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Divina Pastora de las Almas

La Divina Pastora de las Almas es una advocación mariana nacida en Sevilla a comienzos del siglo XVIII, vinculada especialmente a la espiritualidad capuchina y a la predicación del fraile capuchino fray Isidoro de Sevilla. La Virgen aparece representada como pastora, sentada o de pie en un paisaje campestre, con sombrero, cayado y vestiduras humildes, mientras protege y conduce a un grupo de ovejas. La advocación expresa la maternidad espiritual de María y su cooperación subordinada a la obra pastoral de Jesucristo, único Buen Pastor y Salvador de la humanidad.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreDivina Pastora de las Almas
CategoríaTérmino
DescripciónRepresentación de la Virgen como pastora con ovejas, surgida en Sevilla en el siglo XVIII. Maternidad espiritual de María que protege y guía las almas hacia Cristo, el Buen Pastor
Fecha de Fundaciónc. 1703
Lugar de FundaciónSevilla, España
Autoridad EclesiásticaPablo VI
Contexto HistóricoSevilla barroca, espiritualidad capuchina, siglo XVIII
DesarrolloDifusión en Andalucía, España y América, y reconocimiento como patrona en la diócesis de San Carlos (1976)
Fecha de Reconocimiento1976
Personas relacionadas
  • Fray Isidoro de Sevilla
  • Alonso Miguel de Tovar
TipoAdvocación mariana

Tabla de contenido

Origen de la advocación

La iniciativa de fray Isidoro de Sevilla

La advocación de la Divina Pastora de las Almas surgió en el ambiente religioso de la Sevilla barroca. La tradición devocional atribuye a fray Isidoro de Sevilla, religioso de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos, la iniciativa de presentar a la Virgen bajo la figura de una pastora dedicada al cuidado de las almas.

El fraile habría recibido la inspiración de difundir una imagen mariana que mostrase a la Virgen no como una reina revestida de solemnidad cortesana, sino como una madre cercana, humilde y vigilante, situada en medio del rebaño cristiano. La nueva representación no pretendía sustituir las advocaciones marianas tradicionales, sino ofrecer una forma visual y catequética de expresar la protección maternal de María.

La imagen se relacionaba con la predicación sobre Cristo como Buen Pastor. El Evangelio presenta a Jesús como quien conoce a sus ovejas, las llama por su nombre, busca a la que se pierde y entrega la vida por ellas. La Iglesia identifica al Buen Pastor con Jesucristo, mientras que la misión de María permanece subordinada a la de su Hijo. Juan Pablo II recordó que la imagen del pastor atraviesa el Antiguo y el Nuevo Testamento y que Cristo constituye el cumplimiento de las promesas hechas al pueblo de Dios.1

La primera representación

La tradición sitúa la primera representación de la Divina Pastora en Sevilla en torno a 1703. Fray Isidoro habría encargado al pintor Alonso Miguel de Tovar una pintura destinada a difundir el nuevo título mariano. La obra presentó a la Virgen en un ambiente natural, rodeada de ovejas y con los atributos propios de una pastora.

La nueva iconografía tuvo una rápida acogida entre los fieles sevillanos. Las predicaciones, las estampas y las procesiones favorecieron la expansión de la advocación por Andalucía y, posteriormente, por otras regiones de España y por distintos territorios de Hispanoamérica.

La expansión de la devoción contó con la colaboración de los capuchinos, cuya espiritualidad insistía en la pobreza evangélica, la conversión, la penitencia, la predicación y la atención a las necesidades del pueblo cristiano. La imagen de María como pastora armonizaba con esta sensibilidad religiosa: mostraba a la Madre de Dios en actitud de acompañamiento, cuidado y búsqueda de las almas.

Significado del título

«Divina»

El adjetivo divina no convierte a María en una diosa ni atribuye a la Virgen una naturaleza divina. En el lenguaje cristiano, el título alude a su relación singular con Dios y a la misión que recibió en la historia de la salvación. María es criatura humana, enteramente dependiente de la gracia de Dios, pero fue elegida para ser Madre de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

La expresión también indica que la acción pastoral representada en la imagen participa de la obra de Dios. María no salva por poder propio ni ocupa el lugar de Cristo. Su maternidad espiritual procede de su maternidad divina y encuentra su sentido en la unión con Jesucristo.

«Pastora»

El término pastora presenta a María como figura materna que acompaña, protege, reúne y conduce a los fieles hacia Cristo. La advocación no identifica a María con el ministerio jerárquico de los obispos y presbíteros, ni atribuye a la Virgen la autoridad pastoral que corresponde a Jesucristo y, en la Iglesia, a los ministros ordenados según su oficio.

La palabra posee un sentido espiritual y simbólico. María ejerce una maternidad de intercesión y cuidado, siempre al servicio de la misión de su Hijo. La Iglesia contempla a Cristo como el Pastor que da la vida por las ovejas y que lleva sobre sus hombros a la humanidad herida.2

«De las almas»

La expresión de las almas subraya el destino espiritual de la protección maternal de María. La advocación no se refiere únicamente a la seguridad física, al bienestar temporal o a la prosperidad de una comunidad. Invita a pedir la conversión, la perseverancia en la fe, la reconciliación con Dios y la fidelidad al Evangelio.

La devoción a la Divina Pastora adquiere así una orientación penitencial y misionera. La Virgen busca simbólicamente a las ovejas alejadas, consuela a las heridas y conduce a todas hacia el redil de Cristo. La imagen no presenta una maternidad sentimental desvinculada de la conversión, sino una llamada a regresar a la vida cristiana.

Historia y desarrollo devocional

La difusión en Sevilla

Sevilla constituyó el principal centro histórico de la advocación. La predicación capuchina impulsó cultos, novenas, procesiones y asociaciones dedicadas a la Divina Pastora. La devoción penetró tanto en ambientes populares como en comunidades religiosas y hermandades.

Las estampas desempeñaron una función decisiva. La reproducción de la imagen permitió que el título mariano llegara a parroquias, conventos, hogares y misiones. La iconografía mantuvo unos elementos reconocibles, aunque cada escultor y pintor introdujo variaciones según la sensibilidad artística de su época.

Expansión por España

Durante los siglos XVIII y XIX, la devoción se difundió por Andalucía, Extremadura, Castilla, Canarias y otras regiones españolas. Diversas parroquias, conventos y hermandades adoptaron el título de la Divina Pastora o de Madre del Divino Pastor.

La Santa Sede reconoció posteriormente el título de Madre del Divino Pastor en contextos particulares. En 1976, Pablo VI confirmó a la Bienaventurada Virgen María bajo esa advocación como patrona principal de la diócesis venezolana de San Carlos, con los derechos y privilegios litúrgicos correspondientes según las normas de los calendarios particulares.3

Presencia en Hispanoamérica

La advocación llegó a Hispanoamérica a través de la evangelización, de las comunidades religiosas y de las migraciones. En varios países adquirió rasgos propios, vinculados a la historia local, a las fiestas patronales y a la acción de congregaciones religiosas.

La piedad mariana hispanoamericana suele integrar la devoción a la Virgen con la identidad de pueblos, diócesis y ciudades. La Santa Sede ha reconocido numerosas advocaciones marianas como patronas de diócesis y regiones, siempre dentro de la veneración debida a María como Madre de Dios y al culto supremo reservado a la Santísima Trinidad. El título de Madre del Divino Pastor forma parte de este desarrollo local de la piedad mariana.3

Historia de la imagen

La pintura atribuida a Alonso Miguel de Tovar

La tradición histórica vincula la primera imagen de la Divina Pastora con Alonso Miguel de Tovar, pintor sevillano del siglo XVIII. La obra habría fijado los rasgos fundamentales de la advocación: María aparece como una joven pastora, en un paisaje natural, con el Niño Jesús cercano y un rebaño de ovejas a sus pies.

La composición rompía con la representación exclusivamente cortesana de la Virgen coronada y revestida de ricas telas. La Divina Pastora conserva la dignidad de la Madre de Dios, pero la expresa mediante una apariencia sencilla y pastoral. Su belleza no procede únicamente de la riqueza material, sino de la serenidad, la pureza y la solicitud maternal.

Variantes escultóricas

Las esculturas posteriores reprodujeron la estructura esencial de la pintura, aunque introdujeron diferencias en la postura, el vestido y los atributos. Algunas imágenes muestran a María sentada sobre una roca; otras la presentan de pie. Unas sostienen el cayado con la mano, mientras otras mantienen las manos abiertas o sujetan flores y otros signos devocionales.

En muchas imágenes, el Niño Jesús aparece sentado sobre el regazo de María o junto a ella. Esta presencia resulta fundamental: la Virgen nunca queda aislada de Cristo, porque la advocación posee una orientación cristológica. María conduce al rebaño hacia su Hijo y recibe de Él toda su misión maternal.

Iconografía

La Virgen como pastora

La Divina Pastora suele vestir una túnica y un manto de colores suaves. La indumentaria puede incluir tonos rosados, rojos, azules, verdes o terrosos, según la tradición local y el periodo artístico. El manto azul recuerda la dignidad y la pureza de María, mientras que los colores cálidos evocan su humanidad y su cercanía.

La Virgen puede llevar un sombrero de pastora, atributo que diferencia esta advocación de muchas otras representaciones marianas. El sombrero no pretende rebajar su dignidad, sino situarla en el mundo sencillo del trabajo y del cuidado cotidiano. María aparece como una mujer próxima a la vida ordinaria, atenta a quienes necesitan guía y protección.

El cayado

El cayado constituye uno de los signos principales de la imagen. El pastor utiliza el cayado para orientarse, defender el rebaño y rescatar a la oveja que cae en un lugar peligroso. En la iconografía de la Divina Pastora, el cayado representa la vigilancia maternal de María y su función de guía espiritual.

El cayado de María no posee el significado sacramental ni jurídico del báculo episcopal. Su sentido pertenece al lenguaje simbólico de la piedad popular. María guía mediante la intercesión, el ejemplo y la orientación hacia Jesucristo.

Las ovejas

Las ovejas forman el centro narrativo de la composición. Algunas aparecen tranquilas junto a María; otras levantan la cabeza hacia ella; en ciertas imágenes, una oveja herida o extraviada recibe una atención especial.

El rebaño simboliza a los fieles cristianos. La oveja herida representa al pecador, al afligido y a quien necesita volver a la comunión con Dios. La oveja perdida recuerda la parábola evangélica en la que el pastor busca con diligencia al animal que se ha apartado del rebaño. Juan Pablo II relacionó esta imagen con la misericordia de Cristo, que sale en busca de la oveja perdida y ofrece a cada persona su voz y su amor.1

La imagen cristiana del pastor posee una larga tradición. La iconografía de las catacumbas representó desde los primeros siglos a Cristo como el Buen Pastor que lleva una oveja sobre los hombros. Esta figura expresaba la esperanza de la salvación y el destino eterno de los fieles.4

El paisaje

El paisaje campestre distingue a la Divina Pastora de muchas imágenes marianas concebidas dentro de un espacio arquitectónico o cortesano. Los árboles, las flores, las montañas y los caminos crean un escenario de paz y movimiento.

El campo simboliza la creación y, al mismo tiempo, el mundo en el que la Iglesia anuncia el Evangelio. El camino recuerda la peregrinación de la vida cristiana. Las flores pueden aludir a la belleza de la gracia, mientras que los riscos y los parajes abruptos evocan los peligros morales y espirituales que amenazan al rebaño.

El Niño Jesús

El Niño Jesús aparece habitualmente en relación estrecha con María. La Virgen puede sostenerlo en sus brazos, presentarlo al rebaño o acompañarlo mientras Él participa de la escena pastoril.

La presencia del Niño impide interpretar la advocación como una exaltación autónoma de María. La Divina Pastora conduce a los fieles hacia Cristo, del mismo modo que toda auténtica devoción mariana orienta la vida cristiana hacia la fe, los sacramentos, la caridad y la obediencia al Evangelio.

Relación con Cristo, el Buen Pastor

La imagen de la Divina Pastora depende teológicamente de la imagen bíblica de Cristo como Buen Pastor. El Antiguo Testamento presenta a Dios como pastor de Israel y anuncia un pastor mesiánico que reunirá y alimentará a su pueblo. El Nuevo Testamento identifica ese cumplimiento con Jesucristo.

Cristo no ejerce un dominio despótico sobre las ovejas. Su autoridad nace del amor y alcanza su expresión suprema en la entrega de la vida. Benedicto XVI explicó que Cristo lleva sobre sus hombros a la humanidad y que el pastor cristiano recibe la misión de cargar también con los demás, especialmente con quienes viven en la pobreza, la soledad, el abandono o la oscuridad espiritual.2

La Divina Pastora participa simbólicamente de esta solicitud pastoral. María acompaña a los discípulos, intercede por ellos y los conduce hacia el Pastor verdadero. Su presencia no añade una salvación paralela a la redención de Cristo. Toda la eficacia espiritual de su maternidad procede de Dios y depende de la obra única de Jesucristo.

Congregaciones religiosas vinculadas al título

El título de Madre del Divino Pastor inspiró diversas instituciones religiosas dedicadas a la educación, la formación cristiana y las obras de caridad. Entre ellas figura la congregación de las Hermanas Capuchinas Terciarias de la Madre del Divino Pastor, vinculada a la tradición franciscana y capuchina.

La Santa Sede reconoció la evolución jurídica de esta congregación, que recibió aprobación pontificia a finales del siglo XIX. Su actividad comprendía la formación humana y religiosa de niñas y jóvenes, la atención caritativa en hospitales y el trabajo misionero.5

La espiritualidad de estas religiosas integraba la oración, la devoción a la Santísima Trinidad, la contemplación de la Pasión de Cristo, la veneración del Sagrado Corazón de Jesús y el amor a la Virgen María.5

Fiesta y celebraciones

La Divina Pastora no posee una única celebración universal idéntica en todos los territorios. Las fechas dependen de los calendarios particulares, de las diócesis, de las parroquias y de las hermandades. Algunas comunidades celebran la fiesta en torno a la Pascua, mientras otras la sitúan en fechas propias relacionadas con la llegada de la imagen, la fundación de la hermandad o la tradición local.

El calendario litúrgico distingue entre la memoria universal de la Santísima Virgen María y las celebraciones particulares de una advocación. Una diócesis puede recibir autorización para celebrar litúrgicamente a la Virgen bajo un título concreto como patrona principal, conforme a las normas de la Iglesia sobre calendarios particulares. La declaración pontificia de la Virgen como patrona de la diócesis de San Carlos constituye un ejemplo de este reconocimiento local.3

Diferencias con otras advocaciones marianas

La Divina Pastora comparte con otras advocaciones los elementos fundamentales de la fe católica en María: su maternidad divina, su virginidad, su santidad, su cooperación con la gracia y su intercesión maternal. Sin embargo, posee una identidad iconográfica y devocional propia.

La diferencia principal reside en la representación pastoral. Nuestra Señora del Carmen aparece relacionada con el escapulario y la tradición carmelitana; la Inmaculada Concepción destaca la preservación del pecado original; la Virgen del Rosario se vincula al rezo del rosario; la Virgen de los Dolores contempla la participación de María en la pasión de Cristo. La Divina Pastora, en cambio, centra su lenguaje visual en el cuidado del rebaño, la búsqueda de la oveja perdida y la conducción de las almas hacia Jesús.

La advocación tampoco debe confundirse con una representación de Cristo como Buen Pastor. En la imagen de la Divina Pastora, María ocupa el lugar de la pastora simbólica, pero Cristo conserva la primacía absoluta como Pastor, Redentor y Cabeza de la Iglesia.

Valor teológico y pastoral

La Divina Pastora ofrece una síntesis de varios aspectos de la fe cristiana:

  • Maternidad espiritual: María acompaña a los discípulos como madre en el orden de la gracia.
  • Orientación cristológica: la Virgen conduce siempre hacia Jesucristo.
  • Misericordia: la oveja herida y la oveja perdida representan a quienes necesitan perdón y consuelo.
  • Protección: el cayado y la actitud vigilante evocan la defensa frente al peligro.
  • Peregrinación: el paisaje y el camino recuerdan el recorrido de la vida cristiana.
  • Misión: el rebaño no permanece encerrado, sino que recibe la llamada a anunciar el Evangelio.
  • Caridad: el amor a María debe traducirse en servicio concreto a los pobres y abandonados.

La advocación también ayuda a comprender la relación entre la piedad popular y la misión de la Iglesia. La imagen puede despertar sentimientos de confianza y ternura, pero la devoción alcanza su madurez cuando lleva a la oración, a la escucha de la Palabra de Dios, a la recepción de los sacramentos y a las obras de misericordia.

Patronazgos y reconocimiento eclesial

La Santa Sede ha confirmado el título de Madre del Divino Pastor como patronal en diócesis concretas. En 1976, Pablo VI declaró a la Virgen bajo este título patrona principal de la diócesis de San Carlos, en Venezuela, con los honores y privilegios litúrgicos propios de los patronos principales.3

Este tipo de reconocimiento no convierte una advocación particular en un dogma ni modifica la doctrina sobre la Virgen María. El patronazgo expresa la relación espiritual entre una comunidad eclesial y una determinada forma de venerar a la Madre de Dios. La autoridad de la Iglesia confirma la legitimidad del culto y regula su celebración litúrgica.

La Divina Pastora en la vida cristiana

La devoción a la Divina Pastora invita al creyente a contemplar a María como una madre que acompaña sin apartar la mirada de Cristo. La Virgen protege, pero también llama a la responsabilidad; consuela, pero también conduce a la conversión; acoge al pecador, pero no aprueba el pecado.

El creyente que honra a la Divina Pastora debe aprender a reconocer la voz del Buen Pastor, vivir en la comunión de la Iglesia y practicar la caridad. La imagen de María entre las ovejas recuerda que ninguna persona queda fuera de la solicitud de Dios y que la comunidad cristiana tiene la misión de acercarse a quienes han quedado heridos, solos o alejados.

La espiritualidad de la advocación culmina en una actitud de confianza filial: María recibe las súplicas de sus hijos y las presenta ante Jesucristo. La auténtica veneración mariana conduce a la adoración de Dios, a la imitación de las virtudes de la Virgen y al servicio generoso del prójimo.

Síntesis

La Divina Pastora de las Almas nació en la Sevilla del siglo XVIII en el ámbito de la espiritualidad capuchina y adquirió una iconografía singular: la Virgen vestida de pastora, con sombrero y cayado, rodeada de ovejas y vinculada frecuentemente a la presencia del Niño Jesús. Sus símbolos expresan la protección maternal, la búsqueda de los pecadores, la guía espiritual y la orientación de toda vida cristiana hacia Cristo.

La advocación no presenta a María como una pastora independiente de Jesucristo. El Buen Pastor es Cristo, que conoce a sus ovejas y entrega la vida por ellas; María participa maternalmente en el cuidado espiritual de los fieles y los conduce hacia su Hijo. La devoción alcanza su pleno sentido cuando une oración, conversión, vida sacramental y caridad hacia quienes necesitan consuelo y ayuda.

Citas y referencias

  1. Papa Juan Pablo II. 6 de mayo de 1979: Visita a la parroquia de San Antonio de Padua en Roma, 6 de mayo de 1979 (1979). 2
  2. Misa de la inauguración del pontificado, Papa Benedicto XVI. 24 de abril de 2005: Misa de la inauguración del Pontificado, 1 (2005). 2 3
  3. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Números 4-6, 1976, 171 (1976). 2 3 4
  4. El cordero (en la simbología cristiana primitiva). Enciclopedia Católica, El Cordero (en la simbología cristiana primitiva) (1913).
  5. Acta Apostolicae Sedis. Acta Apostolicae Sedis: Números 10-11, 1977, 43 (1977). 2
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