La viuda
En el mundo bíblico, la viuda representaba a una persona particularmente expuesta a la pobreza y a la indefensión. La tradición de Israel incluía a las viudas, junto con los huérfanos y los extranjeros, entre los grupos que requerían una protección especial. La ausencia de marido podía dejar a una mujer sin influencia social ni medios suficientes para defender sus derechos.
La viuda de la parábola no aparece como una persona poderosa, rica o socialmente influyente. Cuenta únicamente con su perseverancia y con la legitimidad de su reclamación. Su insistencia manifiesta la decisión de no resignarse ante la injusticia.
La tradición cristiana ha interpretado también a la viuda como imagen de la Iglesia, que vive en una condición de espera hasta la venida gloriosa de su Señor. San Agustín relacionó su situación de aparente desamparo con la Iglesia que aguarda el retorno de Cristo, mientras continúa elevando a Dios sus súplicas.
El juez injusto
El juez carece de las dos motivaciones que, en principio, podían limitar su arbitrariedad: no teme a Dios y no respeta a las personas. Su conducta contradice el ideal bíblico del juez, que debía actuar con temor de Dios, imparcialidad e integridad.
El juez no concede justicia porque haya experimentado compasión ni porque haya reconocido espontáneamente el derecho de la viuda. Actúa por conveniencia personal: quiere librarse de una molestia persistente. Su decisión nace de un cálculo egoísta, no de la virtud de la justicia.,
Por esta razón, la parábola no compara directamente a Dios con el juez en el plano moral. Jesús utiliza una comparación de contraste o de menor a mayor: si una petición alcanza su objetivo ante un hombre corrupto, con mayor razón llegará ante Dios, que es justo, misericordioso y Padre de los que claman a él. San Agustín explicó que algunas parábolas proceden por semejanza, mientras que otras extraen la conclusión precisamente mediante el contraste; este relato pertenece a la segunda clase.
El adversario
La viuda pide justicia contra un adversario. El Evangelio no explica la naturaleza concreta del conflicto. Esta indeterminación permite que la parábola conserve un alcance amplio: la petición representa el clamor de quienes padecen opresión, violencia, persecución o cualquier forma de injusticia.
La súplica de la viuda no equivale a un deseo de venganza privada. Dentro de la perspectiva cristiana, pedir justicia significa poner el mal ante Dios y confiarle el juicio último, sin abandonar por ello el mandato de amar a los enemigos. La tradición patrística relacionó este clamor con la victoria de Dios sobre el pecado y con la conversión del malvado, cuando todavía existe posibilidad de arrepentimiento.