La enciclopedia católica en español

Catedral de Lima

La Catedral de Lima, dedicada a san Juan Evangelista, es la iglesia principal de la arquidiócesis de Lima y uno de los monumentos católicos más representativos del Perú. Su historia comenzó con la fundación de la ciudad en 1535 y quedó vinculada al desarrollo de la Iglesia en Hispanoamérica, a la evangelización del continente, al ministerio de san Toribio de Mogrovejo y a la tradición cristiana de la capital peruana. El templo recibió la dignidad de basílica menor en 1921 y conserva un patrimonio arquitectónico, litúrgico, funerario y artístico formado a lo largo de varios siglos.1,2

Fachada principal de la Catedral de Lima
Ver información de la imagenEsta es una foto de un monumento en Perú, identificado por ID, c. 2017. Original, Wasiwatana, CC BY-SA 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCatedral de Lima
CategoríaLugar sagrado
DescripciónFundada con la ciudad en 1535, consagrada en 1625, elevada a basílica menor en 1921; sufrió varios terremotos, destacando el de 1746, y fue reconstruida varias veces.
Fecha de Fundación1535
DiócesisArquidiócesis de Lima
Fecha de Consagración1625
Fecha de Reconocimiento28 de mayo de 1921
LugarLima
PaísPerú
PatronazgoSan Juan Evangelista
TipoCatedral
Uso LitúrgicoIglesia catedral, sede del arzobispo y centro litúrgico de la arquidiócesis

Tabla de contenido

Historia

Fundación de Lima y origen de la catedral

Francisco Pizarro fundó Lima el 18 de enero de 1535. La organización de la nueva ciudad incluyó desde el principio la creación de una iglesia principal, destinada a convertirse en sede episcopal y, posteriormente, metropolitana. El papa Pablo III elevó Lima a arquidiócesis pocos años después de la fundación de la ciudad.3,4

La catedral quedó dedicada a san Juan Evangelista, uno de los apóstoles y autor tradicional del cuarto Evangelio. La elección del titular vinculó el templo con la tradición apostólica y con la misión evangelizadora de la Iglesia en el Nuevo Mundo. La iglesia catedral no era únicamente un edificio destinado al culto: constituía la sede del arzobispo, el centro litúrgico de la Iglesia particular y el lugar donde la comunidad diocesana expresaba su unidad en torno a su pastor.1,5

La construcción requirió aproximadamente noventa años. La catedral quedó consagrada en 1625, después de un prolongado proceso de obras, ampliaciones y acondicionamiento del espacio sagrado.1

Lima como sede metropolitana

La importancia de la catedral creció al mismo tiempo que aumentaba la autoridad eclesiástica de Lima. La arquidiócesis llegó a ejercer una enorme influencia sobre amplias regiones de Sudamérica. Durante una parte considerable del periodo colonial, la sede limeña mantuvo jurisdicción o responsabilidad eclesial sobre territorios que alcanzaban zonas del actual Nicaragua, Chile y la región del Río de la Plata.3

Esta dimensión metropolitana otorgó a la catedral una función que superaba los límites de la ciudad. En ella convergían la autoridad episcopal, la celebración solemne de la liturgia, la formación del clero y la coordinación de la evangelización. La sede de Lima quedó especialmente asociada a la labor de san Toribio de Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima, que recorrió extensos territorios y promovió la organización pastoral de la Iglesia. Durante su episcopado tuvo lugar el III Concilio Limense, celebrado entre 1582 y 1583, cuyas disposiciones influyeron durante siglos en la evangelización y en la disciplina eclesiástica de buena parte de Hispanoamérica.3,2

La historia espiritual de la arquidiócesis también quedó unida a santos y beatos vinculados al Perú, entre ellos santa Rosa de Lima, san Martín de Porres, san Juan Macías y san Francisco Solano. La catedral forma parte del marco histórico y eclesial en el que maduró esta tradición de santidad.3,2,6

Terremotos y reconstrucciones

Lima sufrió repetidos terremotos, y la catedral padeció daños en distintas épocas. El terremoto de 1746 provocó una devastación extraordinaria en Lima y en el puerto del Callao. La destrucción afectó gravemente a edificios civiles y religiosos, incluida la catedral.1

La restauración posterior modificó la fisonomía del templo. En ese proceso se añadieron las dos grandes torres que caracterizan su fachada. Por esta razón, la imagen actual de la catedral no corresponde de manera íntegra al edificio original del siglo XVI y comienzos del XVII. El templo reúne una estructura histórica de larga duración con intervenciones posteriores destinadas a reparar daños, adaptar espacios y responder a las necesidades litúrgicas y representativas de la sede metropolitana.1

La historia arquitectónica de la catedral exige distinguir entre tres realidades: el proyecto inicial, las ampliaciones y acabados desarrollados hasta su consagración, y las reconstrucciones realizadas después de los terremotos. Atribuir al conjunto un único estilo artístico simplifica en exceso su evolución. La arquitectura de la catedral pertenece a un proceso colonial prolongado, mientras que algunos elementos exteriores e interiores responden a reformas posteriores.

Elevación a basílica menor

El papa Benedicto XV elevó la iglesia metropolitana de Lima a la dignidad de basílica menor mediante letras apostólicas fechadas el 28 de mayo de 1921. La concesión se produjo durante el primer centenario de la independencia del Perú y reconoció la importancia histórica y religiosa de la sede limeña.2

La dignidad de basílica menor no sustituye a la condición de catedral. La catedral continúa siendo la iglesia propia del arzobispo y el centro litúrgico de la arquidiócesis; el título basilical expresa además una relación particular con la Sede Apostólica y concede honores y privilegios litúrgicos previstos por la Iglesia. La documentación pontificia de 1921 presenta la elevación como un reconocimiento a la tradición cristiana de Lima, a sus pastores y a la santidad florecida en el Perú.2,5

Arquitectura

Planta y organización espacial

La catedral presenta una organización de cinco naves y diez capillas laterales, según la descripción histórica conservada a comienzos del siglo XX. Esta disposición permite comprender el templo como un edificio de gran capacidad litúrgica, adecuado para las celebraciones propias de una sede metropolitana y para la veneración de altares, imágenes y sepulturas.1

La nave central conduce visual y litúrgicamente hacia el presbiterio y el altar mayor. Las naves laterales articulan la circulación de los fieles y dan acceso a las capillas, que cumplen funciones devocionales, funerarias y conmemorativas. En una catedral, la distribución de estos espacios no responde únicamente a criterios ornamentales: cada capilla puede albergar una advocación, un altar, una imagen, una memoria episcopal o una sepultura, y todo el conjunto queda integrado en la celebración de la Iglesia local.

La presencia de varias naves también favorece la solemnidad de las procesiones, la celebración de fiestas patronales y la participación de distintos grupos dentro de una misma acción litúrgica. La catedral actúa así como una iglesia de oración cotidiana y, al mismo tiempo, como el gran espacio representativo de la arquidiócesis.

Fachada y torres

Las dos torres principales pertenecen a la configuración posterior a la reconstrucción motivada por el terremoto de 1746. Su incorporación transformó la silueta exterior del edificio y dio a la fachada una presencia monumental más definida.1

La fachada debe contemplarse como el resultado de varias fases constructivas. El edificio iniciado en la época de la fundación de Lima no llegó hasta el presente sin alteraciones. Las reparaciones sísmicas, las reformas de los siglos posteriores y las necesidades de conservación modificaron materiales, volúmenes y elementos decorativos.

La arquitectura de la catedral participa de la tradición hispánica implantada en Lima, pero no conviene describir todo el conjunto como una obra homogénea de un solo estilo. La estructura colonial inicial, las transformaciones posteriores y los añadidos realizados después de los terremotos forman una unidad histórica compleja. La cultura arquitectónica española predominaba en la Lima antigua, pero esa influencia se adaptó a las condiciones locales, a los recursos disponibles y a la experiencia sísmica de la ciudad.1

Estilo y transformaciones

El edificio original perteneció al horizonte arquitectónico de la Lima virreinal y reflejó modelos procedentes de la tradición constructiva española. Sin embargo, las fuentes históricas no justifican una clasificación simplista que atribuya cada parte visible del templo a un único estilo.

Las reconstrucciones posteriores introdujeron modificaciones que alteraron la apariencia del edificio. El terremoto de 1746 constituye el punto de inflexión más importante documentado en la historia de la catedral. La restauración añadió las torres y reorganizó partes de la construcción, de modo que la imagen contemporánea debe interpretarse como una superposición de etapas.1

Este carácter estratificado también afecta a la lectura del interior. Los retablos, altares, pinturas, sepulturas y elementos de madera o metal pueden corresponder a periodos diferentes. La catedral no ofrece una pieza aislada, sino un conjunto en el que la arquitectura sirve de marco a la memoria de la Iglesia limeña.

Espacios litúrgicos y patrimonio artístico

El altar mayor

El altar mayor ocupa el centro de la celebración eucarística y expresa la orientación fundamental del templo hacia el sacrificio de Cristo. La descripción histórica de la catedral atribuye al altar mayor una notable riqueza artística y registra la presencia de una pintura de Bartolomé Esteban Murillo.1

En una catedral metropolitana, el altar mayor adquiere una significación particular. Allí preside el arzobispo o el sacerdote que celebra en su nombre; allí se reúne la comunidad diocesana en las solemnidades; y desde allí la liturgia manifiesta la unidad de la Iglesia local en torno a la Eucaristía.

La ornamentación del altar no debe entenderse como un simple añadido decorativo. En la tradición católica, el altar representa a Cristo y constituye el centro de la acción eucarística. Las pinturas, retablos y demás elementos artísticos adquieren sentido cuando sirven a la proclamación de la fe y orientan la atención hacia el misterio celebrado.

Las capillas laterales

Las diez capillas laterales forman parte esencial de la configuración histórica de la catedral. En ellas se desarrollan devociones particulares, se conservan imágenes y obras de arte, y permanecen recuerdos de personas vinculadas a la historia civil y eclesial de Lima.1

Las capillas permiten que el gran templo metropolitano mantenga una dimensión cercana. La nave central acoge las celebraciones solemnes de toda la comunidad, mientras que las capillas ofrecen espacios para la oración personal, la celebración de misas particulares y la veneración de advocaciones concretas.

Entre las memorias funerarias más conocidas figura la de Francisco Pizarro, cuyos restos reciben sepultura en una de las capillas de la catedral. La presencia de esta tumba recuerda la conexión entre la fundación de Lima, la implantación de las instituciones virreinales y la historia de la Iglesia en la capital peruana.1

El coro y la sillería

El coro y la sillería ocupan un lugar central en la tradición litúrgica de las catedrales metropolitanas. El coro no constituye simplemente un espacio reservado a los cantores. Históricamente, reúne al cabildo de canónigos y a quienes participan de manera estable en la celebración solemne de la Liturgia de las Horas y de la misa capitular.

La sillería organiza físicamente esa comunidad litúrgica. Sus asientos enfrentados permiten el canto alternado de salmos, himnos y responsorios, mientras que su posición dentro de la nave manifiesta la relación entre la oración coral, el presbiterio y la asamblea de los fieles. La catedral encuentra en el coro una de las expresiones más visibles de su carácter episcopal: la Iglesia local no solo celebra ocasionalmente grandes ceremonias, sino que mantiene una alabanza pública y ordenada.

La sillería puede incorporar tallas, relieves, misericordias y motivos iconográficos que transmiten enseñanzas bíblicas, figuras de santos y símbolos de la tradición cristiana. Su valor, por tanto, es simultáneamente litúrgico, artístico, histórico y pedagógico. La madera tallada no reemplaza la liturgia, pero acompaña la oración de la Iglesia y hace visible la continuidad de generaciones de clérigos y músicos al servicio del culto.

En el caso de una sede metropolitana como Lima, el coro expresa también la dignidad capitular de la catedral. La celebración solemne integra al arzobispo, al cabildo, a los ministros, al coro y al pueblo cristiano en una única acción sagrada. Por ello, cualquier estudio de la catedral que atienda exclusivamente a la fachada o a las pinturas dejaría fuera uno de los centros funcionales de su vida eclesial.

La catedral y la evangelización del Perú

San Toribio de Mogrovejo

La catedral de Lima quedó estrechamente vinculada a la obra de san Toribio de Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima. Su episcopado destacó por la visita pastoral de territorios extensos, la reforma de la vida eclesiástica y la atención a la evangelización de las poblaciones indígenas.3,6

El III Concilio Limense, celebrado durante su época, estableció normas de evangelización y organización eclesial que mantuvieron su influencia durante siglos. La sede limeña desempeñó así un papel decisivo en la articulación de la Iglesia latinoamericana y en la transmisión de la doctrina católica dentro de sociedades culturalmente diversas.3

La memoria de san Toribio no pertenece únicamente al pasado colonial. La Iglesia contemporánea de Lima continúa presentándolo como modelo de pastor entregado a la misión, a la formación del clero y a la atención de las comunidades dispersas.7,6

Una Iglesia fecunda en santos

La historia de Lima recibió el sobrenombre de «ciudad de los santos» por la abundancia de figuras de santidad vinculadas a la ciudad y al Perú. Santa Rosa de Lima, san Martín de Porres, san Francisco Solano y san Juan Macías forman parte de esta tradición.3,2,6

La catedral representa el marco institucional y litúrgico de esa Iglesia local. Las devociones a los santos, las celebraciones solemnes y la memoria de los pastores muestran cómo la evangelización no consistió únicamente en la creación de estructuras, sino también en la formación de una vida cristiana capaz de producir testigos de la fe.

La tradición espiritual limeña une contemplación, penitencia, caridad y misión. La oración atribuida a la Iglesia de Lima en honor de san Francisco Solano recuerda la acción apostólica de san Toribio, la penitencia y caridad de santa Rosa y san Martín, y el servicio humilde de san Juan Macías.6

Nuestra Señora de la Evangelización

La catedral venera la imagen de Nuestra Señora de la Evangelización, una advocación mariana vinculada a la misión de la Iglesia en el Perú. La imagen ocupa un lugar destacado en la espiritualidad de la sede limeña y expresa la relación entre la maternidad de María y la proclamación del Evangelio.7,6

El papa Juan Pablo II oró ante esta imagen durante sus visitas a Lima de 1985 y 1988. La referencia pontificia permite confirmar esas dos visitas y evita atribuir al papa celebraciones o estancias que la documentación citada no acredita.7

La advocación resume una dimensión esencial de la identidad de la catedral: Lima no recibe su importancia solamente de su antigüedad o de su patrimonio, sino de su responsabilidad evangelizadora. La imagen mariana recuerda que la Iglesia anuncia a Jesucristo y acompaña a los pueblos mediante la liturgia, la catequesis, la caridad y el testimonio de los santos.

Visitas de san Juan Pablo II a Lima

Visita de 1985

Juan Pablo II visitó el Perú en 1985. En Lima presidió una celebración para las familias en el hipódromo de Monterrico con motivo del 450.o aniversario de la fundación de la ciudad. En su intervención recordó la fundación de Lima, la elevación de la sede a arquidiócesis, la amplitud histórica de su territorio eclesiástico y la obra de san Toribio de Mogrovejo.3

La documentación pontificia vincula esta visita con la memoria de la Iglesia limeña y con la herencia espiritual de santa Rosa de Lima, san Martín de Porres, san Juan Macías y otros testigos de la fe. No conviene presentar la celebración de Monterrico como una misa celebrada dentro de la catedral, pues tuvo lugar fuera del templo.3

Visita de 1988

En 1988 Juan Pablo II volvió a Lima con motivo del V Congreso Eucarístico de los Países Bolivarianos, celebrado del 7 al 15 de mayo. El papa presidió la misa solemne de clausura el domingo 15 de mayo ante una gran multitud. El congreso tuvo también un marcado carácter mariano.8

La visita duró un día y comprendió encuentros con jóvenes, religiosas, representantes del mundo científico y cultural, responsables de la vida económica y política, y miembros del episcopado peruano. Juan Pablo II oró ante la imagen de Nuestra Señora de la Evangelización en la catedral durante sus visitas de 1985 y 1988, según recordó posteriormente.8,7

Referencia de 1994

En 1994 Juan Pablo II recibió en Roma al cardenal Augusto Vargas Alzamora, arzobispo de Lima. Durante ese encuentro evocó sus visitas anteriores a la catedral y volvió a referirse a Nuestra Señora de la Evangelización. La audiencia de 1994 no constituye una nueva visita papal a Lima, por lo que la cronología de las visitas de Juan Pablo II a la catedral queda circunscrita, en este contexto documental, a 1985 y 1988.7

Función eclesial contemporánea

La catedral continúa siendo la iglesia propia del arzobispo de Lima. En ella adquieren especial relieve las celebraciones presididas por el arzobispo, las ordenaciones, las fiestas de la arquidiócesis, las exequias de figuras eclesiales y las ceremonias vinculadas a la vida de la Iglesia peruana.

La palabra catedral procede de cathedra, término latino que designa la sede o cátedra del obispo. La cátedra representa la autoridad pastoral y doctrinal del obispo, que preside, enseña y guía a la comunidad cristiana. Por este motivo, la catedral no equivale simplemente a la iglesia más grande o más antigua de una ciudad: su identidad depende de la presencia de la sede episcopal y de su función como iglesia principal de la diócesis.5

En una arquidiócesis, la catedral metropolitana manifiesta además la relación entre la Iglesia particular y las diócesis sufragáneas. La sede limeña fue durante siglos uno de los principales centros de coordinación eclesial de Sudamérica, y su catedral conserva la memoria de esa responsabilidad histórica.3,4

La función pastoral de la catedral incluye también la acogida de peregrinos, visitantes y fieles que buscan un espacio de oración en el centro histórico de Lima. El patrimonio artístico solo alcanza su sentido pleno cuando permanece unido a la vida litúrgica, a la proclamación de la Palabra de Dios y a la celebración de la Eucaristía.

Significado histórico y religioso

La Catedral de Lima reúne varias dimensiones inseparables:

  • Centro episcopal, porque alberga la cátedra del arzobispo.
  • Iglesia metropolitana, por la importancia histórica de la sede limeña en la organización eclesial de Sudamérica.
  • Templo basilical, desde su elevación a basílica menor en 1921.
  • Monumento histórico, debido a su relación con la fundación de Lima, el periodo virreinal, los terremotos y la formación de la ciudad.
  • Espacio litúrgico, articulado mediante el altar mayor, las naves, las capillas, el coro y la sillería.
  • Lugar de memoria cristiana, unido a san Toribio de Mogrovejo y a la tradición de santidad del Perú.
  • Santuario mariano, por la veneración de Nuestra Señora de la Evangelización.

La catedral no puede reducirse a una pieza arquitectónica aislada. Su valor procede de la interacción entre edificio, culto, episcopado, música sacra, arte, memoria funeraria y misión evangelizadora. Las reconstrucciones posteriores no anulan la continuidad histórica del templo; muestran, más bien, la capacidad de la comunidad cristiana para conservar su iglesia principal y adaptarla después de las catástrofes que afectaron a Lima.

Conclusión

La Catedral de Lima constituye uno de los principales testimonios de la presencia católica en la historia del Perú. Nacida con la fundación de la ciudad, consagrada en 1625, transformada después del terremoto de 1746 y elevada a basílica menor en 1921, la catedral conserva la memoria de la Iglesia limeña y de su proyección evangelizadora sobre Sudamérica.1,2

Su arquitectura refleja varias etapas y no un estilo único; sus capillas y obras de arte custodian la memoria de la ciudad; el altar mayor orienta la vida del templo hacia la Eucaristía; y el coro con su sillería recuerda que la catedral vive también mediante la oración pública y el canto litúrgico. Vinculada a san Toribio de Mogrovejo, a los santos del Perú y a la advocación de Nuestra Señora de la Evangelización, la catedral permanece como corazón visible de la arquidiócesis de Lima.

Citas y referencias

  1. Arquidiócesis de Lima. Enciclopedia Católica, Arquidiócesis de Lima (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  2. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Número 11, septiembre 1921, 6 (1921). 2 3 4 5 6 7
  3. Papa Juan Pablo II. 3 de febrero de 1985: Misa para familias en el Hipódromo de Monterrico en Perú - Homilía, 2 (1985). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  4. Perú. Enciclopedia Católica, Perú (1913). 2
  5. Catedral. Enciclopedia Católica, Catedral (1913). 2 3
  6. Papa Francisco. Francesco Solano (1549-1610) - Oración (2018), 1 (2018). 2 3 4 5 6
  7. Papa Juan Pablo II. Al Cardenal Augusto Vargas Alzamora, Arzobispo de Lima (28 de noviembre de 1994) - Discurso, 1 (1994). 2 3 4 5
  8. Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 25 de mayo de 1988, 4 (1988). 2
Modificado el 14 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.13Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/ggz25t0z5

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →