La expresión sola Scriptura no procede literalmente de un pasaje bíblico, sino que resume una tesis teológica desarrollada en el contexto de la Reforma protestante. El principio sostiene que la Biblia posee una autoridad normativa superior a cualquier tradición eclesiástica, concilio, teólogo o autoridad institucional. En algunas formulaciones, la Escritura juzga las tradiciones y costumbres religiosas, que únicamente conservan autoridad cuando concuerdan con ella.1
La doctrina no equivale necesariamente a una defensa de la lectura aislada de la Biblia. Diversos autores protestantes han rechazado la interpretación denominada nuda Scriptura, expresión que describe una Escritura separada de la comunidad cristiana, de su culto, de su tradición interpretativa y de su herencia histórica. Desde esta perspectiva, muchos defensores de sola Scriptura admiten la utilidad de los credos, de los Padres de la Iglesia, de los concilios y de la tradición exegética, aunque subordinan todas estas realidades a la autoridad suprema de la Escritura.3
Esta distinción resulta fundamental. Sola Scriptura pretende afirmar la supremacía normativa de la Biblia; nuda Scriptura propone, en cambio, una Biblia interpretada al margen de la Iglesia y de cualquier tradición vinculante. La crítica católica alcanza directamente la segunda postura y también cuestiona la primera cuando excluye la autoridad de la Tradición apostólica y del Magisterio.
