Amor a la verdad
El cristiano debe buscar la verdad aunque contradiga sus preferencias políticas, culturales o religiosas. El gusto personal no determina la realidad. Una información no se vuelve verdadera porque confirme una opinión previa, ni falsa porque resulte incómoda.
El amor a la verdad reclama:
- aceptar los hechos probados aunque perjudiquen al propio grupo;
- reconocer la incertidumbre cuando faltan datos;
- corregir el error sin excusas;
- distinguir entre una hipótesis y una afirmación comprobada;
- evitar la exageración y la manipulación;
- respetar el contexto de las declaraciones y de los acontecimientos.
La fe cristiana no invita a abandonar la razón. La caridad, iluminada por la razón y la fe, permite buscar objetivos verdaderamente humanos y humanizadores.
Dignidad de toda persona
Toda noticia debe valorarse también por la manera en que trata a las personas implicadas. La víctima, el acusado, el inmigrante, el preso, el adversario político, el enfermo y el desconocido conservan su dignidad aunque la opinión pública los juzgue con dureza.
El discernimiento cristiano rechaza:
- la exposición innecesaria de imágenes de víctimas;
- la difusión de datos personales sin una causa proporcionada;
- la ridiculización de personas vulnerables;
- la condena pública sin pruebas;
- la reducción de una persona a su delito, enfermedad, nacionalidad o ideología;
- el uso de tragedias humanas para obtener visitas o reacciones.
La comunicación debe contribuir a una cultura que proteja el rostro, la voz y la intimidad de cada ser humano. El papa León XIV ha reclamado una alfabetización mediática y digital capaz de prevenir el fraude, el acoso, los contenidos falsificados y el uso no consentido de imágenes, voces y rostros.
Caridad
La caridad no elimina la obligación de denunciar la injusticia, pero determina el modo de hacerlo. Una denuncia puede ser firme sin ser cruel. Una crítica puede ser clara sin convertirse en desprecio. Una corrección puede buscar la verdad sin destruir la reputación.
El Dicasterio para la Comunicación relaciona la mentira con la ruptura de la comunión, porque la falsedad trata a los demás como instrumentos y niega que todos formen parte de un mismo cuerpo humano.
Antes de compartir una noticia conviene preguntar:
¿Quiero informar, ayudar y proteger, o simplemente descargar mi enfado?
La respuesta interior no garantiza por sí sola la verdad del contenido, pero permite detectar una motivación desordenada.
Bien común
El bien común comprende las condiciones sociales que permiten a las personas y a las comunidades alcanzar su plenitud. El discernimiento de las noticias debe valorar sus efectos sobre la convivencia, la justicia, la paz y la protección de los más débiles.
Una publicación puede ser verdadera y, aun así, requerir prudencia en su difusión si expone a una persona inocente a un peligro grave o facilita una persecución injusta. La prudencia no autoriza a ocultar la verdad por comodidad, pero sí exige considerar cómo, cuándo y con qué finalidad conviene comunicarla.
Los medios pueden favorecer la comunión de la familia humana cuando promueven la participación universal en la búsqueda de lo justo.
Libertad interior
El usuario de la información necesita libertad interior frente a la presión de las tendencias, las notificaciones, la indignación colectiva y los grupos de afinidad. Una persona puede creer que elige libremente cuando, en realidad, repite contenidos seleccionados por sistemas que premian la atención, la emoción y la polémica.
La alfabetización digital ayuda a comprender cómo los algoritmos configuran la percepción de la realidad, qué sesgos incorporan los sistemas de inteligencia artificial y qué factores determinan la aparición de determinados contenidos.