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Himno Sanctus

El Sanctus es la aclamación solemne de la liturgia eucarística mediante la cual la Iglesia peregrina en la tierra se une al culto de los ángeles y de los santos en la liturgia celestial. Su texto reúne el himno de los serafines ante la gloria divina, tomado de Isaías, con la aclamación mesiánica dirigida a Cristo que entra en Jerusalén. Dentro de la misa, la asamblea canta o recita el Sanctus al término de la plegaria eucarística, antes de la continuación de dicha plegaria.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreHimno Sanctus
CategoríaMúsica
DescripciónAclamación solemne cantada o recitada por la asamblea dentro de la plegaria eucarística, tras el prefacio. ‘Sabaoth’ significa ‘ejércitos’, aludiendo a los ángeles; ‘Hosanna’ proviene de una súplica de salvación que se vuelve clamor jubiloso
Autoridad EclesiásticaOrdenación General del Misal Romano
ContenidoCombina el Trisagio (Isaías 6,3) y el Benedictus con Hosanna (Mateo 21,9 y Salmo 117), uniendo alabanza celestial y acogida del Mesías.
OrigenTexto bíblico: Isaías 6,3 y Mateo 21,9 (con resonancia del Salmo 117).
TemaAlabanza a la santidad de Dios y acogida del Cristo que viene.
TextoLatín: Sanctus, Sanctus, Sanctus Dominus Deus Sabaoth. Pleni sunt caeli et terra gloria tua. Hosanna in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini. Hosanna in excelsis. Español: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
TipoMúsica sacra, Himno, Canto litúrgico, Primeros siglos del cristianismo; forma antigua presente en los textos de San Clemente y el Sacramentario Gregoriano.
Uso LitúrgicoParte esencial de la oración eucarística; la asamblea, junto al sacerdote, canta o recita el Sanctus después del prefacio y antes de la continuación de la plegaria.

Tabla de contenido

Naturaleza litúrgica

El Sanctus forma parte de la plegaria eucarística, no de los ritos introductorios ni de la liturgia de la Palabra. La asamblea lo proclama inmediatamente después del prefacio, cuya conclusión presenta la alabanza terrena como participación en la alabanza del cielo. La Iglesia, reunida para la celebración de la Eucaristía, aclama junto con los ángeles la santidad y la gloria de Dios.2

La Ordenación General del Misal Romano define esta aclamación como una acción de toda la asamblea:

«Uniéndose a los ángeles, la asamblea canta o recita el Sanctus. Esta aclamación constituye una parte esencial de la plegaria eucarística, y todo el pueblo participa en ella junto con el sacerdote».2

Por ello, el coro o la schola pueden ayudar a sostener y embellecer el canto, pero la naturaleza propia del himno reclama la participación de los fieles. Una ejecución reservada exclusivamente al coro, a un solista o a un grupo especializado no expresa plenamente su carácter de aclamación común.3

Texto del himno

En la forma latina tradicional, el texto dice:

Sanctus, Sanctus, Sanctus Dominus Deus Sabaoth.

Pleni sunt caeli et terra gloria tua.

Hosanna in excelsis.

Benedictus qui venit in nomine Domini.

Hosanna in excelsis.

La traducción litúrgica española habitual es:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.

Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

Hosanna en el cielo.

Bendito el que viene en nombre del Señor.

Hosanna en el cielo.

La liturgia permite sustituir el texto latino por una traducción aprobada o por un canto litúrgico equivalente que conserve el triple «Santo» y el contenido esencial de la aclamación. El Misal Romano establece que la asamblea, junto con el sacerdote, canta o recita el himno al concluir el prefacio.4

Composición bíblica

El Sanctus posee una estructura formada por dos grandes elementos bíblicos:

  1. El Trisagio de Isaías, tomado de la visión del profeta en el templo.
  2. El Benedictus y el Hosanna, procedentes de la aclamación de la multitud durante la entrada de Jesús en Jerusalén.

La primera parte procede de Isaías 6,3:

«Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos; llena está toda la tierra de su gloria».

La segunda parte recoge Mateo 21,9, junto con su trasfondo en el Salmo 117,25-26:

«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!»

La tradición litúrgica no yuxtapone estos pasajes de manera arbitraria. El primer texto contempla a Dios en su majestad eterna; el segundo aclama la venida histórica y salvadora de Jesucristo. De este modo, el himno une la visión celestial de la gloria divina con la entrada del Mesías en la historia humana.1

El significado de Sabaoth

La expresión hebrea Sabaoth significa literalmente «ejércitos» o «huestes». La traducción latina tradicional, Dominus Deus Sabaoth, conserva el término hebreo en lugar de traducirlo por completo. En el contexto bíblico y litúrgico, las «huestes» evocan ante todo las potestades celestiales y los ángeles que sirven a Dios y proclaman su gloria.5

La expresión «Dios del universo», utilizada en las traducciones litúrgicas actuales, comunica que Dios reina sobre toda la creación visible e invisible. El sentido no alude únicamente al poder militar, sino a la soberanía universal del Señor.

El significado de Hosanna

Hosanna procede de una expresión hebrea relacionada con la súplica «sálvanos» o «danos la salvación». En la aclamación evangélica adquirió un sentido jubiloso y triunfal, semejante al de una proclamación de victoria. La liturgia mantiene la palabra en su forma tradicional porque concentra simultáneamente la súplica dirigida al Mesías y la alegría por su venida.5

Distinción teológica entre el Trisagio y el Benedictus

La unidad del Sanctus-Benedictus no elimina la diferencia teológica entre sus dos partes. Cada una posee un sujeto, un contenido y un horizonte propios.

El Trisagio: la santidad absoluta de Dios

El triple «Santo» recibe el nombre de Trisagio, término griego que significa «tres veces santo». En el Sanctus, el Trisagio procede de Isaías 6, donde los serafines proclaman la santidad de Dios ante su trono. El número tres expresa la plenitud e intensidad de la alabanza y, leído a la luz de la revelación cristiana, armoniza con la confesión de Dios como Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La santidad divina no significa solamente perfección moral. Dios es santo porque posee una trascendencia absoluta: es el Creador, distinto de toda criatura, fuente de todo ser y plenitud de vida. La liturgia comienza la aclamación contemplando quién es Dios en sí mismo y reconociendo que toda la creación depende de su gloria.

El Trisagio tiene, por tanto, un carácter principalmente doxológico: la Iglesia glorifica a Dios por su santidad. La asamblea no proclama primero una petición ni una narración, sino una confesión adorante. Con los ángeles reconoce que la gloria de Dios llena el cielo y la tierra. La tradición litúrgica interpreta este momento como la incorporación del pueblo cristiano a la alabanza incesante de las criaturas celestiales.5

El Benedictus: la acogida del Mesías

El Benedictus-«Bendito el que viene en nombre del Señor»- cambia el centro de atención. Después de proclamar la santidad eterna de Dios, la asamblea acoge al que viene en su nombre. La expresión posee un sentido cristológico: la Iglesia reconoce en Jesucristo al Mesías enviado por el Padre.

El verbo «venir» relaciona la aclamación con la entrada de Jesús en Jerusalén, pero también con el misterio eucarístico. Cristo viene a su Iglesia en la celebración y se hace presente sacramentalmente bajo las especies de pan y vino. El Benedictus no identifica sin más la presencia eucarística con la consagración ya realizada; proclama litúrgicamente que el Señor está llegando y que la Iglesia lo recibe con fe y esperanza.

El Benedictus posee así un carácter principalmente mesiánico y cristológico. El Trisagio contempla la santidad de Dios; el Benedictus aclama la venida histórica, sacramental y escatológica de Cristo. La unión de ambas partes manifiesta que el mismo Señor cuya gloria proclaman los ángeles entra en la historia para salvar a la humanidad. La tradición teológica ha descrito esta relación como la unión entre la alabanza celestial y la acogida del Salvador.6

Unidad y diferencia

La liturgia trata el Sanctus y el Benedictus como un solo himno, aunque su contenido permita distinguir dos movimientos:

  • El Trisagio: «Santo, Santo, Santo», adoración del Dios tres veces santo.
  • El Hosanna: súplica jubilosa y proclamación de victoria.
  • El Benedictus: reconocimiento y acogida de Cristo, que viene en nombre del Señor.
  • El segundo Hosanna: renovación de la alabanza y de la esperanza mesiánica.

La separación musical entre el Sanctus y el Benedictus después de la consagración perteneció a una práctica histórica vinculada a determinadas formas de cantar la misa. La reforma litúrgica moderna recuperó la unidad ritual del texto y dispuso que el conjunto Sanctus-Benedictus preceda a la continuación de la plegaria eucarística.3

Unión entre la Iglesia terrena y la Iglesia celestial

El Sanctus expresa de manera particularmente clara la dimensión escatológica de la Eucaristía. La liturgia terrena no constituye una actividad aislada de la comunidad local. En ella participa toda la Iglesia: los fieles peregrinos, los santos glorificados y los ángeles que contemplan a Dios.

La Iglesia peregrina, también llamada Iglesia militante en la terminología tradicional, vive todavía en la historia, sometida a la prueba, al pecado y a la necesidad de conversión. La Iglesia triunfante reúne a los santos que ya contemplan a Dios en la gloria. El Sanctus une ambas realidades en una sola alabanza: la asamblea terrena toma en sus labios el himno de los seres celestiales y participa anticipadamente en el culto definitivo del Reino.

La tradición litúrgica oriental denomina al Sanctus himno de victoria. Esta denominación subraya que el canto no describe únicamente una escena del cielo, sino que proclama la victoria de Dios y de Cristo sobre el pecado y la muerte. La liturgia eucarística hace presente sacramentalmente el misterio pascual, y la aclamación de la asamblea participa de esa victoria.5

La teología litúrgica también relaciona la asamblea reunida en la tierra con la Jerusalén celestial, la congregación de los primogénitos, los justos, los profetas, los mártires y los apóstoles. La alabanza humana, limitada y fragmentaria, adquiere una amplitud nueva cuando se incorpora a la alabanza permanente del cielo.6

Esta dimensión celestial no convierte la misa en una representación teatral del cielo. La Eucaristía realiza sacramentalmente la comunión de la Iglesia entera en Cristo. El Sanctus manifiesta mediante la palabra y la música una realidad que alcanza su plenitud en la participación eucarística.

Historia litúrgica

Antigüedad cristiana

El Sanctus pertenece a la tradición antigua de la plegaria eucarística. La presencia de una fórmula muy semejante en testimonios vinculados a san Clemente de Roma y en antiguas tradiciones litúrgicas africanas indica que la aclamación formaba parte de la herencia litúrgica temprana de la Iglesia romana. El Sacramentario Gregoriano transmite un texto sustancialmente coincidente con el utilizado posteriormente en la liturgia romana.5

Los antiguos formularios eucarísticos acostumbraban a concluir el prefacio con una referencia solemne a los ángeles. El prefacio narraba y agradecía las obras de Dios en la creación, en la historia de Israel y en la redención realizada por Cristo; después presentaba a los ángeles como participantes de la alabanza. El Sanctus daba voz a esa alabanza y permitía que el pueblo la asumiera como propia.5

La aclamación cumplía además una función ritual concreta: el celebrante iniciaba la transición desde el prefacio y el pueblo o el coro intervenía cantando las palabras de los ángeles. Esta intervención de la asamblea contribuyó a distinguir musicalmente el prefacio del resto de la plegaria eucarística.5

Tradiciones orientales

Las liturgias de san Jaime, san Marcos y la tradición bizantina llaman al Sanctus himno de victoria. La fórmula introductoria presenta a los fieles unidos a los ejércitos angélicos en una alabanza común. Algunas anáforas orientales desarrollan con mayor amplitud la referencia a la Jerusalén celestial y a la asamblea de los santos.5

El Sanctus no debe confundirse con el Trisagio que, en varias liturgias orientales y en otros momentos del culto, adopta la fórmula «Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros». Aunque ambas expresiones contienen una triple invocación de la santidad divina, pertenecen a fórmulas litúrgicas diferentes y ocupan lugares distintos dentro de la celebración.5

Desarrollo medieval

Durante la Edad Media, los ritos locales añadieron a veces tropos al texto del Sanctus. Estos tropos consistían en interpolaciones poéticas y musicales destinadas a acompañar melodías extensas. Algunas composiciones medievales llegaron a atribuirse a santo Tomás de Aquino, aunque la atribución de determinadas piezas no siempre resulta segura.5

La práctica medieval también dividió en algunos lugares el Sanctus-Benedictus en dos secciones musicales. En la misa romana anterior a la reforma litúrgica del siglo XX, el coro podía cantar la primera parte antes de la consagración y reanudar el canto del Benedictus después de ella, mientras el sacerdote recitaba en voz baja partes del canon. La reforma litúrgica posterior dispuso la ejecución completa del himno antes de la continuación de la plegaria eucarística.3

Uso en la misa romana

En la celebración ordinaria de la misa, el sacerdote concluye el prefacio y, junto con los ministros y el pueblo, canta o recita el Sanctus-Benedictus. La asamblea participa de pie o de rodillas conforme a las normas litúrgicas legítimas de la celebración y a las disposiciones de la conferencia episcopal correspondiente.

La Ordenación General del Misal Romano establece que los gestos y las posturas deben favorecer la unidad visible, la noble sencillez y la participación de todos. Una postura común expresa la unidad de la comunidad reunida y ayuda a manifestar la actitud espiritual de los fieles.7

La forma musical puede variar:

  • canto gregoriano;
  • polifonía sacra;
  • canto homofónico;
  • composiciones contemporáneas aprobadas para el uso litúrgico;
  • recitación común del texto.

La variedad musical no modifica la naturaleza del himno. Toda versión debe conservar el contenido del Sanctus y permitir la participación real de la asamblea. Una melodía excesivamente compleja, interpretada como pieza autónoma por un grupo profesional, puede oscurecer la función litúrgica de la aclamación.4

Campana y gestos rituales

Normas universales y costumbres locales

La campana y las posturas corporales requieren una distinción cuidadosa entre norma litúrgica universal, costumbre legítima y práctica histórica.

La Ordenación General del Misal Romano contempla que, poco antes de la consagración, un ministro pueda tocar una campanilla como señal para los fieles. También admite que, conforme a la costumbre local, vuelva a tocarla cuando el sacerdote muestra la hostia y el cáliz después de la consagración.8

Esta disposición no convierte toda costumbre antigua en una obligación universal. Tampoco permite introducir cualquier gesto por iniciativa privada. Las posturas, los movimientos y los signos deben respetar el Misal, la tradición legítima del rito romano y las normas de la autoridad competente, evitando que las preferencias particulares alteren la celebración.7

La campana en el Sanctus

En diversos lugares existe la costumbre de tocar la campanilla durante el Sanctus, normalmente al comienzo de la aclamación. Históricamente, este toque podía advertir a los fieles que comenzaba la parte central de la plegaria eucarística y que la consagración se aproximaba. La costumbre adquirió especial desarrollo en la Edad Media, en relación con el toque de la campana durante la elevación.5

Sin embargo, la práctica no ha tenido siempre el mismo alcance en todos los territorios. La tradición romana, por ejemplo, conoció celebraciones solemnes en las que no se tocaba la campana durante el Sanctus, mientras que otras iglesias conservaron el uso de la campanilla. La historia litúrgica demuestra, por tanto, una diversidad real de usos locales.5

En la disciplina actual, la campana adquiere su función más claramente reconocida poco antes de la consagración y durante la mostración de las especies consagradas, siempre conforme a la costumbre legítima. El toque en el Sanctus puede formar parte de una costumbre local, pero no debe presentarse como una norma universal obligatoria para todas las misas y todos los lugares.8

La postura de la asamblea

La postura durante el Sanctus puede variar según el uso litúrgico legítimo de cada conferencia episcopal, diócesis o forma de celebración. En determinadas tradiciones, la asamblea se arrodilla durante el himno; en otras, permanece de pie hasta el momento establecido para arrodillarse durante la plegaria eucarística.

Ninguna postura aislada contiene por sí sola toda la teología del Sanctus. La actitud corporal debe expresar reverencia, unidad y participación. La norma litúrgica concreta prevalece sobre la preferencia personal, y la diversidad disciplinar no debe convertirse en motivo de juicio contra quienes participan conforme a otra costumbre legítima.7

Música del Sanctus

El Sanctus ocupa un lugar privilegiado en la música de la misa porque combina la solemnidad contemplativa del Trisagio con el carácter jubiloso del Hosanna. La primera parte invita a una proclamación majestuosa; la segunda admite un impulso más vivo y festivo.

El canto gregoriano conserva diversas melodías para el Sanctus. El tono sencillo vinculado al prefacio mantiene una relación musical particularmente estrecha con la estructura de la plegaria eucarística. Otras melodías desarrollan amplios melismas y confían la ejecución a la schola, aunque la participación de la asamblea continúa siendo el criterio pastoral fundamental.5

La polifonía renacentista, la música coral posterior y las composiciones modernas han producido numerosas versiones del himno. La calidad artística resulta valiosa cuando sirve al sentido litúrgico: la música debe conducir a la adoración, favorecer la unidad y hacer audible la aclamación de todo el pueblo.

La ejecución musical debe respetar también la continuidad ritual. El coro no debería prolongar el Sanctus hasta impedir la continuación de la plegaria eucarística. La celebración exige coordinación entre el celebrante, los ministros, el coro y la asamblea.5

Espiritualidad del himno

Adoración

El Sanctus enseña a la Iglesia a comenzar la participación eucarística desde la adoración. Antes de presentar peticiones, la asamblea reconoce la santidad de Dios. El triple «Santo» aparta la atención de toda autosuficiencia humana y dirige el corazón hacia el misterio de Dios.

Acción de gracias

El himno prolonga el movimiento del prefacio. La Eucaristía es acción de gracias, y el Sanctus expresa esa gratitud en forma de alabanza. La Iglesia no canta porque ignore el sufrimiento del mundo, sino porque reconoce que la gloria de Dios y la victoria de Cristo constituyen el fundamento último de la esperanza.1

Comunión con los ángeles y los santos

La asamblea no canta sola. La liturgia incorpora la voz humana a la alabanza de los ángeles y de los santos. Esta comunión recuerda que la Iglesia no queda reducida a quienes ocupan físicamente el templo. La Eucaristía reúne a la Iglesia peregrina y a la Iglesia celestial en torno a Cristo.6

Acogida de Cristo

El Benedictus introduce una actitud de acogida. La Iglesia aclama al Señor que viene y dispone su corazón para recibirlo. La celebración exige, por tanto, algo más que la correcta pronunciación de una fórmula: reclama fe en la presencia salvadora de Cristo y apertura a su acción.

El Sanctus en otras tradiciones litúrgicas

La aclamación aparece en numerosas familias litúrgicas cristianas, aunque con diferencias de formulación, melodía y colocación. Las liturgias de Jerusalén, Antioquía, Alejandría, Bizancio, Roma y otras tradiciones conservan la relación fundamental entre el prefacio, la alabanza angélica y la proclamación de la venida del Señor.5

Algunas anáforas amplían la enumeración de los ángeles y de los santos; otras presentan la unión entre la asamblea terrestre y la celestial mediante expresiones propias. La liturgia hispana o visigótica, por ejemplo, conserva formularios de Sanctus con textos más desarrollados, que incluyen invocaciones a Dios sentado sobre los querubines, al Dios fuerte e inmortal y a la misericordia divina.9

Estas variantes muestran que la Iglesia ha recibido un núcleo común -la santidad divina, la gloria universal, el Hosanna y la venida del Señor- y lo ha expresado mediante diferentes lenguas, melodías y estructuras rituales.

Diferencia respecto de otras aclamaciones

El Sanctus no equivale al Gloria, al Agnus Dei ni al Trisagio oriental.

  • El Gloria alaba a Dios y suplica su misericordia al comienzo de la misa, fuera de la plegaria eucarística.
  • El Agnus Dei acompaña la fracción del pan y dirige a Cristo una petición de misericordia y paz.
  • El Trisagio puede designar otras fórmulas litúrgicas que proclaman a Dios como Santo, Fuerte e Inmortal.
  • El Sanctus pertenece a la plegaria eucarística y une la santidad divina con la aclamación de Cristo que viene.

La semejanza de algunas palabras no elimina la diferencia de función, contexto y contenido teológico.5

Importancia eclesial

El Sanctus manifiesta varios aspectos esenciales de la fe católica:

  • La trascendencia de Dios, infinitamente santo y glorioso.
  • La revelación trinitaria, evocada por el triple «Santo».
  • La centralidad de Cristo, reconocido como el que viene en nombre del Señor.
  • La unidad de la Iglesia, formada por la asamblea terrena y la comunión celestial.
  • La dimensión sacramental de la liturgia, que anticipa y hace presente la alabanza definitiva del Reino.
  • La participación activa de los fieles, llamados a cantar o recitar la aclamación junto con el sacerdote.

El himno resume, en pocos versículos, el movimiento completo de la Eucaristía: la Iglesia recibe la revelación de la santidad divina, da gracias por las obras de la salvación, acoge al Mesías y entra en comunión con la liturgia del cielo.

Conclusión

El Sanctus constituye una de las aclamaciones más antiguas, universales y teológicamente densas de la misa. Su primera parte, el Trisagio, proclama la santidad absoluta de Dios y la gloria que llena el cielo y la tierra. Su segunda parte, el Benedictus, acoge a Jesucristo como el Mesías que viene en nombre del Señor. El Hosanna enlaza ambas dimensiones con una súplica jubilosa y una proclamación de victoria.

Cuando la asamblea canta o recita el Sanctus, la Iglesia peregrina participa en la alabanza de la Iglesia triunfante, de los ángeles y de todos los santos. La campana, las posturas y las formas musicales pueden variar según las normas y costumbres legítimas, pero ninguna práctica local altera el centro del misterio: la Iglesia entera adora al Dios tres veces santo y recibe a Cristo que viene.

Citas y referencias

  1. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 168 (1999). 2 3
  2. B2. Prefacio, Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 243 (1999). 2 3
  3. B4. Post-Sanctus, (primera) epiclesis, narración de la institución, Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 244 (1999). 2 3
  4. Silla Santa. Römisches Messbuch, 568 (1975). 2
  5. Sanctus. Enciclopedia Católica, Sanctus (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16
  6. Sanctus anafórico, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Sanctus anafórico (2015). 2 3
  7. Capítulo II la estructura de la misa, sus elementos y sus partes - II. Los diferentes elementos de la misa - Movimientos y postura, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Misal Romano, 42 (2003). 2 3
  8. Capítulo IV las diferentes formas de celebrar la misa - I. Misa con una congregación - A. Misa sin diácono - La liturgia de la eucaristía, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Misal Romano, 150 (2003). 2
  9. J. Ibáñez-Ibáñez; F. Mendoza-Ruiz. Cristo, María y la Iglesia en los formularios de la Liturgia Visigótica, 65 (1974).
Modificado el 24 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.69 • 61 visitas • Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/ghj9jsd7r

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