La iconografía de san Valero responde a su condición de obispo de Zaragoza. Las representaciones más habituales lo muestran con vestiduras episcopales, mitra y báculo. En ocasiones aparece junto a san Vicente, cuya figura suele llevar dalmática de diácono y palma martirial.
El libro
El libro representa la enseñanza de la fe y la responsabilidad doctrinal del obispo. En la imagen de san Valero, el libro puede aludir a la predicación del Evangelio, a la formación de los ministros y a la custodia de la doctrina cristiana.
Este atributo también recuerda la dimensión intelectual del episcopado antiguo. El obispo no solo presidía la liturgia, sino que instruía a los fieles y defendía la verdad cristiana frente a errores doctrinales. La presencia del libro distingue a Valero como maestro y pastor.
El báculo
El báculo episcopal simboliza el gobierno pastoral. Su forma recuerda el cayado del pastor y expresa la misión de guiar al pueblo cristiano, protegerlo y conducirlo hacia Cristo.
En san Valero, el báculo alude a su servicio como obispo de Zaragoza. Aunque el destierro le impidió continuar visiblemente al frente de su sede, la tradición lo considera siempre pastor de la Iglesia cesaraugustana.
La tartamudez legendaria
La tradición popular representa a veces a san Valero como un obispo con dificultad para hablar o con tartamudez. Este rasgo procede del relato según el cual su impedimento del habla le llevó a confiar la predicación a san Vicente.
La tartamudez forma parte de la tradición hagiográfica y no debe interpretarse como un dato biográfico demostrado con el mismo grado de certeza que su condición episcopal. Su función simbólica resulta clara: Dios puede servirse de instrumentos humanos limitados y convertir la aparente debilidad en ocasión de cooperación eclesial.
La leyenda también ofrece una enseñanza sobre el ministerio cristiano. Valero no quedó definido por su dificultad de expresión; ejerció su autoridad formando a Vicente y confiándole una tarea que el joven diácono podía realizar con mayor eficacia. La Iglesia aparece así como una comunión de carismas, donde cada ministro aporta sus dones al servicio del Evangelio.
La mitra y las vestiduras episcopales
La mitra, la capa pluvial y el báculo identifican a Valero como obispo. Estas vestiduras pertenecen al lenguaje visual propio de la tradición artística y no pretenden reproducir literalmente la indumentaria de un obispo del siglo IV.
El arte cristiano utiliza signos reconocibles para comunicar la identidad y la misión del santo. Por eso, la imagen de Valero como obispo expresa su dignidad pastoral más que una reconstrucción arqueológica de su aspecto histórico.