La enciclopedia católica en español

Orden de Religiosas del Sagrado Corazón

La Orden de Religiosas del Sagrado Corazón, cuyo nombre oficial es Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús, es un instituto religioso femenino de derecho pontificio fundado en Francia en 1800 por santa Magdalena Sofía Barat, con la colaboración decisiva del sacerdote José Varin. Su carisma une la adoración y la reparación al Corazón de Jesús con la educación cristiana, especialmente de las jóvenes, y con la formación intelectual y moral de la mujer. Desde sus primeros años desarrolló una amplia red internacional de colegios, escuelas, comunidades de formación y casas de ejercicios espirituales.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreOrden de Religiosas del Sagrado Corazón
CategoríaDesconocido
Nombre CompletoSociedad del Sagrado Corazón de Jesús
DescripciónEducación cristiana de jóvenes unida a la adoración y reparación al Corazón de Jesús
Fecha de Fundación21 de noviembre de 1800
Lugar de FundaciónParís, Francia
Autoridad EclesiásticaPapa León XII
EstadoActiva
Fecha de Aprobacióndiciembre de 1826
FundadoraMagdalena Sofía Barat
Personas relacionadasMagdalena Sofía Barat
Personas RelacionadasJosé Varín, Filipina Duchesne
TipoOrden, Instituto religioso femenino de derecho pontificio, XIX

Tabla de contenido

Denominación y naturaleza del instituto

La expresión «Religiosas del Sagrado Corazón» designa habitualmente a las religiosas de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús. En la tradición francesa, la congregación recibió también el nombre de Dames du Sacré-Coeur; durante sus comienzos utilizó denominaciones provisionales como Damas de la Fe o Damas de la Instrucción Cristiana, en parte para evitar asociaciones políticas derivadas de la devoción al Sagrado Corazón durante el periodo revolucionario y posrevolucionario.1

Desde el punto de vista de la vida consagrada, la Sociedad pertenece a los institutos femeninos apostólicos dedicados principalmente a la educación. Sus miembros profesan los consejos evangélicos y viven en comunidades religiosas, combinando la oración, la vida común y el apostolado educativo. La tradición de la época describía su instituto como una sociedad de religiosas con votos perpetuos orientada de manera especial a la educación.1

El término orden, muy extendido en el uso corriente, no siempre coincide con la clasificación jurídica precisa de los institutos religiosos. En el lenguaje histórico y popular, «Orden de Religiosas del Sagrado Corazón» identifica correctamente a la congregación; su denominación institucional propia, sin embargo, es Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús.

Origen histórico

La restauración de la vida religiosa en Francia

La fundación de la Sociedad tuvo lugar en el contexto de la recuperación de la vida religiosa después de la Revolución francesa. Las leyes revolucionarias habían suprimido numerosas comunidades religiosas y habían provocado la dispersión de sus miembros. Durante los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX surgieron nuevas iniciativas destinadas a reconstruir la vida consagrada y a renovar la educación cristiana.

Entre quienes concibieron la necesidad de una congregación femenina dedicada a la formación de las jóvenes destacó Léonor de Tournély, sacerdote vinculado a los llamados Padres del Sagrado Corazón o Padres de la Fe. Tournély consideraba que la educación de las niñas y de las jóvenes constituía un medio privilegiado para restaurar la vida cristiana en la sociedad francesa. Antes de su muerte, transmitió este proyecto a José Varin de Solmon, quien desempeñó después un papel fundamental en la organización de la Sociedad.1

La iniciativa de Tournély no debe confundirse con la fundación de la congregación femenina. La fundadora efectiva de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús fue Magdalena Sofía Barat, mientras que Varin actuó como director espiritual, organizador y colaborador en la redacción de las constituciones.

Magdalena Sofía Barat

Magdalena Sofía Barat nació en Francia en 1779. Recibió una formación intelectual poco habitual para una mujer de su tiempo y desarrolló una profunda vida espiritual centrada en Cristo y en el misterio de su Corazón. Su hermano, Luis Barat, sacerdote, y el padre Varin contribuyeron a orientar su vocación hacia la fundación de una comunidad religiosa dedicada a la educación.

La Sociedad comenzó su vida comunitaria en París el 21 de noviembre de 1800. Poco después, en 1801, asumió una escuela ya existente en Amiens. Varias mujeres que trabajaban en aquella institución ingresaron en la nueva comunidad. La primera superiora local fue inicialmente Loquet, pero, con el acuerdo de la comunidad y por consejo del padre Varin, Magdalena Sofía Barat pasó a dirigir el instituto.1

La fundadora fue elegida superiora general en 1806. Durante décadas gobernó la Sociedad, consolidó su organización interna y promovió una disciplina común para las distintas casas. En su tarea tuvo que afrontar tensiones internas, dificultades políticas y las diferencias derivadas de la rápida expansión internacional. Su método de gobierno combinó la firmeza en los principios, la prudencia, la paciencia y la atención personal a las religiosas.2

El papel del padre José Varin

El padre José Varin pertenecía al grupo de sacerdotes que, en el ambiente posterior a la Revolución francesa, buscaba restaurar una vida apostólica inspirada en la tradición de san Ignacio de Loyola y orientada al culto del Sagrado Corazón. Tras la muerte de Tournély, Varin asumió la dirección del grupo sacerdotal y entró en contacto con Magdalena Sofía Barat.

Varin no fue el fundador de la Sociedad femenina en sentido estricto, pero su contribución resultó determinante. Acompañó espiritualmente a Barat, ayudó a formular el proyecto inicial y colaboró con ella en la elaboración de las constituciones y de las reglas. Estas normas incorporaron elementos de la tradición ignaciana, adaptados a una congregación femenina dedicada a la educación y al apostolado.2

La distinción entre inspirador, colaborador y fundadora resulta esencial. Tournély imaginó un instituto femenino dedicado a la educación; Varin transmitió y organizó ese proyecto; Barat lo convirtió en una congregación estable, le dio una forma espiritual y jurídica y la gobernó durante su primera gran expansión.

Santa Filipina Duchesne y la expansión misionera

Una de las primeras grandes figuras de la Sociedad fue santa Filipina Duchesne. Antes de incorporarse a la congregación, había pertenecido al monasterio de la Visitación de Santa María de Grenoble. Después de la Revolución intentó restaurar la vida religiosa en aquel entorno, pero las circunstancias no permitieron reconstruir la comunidad de la Visitación.

Duchesne conoció al padre Varin, quien presentó su situación a Magdalena Sofía Barat. En 1804 ingresó en la Sociedad del Sagrado Corazón y aportó a la nueva congregación su experiencia, su fortaleza espiritual y su deseo misionero. La casa de Grenoble y la incorporación de Duchesne contribuyeron a ampliar el horizonte apostólico del instituto.1

En 1818, Magdalena Sofía Barat envió a Filipina Duchesne a América del Norte junto con cuatro compañeras. Aquella misión marcó la implantación de la Sociedad fuera de Europa. Duchesne trabajó entre poblaciones de origen europeo y comunidades indígenas, y fundó instituciones educativas en condiciones materiales difíciles. La expansión americana no constituyó una desviación del carisma inicial, sino una prolongación de la convicción de que la educación cristiana podía servir a la evangelización y a la transformación de la sociedad.

Aprobación pontificia y organización

La expansión de las casas hizo necesaria una mayor unidad institucional. Magdalena Sofía Barat buscó la aprobación de la Santa Sede para ofrecer estabilidad jurídica a la Sociedad y garantizar la comunión entre las distintas comunidades. La fundadora preparó una memoria sobre el instituto y la presentó al papa León XII en 1826. La aprobación pontificia llegó mediante un decreto promulgado en diciembre de aquel año.2

La Sociedad desarrolló una estructura centralizada, con una superiora general y comunidades vinculadas mediante comunicaciones regulares, visitas, informes y reuniones. La organización pretendía mantener la unidad espiritual y pedagógica a pesar de la distancia entre las casas. La casa de última probación, destinada a la etapa final de formación de las religiosas, favorecía el contacto de las jóvenes profesas con las superioras generales y con las responsables principales del instituto.1

La unidad no significaba uniformidad absoluta en todos los aspectos. El instituto mantuvo unos principios comunes de vida religiosa y de educación, pero adaptó los programas escolares a las necesidades de cada país, a las disposiciones civiles y al tipo de formación requerido por la sociedad local.1

Espiritualidad

El Corazón de Jesús

La espiritualidad de la Sociedad se centra en el Corazón de Jesús, entendido como signo de la persona entera de Cristo, de su amor redentor y de su entrega al Padre y a la humanidad. La devoción no queda reducida a una práctica sentimental: inspira una forma de vida fundada en la adoración, la reparación, la confianza y el servicio apostólico.

La reparación expresa la respuesta amorosa a las ofensas cometidas contra Cristo y a la indiferencia religiosa. En la Sociedad, esta actitud se traduce en la unión de la oración con la educación y con el servicio. Las religiosas procuran manifestar el amor de Cristo mediante la formación de las conciencias, el acompañamiento personal y la promoción de una cultura cristiana.

Influencia ignaciana

Las constituciones elaboradas por Magdalena Sofía Barat y José Varin incorporaron elementos de la espiritualidad de san Ignacio de Loyola. Entre ellos figuran el discernimiento, la obediencia apostólica, el examen de vida, la formación sólida, la disponibilidad para la misión y la búsqueda de Dios en todas las cosas.2

La Sociedad no es la Compañía de Jesús ni una rama femenina de esta en sentido jurídico. La influencia ignaciana afecta a la espiritualidad, al método formativo y a la organización apostólica, pero la congregación posee su propia historia, sus propias constituciones y su propio carisma centrado en el Corazón de Jesús y en la educación.

Oración y apostolado

La oración sostiene la misión educativa. La vida de las religiosas integra la celebración litúrgica, la oración personal, la adoración eucarística, la meditación y la vida comunitaria. El apostolado no aparece como una actividad externa añadida a la consagración, sino como la expresión de una vida interior configurada por el amor de Cristo.

La Sociedad desarrolló también casas de ejercicios espirituales y retiros para mujeres de distintas condiciones sociales. Algunas iniciativas estuvieron dirigidas a mujeres pertenecientes a familias acomodadas; otras atendieron a jóvenes trabajadoras, campesinas y mujeres con menos recursos.1

La pedagogía del Sagrado Corazón

El Plan de Estudios original

La educación constituye el rasgo apostólico más característico de la Sociedad. Magdalena Sofía Barat convocó en París a las superioras de las casas en 1820 para establecer un Plan de Estudios común. El objetivo consistía en proporcionar una formación sólida, seria y cristiana, capaz de preparar a las alumnas para la vida familiar, social y apostólica.2

El plan original no pretendía formar únicamente alumnas instruidas en materias escolares. Aspiraba a desarrollar simultáneamente:

  • La inteligencia, mediante el estudio ordenado y exigente.
  • La conciencia moral, formada a la luz de la fe cristiana.
  • El carácter, mediante la disciplina, la responsabilidad y el dominio de sí.
  • La sensibilidad religiosa, alimentada por la oración y la práctica sacramental.
  • La capacidad de juicio, necesaria para afrontar las responsabilidades personales y sociales.
  • La preparación práctica, especialmente en las tareas propias de la vida familiar y de la administración doméstica.

El programa concedía particular importancia a la religión y a la filosofía cristiana, junto con la historia, la literatura, la redacción, las lenguas modernas y los conocimientos de economía doméstica que podían impartirse en un colegio.1

Una educación intelectual para la mujer

Durante el siglo XIX, muchas instituciones femeninas ofrecían a las alumnas una instrucción limitada. La Sociedad del Sagrado Corazón promovió, en cambio, una educación amplia para las jóvenes de las clases medias y altas, sin separar el cultivo intelectual de la formación religiosa. La enseñanza de la historia, la literatura y las lenguas modernas pretendía proporcionar cultura general, capacidad de expresión y comprensión del mundo contemporáneo.

El ideal educativo de la época concebía a las alumnas como futuras esposas y madres, pero el Plan de Estudios también perseguía una formación del carácter y de la inteligencia que permitiera a las mujeres ejercer responsabilidades dentro de la familia, de la sociedad y de las obras católicas. La pedagogía de la Sociedad debe interpretarse dentro del contexto social del siglo XIX, sin atribuirle automáticamente concepciones educativas posteriores.

Adaptación a los países

La Sociedad mantuvo una orientación común, pero modificó sus programas en función de las necesidades de cada país y de las exigencias de las autoridades educativas. La uniformidad inicial del plan fue dando paso a adaptaciones nacionales, especialmente cuando las religiosas abrieron colegios diurnos, escuelas gratuitas y centros vinculados a los sistemas educativos públicos.1

El núcleo de la pedagogía permaneció estable: formación religiosa, solidez intelectual, educación del carácter, cultivo de la literatura y de las lenguas, y preparación para una vida cristiana responsable. La adaptación de los contenidos no implicaba abandonar la identidad del instituto.

Colegios, escuelas gratuitas y formación de maestras

La Sociedad dirigió internados y colegios para alumnas de familias acomodadas, pero también fundó escuelas gratuitas y parroquiales. En algunos países, estas escuelas recibieron ayuda pública y siguieron las normas generales de la enseñanza elemental; en otros, funcionaron como obras voluntarias adaptadas a las necesidades locales.1

Otro ámbito relevante fue la formación de maestras católicas. En Inglaterra, las religiosas participaron en instituciones destinadas a preparar docentes para las escuelas elementales sostenidas por el Estado. Esta labor multiplicaba el alcance de la misión: una maestra formada en la doctrina y en la práctica católicas podía educar a muchos niños durante años. La Sociedad desarrolló también una obra semejante en Lima.1

La pedagogía del Sagrado Corazón combinaba, por tanto, tres niveles:

  1. La educación directa de las alumnas en colegios e internados.
  2. La enseñanza básica de niñas y jóvenes con menos recursos.
  3. La preparación de maestras capaces de transmitir una educación católica a nuevas generaciones.

Principales obras apostólicas

Educación secundaria y superior

La Sociedad adquirió especial reconocimiento por sus colegios para jóvenes. La educación incluía religión, literatura, historia, filosofía cristiana, lenguas modernas y actividades orientadas a la formación estética y práctica. El colegio debía constituir un ambiente completo de formación, no una simple institución de enseñanza.

Las comunidades procuraban que la vida escolar estuviera integrada con la oración, la disciplina comunitaria y el acompañamiento individual. La relación personal entre educadora y alumna tenía un valor pedagógico propio: la religiosa enseñaba tanto por sus explicaciones como por el testimonio de su vida.

Escuelas populares

Las escuelas gratuitas permitieron a la Sociedad atender a niñas de familias humildes y a sectores que carecían de acceso suficiente a la educación. La enseñanza elemental se vinculaba con la catequesis, la formación moral y la adquisición de hábitos de responsabilidad.

La educación de los pobres ocupa un lugar coherente dentro de la tradición católica, que entiende el conocimiento como un bien relacionado con la dignidad humana y la responsabilidad de la comunidad. La educación cristiana busca formar personas abiertas a la verdad, al bien y a la belleza, no únicamente trabajadores técnicamente capacitados.3

Retiros y ejercicios espirituales

Las casas del Sagrado Corazón acogieron a mujeres que deseaban dedicar algunos días a la oración y a los ejercicios espirituales. Las religiosas adaptaron estos retiros a diferentes grupos sociales, incluidas jóvenes pobres y mujeres del ámbito rural. También organizaron retiros de preparación para la primera comunión y actividades espirituales destinadas a mujeres de territorios de misión.1

Esta obra reflejaba la unión característica entre contemplación y acción. La formación espiritual no quedaba reservada a las religiosas: la Sociedad procuraba ofrecer medios de renovación cristiana a las personas vinculadas a sus colegios y a otros grupos de la sociedad.

Asociaciones vinculadas

En torno a las obras educativas surgieron asociaciones de laicos, entre ellas las congregaciones de las Hijas de María del Sagrado Corazón. Estas asociaciones poseían reglas y organización propias y no deben confundirse con la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús ni considerarse automáticamente parte de ella.1

Expansión internacional

La Sociedad extendió su presencia fuera de Francia durante el siglo XIX. Entre sus primeras implantaciones figuraron:

  • Inglaterra, desde 1842.
  • Irlanda, desde 1842.
  • España, desde 1846.
  • Países Bajos, desde 1848.
  • Alemania, desde 1851.
  • Austria, desde 1853.
  • América del Sur, desde 1853.
  • Polonia, desde 1857.2

La expansión respondió a solicitudes episcopales y a la necesidad de instituciones católicas de enseñanza. En cada país, las religiosas fundaron colegios, escuelas y casas de ejercicios, manteniendo la vinculación con el gobierno central del instituto.

La misión americana de Filipina Duchesne tuvo un significado particular, porque introdujo la congregación en un contexto cultural y religioso distinto del europeo. Las fundaciones posteriores consolidaron una presencia internacional caracterizada por la educación, la formación de docentes, la atención espiritual y el acompañamiento de las jóvenes.

La Sociedad del Sagrado Corazón en España

La llegada a España tuvo lugar en 1846, dentro de la expansión europea del instituto. La presencia española debe distinguirse de la de otras congregaciones españolas que también adoptaron una espiritualidad centrada en el Sagrado Corazón.

En particular, la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús no equivale a:

  • Las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, vinculadas a santa Rafaela María Porras y a la adoración eucarística reparadora.
  • Las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús, fundadas por santa Isabel de la Trinidad González y dedicadas especialmente a la educación y a las obras de caridad.
  • Las Esclavas del Divino Corazón, fundadas por Marcelo Spínola y Celia Méndez.
  • Las Religiosas del Sagrado Corazón de María, fundadas en Béziers por Jean Gailhac.
  • Las Hijas del Sagrado Corazón y otras congregaciones que utilizan títulos semejantes.

Cada una de estas instituciones posee fundadores, constituciones, fechas de fundación, espiritualidad y trayectoria propias. La coincidencia en la devoción al Sagrado Corazón no establece identidad institucional. Las Religiosas del Sagrado Corazón de María, por ejemplo, constituyen una congregación distinta, fundada en 1848 por Jean Gailhac para la enseñanza y la atención de huérfanos.4

Distinción respecto de otras ramas y asociaciones del Sagrado Corazón

La devoción al Sagrado Corazón dio origen a numerosas realidades católicas durante los siglos XVIII, XIX y XX. Entre ellas figuran:

  • Congregaciones religiosas femeninas, como la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús.
  • Institutos masculinos, algunos de ellos vinculados históricamente a los Padres del Sagrado Corazón o a los Padres de la Fe.
  • Confraternidades y archicofradías de reparación y adoración.
  • Guardias de Honor del Sagrado Corazón.
  • Apostolados y asociaciones de oración.
  • Congregaciones con títulos semejantes, pero con fundadores y misiones diferentes.

Las confraternidades del Sagrado Corazón, por ejemplo, nacieron como asociaciones de fieles para promover la adoración, la reparación y la difusión de la devoción. No forman parte por ello de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús.5

Tampoco debe confundirse la Sociedad con la antigua Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús de los Paccanaristas, fundada por Francisco Eleonor de Tournély y el príncipe Carlos de Broglie en el contexto de los intentos de restauración de la Compañía de Jesús. Aquella sociedad sacerdotal constituye una realidad histórica distinta, aunque comparte el lenguaje devocional del Sagrado Corazón y mantuvo relación con el ambiente espiritual del que procedió José Varin.6

Rasgos distintivos

La identidad de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús puede sintetizarse en varios rasgos:

Centralidad de la educación

La congregación nació para educar cristianamente a las jóvenes y convirtió la escuela en su principal ámbito apostólico. El colegio debía formar la inteligencia, la conciencia, el carácter y la vida espiritual.

Formación exigente

El Plan de Estudios original concedía valor a la cultura general, la literatura, la historia, la redacción, las lenguas modernas, la filosofía cristiana y la preparación práctica. La educación religiosa no sustituía a la formación intelectual, sino que la integraba.

Unidad internacional

La Sociedad desarrolló mecanismos de gobierno y comunicación destinados a conservar una identidad común entre casas de diferentes países. Las visitas, los informes, las reuniones de superioras y la formación centralizada desempeñaron una función decisiva.1

Espíritu ignaciano

La organización apostólica y la formación espiritual recibieron una influencia notable de san Ignacio de Loyola, transmitida especialmente por el padre Varin. Esta influencia no elimina la originalidad del carisma propio de la Sociedad.

Adoración y reparación

La educación brota de una espiritualidad centrada en el amor de Cristo, expresado en el símbolo de su Corazón. La adoración, la reparación y la confianza en la misericordia divina sostienen la misión apostólica.

Atención a distintas clases sociales

Aunque la Sociedad alcanzó particular fama por sus internados y colegios, también dirigió escuelas gratuitas, parroquiales y obras de formación de maestras. Su apostolado no quedó limitado a las alumnas de familias acomodadas.1

Valor histórico y eclesial

La Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús participó en la renovación de la educación católica femenina durante el siglo XIX. Sus colegios contribuyeron a elevar el nivel cultural de muchas jóvenes y a formar mujeres capaces de transmitir la fe en el ámbito familiar y social.

Su obra también muestra la importancia que adquirieron las congregaciones femeninas en una época en la que los Estados todavía no habían desarrollado sistemas educativos accesibles para toda la población. Las religiosas crearon escuelas en lugares donde faltaban instituciones estables y ofrecieron enseñanza, catequesis, formación práctica y acompañamiento personal. La tradición católica considera esta tarea una expresión de la dignidad de los niños y de la responsabilidad social de la educación.3

La historia de la Sociedad no puede reducirse a la fundación de colegios. La congregación formó comunidades internacionales, promovió la participación de la mujer en la cultura católica, organizó retiros espirituales y envió religiosas a contextos misioneros muy diversos. Su contribución principal consistió en unir una profunda vida de oración con una concepción exigente y amplia de la educación.

Figuras principales

Santa Magdalena Sofía Barat

Fundadora y primera superiora general de la Sociedad, dio al instituto su forma espiritual, pedagógica y organizativa. Su gobierno se caracterizó por la consolidación de las constituciones, la búsqueda de la aprobación pontificia y la creación de un sistema educativo común.

José Varin de Solmon

Sacerdote y colaborador fundamental de Barat. Transmitió el proyecto inicialmente concebido por Tournély, acompañó a la fundadora y colaboró en la redacción de las reglas y constituciones.1

Santa Filipina Duchesne

Religiosa de la primera generación y principal pionera de la expansión de la Sociedad en América del Norte. Su vida representa la dimensión misionera del instituto y la disponibilidad apostólica de sus primeras comunidades.2

Legado

La Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús dejó una huella duradera en la educación católica, especialmente en la formación de niñas y jóvenes. Su legado se encuentra en la convicción de que la educación cristiana debe cultivar conjuntamente la fe, la inteligencia, la libertad, la responsabilidad y la capacidad de servir.

La congregación también ofreció un modelo de vida religiosa femenina apostólica en el que la clausura estricta no constituía el centro de la vocación. Las religiosas vivían en comunidad, profesaban los consejos evangélicos y trabajaban directamente en colegios, escuelas, casas de ejercicios y misiones. La tradición católica reconoce diversas formas de vida consagrada -contemplativas, activas y mixtas- según el modo en que cada instituto ordena su misión y su vida de oración.7

La identidad de las Religiosas del Sagrado Corazón permanece vinculada a una síntesis concreta: contemplar el amor de Cristo, reparar mediante la entrega de la propia vida y educar para que ese amor transforme las personas y la sociedad.

Citas y referencias

  1. La Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús. Enciclopedia Católica, La Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17
  2. Venerable Madeleine-Sophie Barat. Enciclopedia Católica, Venerable Madeleine-Sophie Barat (1913). 2 3 4 5 6 7
  3. Exhortación apostólica Dilexi te del Papa León XIV sobre el amor a los pobres (4 de octubre de 2025), León XIV. Exhortación apostólica Dilexi te del Papa León XIV sobre el amor a los pobres, 1 (2025). 2
  4. Congregaciones del Corazón de María. Enciclopedia Católica, Congregaciones del Corazón de María (1913).
  5. Sodalicio. Enciclopedia Católica, Sodalicio (1913).
  6. Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús. Enciclopedia Católica, Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús (1913).
  7. Vida religiosa. Enciclopedia Católica, Vida religiosa (1913).
Modificado el 21 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.27 • 63 visitas • Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/mq5sdkc00

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →