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Iglesia peregrina

La Iglesia peregrina es la Iglesia de Cristo que vive en la historia, camina hacia la plenitud del Reino de Dios y aguarda la consumación definitiva de la salvación en la gloria. El concepto expresa la condición temporal, misionera, esperanzada y escatológica de la comunidad cristiana, unida ya a Cristo por la fe, los sacramentos y la caridad, pero todavía orientada hacia la plena manifestación del Reino.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreIglesia peregrina
CategoríaTérmino
DescripciónLa Iglesia peregrina es la Iglesia que vive en la historia, camina hacia la plenitud del Reino y aguarda la gloria final. Concepto que describe a la Iglesia de Cristo como comunidad histórica, misionera y escatológica que ya posee los elementos esenciales pero aún camina hacia la plenitud del Reino de Dios. Denota la condición temporal, esperanzada y escatológica del Pueblo de Dios unido a Cristo por fe, sacramentos y caridad, orientado a la consumación definitiva de la salvación
ReferenciasHebreos (ciudad futura), el peregrinaje de Israel por el desierto, y la analogía del Nuevo Israel como Iglesia que camina hacia la patria celestial.
Contexto HistóricoConcilio Vaticano II, particularmente la Constitución dogmática *Lumen gentium* (capítulo VII).
Doctrinas RelacionadasCristología, Pneumatología, Sacramentalismo, Misión, Escatología, Comunión de los santos.
ImportanciaConcepto central de la eclesiología que articula la naturaleza presente y futura de la Iglesia, integrando su dimensión sacramental, misionera y escatológica.
Menciones en DocumentosLumen gentium 5, 9, 48 (1964); Audiencia General de Pablo VI (1966, 1970); Audiencias de Juan Pablo II (1992, 2000); Rodríguez, *Temas seleccionados de eclesiología* (1984).
OrigenDel latín *Ecclesia peregrinans*, desarrollado con especial fuerza en la eclesiología del Concilio Vaticano II.
Personas RelacionadasConcilio Vaticano II; Papa Pablo VI; Papa Juan Pablo II; Comisión Teológica Internacional.
TipoTérmino teológico

Tabla de contenido

Significado del término

La expresión Iglesia peregrina traduce la idea latina de Ecclesia peregrinans y aparece con especial fuerza en la eclesiología del Concilio Vaticano II. La imagen del peregrino presenta a la Iglesia como un pueblo en camino: tiene un origen histórico, vive en el mundo, atraviesa pruebas y anuncia el destino eterno que Dios ha preparado para la humanidad.

El término no describe una organización provisional ni una Iglesia incompleta en sentido institucional. La Iglesia peregrina posee ya todos los elementos esenciales que Cristo quiso para su Iglesia: la Palabra de Dios, los sacramentos, la sucesión apostólica, el ministerio ordenado, la comunión eclesial y la acción santificadora del Espíritu Santo. Al mismo tiempo, todavía no ha alcanzado la perfección definitiva de la gloria.

La Iglesia vive, por tanto, entre dos realidades inseparables:

  • La presencia actual de la salvación, iniciada por Cristo y comunicada por el Espíritu Santo.
  • La espera de la plenitud futura, que llegará con la resurrección, el juicio final y la renovación definitiva de toda la creación.

El Concilio Vaticano II enseña que la Iglesia alcanzará su perfección plena únicamente en la gloria celestial, cuando llegue la restauración de todas las cosas. Sin embargo, la renovación del mundo ya ha comenzado en Cristo, continúa por la misión del Espíritu Santo y anticipa de manera real, aunque imperfecta, la santidad futura.1

Fundamento bíblico y teológico

El pueblo que busca la ciudad futura

La Biblia presenta repetidamente al pueblo de Dios como una comunidad en marcha. Israel peregrinó por el desierto hacia la tierra prometida; la Iglesia, como nuevo Israel, camina hacia la patria celestial. La Carta a los Hebreos resume esta orientación con la afirmación de que los cristianos no tienen aquí una ciudad permanente, sino que buscan la ciudad futura.

El Concilio Vaticano II aplica esta imagen a la Iglesia:

«El nuevo Israel, que camina en el tiempo presente buscando la ciudad futura y permanente, recibe también el nombre de Iglesia de Cristo».2

La peregrinación eclesial no consiste en una huida del mundo ni en un desprecio de la historia. La Iglesia vive dentro de la humanidad, participa de sus esperanzas y sufrimientos, y trabaja por la transformación del orden temporal conforme al Evangelio. Su destino último, sin embargo, supera cualquier realización política, económica o cultural.

Cristo, origen y meta de la peregrinación

Cristo funda la Iglesia, la sostiene y la conduce hacia su consumación. La Iglesia no camina por iniciativa autónoma: recibe su vida de su Señor resucitado. El Espíritu Santo, enviado por Cristo desde el Padre, mantiene viva la comunión eclesial, distribuye sus dones y dirige la misión apostólica.

La Comisión Teológica Internacional presenta la Iglesia mediante diversas imágenes bíblicas: Cuerpo de Cristo, Esposa de Cristo, rebaño, templo, casa, pueblo y plantación de Dios. Entre todas ellas, la imagen del Cuerpo manifiesta de manera privilegiada la unión vital entre Cristo, que es la Cabeza, y la Iglesia, que recibe de Él sus dones divinos.3

Cristo constituye a la Iglesia como signo e instrumento de salvación para todos. La Iglesia peregrina, por tanto, no posee la meta en sí misma: su existencia apunta hacia Cristo glorificado y hacia el Reino que Él llevará a su plenitud.

El «ya» y el «todavía no»

La doctrina de la Iglesia peregrina se comprende mediante la tensión entre el ya y el todavía no:

  • El Reino de Dios ya está presente en la persona, la palabra y las obras de Jesucristo.
  • La Iglesia ya participa de la vida divina mediante la gracia, la fe, los sacramentos y la caridad.
  • La santidad ya existe en la Iglesia, aunque todavía aparezca unida a la fragilidad humana.
  • La plenitud del Reino todavía no ha llegado, porque la historia continúa y la gloria de Cristo aún no se ha manifestado plenamente.

El Concilio enseña que la Iglesia constituye en la tierra el germen y el comienzo del Reino. Mientras crece, dirige sus deseos hacia el Reino consumado y espera la unión plena con su Rey.4

Esta tensión evita dos errores opuestos. Por una parte, impide reducir la salvación a una realidad exclusivamente futura, como si Cristo no actuara ya en la Iglesia. Por otra, evita identificar cualquier situación histórica de la Iglesia con el Reino definitivo de Dios.

La Iglesia peregrina en Lumen gentium

La Constitución dogmática Lumen gentium dedica su capítulo VII a «la índole escatológica de la Iglesia peregrina y su unión con la Iglesia celestial». Este capítulo ofrece el marco doctrinal fundamental para comprender la expresión.

Peregrinación hacia la perfección celestial

La Iglesia está llamada por Cristo y recibe en Él la gracia que conduce a la santidad. Su peregrinación terminará en la gloria del cielo, cuando la humanidad y el mundo entero alcancen su restauración en Cristo.

La Iglesia no aguarda una salvación desligada de la creación. La esperanza cristiana incluye la renovación del universo, la resurrección de los cuerpos y la liberación de la creación de la corrupción. El destino humano y el destino del mundo permanecen íntimamente vinculados dentro del designio de Dios.1

La Iglesia peregrina vive ya en la última edad del mundo, porque Cristo ha vencido el pecado y la muerte. No obstante, espera todavía la manifestación plena de esa victoria. La santidad eclesial posee una realidad auténtica, pero permanece imperfecta mientras los miembros de la Iglesia avanzan hacia la plenitud.

Una Iglesia presente en el mundo y orientada a la eternidad

La Iglesia no vive fuera de la historia. Tiene una presencia visible, sacramental, social y apostólica. Sus miembros trabajan, forman familias, participan en la vida cultural y afrontan las condiciones concretas de cada época.

Pero la Iglesia tampoco puede confundirse con una realidad meramente terrena. Su vida permanece escondida con Cristo en Dios y su orientación última dirige la mirada hacia las cosas de lo alto. Juan Pablo II explicó esta condición mediante la imagen de la Iglesia como peregrina en una tierra extranjera, consciente de que busca la Jerusalén celestial y la ciudad del Dios vivo.5

Esta orientación escatológica libera a la Iglesia de absolutizar cualquier estructura, ideología, sistema social o éxito histórico. La Iglesia utiliza los bienes temporales como instrumentos para su misión, pero reconoce que ninguno de ellos puede sustituir el Reino de Dios.

Dimensión misionera

La Iglesia peregrina, enviada al mundo

La peregrinación no constituye un movimiento cerrado hacia el interior de la comunidad cristiana. El pueblo de Dios camina hacia la plenitud mientras anuncia el Evangelio y sirve a la humanidad.

Lumen gentium enseña que el pueblo mesiánico tiene como destino el Reino de Dios, iniciado por el mismo Dios en la tierra y destinado a alcanzar su perfección al final de los tiempos. Ese pueblo constituye una semilla firme de unidad, esperanza y salvación para toda la humanidad. Cristo lo envía al mundo como luz de la tierra y sal del mundo, y lo utiliza como instrumento de redención universal.2

La misión nace de la propia naturaleza peregrina de la Iglesia. La Iglesia todavía camina porque la plenitud no ha llegado; anuncia porque ha recibido una gracia destinada a todos; sirve porque la salvación de Cristo quiere alcanzar a cada persona y renovar la creación entera.

Evangelización y transformación de la vida humana

La misión eclesial incluye el anuncio explícito de Jesucristo, la celebración de los sacramentos, la formación de los discípulos, la defensa de la dignidad humana y el servicio a los necesitados. La Iglesia no sustituye las responsabilidades propias de la sociedad civil, pero ofrece la luz del Evangelio para orientar la vida personal y colectiva.

La misión de la Iglesia tiene un fin religioso y salvífico, no un programa político o económico. De ese fin religioso nacen, sin embargo, tareas y energías capaces de fortalecer la convivencia humana, elevar la dignidad de la persona y orientar la actividad temporal hacia el bien y hacia Dios.6

La peregrinación eclesial exige una actitud activa. La esperanza del cielo no justifica la pasividad ante la injusticia, la pobreza, la violencia o la degradación de la persona. La Iglesia trabaja en el mundo porque espera una realidad definitiva en la que la verdad, la justicia, la paz y el amor alcanzarán su plenitud.

El papel de los fieles laicos

Los fieles laicos viven de modo particularmente visible la condición peregrina de la Iglesia. Participan en la misión de Cristo dentro de la familia, el trabajo, la cultura, la política, la economía y las relaciones sociales.

Su tarea no consiste únicamente en colaborar con actividades internas de la parroquia. También incluye ordenar las realidades temporales conforme al Evangelio, promover la justicia, proteger la vida y la dignidad humana, educar cristianamente a los hijos y ofrecer un testimonio coherente en la sociedad.

La actividad cristiana en el mundo adquiere así una orientación escatológica: transforma el presente sin confundirlo con la salvación definitiva. El creyente trabaja por un mundo más conforme con el designio de Dios mientras espera la nueva creación.

Santidad, pecado y purificación

La Iglesia peregrina es santa porque Cristo la santifica, el Espíritu Santo habita en ella y los sacramentos comunican la gracia. La santidad de la Iglesia no depende de que todos sus miembros hayan alcanzado ya la perfección moral.

Los cristianos pueden pecar y necesitan conversión. Por eso la Iglesia, santa en su origen, en sus medios de salvación y en su unión con Cristo, continúa necesitando purificación en sus miembros. La tradición conciliar describe esta condición con la fórmula latina sancta simul et semper purificanda: santa y siempre necesitada de purificación.7

Esta doctrina evita dos interpretaciones incorrectas:

  • Llamar pecadora a la Iglesia en su realidad profunda, como si el pecado perteneciera a su esencia.
  • Ignorar los pecados reales de sus miembros y las consecuencias históricas de sus infidelidades.

La Iglesia es santa por la acción de Dios y necesita conversión por la respuesta imperfecta de sus miembros. La penitencia, la renovación espiritual, la reforma de costumbres y la búsqueda de la justicia pertenecen a la vida de la Iglesia peregrina.

La Iglesia peregrina y la comunión de los santos

La Iglesia de la tierra, del purgatorio y del cielo

La Iglesia de Cristo posee una dimensión visible en la historia y una dimensión celestial que supera la condición temporal. La comunión de los santos une a quienes peregrinan en la tierra, a quienes completan su purificación después de la muerte y a quienes ya contemplan a Dios en la gloria.

La teología tradicional distinguió estas tres situaciones con las expresiones:

  • Iglesia militante, formada por los fieles que luchan espiritualmente y peregrinan en este mundo.
  • Iglesia purgante, formada por quienes necesitan purificación antes de entrar en la visión plena de Dios.
  • Iglesia triunfante, formada por los santos que ya participan de la gloria celestial.

Estas expresiones poseen un sentido escatológico y espiritual. No describen circunscripciones territoriales, categorías administrativas ni el lugar de residencia civil o canónica de los fieles. La distinción responde al estado de cada miembro ante la consumación de la salvación, no a la pertenencia jurídica a una diócesis, parroquia o territorio.

El Concilio Vaticano II presenta la Iglesia peregrina como unida a la Iglesia celestial. La Iglesia de la tierra participa ya de la vida futura mediante la fe, la esperanza, la caridad, la liturgia y los sacramentos, aunque todavía camina lejos de la plena visión de Dios.8

Intercesión de los santos

La comunión entre la Iglesia peregrina y la Iglesia celestial permite comprender la veneración de los santos y la petición de su intercesión. Los santos no sustituyen a Cristo ni compiten con su mediación única. Precisamente porque viven unidos a Cristo, pueden interceder por la Iglesia que todavía camina.

La Iglesia peregrina honra a los santos como testigos de la gracia y modelos de vida cristiana. Su ejemplo manifiesta que el destino celestial no constituye una idea abstracta, sino una vocación que la gracia de Dios puede realizar en personas concretas.

Oración por los difuntos

La comunión de los santos también fundamenta la oración por los difuntos. La Iglesia acompaña con sufragios a quienes todavía necesitan purificación y confía en la misericordia de Dios. Esta práctica expresa la unidad de la Iglesia más allá de la muerte y la esperanza de la resurrección.

La Eucaristía y el camino de la Iglesia

La Eucaristía alimenta a la Iglesia peregrina y anticipa el banquete definitivo del Reino. En la celebración eucarística, Cristo resucitado comunica su propia vida a los fieles y fortalece la unidad de su Cuerpo.

Lumen gentium enseña que Cristo actúa continuamente en el mundo para conducir a los hombres hacia la Iglesia y unirlos a Él. También afirma que Cristo alimenta a los fieles con su Cuerpo y su Sangre para hacerlos partícipes de su vida gloriosa.1

La liturgia posee, por tanto, una doble orientación:

  • Hace presente sacramentalmente la obra salvadora de Cristo.
  • Dirige a la Iglesia hacia la manifestación definitiva del Señor.

Cada celebración eucarística contiene una dimensión de espera. La comunidad proclama la muerte del Señor, confiesa su resurrección y aguarda su venida gloriosa. La Iglesia peregrina no vive únicamente del recuerdo de un acontecimiento pasado, sino de la presencia actual de Cristo y de la esperanza de su retorno.

Peregrinación existencial y peregrinación a santuarios

La peregrinación como condición cristiana

En sentido teológico, la peregrinación describe la existencia entera de la Iglesia y de cada cristiano. El bautizado camina hacia la unión plena con Dios mediante la fe, la conversión, la caridad y la perseverancia.

La vida cristiana permanece marcada por el carácter pasajero del tiempo. Pablo VI explicó que la Iglesia navega en la historia y que el creyente debe reconocer tanto la fugacidad como el valor del tiempo: la existencia terrena pasa, pero cada momento posee importancia porque orienta hacia un fin que trasciende el tiempo.9

La peregrinación existencial implica:

  • Conversión continua, porque el discípulo necesita volver constantemente al Evangelio.
  • Esperanza, porque la meta depende de la promesa de Dios.
  • Perseverancia, porque el camino atraviesa pruebas y tribulaciones.
  • Desprendimiento, porque ninguna realidad temporal constituye el destino último.
  • Caridad activa, porque el camino hacia Dios pasa por el amor al prójimo.
  • Discernimiento, porque la Iglesia debe anunciar el Evangelio en circunstancias históricas cambiantes sin alterar su contenido esencial.

La peregrinación como práctica de piedad popular

En un sentido distinto, una peregrinación consiste en desplazarse personalmente o en grupo hasta un santuario, una iglesia o un lugar vinculado a la memoria de Cristo, de la Virgen María o de un santo.

Esta práctica pertenece a la piedad popular y puede expresar:

  • Acción de gracias.
  • Petición de una gracia.
  • Penitencia.
  • Cumplimiento de una promesa.
  • Veneración de una reliquia o de una imagen.
  • Búsqueda de silencio, conversión y renovación espiritual.
  • Manifestación pública de la fe.

La peregrinación a un santuario constituye un acto concreto dentro de la vida cristiana; la Iglesia peregrina, en cambio, designa la condición permanente de la Iglesia durante la historia. Una persona puede peregrinar a un santuario sin vivir interiormente una auténtica conversión, mientras que cualquier cristiano que camine en la fe participa de la condición peregrina, aunque nunca realice un viaje religioso.

La distancia entre ambos significados resulta fundamental. El viaje exterior puede ayudar al camino interior, pero no lo sustituye. La llegada a un santuario no garantiza por sí misma la santidad; la peregrinación alcanza su fruto cuando conduce a la oración, la escucha de la Palabra, la participación sacramental, la reconciliación y la caridad.

El santuario como signo del camino hacia Dios

Los santuarios pueden ofrecer un espacio privilegiado para experimentar la comunión de la Iglesia. Allí confluyen personas de distintas edades, lugares y condiciones, unidas por la fe y por una intención espiritual común.

La peregrinación exterior recuerda que la vida cristiana posee una dirección y una meta. El peregrino abandona temporalmente sus ocupaciones ordinarias, afronta incomodidades y llega a un lugar consagrado para renovar su relación con Dios. Esta experiencia puede adquirir valor penitencial y comunitario.

El santuario no concentra la presencia de Dios de forma exclusiva. Dios actúa en toda la Iglesia y, de manera eminente, en la liturgia sacramental. El santuario ofrece una ayuda devocional y pastoral que debe integrarse en la vida ordinaria de la parroquia, la diócesis y la comunidad cristiana.

Pruebas y esperanza

La Iglesia peregrina avanza entre «las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios». Su camino incluye conflictos, incomprensiones, sufrimientos, pecados de sus miembros y momentos de debilidad. La existencia de dificultades no contradice la promesa de Cristo; forma parte de la condición histórica de una Iglesia que todavía espera la plenitud.

El pueblo de Dios atraviesa la historia con la fuerza de la gracia. Aunque experimente la debilidad humana, conserva la vocación a la fidelidad y continúa renovándose bajo la acción del Espíritu Santo. Lumen gentium describe su avance entre pruebas y tribulaciones hasta llegar, por medio de la cruz, a la luz que no se extingue.2

La esperanza cristiana no equivale a optimismo histórico. El optimismo confía principalmente en la capacidad humana para producir un futuro mejor; la esperanza teologal confía en Dios, que cumple sus promesas y lleva la creación a su plenitud. Esta esperanza impulsa a trabajar con responsabilidad, pero conserva la libertad interior frente a los éxitos y fracasos de la historia.

Implicaciones para la vida cristiana

Vivir con orientación escatológica

La conciencia de pertenecer a una Iglesia peregrina ayuda a ordenar la vida hacia Dios. El cristiano disfruta de los bienes creados con gratitud, pero no los convierte en absolutos. El trabajo, la familia, la cultura y el compromiso social poseen valor real, aunque ninguno pueda ocupar el lugar de la vida eterna.

Practicar la conversión

La peregrinación exige reconocer que la vida cristiana no queda terminada con una decisión inicial. La oración, la escucha de la Palabra, la Eucaristía, el sacramento de la Penitencia y las obras de misericordia sostienen el camino cotidiano.

Mantener la comunión eclesial

El peregrino cristiano no avanza de manera aislada. Camina con la Iglesia, unido a la comunidad local, a los pastores, a los demás bautizados y a toda la comunión de los santos. La fe personal alcanza su forma plena dentro de la comunión eclesial.

Servir en el mundo

La esperanza futura no permite desentenderse del presente. La Iglesia peregrina anuncia a Cristo y trabaja por la dignidad de cada persona, la justicia, la paz, la reconciliación y el cuidado de la creación. La misión cristiana transforma la historia sin confundir ninguna conquista temporal con el Reino definitivo.

Valor doctrinal de la expresión

La noción de Iglesia peregrina reúne varios aspectos centrales de la fe católica:

  1. Cristológico: Cristo resucitado funda, alimenta y conduce a la Iglesia.
  2. Pneumatológico: el Espíritu Santo sostiene su vida, misión y renovación.
  3. Sacramental: la Iglesia actúa como sacramento universal de salvación.
  4. Misionero: el pueblo de Dios existe para anunciar y extender el Reino.
  5. Escatológico: la Iglesia camina hacia la consumación de todas las cosas.
  6. Comunitario: la peregrinación tiene lugar dentro de la comunión de los santos.
  7. Moral: la esperanza futura reclama conversión, perseverancia y caridad.
  8. Histórico: la Iglesia vive en circunstancias concretas sin reducirse a ellas.

La expresión mantiene un equilibrio esencial: la Iglesia ya es la comunidad de la salvación, pero todavía espera la manifestación plena de la gloria; ya posee santidad, pero necesita purificación en sus miembros; ya participa del Reino, pero aún camina hacia su consumación; ya anuncia la victoria de Cristo, pero todavía atraviesa la cruz.

Conclusión

La Iglesia peregrina es el Pueblo de Dios que vive en la historia orientado hacia la Jerusalén celestial. Cristo permanece presente en ella, el Espíritu Santo la vivifica, los sacramentos la alimentan y la misión la envía al mundo. Su peregrinación no significa incertidumbre acerca de la promesa divina, sino camino esperanzado hacia una meta segura: la plena comunión con Dios, la resurrección y la renovación de toda la creación.

La peregrinación cristiana constituye ante todo un estado existencial y eclesial. Las peregrinaciones a santuarios pueden expresar y fortalecer ese camino, pero la verdadera condición peregrina acompaña toda la vida del bautizado hasta la entrada en la gloria.

Citas y referencias

  1. Capítulo VII - La naturaleza escatológica de la iglesia peregrina y su unión con la iglesia celestial, Concilio Vaticano II. Lumen Gentium, 48 (1964). 2 3
  2. Capítulo II - Sobre el pueblo de Dios, Concilio Vaticano II. Lumen Gentium, 9 (1964). 2 3
  3. I. La fundación de la iglesia por Jesucristo - I.5. El origen permanente de la iglesia en Jesucristo, Comisión Teológica Internacional. Temas seleccionados de eclesiología con motivo del vigésimo aniversario del cierre del Concilio Vaticano II, I.5 (1984).
  4. Capítulo I - El misterio de la iglesia, Concilio Vaticano II. Lumen Gentium, 5 (1964).
  5. Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 28 de junio de 2000, 1 (2000).
  6. B10, P. Rodríguez. La identidad teológica del laico, 24 (1987).
  7. C), P. Rodríguez. Recientes contribuciones a la elaboración de un tratado dogmático de Ecclesia, 15 (1973).
  8. X. El carácter escatológico de la iglesia: Reino e iglesia - X.L. La iglesia como simultáneamente terrenal y celestial, Comisión Teológica Internacional. Temas seleccionados de eclesiología con motivo del vigésimo aniversario del cierre del Concilio Vaticano II, X.1 (1984).
  9. Fe, salvación y caridad operosa, Papa Pablo VI. Audiencia General del 13 de mayo de 1970, 1 (1970).
Modificado el 24 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.56Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/n0rcxs3x1

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