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Plantas en la Biblia

Las plantas ocupan un lugar central en la Biblia como parte de la creación, fuente de alimento, materia prima, elemento litúrgico e imagen poética. La flora bíblica pertenece principalmente al paisaje del Levante mediterráneo antiguo: montes del Líbano, valles de Galilea, llanuras costeras, regiones de Samaría y Judea, valle del Jordán, desierto de Judá, Arabá y zonas limítrofes del Sinaí. Los nombres bíblicos no siempre permiten una identificación botánica exacta, y las traducciones modernas pueden emplear términos tradicionales que no coinciden plenamente con la especie aludida en hebreo o griego.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePlantas en la Biblia
CategoríaTérmino
DescripciónConjunto de especies vegetales mencionadas en la Biblia y su uso simbólico y práctico en el contexto del Levante mediterráneo antiguo. Las plantas ocupan un lugar central en la Biblia como parte de la creación, fuente de alimento, materia prima, elemento litúrgico e imagen poética. Las plantas representan realidades espirituales como la alianza, la sabiduría, el pecado, la fecundidad, el juicio y la salvación
Aplicación MoralLos pasajes bíblicos usan las plantas para enseñar la necesidad de dar fruto, la vigilancia, la humildad y el peligro del orgullo.
ContextoPaisaje del Levante mediterráneo antiguo, incluyendo Líbano, Galilea, Samaria, Judea, valle del Jordán, desierto de Judá, Arabá y zonas limítrofes del Sinaí.
Contexto HistóricoLa Biblia nació en un territorio de transición entre el Mediterráneo y los desiertos de Arabia, con clima y geografía que producían una vegetación muy variada.
EjemplosCedro, Olivo, Higuera, Almendro, Vid, Trigo, Cebada, Mostaza, Cilantro, Eneldo, Hisopo, Zarza, Morera, Acacia, Sicómoro, Menta, Populus tremula, etc.
ImportanciaLas plantas son esenciales para la economía agrícola, los ritos litúrgicos y la poética bíblica, y forman parte de la riqueza simbólica del texto sagrado.
Interpretación TradicionalPatrística cristiana, como Metodio de Olimpo y Anselmo de Canterbury, relacionó cada planta con imágenes teológicas (ej. higuera con el Espíritu Santo, olivo con la gracia).
SimbolismoCedro simboliza altura, fuerza y orgullo; olivo simboliza luz, alegría, salud, consagración y misericordia; higuera simboliza la condición humana y virtudes; vid simboliza la unión con Cristo; almendro simboliza vigilancia y prontitud; otras plantas poseen significados similares.
TipoTérmino teológico

Tabla de contenido

La flora bíblica y su marco geográfico

La Biblia nació en un territorio de transición entre el Mediterráneo y los desiertos de Arabia. El clima, la altitud y la disponibilidad de agua producen una vegetación muy variada:

  • Bosques y montes, especialmente en el Líbano, asociados al cedro y a otras coníferas.
  • Laderas y colinas, donde prosperan la vid, el olivo, la higuera, el almendro y diversos arbustos.
  • Llanuras y campos de cultivo, dedicados al trigo, la cebada, el mijo, las legumbres y las plantas aromáticas.
  • Riberas y zonas húmedas, donde crecen juncos, menta, tamariscos y otras plantas de ambientes acuáticos.
  • Desiertos y terrenos pedregosos, poblados por espinos, ortigas, plantas olorosas, enebros y especies resistentes a la sequía.

El Génesis ofrece una primera clasificación general de la vegetación mediante tres categorías hebreas: déše’, relacionada con las plantas bajas; ‘éśeb, aplicada a las plantas herbáceas; y ‘ēṣ perî, expresión vinculada a los árboles frutales. La clasificación no corresponde a la taxonomía botánica moderna, pero revela que la Biblia contempla la vegetación como una realidad ordenada y fecunda dentro de la creación.1,3

La variedad de la flora también aparece en la descripción de la sabiduría de Salomón, que abarca desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que brota en los muros. La comparación une el árbol majestuoso y la planta humilde, y expresa la amplitud del conocimiento del mundo creado.1,4

Identificación botánica y simbolismo teológico

La dificultad de identificar las especies

Los nombres de plantas de la Biblia proceden principalmente del hebreo, el arameo y el griego. En numerosas ocasiones, una palabra no designa una especie concreta, sino un grupo de plantas. Términos como hierba, espino, zarza, ortiga o maleza pueden abarcar varias especies que comparten aspecto, hábitat o utilidad.

La traducción añade otra dificultad. Un vocablo hebreo puede haber pasado a la tradición latina o griega con un significado más amplio, y después haber recibido en las lenguas modernas una equivalencia aproximada. Por esta razón, una traducción tradicional no siempre permite determinar la especie con seguridad. La antigua identificación de ciertos árboles con el peral, el castaño o el plátano, por ejemplo, puede responder más a la historia de la traducción que a la flora real de Palestina.1,2

La botánica moderna ayuda a comparar los datos bíblicos con el clima, la distribución geográfica, el uso agrícola y las características de cada planta. Sin embargo, la identificación debe conservar un margen de prudencia. En algunos casos resulta probable; en otros, sólo cabe proponer varias posibilidades.

La planta real y su sentido religioso

La identificación botánica no agota el significado bíblico. La Biblia utiliza las plantas como realidades concretas y, al mismo tiempo, como imágenes de la alianza, la sabiduría, el pecado, la fecundidad, el juicio y la salvación.

El cedro, por ejemplo, representa la altura, la fuerza, la grandeza y el orgullo humano. Su majestad explica que los profetas lo utilicen para simbolizar imperios y poderes elevados, mientras que su caída expresa el juicio de Dios sobre la soberbia.2

La tradición cristiana profundizó en este lenguaje simbólico. Metodio de Olimpo relacionó la higuera, la vid, el olivo y la zarza con diversas etapas de la historia de la salvación. En su lectura alegórica, la higuera recuerda la condición humana en el paraíso, la vid evoca la transformación del temor en alegría y el olivo representa la misericordia divina manifestada mediante el aceite.5

Esta interpretación pertenece al ámbito de la exégesis espiritual y no debe confundirse con una clasificación botánica. La Iglesia puede leer una planta en varios niveles: como especie concreta del paisaje bíblico, como elemento de una narración y como figura teológica.

Árboles y plantas leñosas

El cedro

El término hebreo ’erez suele designar el cedro del Líbano (Cedrus libani), una conífera propia de las montañas levantinas. En algunos pasajes, sin embargo, el contexto exige una especie distinta, especialmente cuando la madera debía encontrarse con facilidad durante la permanencia de Israel en el desierto. En esos casos, el enebro fenicio (Juniperus phoenicea) constituye una identificación probable.2

El cedro destaca por su gran altura, sus ramas extendidas, su madera aromática y su resistencia. Estas cualidades explican su utilización en construcciones, vigas, revestimientos, mástiles y elementos ornamentales. Los edificios reales y sagrados de Jerusalén recibieron madera de cedro procedente del Líbano, un producto valioso que también expresaba poder económico y prestigio.2,1

La Biblia llama al cedro «gloria del Líbano» y lo presenta como árbol plantado por Dios. Su grandeza puede representar tanto la bendición y la estabilidad como la arrogancia de los poderosos. El profeta Ezequiel utiliza la imagen del cedro para describir un reino elevado, lleno de ramas y capaz de ofrecer refugio a las aves; la misma imagen admite una lectura política y otra providencial.2,6

El olivo

El olivo (Olea europaea) pertenece al paisaje mediterráneo del Levante y constituye uno de los árboles más importantes de la economía bíblica. Su fruto proporciona alimento y aceite; su madera sirve para diversos trabajos; sus ramas forman parte del paisaje agrícola y de la vida doméstica.

El aceite de oliva alimenta lámparas, acompaña comidas, sirve para ungir y participa en usos medicinales. Por ello, el olivo adquirió un profundo valor simbólico. El aceite representa la luz, la alegría, la salud, la consagración y la misericordia. La tradición cristiana relacionó esta riqueza simbólica con la acción de la gracia y con la unción del Espíritu Santo.3,5

La imagen del olivo también expresa fecundidad y permanencia. Un olivo puede sobrevivir durante largos periodos y volver a producir después de una poda intensa. Esta capacidad favoreció su uso como imagen de la esperanza y de la continuidad de la alianza.

La higuera

La higuera (Ficus carica) crece de forma natural y cultivada en el Levante mediterráneo. Produce varias cosechas o brotes de fruto según la variedad y el clima, y sus hojas grandes ofrecen una sombra apreciada en las épocas calurosas.

El Génesis relaciona sus hojas con el intento de Adán y Eva de cubrir la desnudez después del pecado. En otros textos, el fruto de la higuera simboliza prosperidad, paz y bienestar. Sentarse bajo la propia higuera forma parte de una imagen bíblica de seguridad y vida tranquila.5,7

Jesús utiliza la higuera en parábolas y acciones simbólicas. La presencia o ausencia de fruto plantea la cuestión de la fecundidad espiritual: Dios espera una respuesta concreta de la persona y del pueblo, no una apariencia exterior sin obras.

La tradición patrística desarrolló diversos sentidos. Metodio de Olimpo relacionó la higuera con el Espíritu Santo y con los frutos de la vida virtuosa, entre ellos el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza. Esta interpretación no pretende sustituir el sentido narrativo de los evangelios, sino prolongarlo en una lectura espiritual.7

El almendro

El almendro (Prunus dulcis) es propio de las regiones mediterráneas y aparece tanto cultivado como silvestre en zonas del Líbano, el Carmelo y otras áreas levantinas. Su floración temprana lo convirtió en un árbol asociado a la vigilancia y a la prontitud.

El nombre hebreo relacionado con el almendro alude a la idea de vigilar o estar atento. Por esta razón, la vara de Aarón que florece adquiere un valor teológico: Dios confirma la elección sacerdotal y manifiesta su iniciativa de forma visible. Las almendras aparecen también entre los frutos escogidos que Jacob envía como regalo a Egipto.1

La morera y el árbol de hojas susurrantes

Las traducciones tradicionales ofrecen distintas equivalencias para el árbol llamado en hebreo bekha’im. Algunas lo traducen como morera y otras como peral. El contexto de los libros de Samuel y de las Crónicas habla del movimiento o rumor de las hojas, por lo que algunos intérpretes han propuesto un árbol cuyas hojas producen un sonido perceptible con el viento, como el álamo temblón (Populus tremula).1

En el Evangelio según san Lucas, la expresión «morerera» probablemente corresponde a un árbol distinto del pasaje de Samuel. La diferencia muestra que una misma palabra castellana puede representar términos originales diferentes y que la concordancia entre traducciones no garantiza una identidad botánica única.1

La acacia y los árboles del desierto

La acacia ocupa un lugar destacado en los relatos del desierto y en la construcción del santuario. En el ambiente árido del Sinaí y de la Arabá crecen especies del género Acacia-actualmente también clasificadas dentro de Vachellia o Senegalia- capaces de resistir la falta de agua.

Su madera, ligera y duradera, resultaba apropiada para el arca, la mesa, los varales y otros elementos del santuario. La acacia recuerda así que Dios establece su morada en medio de un pueblo peregrino, incluso en un entorno pobre en árboles de gran tamaño.

El sicómoro

El sicómoro bíblico suele identificarse con Ficus sycomorus, árbol de la familia de las higueras que crece especialmente en las zonas cálidas y bajas del valle del Jordán y de la llanura costera. Su fruto, su madera y su presencia en las tierras agrícolas explican su importancia económica.

La mención evangélica de Zaqueo, que sube a un árbol para ver a Jesús, pertenece a un paisaje urbano y rural en el que los árboles frutales formaban parte de las calles, huertos y caminos. El episodio muestra también cómo la vegetación cotidiana puede entrar en una narración de conversión.

La vid y las plantas cultivadas

La vid

La vid (Vitis vinifera) constituye una de las plantas más importantes de la Biblia. Su cultivo requiere trabajo, poda, vigilancia y paciencia. La viña aparece como propiedad familiar, fuente de riqueza, imagen del pueblo elegido y escenario de conflictos sociales.

El vino alegra el corazón, acompaña los banquetes y forma parte de la hospitalidad. Pero el abuso del vino aparece igualmente como causa de vergüenza y desorden. La Biblia mantiene así una visión realista: reconoce el don de la vid y denuncia su uso desordenado.

La imagen de la viña alcanza su plenitud teológica en la enseñanza de Jesús. Cristo se presenta como la vid verdadera, y los discípulos reciben la vida permaneciendo unidos a él como los sarmientos al tronco. La metáfora vincula la comunión con Cristo, la fecundidad de las obras y la necesidad de la poda espiritual. Metodio de Olimpo interpreta esta vid como figura del propio Señor y de la vida que procede de la encarnación del Verbo.7

La viña también aparece en los profetas como imagen de Israel. El propietario prepara el terreno, planta cepas escogidas y espera uvas buenas. Cuando la viña produce frutos amargos, el problema no reside en la falta de cuidado, sino en la infidelidad del pueblo.

El trigo

El trigo pertenece a los cereales fundamentales del Levante antiguo. El término hebreo dagán funciona como palabra general para los cereales y no siempre permite distinguir entre trigo, cebada y otras especies.

El trigo representa el alimento diario, el trabajo agrícola y la bendición de la tierra. La siembra, la germinación, la maduración y la cosecha ofrecen a Jesús imágenes para hablar del Reino de Dios, de la paciencia divina y del juicio final.

La parábola del trigo y la cizaña utiliza el griego zizánia, que probablemente designa la cizaña barbuda o cizaña venenosa (Lolium temulentum). Esta planta puede parecerse mucho al trigo hasta la aparición de la espiga y contiene semillas tóxicas. La traducción tradicional como «cizaña» conserva el sentido general, aunque otras versiones antiguas emplearon términos como «joyo» o «mala hierba».1

La diferencia entre trigo y cizaña permite a Jesús explicar la coexistencia temporal del bien y del mal. El juicio definitivo corresponde a Dios; la paciencia no equivale a aprobar el mal, sino que abre un tiempo para la conversión.

La cebada y el mijo

La cebada (Hordeum vulgare) fue un cereal esencial para las poblaciones rurales. Madura antes que el trigo y resiste mejor algunas condiciones adversas. Su cosecha marca una estación importante del calendario agrícola y litúrgico.

El mijo aparece con el nombre hebreo dokhan. La identificación puede abarcar el mijo común (Panicum miliaceum) y especies próximas, como la setaria italiana (Setaria italica). Una traducción que introduce «mijo» en determinados pasajes puede resultar impropia cuando el término original posee otro sentido, lo que muestra la necesidad de distinguir entre el alimento mencionado y una instrucción agrícola.1

La mostaza

La mostaza comprende varias especies presentes en el Levante, entre ellas la mostaza negra (Brassica nigra), la mostaza blanca (Sinapis alba) y la mostaza silvestre (Sinapis arvensis). El Evangelio parece referirse a una variedad cultivada de crecimiento notable, probablemente la mostaza negra.1

La semilla de mostaza funciona en la predicación de Jesús como imagen de algo pequeño que llega a adquirir una dimensión grande. La comparación no pretende ofrecer una medida botánica exacta, sino utilizar un proverbio agrícola conocido para hablar del crecimiento del Reino de Dios.

La planta puede alcanzar una altura considerable en las condiciones adecuadas y ofrecer cobijo a pequeñas aves. La imagen evangélica une el comienzo humilde del Reino con su capacidad final para acoger y extenderse.1

El cilantro

El cilantro (Coriandrum sativum) aparece en la descripción del maná. Sus semillas redondeadas y su aroma ayudan a explicar la comparación bíblica. La planta formaba parte de la alimentación y de la cultura culinaria del antiguo Levante.1

La menta y el eneldo

La menta comprende varias especies del género Mentha, entre ellas la menta silvestre, la hierbabuena, la menta acuática y el poleo. La planta crece en huertos y lugares húmedos, y su aroma facilita su uso culinario y medicinal.

Jesús menciona la menta junto con otras plantas sometidas al diezmo por la práctica farisea. El problema no consiste en cultivar o diezmar pequeñas plantas, sino en cumplir escrupulosamente preceptos menores mientras se descuidan la justicia, la misericordia y la fidelidad.1

La planta llamada «anís» en algunas traducciones del Evangelio probablemente corresponde al eneldo (Anethum graveolens), no al anís propiamente dicho (Pimpinella anisum). El eneldo era conocido y cultivado en Palestina, y sus semillas, hojas y tallos podían entrar en las prácticas agrícolas y fiscales de la época.1

Arbustos, espinos y plantas silvestres

El hisopo

La identificación del hisopo bíblico permanece abierta a debate. Una propuesta tradicional lo relaciona con Origanum maru, una planta aromática semejante al orégano, de tallo relativamente corto. Otra posibilidad lo vincula con la alcaparra (Capparis spinosa), especialmente en el relato de la Pasión, donde una esponja empapada en vinagre llega hasta los labios de Jesús.4

El hisopo aparece en ritos de purificación y aspersión. Su valor religioso procede de su asociación con la limpieza ritual y con la restauración de la comunión con Dios. El Evangelio de san Juan conserva la palabra en el contexto de la cruz, creando un vínculo entre la purificación, la Pascua y la entrega de Cristo. La dificultad práctica del tallo no permite resolver por sí sola la identificación, porque la esponja pudo alcanzar a Jesús mediante una caña o un soporte añadido.4

Las ortigas

Las traducciones emplean «ortiga», «espino», «zarza» o «maleza» para varios términos hebreos. Algunas palabras parecen designar ortigas propiamente dichas, como especies de Urtica; otras se refieren a plantas espinosas o ásperas de identificación incierta.1

La ortiga y las plantas que invaden un campo abandonado expresan ruina, abandono y pérdida de fecundidad. En las imágenes proféticas, la presencia de espinos y malas hierbas muestra que la tierra ha dejado de recibir el cuidado humano o la bendición esperada.

La zarza

La zarza y el espino representan con frecuencia una vegetación de bajo valor agrícola, capaz de ocupar rápidamente un terreno descuidado. La parábola de los árboles que buscan un rey presenta la zarza como contraste con el olivo, la higuera y la vid. Las plantas nobles producen fruto y ofrecen utilidad; la zarza sólo proporciona sombra engañosa y amenaza de incendio.

La tradición cristiana leyó la zarza como imagen de una autoridad impropia o de una realidad que aspira a dominar sin poseer verdadera fecundidad. Metodio de Olimpo relacionó alegóricamente la zarza con la enseñanza apostólica, aunque esta interpretación pertenece a su desarrollo espiritual particular.5

La colocinta y la calabaza silvestre

La colocinta (Citrullus colocynthis) es una planta de regiones cálidas y secas del Levante. Su fruto recuerda a una pequeña calabaza, pero posee un sabor extremadamente amargo y propiedades purgantes intensas.

En el relato de Eliseo, los discípulos recogen frutos silvestres para preparar una comida y descubren que resultan peligrosos. La identificación con la colocinta es probable, aunque no absolutamente segura. El episodio muestra el conocimiento práctico de las plantas y el riesgo de confundir una especie comestible con otra dañina.1

Las plantas malolientes

El término hebreo be’ushah parece relacionarse con plantas o frutos de olor desagradable. No designa necesariamente una sola especie. Puede abarcar diversas plantas nocivas, como ciertos beleños, solanáceas, aráceas o especies de olor fétido presentes en Palestina.

En la imagen de la viña que produce frutos malos, la expresión admite el sentido de «frutos malolientes» o «frutos corrompidos». La traducción como «uvas silvestres» transmite la decepción del propietario, pero no recoge toda la fuerza negativa del término original.1

Plantas y árboles en la liturgia y en la vida religiosa

Las plantas no cumplen una función decorativa secundaria en la Biblia. Forman parte de la economía de la salvación porque acompañan la vida concreta del pueblo:

  • El olivo proporciona el aceite de las lámparas y de las unciones.
  • El cedro interviene en ritos de purificación y en la construcción del templo.
  • El hisopo participa en aspersiones rituales.
  • La vid aporta el vino de las comidas festivas y de la celebración.
  • La palmera y otras ramas aparecen en contextos de fiesta, victoria y aclamación.
  • El almendro, la higuera y otros árboles marcan los ritmos agrícolas del año.

La fiesta de las Tiendas exigía tomar ramas y frutos de árboles hermosos. La identificación del «árbol frondoso» o «árbol hermoso» con el cidro (Citrus medica) cuenta con apoyo en antiguas tradiciones judías y arameas, aunque el texto hebreo no proporciona una determinación botánica indiscutible.1

Plantas aromáticas y especies no autóctonas

Algunos productos aromáticos de la Biblia no proceden de la flora nativa del Levante. La mirra, por ejemplo, procede de árboles del género Commiphora propios principalmente de Arabia y de regiones subtropicales africanas. El aloes aromático bíblico tampoco corresponde al aloe medicinal conocido en jardinería, sino a una madera olorosa vinculada tradicionalmente con especies asiáticas de Aquilaria. La canela y ciertos perfumes mencionados en contextos comerciales llegaron mediante rutas de intercambio.1

Estas especies forman parte de la cultura bíblica, pero no deben confundirse con la flora autóctona de Palestina y del Levante mediterráneo. El comercio antiguo transportaba resinas, maderas y especias desde Arabia, África oriental, India y otras regiones. Por ello, un catálogo estricto de las plantas nativas de la Biblia debe distinguir entre:

  1. Especies del paisaje levantino, como el olivo, la vid, la higuera, el almendro, el cedro, la mostaza, el cilantro, el eneldo y diversas plantas silvestres.
  2. Productos importados, como la mirra, la canela y determinadas maderas aromáticas.
  3. Términos botánicos inciertos, cuya identificación no permite afirmar una especie concreta.

La traducción bíblica y la realidad botánica

Traducciones tradicionales

Las traducciones antiguas y modernas transmiten la Biblia mediante equivalencias comprensibles para sus lectores. Este procedimiento resulta necesario, pero puede ocultar diferencias entre especies.

«Anís», por ejemplo, puede traducir una palabra que probablemente alude al eneldo. «Peral» puede representar un árbol cuya identificación más probable remite a una especie de hojas susurrantes. «Cizaña» conserva el sentido general de una mala hierba, aunque el término griego parece apuntar a la cizaña venenosa. «Cedro» puede designar el cedro del Líbano o, en ciertos ritos del desierto, un enebro aromático.1,2

La tradición católica valora la lengua litúrgica y la continuidad de las traducciones, pero la lectura rigurosa también considera el hebreo, el arameo, el griego, la geografía y la botánica. Una palabra tradicional puede conservar un significado espiritual válido aunque la especie concreta requiera una revisión filológica.

El texto original y la pluralidad de significados

Los autores bíblicos no escribieron tratados de botánica. Utilizaron el vocabulario agrícola y cotidiano de su tiempo. Una misma palabra podía referirse a varias plantas de aspecto semejante, a una materia prima o a una categoría funcional.

Por ello, la pregunta «¿qué especie exacta menciona este versículo?» no siempre admite una respuesta definitiva. La interpretación responsable distingue entre:

  • Identificación segura, cuando el término, el contexto y la tradición coinciden.
  • Identificación probable, cuando los datos favorecen una especie, pero subsisten alternativas.
  • Identificación incierta, cuando el nombre puede abarcar varias plantas o la traducción antigua transformó el sentido original.

Valor espiritual de las plantas bíblicas

La vegetación bíblica enseña que la creación no constituye un decorado indiferente. Las plantas alimentan, curan, iluminan, perfuman, protegen y ofrecen imágenes para hablar de Dios.

El árbol plantado junto al agua expresa estabilidad y fecundidad. El brote que nace de un tronco cortado anuncia esperanza. La semilla pequeña manifiesta la fuerza escondida del Reino. La vid recuerda la unión vital con Cristo. El olivo evoca la paz, la misericordia y la unción. La higuera plantea la necesidad de dar fruto. El cedro enseña que la grandeza humana puede elevarse o caer bajo el juicio de Dios.

La tradición patrística contempla estas imágenes desde la fe en Cristo. La higuera, la vid, el olivo, la canela, el bálsamo y la mirra pueden recibir una lectura cristológica o espiritual, siempre que la alegoría respete el sentido fundamental de la Escritura. Anselmo de Canterbury, por ejemplo, interpretó el olivo como imagen de la misericordia que ilumina y sana, y relacionó los aromas con la gracia de Cristo y la acción del Espíritu Santo.3

Conclusión

Las plantas de la Biblia pertenecen principalmente al mundo mediterráneo y desértico del antiguo Levante. El olivo, la vid, la higuera, el cedro, el almendro, la mostaza, el trigo, la cebada, el cilantro, el eneldo, el hisopo, la zarza y diversas plantas silvestres forman parte de la vida agrícola, económica, litúrgica y poética de Israel.

La identificación botánica exige cautela porque los términos hebreos y griegos suelen ser genéricos, mientras que las traducciones tradicionales pueden introducir equivalencias aproximadas. La investigación botánica ayuda a recuperar el paisaje original, pero el significado bíblico no depende únicamente de la especie. La Escritura contempla las plantas como criaturas de Dios y como signos de realidades espirituales: fecundidad, alianza, juicio, misericordia, sabiduría y vida nueva en Cristo.

Citas y referencias

  1. Plantas en la Biblia. Catholic Encyclopedia, Plantas en la Biblia (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21
  2. Cedro. Catholic Encyclopedia, Cedro (1913). 2 3 4 5 6 7
  3. Anselmo de Canterbury. Homiliae et Exhortationes (Homilías y Exhortaciones), 3 (1853). 2 3
  4. Hisopo. Catholic Encyclopedia, Hisopo (1913). 2 3
  5. Discurso X - Capítulo 2. La alegoría de los árboles que exigen un rey, en el Libro de Jueces, explicada, Methodius of Olympus. Banquete de las Diez Vírgenes, Discurso X, Capítulo 2 (290). 2 3 4
  6. La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Ezequiel 17 (1993).
  7. Discurso X - Capítulo 5. La malignidad del diablo como imitador en todas las cosas; dos clases de higueras y vides, Methodius of Olympus. Banquete de las Diez Vírgenes, Discurso X, Capítulo 5 (290). 2 3
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