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Concordismo bíblico

El concordismo bíblico es una corriente interpretativa que intenta armonizar los relatos de la Biblia con los conocimientos científicos, históricos y cosmológicos de una época determinada. En sentido estricto, el término designa sobre todo los esfuerzos desarrollados desde la modernidad para hacer concordar determinados pasajes bíblicos -especialmente los relatos de la creación- con los descubrimientos de la geología, la astronomía, la biología y otras ciencias. La Iglesia católica distingue esta tentativa apologética de la inerrancia bíblica, que afirma la verdad de la Sagrada Escritura conforme a la intención de Dios y de los autores sagrados, sin exigir que todos sus textos adopten el lenguaje técnico de las ciencias modernas.

Papyrus 46
Ver información de la imagenPapiro 46. Autor desconocido, Dominio Público. 📄
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NombreConcordismo bíblico
CategoríaTérmino
DescripciónIntento de hacer concordar pasajes bíblicos, especialmente de la creación, con descubrimientos de la geología, astronomía, biología y otras ciencias. Corriente interpretativa que intenta armonizar los relatos de la Biblia con los conocimientos científicos, históricos y cosmológicos de una época determinada. El concordismo bíblico surge en la era de la ciencia moderna y propone diversas formas (cronológica, cosmológica, biológica, histórica y apologética) para vincular relatos bíblicos con teorías científicas. No constituye una doctrina definida por la Iglesia, sino una tendencia intelectual que utiliza la armonización como argumento apologético. La Iglesia lo distingue de la inerrancia bíblica y lo ha abordado en documentos como Providentissimus Deus (1893), Divino afflante Spiritu (1943) y Dei Verbum (1965)
Contexto HistóricoDesarrollo de la ciencia moderna (revolución científica, geología, astronomía, teoría de la evolución) y respuesta de pensadores cristianos a la necesidad de conciliar la Biblia con una Tierra antigua y la evolución.
EjemplosForma cronológica, forma cosmológica, forma biológica, forma histórica, forma apologética
ImportanciaMuestra la intención católica de dialogar con la ciencia sin comprometer la verdad teológica; ha influido en la hermenéutica católica y en la formulación de encíclicas que orientan la exégesis.
InfluenciaEncíclicas Providentissimus Deus, Divino afflante Spiritu y Dei Verbum; documentos de la Comisión Bíblica Pontificia; contraste con la interpretación patrística de San Agustín.
TemaRelación entre la Sagrada Escritura y las ciencias naturales e históricas.
TipoTérmino teológico, Corriente interpretativa

Tabla de contenido

Definición y alcance del término

La palabra concordismo procede de la idea de establecer una concordancia entre dos órdenes de conocimiento: el contenido de la Escritura y las conclusiones de las ciencias naturales o históricas. El concordista interpreta determinados datos bíblicos como anticipaciones, descripciones aproximadas o formulaciones simbólicas de realidades que la ciencia habría descubierto posteriormente.

El concordismo puede adoptar diversas formas:

  • Una forma cronológica, que intenta hacer coincidir la sucesión de los días del relato de Génesis 1 con las grandes eras geológicas.
  • Una forma cosmológica, que relaciona las imágenes bíblicas sobre el firmamento, las aguas primordiales o los astros con modelos científicos concretos.
  • Una forma biológica, que procura vincular la creación de los seres vivos con teorías sobre el origen y la evolución de la vida.
  • Una forma histórica, que busca identificar personajes, acontecimientos o cronologías bíblicas con datos procedentes de la arqueología y de la historiografía.
  • Una forma apologética, que pretende mostrar que la Biblia no contradice los descubrimientos modernos y que, en ocasiones, habría anticipado verdades científicas.

El concordismo no constituye un método único ni una doctrina definida por la Iglesia. A menudo designa una tendencia intelectual que utiliza la armonización entre Biblia y ciencia como argumento en defensa de la fe.

Origen moderno del concordismo bíblico

La transformación del debate entre Biblia y ciencia

El concordismo bíblico, entendido en sentido estricto, surgió en el contexto de la ciencia moderna. Durante la Antigüedad cristiana y la Edad Media, los autores cristianos interpretaron los relatos de la creación mediante recursos literarios, filosóficos, alegóricos y teológicos muy diversos. No intentaban normalmente demostrar que cada detalle del Génesis correspondiera a una teoría científica moderna, porque ese marco intelectual todavía no existía.

La revolución científica, el desarrollo de la astronomía moderna, la geología histórica y la teoría de la evolución modificaron profundamente la relación cultural entre la Biblia y las ciencias naturales. Muchos pensadores cristianos consideraron entonces necesario explicar cómo podían conciliarse los relatos bíblicos con una Tierra antigua, la formación gradual de los estratos geológicos y la diversidad de los seres vivos.

La antigua enciclopedia católica empleó el término concordistas para referirse a quienes relacionaban los seis días del Hexamerón con seis grandes períodos de la historia cósmica y geológica. Entre los antecedentes de este enfoque aparecen propuestas vinculadas a las teorías de Kant, Laplace y Cuvier, así como a autores del siglo XIX que intentaron hacer corresponder cada día de Génesis 1 con una fase determinada de la formación del mundo.1

El caso del relato de la creación

Génesis 1 constituye el ejemplo clásico del concordismo bíblico. La corriente observó que el relato presenta una cierta sucesión:

  1. La luz.
  2. La separación de las aguas y la formación del firmamento.
  3. La aparición de la tierra seca y de la vegetación.
  4. La aparición de los astros.
  5. La creación de los animales acuáticos y de las aves.
  6. La creación de los animales terrestres y del ser humano.

Algunos autores identificaron esta secuencia con etapas de la historia natural. Para facilitar la correspondencia, interpretaron la palabra hebrea yom, tradicionalmente traducida por «día», como un período extenso e indeterminado. También razonaron que los primeros días no podían representar días solares ordinarios, puesto que el sol aparece en el cuarto día. La misma interpretación permitía entender el séptimo día como una realidad teológica y no como un día natural limitado.1

Esta lectura podía desempeñar una función apologética razonable: mostrar que el Génesis no obligaba necesariamente a defender una creación del mundo en seis jornadas de veinticuatro horas. Sin embargo, la concordancia exacta entre el relato bíblico y una teoría científica concreta planteaba dificultades. Las teorías científicas cambian, mientras que el sentido teológico del Génesis no depende de la validez permanente de una hipótesis cosmológica particular.

El concordismo y la tradición patrística

El término no es propiamente patrístico

El concordismo bíblico, en sentido estricto, no constituye un término patrístico. Los Padres de la Iglesia interpretaron la Escritura con una gran variedad de métodos, pero no trabajaron normalmente con el objetivo moderno de reconciliar el texto bíblico con las ciencias experimentales surgidas muchos siglos después.

San Agustín, por ejemplo, ofreció varias interpretaciones del relato de la creación. En determinados escritos defendió una creación simultánea y entendió los seis días como un orden de dignidad o de conocimiento, no necesariamente como una sucesión temporal de jornadas ordinarias. Sus interpretaciones influyeron en numerosos autores medievales.1

Estas lecturas patrísticas no deben confundirse sin más con el concordismo moderno. San Agustín no pretendía hacer coincidir Génesis 1 con la geología del siglo XIX ni con la astronomía de Kant o Laplace. Su preocupación principal consistía en explicar el sentido teológico y literario del texto, atender a la omnipotencia creadora de Dios y evitar interpretaciones que ridiculizaran la fe ante los filósofos paganos.

Una acepción más amplia y anacrónica

Algunos estudios históricos utilizan la palabra concordismo en un sentido amplio para designar cualquier intento de establecer correspondencias entre acontecimientos bíblicos y acontecimientos posteriores. En este sentido amplio, ciertos autores han descrito como concordistas determinados cálculos apocalípticos o interpretaciones históricas que relacionaban episodios del Antiguo Testamento con persecuciones posteriores contra los cristianos.

San Agustín rechazó este procedimiento cuando algunos intérpretes intentaban hacer corresponder las persecuciones de Israel en Egipto con diez persecuciones del Imperio romano. A su juicio, aquellas correspondencias dependían de conjeturas humanas que podían acertar ocasionalmente, pero también equivocarse.2

Esta acepción amplia resulta útil para la historia de la interpretación, pero no debe borrar la distinción terminológica. El concordismo científico moderno busca armonizar la Biblia con las ciencias de la naturaleza; el concordismo apocalíptico o histórico intenta establecer paralelos providenciales entre acontecimientos. Ambos fenómenos comparten una tendencia a construir correspondencias, aunque pertenecen a contextos y problemas diferentes.

Concordismo, inerrancia e inspiración bíblica

La inerrancia bíblica

La inerrancia bíblica es la doctrina según la cual la Sagrada Escritura, por estar inspirada por Dios, enseña sin error la verdad que Dios quiso comunicar para la salvación. La Iglesia no entiende esta doctrina como una afirmación de que la Biblia utiliza siempre conceptos técnicos, cronologías modernas o géneros historiográficos contemporáneos.

La encíclica Divino afflante Spiritu, promulgada por Pío XII en 1943, recuerda que el escritor sagrado puede hablar de las realidades físicas mediante el lenguaje de las apariencias sensibles, las expresiones figuradas o las formas habituales de su tiempo. El documento también reconoce la posibilidad de errores de los copistas y de ambigüedades en la transmisión o comprensión de determinados pasajes, sin atribuir tales problemas al acto divino de la inspiración.3

La doctrina católica mantiene, al mismo tiempo, que la inspiración alcanza toda la Escritura y no únicamente los pasajes relativos a la fe y a la moral. Divino afflante Spiritu rechaza la reducción de la verdad bíblica a un núcleo exclusivamente religioso y afirma que la inspiración resulta incompatible con el error en cuanto la Escritura enseña verdaderamente aquello que Dios quiso transmitir por medio de los hagiógrafos.3

La inerrancia no equivale al concordismo

La inerrancia bíblica y el concordismo no son conceptos equivalentes. La primera pertenece a la doctrina católica sobre la inspiración y la verdad de la Escritura; el segundo designa una estrategia interpretativa que intenta establecer correspondencias entre la Biblia y determinadas teorías científicas o históricas.

La inerrancia responde principalmente a la pregunta:

¿En qué sentido enseña la Escritura la verdad sin error?

El concordismo responde a otra cuestión:

¿Cómo puede relacionarse un determinado pasaje bíblico con los conocimientos científicos o históricos de una época?

La Iglesia puede sostener la inerrancia sin aceptar una explicación concordista concreta. Por ejemplo, un católico puede afirmar la verdad teológica de Génesis 1 -Dios creó todas las cosas, la creación depende radicalmente de Él, el mundo posee un orden y el ser humano ocupa una dignidad singular- sin identificar los seis días con seis períodos geológicos determinados.

La inerrancia tampoco obliga a interpretar cada relato bíblico como un informe científico. La Biblia contiene poesía, narración, genealogía, legislación, sabiduría, profecía, parábola, literatura apocalíptica y otros géneros. El intérprete debe descubrir qué afirma realmente cada autor sagrado y qué género literario emplea.

La unidad de la Escritura admite otros caminos

El concordismo no representa la única manera de defender la unidad de la Biblia. La unidad de la Escritura puede comprenderse desde distintos niveles:

  • Unidad de autoría divina: Dios constituye el autor principal de toda la Escritura.
  • Unidad de la historia de la salvación: los libros bíblicos forman parte de un único designio salvífico.
  • Unidad cristológica: Cristo cumple y lleva a plenitud las promesas, figuras y acontecimientos del Antiguo Testamento.
  • Unidad canónica: la Iglesia recibe los libros inspirados como un conjunto normativo.
  • Unidad eclesial: la Escritura vive dentro de la Tradición apostólica y de la fe de la Iglesia.
  • Unidad literaria y teológica: los distintos libros articulan temas comunes como la creación, la alianza, el pecado, la promesa, la liberación, la sabiduría, el juicio y la redención.

La renovación bíblica católica ha insistido en que los estudios históricos aportan información valiosa, pero la interpretación cristiana no alcanza su meta cuando únicamente reconstruye fuentes, géneros o etapas de redacción. La Pontificia Comisión Bíblica afirma que el exegeta católico debe llegar al sentido del texto como Palabra de Dios para el presente.4

Evolución de la postura católica ante la crítica bíblica

León XIII y Providentissimus Deus

El papa León XIII promulgó la encíclica Providentissimus Deus el 18 de noviembre de 1893. El documento defendió la autoridad y la verdad de la Escritura frente al racionalismo y criticó una forma de crítica superior que pretendía juzgar el origen, la integridad y la autoridad de cada libro exclusivamente mediante indicios internos.5

León XIII no enseñó que la fe exigiera ignorar la ciencia. Su intervención protegió la interpretación católica frente al racionalismo, pero no buscó refugio en un sentido espiritual separado de la historia. Benedicto XVI explicó posteriormente que el papa León XIII rechazaba las opiniones preconcebidas que pretendían apoyarse en la ciencia mientras excedían el campo propio de la investigación científica.4

El marco de Providentissimus Deus favoreció la convicción de que las contradicciones entre la Biblia y la verdad racional solo podían ser aparentes. La dificultad podía proceder de una interpretación bíblica defectuosa, de una conclusión científica todavía hipotética o de una demostración insuficiente de la supuesta oposición.6

Pío X y la crisis modernista

Durante el pontificado de san Pío X, la Iglesia reaccionó contra posiciones modernistas que restringían la verdad de la Escritura a los asuntos religiosos y aceptaban errores manifiestos en cuestiones históricas o científicas. La condena de esta reducción protegía la doctrina de la inspiración completa de la Biblia.

La reacción magisterial de este período no debe confundirse con una aprobación de todas las formas de concordismo. Defender que la Escritura no contiene error formal no implica identificar su lenguaje con el de un manual de ciencias naturales. La cuestión decisiva consiste en determinar qué afirma realmente el autor sagrado, mediante el estudio del género literario, del contexto cultural, de la intención del texto y de la totalidad de la revelación.

Pío XII y Divino afflante Spiritu

Pío XII promulgó Divino afflante Spiritu el 30 de septiembre de 1943. La encíclica impulsó el estudio de las lenguas bíblicas, la crítica textual y el análisis de los géneros literarios. Su enseñanza permitió abordar de manera más matizada los primeros capítulos del Génesis, el libro de Jonás y otros pasajes cuya interpretación literalista había provocado dificultades innecesarias frente a la ciencia moderna.7

La encíclica defendió dos principios complementarios:

  1. La inspiración divina excluye el error en aquello que la Escritura enseña verdaderamente.
  2. El intérprete debe reconocer las formas literarias, las expresiones culturales y el modo de hablar propio de los autores sagrados.

Pío XII rechazó tanto una lectura racionalista que vaciara la Biblia de su carácter divino como una lectura simplista que confundiera toda afirmación bíblica con una proposición científica moderna.

El Concilio Vaticano II

La constitución dogmática Dei Verbum, promulgada por el Concilio Vaticano II el 18 de noviembre de 1965, consolidó la renovación católica de la exégesis. El Concilio enseña que el intérprete debe investigar la intención de los autores sagrados y atender a los géneros literarios, las circunstancias históricas, las formas culturales y los modos de expresión de cada época.

La interpretación bíblica no puede separarse de la Tradición viva. El papa Francisco recordó que la Escritura y la Tradición proceden de una misma fuente divina, convergen hacia el mismo fin y deben recibirse con igual veneración. También recordó que el juicio último sobre la interpretación corresponde al magisterio de la Iglesia, al que Cristo confió la misión de custodiar e interpretar auténticamente la Palabra de Dios.8

El desarrollo de la exégesis histórico-crítica

La exégesis histórico-crítica estudia la formación, transmisión, composición y contexto histórico de los textos bíblicos. Incluye procedimientos como la crítica textual, el análisis de las fuentes, el estudio de las formas literarias y la investigación de los procesos de redacción. La Pontificia Comisión Bíblica describe este enfoque como particularmente atento al desarrollo histórico de los textos y de las tradiciones a lo largo del tiempo.9

La Iglesia católica reconoce el valor de estos métodos cuando el investigador respeta su competencia propia y los integra en una comprensión teológica de la Escritura. La Pontificia Comisión Bíblica afirma que los estudios bíblicos han progresado notablemente desde Providentissimus Deus hasta Divino afflante Spiritu, Sancta Mater Ecclesia y Dei Verbum. Este desarrollo ha favorecido la renovación teológica, el diálogo ecuménico y una mayor influencia de la Biblia en la vida cristiana.9

Benedicto XVI insistió en que la Iglesia no contrapone una exégesis científica destinada a la apologética y una interpretación espiritual reservada a la vida interior. Divino afflante Spiritu reconoce el valor teológico del sentido literal correctamente determinado y admite que la investigación del sentido espiritual también pertenece al ámbito propio de la exégesis.4

Esta integración evita dos extremos:

  • Un concordismo rígido, que convierte las teorías científicas provisionales en claves obligatorias para interpretar la Biblia.
  • Un cientificismo reductivo, que considera la Escritura únicamente como un documento humano sin dimensión divina, canónica y eclesial.

Concordismo y ciencias naturales

Creación y evolución

La Iglesia católica no identifica la doctrina de la creación con una explicación científica concreta sobre el origen y desarrollo de las especies. La creación significa que todo cuanto existe depende radicalmente de Dios, recibe de Él el ser y no constituye una realidad autosuficiente.

En 1950, Pío XII afirmó en Humani generis que no existía oposición necesaria entre la evolución y la doctrina católica sobre el ser humano y su vocación, siempre que quedaran salvaguardados determinados puntos esenciales de la fe. Juan Pablo II recordó esta enseñanza en 1996 y animó a distinguir entre los resultados propios de las ciencias naturales, las teorías que los organizan y las interpretaciones filosóficas o materialistas que algunos autores añaden a esas teorías.10

Juan Pablo II también sostuvo que una teoría científica debe medirse continuamente por los hechos y reconocer sus propios límites. En el caso de la evolución, distinguió entre la teoría científica y las diversas filosofías que pueden acompañarla, incluidas interpretaciones materialistas, reduccionistas o espiritualistas. El juicio sobre el alcance último de esas interpretaciones corresponde a la filosofía y, en último término, a la teología.11

Desde esta perspectiva, un concordismo que identifique literalmente los seis días de Génesis con seis etapas evolutivas concretas queda vinculado a un modelo científico contingente. La fe católica puede dialogar con la evolución sin depender de una tabla concordista entre cada versículo y cada período geológico.

Astronomía y lenguaje bíblico

La Biblia utiliza expresiones propias de la experiencia humana ordinaria: habla de la salida y la puesta del sol, de los cielos, de las aguas superiores o de la estabilidad de la tierra. Este lenguaje no pretende formular una teoría astronómica. La antigua hermenéutica católica advertía que la Escritura no enseña de manera técnica tesis filosóficas, hechos científicos o cronologías históricas, y que el intérprete debe leer sus expresiones dentro de la mentalidad de la época y de la intención del autor.6

El uso de un lenguaje fenomenológico -es decir, el lenguaje de aquello que aparece a la experiencia- no constituye un error. Una persona actual continúa hablando de «la salida del sol» sin afirmar que el sol gire alrededor de la Tierra. Del mismo modo, el lenguaje bíblico puede describir el mundo desde la perspectiva visible y cultural de sus autores.

Concordismo y relatos históricos

El concordismo también aparece cuando el intérprete pretende resolver todas las dificultades históricas mediante armonizaciones minuciosas. Los Evangelios, por ejemplo, presentan perspectivas propias, selecciones narrativas y ordenaciones teológicas. La existencia de diferencias literarias no destruye su verdad ni su inspiración.

El investigador debe distinguir entre:

  • La existencia histórica de un acontecimiento.
  • La forma literaria con que el autor lo narra.
  • La selección de datos realizada por el evangelista.
  • La finalidad teológica de la composición.
  • La reconstrucción moderna de una cronología exacta.

La doctrina católica de la inspiración no exige que cuatro narraciones adopten idénticos detalles secundarios. Exige que cada evangelista comunique fielmente, conforme a su intención, aquello que Dios quiso transmitir mediante su obra. La armonización puede resultar legítima cuando respeta los datos de los textos, pero pierde valor cuando introduce soluciones artificiales para eliminar cualquier diferencia aparente.

Valor apologético y límites del concordismo

Aportaciones positivas

El concordismo ha desempeñado algunas funciones legítimas:

  • Ha mostrado que la fe cristiana no obliga a rechazar los descubrimientos científicos verdaderos.
  • Ha impulsado el estudio de las lenguas y de los géneros literarios bíblicos.
  • Ha ayudado a superar una lectura necesariamente literal de todos los pasajes.
  • Ha defendido la racionalidad de la fe frente a la acusación de que la Biblia contradice inevitablemente la ciencia.
  • Ha recordado que una oposición entre Biblia y ciencia puede proceder de una mala interpretación de cualquiera de los dos ámbitos.

La convicción católica de que no puede existir una contradicción real entre la verdad revelada y la verdad racional permanece válida. El mismo Dios origina la revelación y sostiene el orden creado; por ello, una contradicción auténtica no puede subsistir cuando ambas realidades han sido correctamente comprendidas.6

Riesgos metodológicos

El concordismo presenta también varios riesgos:

  • Anacronismo: proyecta sobre los autores bíblicos conceptos científicos posteriores.
  • Dependencia de teorías provisionales: vincula la interpretación de la Biblia a modelos científicos que pueden modificarse.
  • Reduccionismo: transforma la Escritura en un manual rudimentario de cosmología, biología o historia.
  • Forzamiento del texto: atribuye a los versículos una precisión que el género literario no pretende ofrecer.
  • Confusión entre niveles: mezcla la afirmación teológica de la creación con la explicación científica de los procesos naturales.
  • Apologética débil: presenta como prueba de la fe una coincidencia discutible entre un texto bíblico y una teoría científica.
  • Pérdida del sentido salvífico: centra la atención en resolver detalles físicos o cronológicos y descuida el mensaje sobre Dios, el pecado, la alianza y la redención.

La Iglesia no necesita defender cada concordancia propuesta por autores católicos para defender la verdad de la Biblia. La verdad bíblica pertenece ante todo al designio de Dios y a aquello que los autores sagrados quisieron enseñar. La investigación científica puede ayudar a precisar lo que un pasaje no afirma, pero no sustituye la exégesis teológica.

Criterios católicos para interpretar posibles contradicciones

Cuando un lector encuentra una aparente contradicción entre la Biblia y una conclusión científica o histórica, conviene seguir un proceso ordenado.

Examinar el texto

El intérprete debe comprobar la traducción, las variantes textuales, el contexto inmediato y la relación del pasaje con el conjunto del libro. Una dificultad puede proceder de una traducción inexacta, de una lectura aislada o de una variante manuscrita.

Identificar el género literario

El género literario orienta la clase de verdad que el texto comunica. Un himno, una genealogía, una narración teológica, una parábola y un relato apocalíptico no funcionan del mismo modo. El lector no debe exigir a un poema sapiencial la precisión de un tratado científico ni a una visión apocalíptica la estructura de una crónica moderna.

Reconstruir la intención del autor

La interpretación debe preguntar qué quiso comunicar el autor sagrado a sus destinatarios. El autor puede utilizar imágenes, símbolos, expresiones populares, tradiciones recibidas o recursos narrativos para comunicar una verdad religiosa.

Evaluar el grado de certeza científica

Una hipótesis, un modelo matemático, una reconstrucción histórica o una teoría filosófica no poseen idéntico grado de certeza. El lector debe distinguir entre datos comprobados, hipótesis razonables y conclusiones ideológicas.

Integrar la exégesis en la fe de la Iglesia

La interpretación católica no constituye un ejercicio individual desligado de la Tradición. Francisco recordó que el exegeta debe percibir la Palabra de Dios presente en los textos bíblicos y situarla dentro de la fe de la Iglesia. La exégesis científica necesita confrontarse con la Tradición viva, que conserva, expone y autentifica el sentido de la Escritura.8

El sentido cristológico y salvífico de la Escritura

La Biblia no es únicamente un repertorio de afirmaciones sobre el mundo físico. El centro de la fe cristiana no consiste en un libro aislado, sino en la historia de la salvación culminada en Jesucristo, el Verbo de Dios hecho carne. La Escritura constituye el testimonio escrito de la Palabra divina y del acontecimiento de la revelación, pero la Palabra de Dios excede el texto escrito y alcanza su plenitud en Cristo.8

Esta perspectiva permite comprender por qué la unidad de la Biblia no depende de una correspondencia científica entre todos sus relatos. Los diversos libros forman una unidad más profunda: Dios llama a la creación a la existencia, establece una alianza con la humanidad, promete la salvación, prepara la venida del Mesías y realiza en Cristo la redención.

La lectura teológica debe mantener unidos:

Benedicto XVI enseñó que la interpretación eclesial no constituye un obstáculo para la investigación científica, sino que permite acceder a dimensiones de Cristo y de la Escritura que un análisis puramente literario no puede captar por sí solo.12

Uso actual del término

En el lenguaje contemporáneo, concordismo bíblico suele tener una connotación crítica. Los especialistas lo emplean para describir intentos excesivamente directos de hacer coincidir cada elemento de un relato bíblico con una teoría científica o con una reconstrucción histórica moderna.

No toda armonización merece esa valoración negativa. Una interpretación puede mostrar legítimamente que el Génesis no enseña una cosmología incompatible con la ciencia actual, o que la Biblia utiliza un lenguaje fenomenológico. El problema aparece cuando la armonización se convierte en la finalidad principal de la exégesis y obliga al texto a responder preguntas que el autor sagrado nunca planteó.

La actitud católica contemporánea procura evitar tanto la hostilidad hacia la ciencia como el sometimiento de la Biblia a cada moda intelectual. La Pontificia Comisión Bíblica reconoce el valor del método histórico-crítico, pero también recoge las críticas que recibe cuando reduce la interpretación al desarrollo diacrónico de las fuentes y no alcanza el significado teológico del texto.9

Valoración católica

La Iglesia católica sostiene simultáneamente varias verdades:

  • Dios es el autor de la Sagrada Escritura.
  • Los autores humanos escribieron como verdaderos autores, con sus lenguas, géneros, culturas y capacidades.
  • La Escritura enseña sin error la verdad que Dios quiso comunicar para nuestra salvación.
  • La Biblia no constituye un tratado científico moderno.
  • La investigación histórica y científica puede prestar un servicio legítimo a la exégesis.
  • La interpretación debe permanecer unida a la Tradición y al magisterio de la Iglesia.
  • El concordismo ofrece una estrategia posible de armonización, pero no una obligación doctrinal ni el único modo de defender la unidad bíblica.

La inerrancia exige respeto a la verdad de la Escritura; no exige convertir en dogma ninguna correspondencia entre los seis días del Génesis y las eras geológicas, entre el relato del diluvio y una reconstrucción geológica concreta, o entre una genealogía bíblica y una cronología moderna.

Conclusión

El concordismo bíblico nació como respuesta moderna al desafío planteado por las ciencias naturales y la historiografía. Su intención de mostrar la compatibilidad entre la fe y la razón puede resultar legítima, pero sus resultados concretos siempre requieren prudencia. La Iglesia no lo considera una doctrina patrística ni una condición necesaria para creer en la inspiración y la inerrancia de la Biblia.

La interpretación católica distingue entre la verdad que Dios comunica mediante la Escritura y las explicaciones científicas con las que una época intenta comprender el mundo. La Biblia no pierde su unidad porque utilice géneros distintos, perspectivas diversas o lenguajes propios del mundo antiguo. Su unidad fundamental procede de Dios, de la historia de la salvación, de la Tradición apostólica y de su orientación hacia Jesucristo, plenitud de la revelación.

Citas y referencias

  1. Hexaemeron, . Enciclopedia Católica, Hexaemeron (1913). 2 3
  2. Bernard McGinn. El ataque de Agustín al apocaliptismo, 18 (2018).
  3. Divino afflante spiritu, Papa Pío XII. Divino Afflante Spiritu, 3 (1943). 2
  4. Parte uno: Verbum Dei - La interpretación de la Sagrada Escritura en la Iglesia - El desarrollo de los estudios bíblicos y el magisterio de la Iglesia, Papa Benedicto XVI. Verbum Domini, 33 (2010). 2 3
  5. Leo XIII y Pío X: Rechazo de la crítica superior, Matthew J. Ramage. La hermenéutica de la reforma de Benedicto XVI: Hacia una aproximación del Magisterio y la crítica bíblica moderna, 2 (2016).
  6. Hermenéutica, . Enciclopedia Católica, Hermenéutica (1913). 2 3
  7. Denis Farkasfalvy, O.Cist. ¿Cómo renovar la teología de la inspiración bíblica? , 3 (2006).
  8. Papa Francisco. A la Comisión Bíblica Pontificia (12 de abril de 2013), 1 (2013). 2 3
  9. Prefacio, Comisión Bíblica Pontificia. La interpretación de la Biblia en la Iglesia, 1 (1993). 2 3
  10. Papa Juan Pablo II. La verdad no puede contradecir a la verdad, 3 (1996).
  11. Papa Juan Pablo II. Mensaje a los participantes en la Plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias (22 de octubre de 1996), 1 (1996).
  12. A los miembros de la Comisión Bíblica Pontificia, Papa Benedicto XVI. A los miembros de la Comisión Bíblica Pontificia (23 de abril 2009), 1 (2009).
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