Fundación de Lima y origen de la catedral
Francisco Pizarro fundó Lima el 18 de enero de 1535. La organización de la nueva ciudad incluyó desde el principio la creación de una iglesia principal, destinada a convertirse en sede episcopal y, posteriormente, metropolitana. El papa Pablo III elevó Lima a arquidiócesis pocos años después de la fundación de la ciudad.3,4
La catedral quedó dedicada a san Juan Evangelista, uno de los apóstoles y autor tradicional del cuarto Evangelio. La elección del titular vinculó el templo con la tradición apostólica y con la misión evangelizadora de la Iglesia en el Nuevo Mundo. La iglesia catedral no era únicamente un edificio destinado al culto: constituía la sede del arzobispo, el centro litúrgico de la Iglesia particular y el lugar donde la comunidad diocesana expresaba su unidad en torno a su pastor.1,5
La construcción requirió aproximadamente noventa años. La catedral quedó consagrada en 1625, después de un prolongado proceso de obras, ampliaciones y acondicionamiento del espacio sagrado.1
Lima como sede metropolitana
La importancia de la catedral creció al mismo tiempo que aumentaba la autoridad eclesiástica de Lima. La arquidiócesis llegó a ejercer una enorme influencia sobre amplias regiones de Sudamérica. Durante una parte considerable del periodo colonial, la sede limeña mantuvo jurisdicción o responsabilidad eclesial sobre territorios que alcanzaban zonas del actual Nicaragua, Chile y la región del Río de la Plata.3
Esta dimensión metropolitana otorgó a la catedral una función que superaba los límites de la ciudad. En ella convergían la autoridad episcopal, la celebración solemne de la liturgia, la formación del clero y la coordinación de la evangelización. La sede de Lima quedó especialmente asociada a la labor de san Toribio de Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima, que recorrió extensos territorios y promovió la organización pastoral de la Iglesia. Durante su episcopado tuvo lugar el III Concilio Limense, celebrado entre 1582 y 1583, cuyas disposiciones influyeron durante siglos en la evangelización y en la disciplina eclesiástica de buena parte de Hispanoamérica.3,2
La historia espiritual de la arquidiócesis también quedó unida a santos y beatos vinculados al Perú, entre ellos santa Rosa de Lima, san Martín de Porres, san Juan Macías y san Francisco Solano. La catedral forma parte del marco histórico y eclesial en el que maduró esta tradición de santidad.3,2,6
Terremotos y reconstrucciones
Lima sufrió repetidos terremotos, y la catedral padeció daños en distintas épocas. El terremoto de 1746 provocó una devastación extraordinaria en Lima y en el puerto del Callao. La destrucción afectó gravemente a edificios civiles y religiosos, incluida la catedral.1
La restauración posterior modificó la fisonomía del templo. En ese proceso se añadieron las dos grandes torres que caracterizan su fachada. Por esta razón, la imagen actual de la catedral no corresponde de manera íntegra al edificio original del siglo XVI y comienzos del XVII. El templo reúne una estructura histórica de larga duración con intervenciones posteriores destinadas a reparar daños, adaptar espacios y responder a las necesidades litúrgicas y representativas de la sede metropolitana.1
La historia arquitectónica de la catedral exige distinguir entre tres realidades: el proyecto inicial, las ampliaciones y acabados desarrollados hasta su consagración, y las reconstrucciones realizadas después de los terremotos. Atribuir al conjunto un único estilo artístico simplifica en exceso su evolución. La arquitectura de la catedral pertenece a un proceso colonial prolongado, mientras que algunos elementos exteriores e interiores responden a reformas posteriores.
Elevación a basílica menor
El papa Benedicto XV elevó la iglesia metropolitana de Lima a la dignidad de basílica menor mediante letras apostólicas fechadas el 28 de mayo de 1921. La concesión se produjo durante el primer centenario de la independencia del Perú y reconoció la importancia histórica y religiosa de la sede limeña.2
La dignidad de basílica menor no sustituye a la condición de catedral. La catedral continúa siendo la iglesia propia del arzobispo y el centro litúrgico de la arquidiócesis; el título basilical expresa además una relación particular con la Sede Apostólica y concede honores y privilegios litúrgicos previstos por la Iglesia. La documentación pontificia de 1921 presenta la elevación como un reconocimiento a la tradición cristiana de Lima, a sus pastores y a la santidad florecida en el Perú.2,5



