Acercamiento al ambón
Cuando llega el momento de la lectura, el lector se dirige al ambón con serenidad. No debe correr, conversar, hacer reverencias innecesarias ni manipular apresuradamente el leccionario.
El ambón está destinado a la proclamación de la Palabra. El lector debe utilizarlo con respeto y evitar trasladar la lectura a otro lugar salvo que las normas de la celebración lo establezcan.
Fórmula inicial
El lector proclama el título de la lectura tal como aparece en el leccionario, por ejemplo:
«Lectura del libro del Génesis».
No debe añadir comentarios como «la lectura de hoy nos habla de...», «vamos a escuchar...» o «presten atención». La introducción litúrgica pertenece al formulario aprobado.
Después de la fórmula inicial, realiza una pausa breve y comienza el texto. La proclamación debe permitir que la asamblea perciba la unidad entre el título y el contenido.
Durante la lectura
El lector debe mantener una posición estable, con el cuerpo orientado hacia la asamblea. Puede mirar el texto la mayor parte del tiempo, pero conviene levantar ocasionalmente la mirada en los puntos adecuados sin perder la continuidad.
La mirada no debe convertirse en una distracción. Una lectura eficaz alterna la atención al leccionario con una relación visual natural con la asamblea.
El lector debe evitar:
- Leer con precipitación.
- Monotonizar todas las frases.
- Exagerar las emociones.
- Convertir la lectura en una representación teatral.
- Introducir explicaciones personales.
- Cambiar palabras del texto.
- Repetir frases por inseguridad.
- Inclinarse demasiado sobre el leccionario.
- Dar la espalda a la asamblea.
La voz debe adaptarse al contenido sin teatralidad. Una exhortación puede requerir firmeza; una súplica, recogimiento; una narración, claridad y continuidad. La expresividad debe nacer del texto, no de la búsqueda de un efecto personal.
Final de la lectura
Al terminar, el lector proclama:
«Palabra de Dios».
La asamblea responde:
«Te alabamos, Señor».
El lector debe dejar una pausa antes de la fórmula final para que la asamblea perciba el cierre de la lectura. Después de la respuesta, espera unos instantes antes de retirarse o sentarse. La aclamación pertenece a la acción litúrgica: quien proclama la lectura la pronuncia y la asamblea responde honrando la Palabra recibida con fe.