El Plan de Estudios original
La educación constituye el rasgo apostólico más característico de la Sociedad. Magdalena Sofía Barat convocó en París a las superioras de las casas en 1820 para establecer un Plan de Estudios común. El objetivo consistía en proporcionar una formación sólida, seria y cristiana, capaz de preparar a las alumnas para la vida familiar, social y apostólica.
El plan original no pretendía formar únicamente alumnas instruidas en materias escolares. Aspiraba a desarrollar simultáneamente:
- La inteligencia, mediante el estudio ordenado y exigente.
- La conciencia moral, formada a la luz de la fe cristiana.
- El carácter, mediante la disciplina, la responsabilidad y el dominio de sí.
- La sensibilidad religiosa, alimentada por la oración y la práctica sacramental.
- La capacidad de juicio, necesaria para afrontar las responsabilidades personales y sociales.
- La preparación práctica, especialmente en las tareas propias de la vida familiar y de la administración doméstica.
El programa concedía particular importancia a la religión y a la filosofía cristiana, junto con la historia, la literatura, la redacción, las lenguas modernas y los conocimientos de economía doméstica que podían impartirse en un colegio.
Una educación intelectual para la mujer
Durante el siglo XIX, muchas instituciones femeninas ofrecían a las alumnas una instrucción limitada. La Sociedad del Sagrado Corazón promovió, en cambio, una educación amplia para las jóvenes de las clases medias y altas, sin separar el cultivo intelectual de la formación religiosa. La enseñanza de la historia, la literatura y las lenguas modernas pretendía proporcionar cultura general, capacidad de expresión y comprensión del mundo contemporáneo.
El ideal educativo de la época concebía a las alumnas como futuras esposas y madres, pero el Plan de Estudios también perseguía una formación del carácter y de la inteligencia que permitiera a las mujeres ejercer responsabilidades dentro de la familia, de la sociedad y de las obras católicas. La pedagogía de la Sociedad debe interpretarse dentro del contexto social del siglo XIX, sin atribuirle automáticamente concepciones educativas posteriores.
Adaptación a los países
La Sociedad mantuvo una orientación común, pero modificó sus programas en función de las necesidades de cada país y de las exigencias de las autoridades educativas. La uniformidad inicial del plan fue dando paso a adaptaciones nacionales, especialmente cuando las religiosas abrieron colegios diurnos, escuelas gratuitas y centros vinculados a los sistemas educativos públicos.
El núcleo de la pedagogía permaneció estable: formación religiosa, solidez intelectual, educación del carácter, cultivo de la literatura y de las lenguas, y preparación para una vida cristiana responsable. La adaptación de los contenidos no implicaba abandonar la identidad del instituto.
Colegios, escuelas gratuitas y formación de maestras
La Sociedad dirigió internados y colegios para alumnas de familias acomodadas, pero también fundó escuelas gratuitas y parroquiales. En algunos países, estas escuelas recibieron ayuda pública y siguieron las normas generales de la enseñanza elemental; en otros, funcionaron como obras voluntarias adaptadas a las necesidades locales.
Otro ámbito relevante fue la formación de maestras católicas. En Inglaterra, las religiosas participaron en instituciones destinadas a preparar docentes para las escuelas elementales sostenidas por el Estado. Esta labor multiplicaba el alcance de la misión: una maestra formada en la doctrina y en la práctica católicas podía educar a muchos niños durante años. La Sociedad desarrolló también una obra semejante en Lima.
La pedagogía del Sagrado Corazón combinaba, por tanto, tres niveles:
- La educación directa de las alumnas en colegios e internados.
- La enseñanza básica de niñas y jóvenes con menos recursos.
- La preparación de maestras capaces de transmitir una educación católica a nuevas generaciones.