madre Tres Veces Admirable»- es un título mariano que expresa la singular grandeza de la Virgen María como Madre de Dios, Madre del Redentor y Madre de la Iglesia. La expresión posee un fundamento litúrgico y doctrinal antiguo, pero también designa una devoción particular desarrollada en el siglo XIX en torno a una imagen venerada en el convento de la Trinità dei Monti, en Roma, y difundida posteriormente por el Movimiento de Schoenstatt.

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Ver información de la imagen"Tres veces maravillosa Madre" en el Liebfrauenmünster Ingolstadt, una variante de la Marienikone „Salus populi romani“ en la Cappella Paolina de Santa Maria Maggiore en Roma. La copia fue un regalo del general jesuita Francisco de Borja al colegio jesuita de Ingolstadt, c. 2006. Escaneo propio de una copia, el cargador original fue Frabi en Wikipedia en alemán, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMater Ter Admirabilis
CategoríaTérmino
Nombre CompletoMadre Tres Veces Admirable
DescripciónTítulo mariano que expresa la singular grandeza de la Virgen María en tres dimensiones de su maternidad. Madre tres veces admirable: Madre de Dios, Madre del Redentor y Madre de la Iglesia
ReferenciasAnunciación, Visitación, presencia de María junto a la cruz, Pentecostés
Autor de la imagenSor María del Ángel
Contexto históricoSiglo XIX, espiritualidad de la Sociedad del Sagrado Corazón y posterior expansión por el Movimiento de Schoenstatt
DesarrolloDevoción surgió en el siglo XIX alrededor de la pintura de la Trinità dei Monti y se difundió por el Movimiento de Schoenstatt
LugarRoma, Italia
OrigenConvento de la Trinità dei Monti, Roma
TipoAdvocación mariana, Título, XIX
Uso devocionalVenerada en santuarios del movimiento Schoenstatt y en instituciones educativas de la Sociedad del Sagrado Corazón
Uso litúrgicoPresente en la Letanía Lauretana y en una oración aprobada en 1953

Tabla de contenido

Significado del título

La expresión latina Mater admirabilis significa «Madre admirable» o «Madre digna de admiración». La forma Mater Ter Admirabilis añade el adverbio ter, «tres veces», para intensificar la alabanza: María resulta admirable de manera eminente por el misterio de su maternidad divina, por su participación en la obra de la salvación y por su maternidad espiritual sobre la Iglesia.

El título no presenta a María como una divinidad independiente de Cristo. Toda grandeza mariana procede de la gracia de Dios y está vinculada a Jesucristo, su Hijo. La maternidad divina constituye el fundamento de las relaciones singulares entre María, Cristo y la Iglesia: al ser Madre de Cristo, cabeza del Cuerpo místico, María también es Madre de los fieles y de los pastores.1

La admiración cristiana ante María, por tanto, no constituye una forma de adoración. La Iglesia reserva la adoración únicamente a Dios, mientras que a la Virgen le tributa una veneración singular, superior a la que corresponde a los santos e inferior a la adoración debida a la Santísima Trinidad.

Las tres dimensiones de la maternidad admirable

La tradición vinculada a Mater Ter Admirabilis interpreta normalmente el título a partir de tres aspectos de la maternidad de María.

Madre de Dios

María es admirable, en primer lugar, porque es la Madre de Dios. La Iglesia utiliza este título en sentido cristológico: María engendró según la carne a Jesucristo, que es verdadero Dios y verdadero hombre. La maternidad de María no significa que ella sea el origen de la divinidad del Verbo, sino que el hijo nacido de ella es una única Persona divina, el Hijo eterno del Padre hecho hombre.

La liturgia mariana relaciona esta maternidad con la Encarnación. Una oración aprobada por la Santa Sede invoca a María como aquella de cuyo seno el Verbo asumió la carne por el anuncio del ángel y pide que la fe en su maternidad divina conduzca a los fieles hacia la intercesión de la Virgen.2

Madre del Redentor

María es también admirable por su relación única con la obra redentora de Cristo. Ella no es autora de la salvación ni comparte con Cristo una igualdad de poder salvador. Jesucristo es el único Redentor y mediador entre Dios y los hombres. Sin embargo, María cooperó de modo singular con la gracia divina mediante su consentimiento en la Anunciación, su maternidad, su unión con la misión de su Hijo y su presencia al pie de la cruz.

La doctrina católica contempla esta cooperación como una participación subordinada y dependiente de la única mediación de Cristo. La grandeza de María no compite con la de su Hijo: manifiesta la eficacia de la gracia de Cristo en una criatura humana.

Pío IX presentó a la Virgen Inmaculada como refugio y ayuda de los cristianos, siempre en unión con Jesucristo, y como intercesora que presenta ante él las súplicas de los fieles.3 La intercesión mariana, entendida correctamente, conduce a Cristo y depende enteramente de él.

Madre de la Iglesia

La tercera dimensión contempla a María como Madre de la Iglesia. El Concilio Vaticano II afirmó solemnemente este título, aplicándolo a todo el pueblo cristiano, tanto a los fieles como a los pastores. La relación nace de la maternidad divina: María es Madre de Cristo y, puesto que la Iglesia constituye su Cuerpo místico, también ejerce una maternidad espiritual sobre los miembros de ese Cuerpo.1

La Santa Sede incorporó en 2018 la memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, al Calendario Romano, fijándola para el lunes después de Pentecostés. La celebración invita a contemplar la vida cristiana a la luz de la cruz de Cristo, de la Eucaristía y de la presencia de María junto al Redentor.4

Distinción entre título litúrgico y devoción particular

Conviene distinguir dos realidades relacionadas, pero no idénticas.

Mater admirabilis en la liturgia

Mater admirabilis pertenece a la tradición universal de las invocaciones marianas. La Letanía Lauretana recoge numerosos títulos de la Virgen, entre ellos expresiones que ensalzan su maternidad, su santidad, su virginidad, su condición de auxilio de los cristianos y su función intercesora.

Dentro de la liturgia católica también aparece la expresión «maternidad admirable» en textos que celebran a María como Madre del Verbo encarnado. Una antífona litúrgica pide la ayuda de María para los necesitados, los débiles y el pueblo cristiano, e invoca a quienes celebran su «admirable maternidad».2

Este uso litúrgico no equivale necesariamente a una fiesta universal titulada Mater Ter Admirabilis. La Iglesia reconoce y utiliza el contenido doctrinal de la maternidad admirable de María, pero la forma devocional concreta «Madre Tres Veces Admirable» adquirió una configuración propia en el siglo XIX.

La devoción del siglo XIX

La devoción particular nació alrededor de una pintura de la Virgen conservada en la Trinità dei Monti, en Roma. La imagen recibió el nombre de Mater Admirabilis y llegó a convertirse en un centro espiritual para las religiosas del Sagrado Corazón y para las alumnas de sus instituciones educativas.

Más tarde, el Movimiento de Schoenstatt adoptó y difundió especialmente la forma Mater Ter Admirabilis. En este contexto, el título adquirió una interpretación espiritual propia, vinculada a la alianza de amor, a la educación cristiana de la persona y a la confianza filial en la Virgen.

La expresión «tres veces admirable» no constituye, por sí misma, una definición dogmática distinta de las enseñanzas marianas de la Iglesia. Designa una forma legítima de piedad que resume y medita verdades católicas sobre María, siempre que conserve la centralidad de Cristo y la subordinación de toda mediación mariana a la única mediación del Salvador.

La pintura de la Trinità dei Monti

Origen de la imagen

La pintura venerada en la Trinità dei Monti fue realizada en el siglo XIX por la religiosa francesa sor María del Ángel, perteneciente a la Sociedad del Sagrado Corazón. La artista se inspiró en una imagen de la Virgen asociada a la tradición de la casa religiosa y elaboró una representación de María joven, sentada y absorta en la contemplación.

La obra recibió el nombre de Mater Admirabilis. Su estilo se aparta de las representaciones marianas más habituales, especialmente de aquellas que presentan a la Virgen con el Niño. María aparece sola, sin Jesús visible en sus brazos, y concentra la atención en el misterio interior de su vocación.

La iconografía cristiana suele presentar a María junto a su Hijo: como trono de Dios, guía hacia Cristo, Virgen de la ternura o figura orante. La relación con Jesús constituye normalmente el elemento que manifiesta la dignidad de la Madre.5 La pintura de la Trinità dei Monti adopta otra vía: muestra a María en actitud contemplativa, como mujer que guarda el misterio de Dios en el corazón.

La anécdota de Pío IX

La tradición de la imagen conserva una conocida anécdota relacionada con el papa Pío IX. Cuando el pontífice visitó la pintura, el color rosado de la túnica de María le pareció inusual para una representación de la Virgen. La costumbre artística presentaba con frecuencia a María vestida de rojo o de tonos oscuros, acompañados por un manto azul.

La tradición cuenta que Pío IX aprobó la imagen con una observación sencilla: la Virgen podía vestir de rosa porque, durante su vida terrena, había sido una joven. La frase habría contribuido a que la pintura conservara su aspecto característico y a que los devotos la reconocieran como una imagen singular de María joven, contemplativa y llena de gracia.

La anécdota pertenece a la memoria devocional de la pintura y no debe confundirse con una definición pontificia de un nuevo dogma o con la aprobación universal de una fiesta litúrgica. La autoridad de la Iglesia sobre las imágenes sagradas protege su uso legítimo para la veneración, siempre que las representaciones conduzcan hacia el misterio de Cristo. Juan Pablo II recordó que el II Concilio de Nicea autorizó la exposición de imágenes de la Virgen, de los ángeles y de los santos para la veneración de los fieles en iglesias, hogares y lugares públicos.5

Rasgos iconográficos

La imagen de la Mater Admirabilis de la Trinità dei Monti presenta varios elementos reconocibles:

  • María aparece sola, sin el Niño Jesús en sus brazos.
  • La Virgen es representada como una joven, con el rostro inclinado y una expresión de recogimiento.
  • La túnica de color rosado constituye el rasgo cromático más característico.
  • El manto azul evoca la dignidad celestial y la protección maternal de María.
  • Las flores y los elementos naturales aluden a la pureza, la belleza de la creación y la fecundidad espiritual.
  • La actitud contemplativa recuerda la disposición de María ante el misterio de la Encarnación.

La ausencia del Niño no significa que la obra niegue la maternidad divina. La imagen concentra la mirada en la persona de María antes de mostrar exteriormente su relación materna con Jesús. La Virgen aparece como la mujer que recibe la palabra de Dios, la medita y orienta toda su existencia hacia él.

Por este motivo, la Mater Admirabilis de la Trinità dei Monti no debe confundirse con una representación de la Virgen con el Niño. Las imágenes de la Virgen con Jesús pertenecen a modelos iconográficos distintos, como la Hodegetria, donde María muestra el camino hacia Cristo, o la Eleousa, donde la Madre y el Niño expresan una intimidad afectuosa.6

Difusión en las instituciones educativas

La devoción a la Mater Admirabilis se difundió especialmente mediante las instituciones de la Sociedad del Sagrado Corazón. La espiritualidad de esta congregación unía la adoración, la educación y la formación integral de las jóvenes. La beata María Eugenia de Jesús Milleret, fundadora de la Congregación de las Religiosas de la Asunción, expresó de modo semejante la necesidad de unir la educación con la oración y el servicio al Reino de Cristo.7

En los colegios y comunidades religiosas vinculados a la tradición de la Mater Admirabilis, la imagen servía como referencia de una vida cristiana marcada por:

  • la interioridad;
  • la escucha de la Palabra de Dios;
  • la pureza de corazón;
  • la docilidad a la gracia;
  • la formación intelectual y moral;
  • la entrega apostólica;
  • la confianza filial en María.

La figura de María joven ofrecía además un modelo cercano a las alumnas. La Virgen no aparecía solamente como reina gloriosa, sino como una mujer que vivió la fe, la espera, la obediencia y la contemplación en las circunstancias ordinarias de una existencia humana.

Relación con la espiritualidad de Schoenstatt

El Movimiento de Schoenstatt difundió con especial intensidad el título Mater Ter Admirabilis. En su espiritualidad, la Virgen recibe el nombre de «Madre Tres Veces Admirable» y ocupa un lugar central como educadora, madre y guía de la vida cristiana.

La expresión adquirió una formulación característica a comienzos del siglo XX, cuando el movimiento comenzó a venerar una imagen de la Virgen bajo ese título. La devoción de Schoenstatt contempla a María como:

  1. Madre de Dios, por haber dado a luz a Jesucristo;
  2. Madre del Redentor, por su unión con la misión salvadora de su Hijo;
  3. Madre de los redimidos, por su maternidad espiritual sobre la Iglesia.

En la práctica espiritual de Schoenstatt, la imagen de la Mater Ter Admirabilis aparece vinculada a los santuarios del movimiento y a la llamada alianza de amor con María. Esta alianza no constituye un sacramento ni sustituye la consagración bautismal. Expresa una entrega espiritual confiada a la Virgen para vivir con mayor fidelidad la alianza con Dios.

La espiritualidad mariana auténticamente católica presenta a María como modelo de seguimiento de Cristo. León XIII enseñó que la Virgen ofrece un ejemplo especialmente adecuado de las virtudes cristianas y que contemplarla debe impulsar a los fieles a conformar su vida con la voluntad de Dios.8

Fundamento bíblico y teológico

Aunque la fórmula exacta Mater Ter Admirabilis pertenece a una tradición devocional concreta, su contenido hunde sus raíces en la Sagrada Escritura.

La Anunciación

En la Anunciación, María recibe la llamada a convertirse en Madre del Mesías. Su respuesta -«he aquí la esclava del Señor»- manifiesta fe, humildad y obediencia. La grandeza de María no procede de una autosuficiencia humana, sino de su disponibilidad ante la iniciativa divina.

León XIII relacionó expresamente la maternidad de María con su humildad: cuanto más reconoce la grandeza de la dignidad recibida, más se consagra como sierva de Dios.9

La Visitación

Durante la Visitación, Isabel proclama dichosa a María por haber creído. La Virgen responde con el Magníficat, un cántico que atribuye toda la grandeza a Dios. Esta actitud impide interpretar «admirable» como una glorificación autónoma de María: la Virgen es admirable porque el Señor ha realizado en ella grandes obras.

La presencia junto a la cruz

María permanece unida a Cristo en el momento culminante de la Redención. Su maternidad adquiere entonces una dimensión espiritual: unida al sacrificio del Hijo, recibe una misión maternal respecto a los discípulos.

La tradición católica contempla esta presencia de María junto a la cruz sin convertirla en una segunda redentora. Cristo realiza por sí solo el sacrificio salvador; María participa en él como criatura redimida, madre obediente y colaboradora singular de la gracia.

Pentecostés

María aparece junto a los apóstoles en oración mientras esperan el Espíritu Santo. Esta presencia manifiesta su relación con la Iglesia naciente y su misión maternal en la comunidad de los discípulos. Juan Pablo II presentó la imagen de María orando con los apóstoles como signo de esperanza para quienes buscan profundizar juntos en la fe.5

La admiración cristiana ante María

La admiración que expresa el título posee tres dimensiones espirituales.

Admiración contemplativa

El fiel contempla en María la obra de la gracia divina. La Inmaculada Concepción, la maternidad virginal, la obediencia de la fe, la unión con Cristo y la Asunción revelan la iniciativa gratuita de Dios.

Admiración imitativa

María no constituye un ideal inaccesible destinado únicamente a suscitar asombro. Su vida invita a imitar sus virtudes: humildad, pureza, fortaleza, disponibilidad, caridad y perseverancia. León XIII explica que la cercanía de la naturaleza humana compartida con María anima a los cristianos a imitarla con mayor confianza.8

Admiración orante

El título también conduce a la súplica. La Iglesia pide a María que interceda por los necesitados, consuele a los afligidos y ayude a los que peregrinan en la fe. Una oración aprobada en 1953 invoca a la Virgen como refugio, guía y consuelo de quienes luchan en la tierra.10

La intercesión de María no añade una deficiencia a la mediación de Cristo. Dios quiso asociar libremente a la Virgen a la obra de la salvación y conceder eficacia maternal a su intercesión. La oración mariana dirige finalmente toda petición hacia el Salvador, fruto bendito del seno de María.

Valor de la imagen sagrada

La imagen de la Mater Admirabilis cumple una función catequética y espiritual. No constituye un objeto mágico ni posee poder autónomo. Su finalidad consiste en ayudar a recordar la presencia de María, elevar la mente hacia Dios y despertar una actitud de oración.

La Iglesia acepta diversas formas de representar a la Virgen: como Madre de Dios, guía hacia Cristo, figura orante, protectora y madre de ternura. Todas esas formas expresan aspectos complementarios del misterio mariano.5

En el caso de la Mater Admirabilis, la imagen comunica sobre todo:

  • el silencio fecundo de la contemplación;
  • la belleza de una vida abierta a Dios;
  • la juventud espiritual;
  • la maternidad interior;
  • la espera confiada de la voluntad divina.

La ausencia visible de Jesús centra la composición en María, pero el sentido teológico de la imagen permanece cristocéntrico: María solo puede comprenderse plenamente en relación con su Hijo.

Práctica devocional

La devoción a la Mater Ter Admirabilis puede integrarse en la vida ordinaria de la Iglesia mediante:

  • la participación en la Santa Misa;
  • la recepción digna de los sacramentos;
  • la lectura orante del Evangelio;
  • el rezo del rosario;
  • la meditación del Magníficat;
  • la consagración personal a María entendida como entrega a Cristo;
  • la práctica de obras de misericordia;
  • la educación de la conciencia según el Evangelio.

La veneración de la imagen carece de sentido si no conduce a una vida más fiel a Jesucristo. María, como toda auténtica devoción católica, orienta hacia la conversión, la comunión eclesial y la caridad.

Conclusión

Mater Ter Admirabilis reúne en una fórmula de gran densidad espiritual la maternidad divina, la cooperación de María con la misión redentora de Cristo y su maternidad sobre la Iglesia. La expresión posee un fundamento litúrgico en la veneración universal de la maternidad admirable de María, pero adquirió una forma devocional específica en el siglo XIX, especialmente alrededor de la pintura de la Trinità dei Monti y, posteriormente, en la espiritualidad de Schoenstatt.

La imagen de la Mater Admirabilis presenta a María sola, joven y contemplativa, y por ello no debe confundirse con las representaciones de la Virgen con el Niño. Su finalidad consiste en mostrar a la Madre de Dios como mujer de fe, silencio interior y plena disponibilidad a la gracia. Admirar a María significa reconocer la acción de Dios en ella, imitar sus virtudes y acudir a su intercesión para vivir más profundamente unidos a Jesucristo.

Citas y referencias

  1. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Número 16, diciembre de 1964, 53 (1964). 2
  2. Oratio, Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Número 5, mayo de 1932, 25 (1932). 2
  3. Papa Pío IX. Ineffabilis Deus, 1 (1854).
  4. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 3, 2018, 64 (2018).
  5. Parte II - La Madre de Dios en el centro de la iglesia peregrina - 2. El viaje de la iglesia y la unidad de todos los cristianos, Papa Juan Pablo II. Redemptoris Mater, 33 (1987). 2 3 4
  6. Parte uno - La fe de la iglesia - III. Creemos en Dios el Padre, creador del cielo y de la tierra, y en nuestro salvador Jesucristo, y en el Espíritu Santo, el Señor, el dador de vida - C. La iglesia-un ícono de la más santa Trinidad - 4. La iglesia-una nueva creación - A. Devoción a la más santa Madre de Dios, Sínodo de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestro Pascha, 312 (2016).
  7. Beatificación de la madre Marie-Eugénie Milleret, Papa Pablo VI. 9 de febrero de 1975: Beatificación de la Madre Marie-Eugénie Milleret, 1 (1975).
  8. María, nuestro modelo, Papa León XIII. Magnae Dei Matris, 26 (1892). 2
  9. La vida de María, Papa León XIII. Magnae Dei Matris, 24 (1892).
  10. Acta tribunalium, Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Número 8, junio de 1953, 62 (1953).
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